| Dos libros olvidados en el Perú |
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por Gian Carlo Orbezo Salas /Desde Perú
La inmensa mayoría de los peruanos es indiferente a la lectura.
Gusta comprar y leer libros que les entretengan o resulten útiles en
sus vidas. No en vano cuando en 1967 la prensa escrita denunció que el
entonces Ministerio de Gobierno y Policía había ordenado quemar un
centenar de material literario aprista y marxista incautado en locales
partidarios, sólo a una solitaria comisión investigadora de la Cámara
de Diputados le indignó el hecho. A la población, nada. Como alguien
dijo alguna vez: pueblo que quema libros, pueblo que desprecia la
cultura.
El primer libro se titula Después de la guerra, publicado en 1999 y escrito por el filósofo Alberto Benavides Ganoza. El autor, catedrático universitario de tendencia anarquista, resume lo que ocurre en muchas universidades estatales peruanas: el marxismo sigue siendo mezclado con el leninismo y el maoísmo, pese a que semejante cóctel extremista ya produjo en el Perú un veneno llamado Sendero Luminoso. Narra en pocas páginas cómo la ideología que incubó al sanguinario terrorismo senderista continúa como si nada en las aulas y los centros estudiantiles de la Universidad San Cristóbal de Huamanga (Ayacucho), la Universidad San Agustín (Arequipa) o la Universidad San Antonio de Abad (Cusco), a pesar que Sendero Luminoso fue vencido hace años. Benavides Ganoza habla también cómo sus colegas catedráticos siguen divulgando al estudiantado la creencia que el marxismo es una ciencia política y social. Parece que para ellos la caída del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética nunca sucedieron. El marxismo es filosofía, no ciencia. Esas nefastas ideas ya producen el rechazo a la inversión extranjera, la apertura comercial y la actividad empresarial, necesarios para el desarrollo y la prosperidad. El otro libro se llama La gran estafa: la penetración del Kremlin en Iberoamerica, publicado en 1952 y escrito por el periodista Eudocio Ravines. Ravines había sido dirigente del Partido Comunista por muchos años. Posteriormente, por influjo del político Pedro Beltrán, se vuelve apasionado liberal. En el libro el autor narra cómo la cúpula comunista –por experiencia propia- no hacía ninguna acción política trascendente sin consultar con sus jefes soviéticos. Todo estaba dirigido desde Moscú. Tampoco había espacio para debatir o discrepar. A la izquierda peruana, dividida por el radicalismo y la tradición personalista que empezó con el propio Ravines, le costó mucho adquirir autonomía. Esa autonomía peligra hoy ante la creciente influencia cubana y venezolana. Si bien estos libros no son best sellers, son dignos de leer. Gracias al Intenet, hasta una reseña de ellos está al alcance de cualquiera. Ojalá de muchos.
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