| PCE: 30 años de legalidad |
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| Culture - History | |||
| Saturday, 07 April 2007 07:34 | |||
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por José María Rodríguez Arias
El sábado 9 de Abril de 1977, conocido como el sábado santo rojo,
el gobierno de Adolfo Suárez dio el paso definitivo para permitir la
transición española hacia la monarquía parlamentaria: fue aceptada el
alta del Partido Comunista en el registro de Asociaciones Políticas del
Ministerio de Gobernación. Con esto quedó legalizado el Partido
Comunista de España. Se superó así la clandestinidad de casi cuarenta
años de lucha contra el fascismo del régimen de Francisco Franco, para
pasar a ser un partido más en el pronto juego democrático de España.
Se suele mantener que fue Juan Carlos I quien obligó a que se
legalizara al Partido Comunista, otros tantos dicen que fue una
concesión de Adolfo Suárez y no faltan quienes defienden que el resto
de partidos no participarían en un juego constituyente en el que no
estuviera el partido Comunista, uno de los partidos con más
implantación social y relevancia cívica en ese entonces. Todo ello está
sazonado por esa especie de sacralización y heroísmo impregnado en todo
lo referente a la transición, donde los hombres se volvieron una suerte
de Dioses de la Democracia. «La legalización del PCE no fue una
concesión ni de Suárez ni de Juan Carlos» nos recuerda Javier
Navascués, Director de la Fundación de investigaciones Marxistas (FIM)
y miembro de la Comisión Permanente del Partido Comunista de España.
«Fue una conquista de las y los comunistas que la hicieron
políticamente imprescindible. Al contrario, los herederos del
franquismo especularon hasta el último minuto con celebrar unas
elecciones sin el PCE. Hubo que arriesgar prisiones, e incluso la vida,
en unos meses en los que la policía y las bandas fascistas andaban
sueltas por las calles cobrándose la de gentes que reclamaban la
democracia. Pero no habría cambio democrático creíble sin legalizar al
PCE; es más, ni siquiera sería viable»1, Concluye el director de la FIM.
La aprobación del alta en los registros públicos del Partido Comunista fue acordada entre el máximo dirigente de los comunistas, Santiago Carrillo, y el presidente del Gobierno, era una salida pactada a una situación verdaderamente difícil. Santiago Carrillo se comprometió, por él y el partido2, a aceptar la monarquía constitucional y parlamentaria, junto con la bandera rojigualda que hoy ondea en todas las instituciones públicas. A la par, Suárez daba legalidad a un partido fuertemente reprimido y que el régimen veía como el mayor de sus enemigos, dentro de las filas del ejército aún franquista se vió este hecho como una verdadera traición por parte del ejecutivo heredero de Franco. El recuerdo de la legalización del Partido Comunista no es otro que el de toda la lucha por la libertad frente al régimen Franquista, no hay que olvidar lo que fue dicho partido durante el franquismo, casi la única fuerza que frontalmente peleaba por los derechos de todos, que mediante una sólida organización mantuvo ese hilo de esperanza en todos los españoles que se negaban a hincar la rodilla ante el gran dictador. En palabras del periodista David Arrabalí: «En esos años nosotros conquistamos la libertad para todos, en beneficio de nuestro pueblo, con la sangre de cientos de camaradas. El PCE quizás no hubiera sido legalizado y la democracia electoral no hubiera podido existir sin la contribución de todos estos valientes luchadores por la libertad, ellos fueron los protagonistas y nuestro recuerdo es para ellos en el XXX aniversario de la legalización del PCE. (...)Pero no todo es alegría, ni puede serlo. El PCE tras la legalización se vió inmersa en un periodo bastante largo de crisis interna, no sabiendo encontrar su sitio e inspirada, sobre todo, en la idea reformista más que en la revolucionaria, comenzaría un peligroso camino de cálculos electorales como forma de decidir políticas concretas4 (como el ferviente apoyo a los pactos de la Moncloa), en otras palabras, un PCE demasiado centrado en el corto plazo, que se hundiría en malos resultados electorales en los siguientes años ante un renacido y oportunista Partido Socialista Obrero Español (PSOE). «Ni el Partido había podido o sabido ocupar su posición de interlocutor central del proceso, ni arrebatado votos al PSOE (quien en el proceso de legalización del PCE no mostró apoyo alguno ni interés en la definición del asunto) ni había reconducido los iniciales descontentos en el seno de la organización»5, afirma el historiador Sergio Gálvez. ¿Hacia dónde va el Partido Comunista? Han pasado 30 años desde la legalización del Partido, desde que el mismo puede mostrarse en público sin miedo a que los grises aparezcan, desde que el Partido Comunista se pudo presentar, con el resto de partidos, en las elecciones. Así pues, la lucha obrera del partido comunista tiene, desde hace treinta años, un ámbito