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Medio siglo de silencio, desde 1936 y, después, tres décadas más de muda democracia no tienen porqué servir para avalar el silencio, como si ya la Memoria hubiera caducado, pero no ha sido así porque aún no se ha rendido homenaje a las víctimas cuando ni tan siquiera han sido identificadas. Tampoco son anónimas a pesar del empeño en negarles la identidad. Y, aún habría que añadir que las víctimas no terminaron con la guerra, ni siquiera con la posguerra, todavía siguieron durante décadas y más allá de 1952 año en el que el juez Garzón dio por finalizada la represión. La cifra documentada (creo que en los archivos de Alcalá) de asesinados se eleva a 300.000 y la de represaliados a 3,5 millones.
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