más de actuación: Las elecciones y la política representativa en general. España es una monarquía parlamentaria, como tal, el lugar en que se toman las decisiones no es otro que en el gobierno y las cámaras, y allí es donde los partidos que aceptan este juego deben intentar hacer valer su voz. El Partido Comunista se enfrenta, ahora más que nunca, a una suerte de clandestinidad social, como dice Felipe Alzaraz6, Presidente Ejecutivo del Comité Federal del Partido Comunista de España. Ha pasado de ser uno de los agentes sociales más activos a un casi desconocido, muchos españoles creen que el PCE se disolvió dentro de Izquierda Unida (ese gran incomprendido que no tiene rumbo fijo y que, cada vez más, sólo es otro partido en la Cámara de Diputados), a la crisis de trascendencia pública (por más que Izquierda Unida cuente con más de un millón de votos, y muchos de ellos se deban directamente al PCE), hay que sumarle la interna, la persecución que vive en el seno de la coalición que ellos mismos ayudaron a crear, hechos como los de Asturias7, lamentablemente, no son extraños. En este contexto, el Presidente Ejecutivo del Comité federal del PCE, Felipe Alcaraz, habla de que el PCE debe conseguir una Segunda Legalidad, desde la autocrítica tanto al PCE como a IU, declara que «La necesidad de que IU recupere su auténtica naturaleza de movimientos político y social, en cuanto fuerza programática independiente. Y la necesidad de que el PCE se recupere y juegue un papel visible, real, en el espacio social y político, en la vida cotidiana de la gente»8. Pero conseguir esa segunda legalidad no es, ni será, tarea fácil. Reflexiona Alcaraz: «A las dificultades que impone un panorama neoliberal de democracia anoréxica, desmotivada, hay que sumar una no siempre sutil represión interna. Piénsese, por ejemplo, en las dificultades de financiación del partido, que no terminan de solucionarse. Otro ejemplo a tener en cuenta: alguien ha situado a IU de Asturias como el banco de pruebas de lo que se piensa hacer en toda España; es decir, una decisión que parece orientarse a no permitir la libre militancia de los comunistas que aplican las resoluciones del XVII Congreso. ¿Cuál es el modelo? ¿Una IU sin PCE? ¿O tal vez, y empezamos a tocar fondo, se trata del inicio de otro proyecto de un cambio profundo de naturaleza? ¿Un cambio de naturaleza que no se debate y que se aplica paulatinamente sobre hechos consumados?»9. El camino para Alzaraz pasa por la necesidad de que IU recupere «su auténtica naturaleza de movimientos político y social»10 a la par que el PCE recupere visibilidad y juegue un papel real en el espacio político y social, en el día a día, esto es, que recupere lo que fue durante el franquismo, una fuerza de lucha y de cambio, parte indispensable del movimiento obrero. «Se trata, pues, de luchar como siempre (unidos, tranquilos y decididos) por la existencia, la fuerza y la visibilidad del PCE. Y que quede claro: tal como están las cosas habrá que defender con uñas y dientes, no solo la existencia del partido, sino también la de Izquierda Unida, la de su perfil independiente y transformador, incluso la de sus siglas. El futuro es difícil, pero nunca la vida ha sido fácil para nosotros. Desde la idea de la transformación social, sabemos que sólo se pierden las batallas que no se dan. Y ésta la vamos a dar.» 11, concluye el presidente ejecutivo del Comité Federal del PCE. Notas a pie de página: 1 - Javier Navascués, "Nuevos Horizontes a 30 años de la legalización del PCE", Mundo Obrero de Abril del 2007. Tomado de http://www.pce.es/secretarias/seccomunicacion/pl.php?id=1429 2 - El 14 de Abril el Comité Central del PCE aprobó la monarquía parlamentaria y la bandera por ella defendida. Sobre los personalismos y posibles consecuencias a largo plazo de esta decisión, véase "30º Aniversario de la Legalización del PCE: apuntes en torno a los costes políticos en la estrategia comunista" de Sergio Gálvez, en Mundo Obrero de Abril de 2007, tomado de: http://www.pce.es/secretarias/seccomunicacion/pl.php?id=1428 3 - David Arrabalí, "Nosotros que conquistamos la libertad", en Mundo Obrero de Abril de 2007, tomado de: http://www.pce.es/secretarias/seccomunicacion/pl.php?id=1427 4 - En este sentido, véase "30º Aniversario de la Legalización del PCE: apuntes..." ob. cit. 5 - Ídem. 6 - Felipe Alzaraz, "Segunda Legalidad", en Mundo Obrero de Abril de 2007, tomado de: http://www.pce.es/secretarias/seccomunicacion/pl.php?id=1430 7 - Por ejemplo, lo sucedido en una localidad asturiana, en que se expulsó o impidió la participación en IU de los militandes del PCE (un resumen de lo sucedido puede encontrarse en http://bitacora.jomra.es/2006/03/espana/iu-contra-pce-asturias/). 8 - "Segunda Legalidad", ob. cit. 9 - Ídem. 10 - Ídem. 11 - Ídem. Enlaces de interés: "Segunda Legalidad", Felipe Alzaraz, en Mundo Obrero de Abril de 2007
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| Last Updated ( Friday, 13 April 2007 05:12 ) |










