Historia del movimiento de DDHH en Tucumán

La presente entrevista se hizo por y para APA.

«Huellas de la memoria en la resistencia antibussista» es un entramado de estudios y reflexiones acerca de la historia del movimiento de derechos humanos en su lucha contra el Bussismo desde sus orígenes en 1976 (anclando los procesos previos) y hasta 1999. Rubén Kotler, su autor, es un historiador profesional que exhibe a esta obra como resultado final de su tesis doctoral en la Universidad de Salamanca, España. El libro investiga precisamente aquellos procesos que son difíciles de alcanzar a través de las formas tradicionales. Se intenta recuperar la memoria oral de sus protagonistas y cuajar estos relatos dentro de análisis que permiten entender el presente a partir de los rastrillajes del pasado. Hoy será la presentación a las 19 horas en la Facultad de Filosofía y Letras.

Entre teorías de “dos demonios” que resurgen, banalizaciones sobre cifras de desaparecidos y un lineamiento nacional que da apertura a un buen cúmulo de regresiones, Huellas de la Memoria demuestra cómo estos discursos permanecen latentes a pesar de las conquistas, que los consensos sociales no son deterministas y que los efectos sociopolíticos pueden contemplarse sólo con el transcurrir de los años.

– El libro quiere recuperar la memoria de los militantes de las organizaciones de derechos humanos, empezando por Familiares que empezó como primera organización en el 77 en Tucumán, pasando por otras organizaciones que se conocen menos como la Asociación de Abogados por los Derechos Humanos, la Asamblea Permanente por los Derechos del Hombre, Madres de Plaza de Mayo (que en sus inicios era madres de detenidos desaparecidos de Tucumán) y finalmente la agrupación H.IJ.O.S. que surge a mediados de los 90 en pleno auge del Bussismo en Tucumán.

¿A qué se refiere con rescatar la memoria oral de los militantes para construir este libro?
– En esta búsqueda, gran parte de las fuentes consultadas han sido entrevistas a militantes de DDHH. Hay toda una parte que hace a la memoria individual y a la memoria colectiva, y solamente la podemos encontrarla dialogando con los protagonistas de la historia: los militantes. Muchos de ellos guardan documentos o inclusive parte de sus archivos personales que pueden compartirlos o no, pero que sirven también para recuperar esa memoria que no la vamos a encontrar en la prensa escrita y mucho menos en algún archivo audiovisual. Dentro de lo que serían las fuentes periodísticas, es muy limitado lo que se puede encontrar sobre todo en los 70 y 80: cuántas manifestaciones hubo, qué tipo de manifestaciones, cuáles eran los repertorios de acción, etcétera.

¿Cómo se refleja la transformación de los movimientos entre dictadura y democracia?
– Existe una transición no solamente a nivel de los organismos sino también en Tucumán. Lo que yo llamo “transición vigilada” no implica el juzgamiento de quienes habían sido los responsables del genocidio en Tucumán, sino justamente el fortalecimiento de una fuerza política que tenía que ver con esa tradición militar. En el caso de Bussi, él se ve beneficiado con la Ley de Punto Final, que dio término a su enjuiciamiento y le abrió la posibilidad de saltar al mundo de la política. En eso, los organismos fueron haciendo sus experiencias. No era lo mismo resistir en dictadura que en democracia, hubo toda una serie de repertorios que fueron novedosos, desde planteamientos en la justicia hasta búsquedas personales.Una de esas actuaciones fue por ejemplo el juicio ético a Bussi en junio del 95, un par de meses antes de las elecciones que lo encumbraron a la gobernación. También el escrache de H.IJ.O.S. en el 98 resulta ser novedoso por la forma y la modalidad de la protesta. La agrupación decía “si no hay justicia hay escrache” y lo que hicieron fue intentar escrachar al entonces gobernador de Tucumán. Si vos me preguntas si las organizaciones que dieron batalla en los 70, 80, 90 son las mismas, yo te diría a priori que no. Son otras organizaciones de derechos humanos, pueden revestir el mismo nombre pero el país ha cambiado, ha mutado. Entonces el bussismo no es el mismo ya, Ricardo no es Antonio Domingo Bussi y los repertorios de acción son distintos.

A partir de esas resistencias ¿qué victorias políticas de los movimientos podemos encontrar?
– Yo creo que las victorias políticas se traslucen a largo plazo con los juicios de lesa humanidad. No fue obra de un gobierno que haya decidido, o si realmente tiene que ver con una intencionalidad política, pero aún hoy con cambio de gobierno se siguen llevando a cabo estos juicios. La posibilidad de indagar en espacios donde se sospechaba que había fosas o enterramientos de la dictadura y que finalmente se terminó descubriendo que era así, como el Arsenal Miguel Azcuénaga o el Pozo de Vargas, también es una victoria del movimiento. Se encontraron e identificaron ya a más de cien militantes en el Pozo de Vargas y más de una decena en el Arsenal. Instalar los temas en la agenda mediática también es parte de las victorias porque los medios son tradicionales, como es el caso del principal medio de Tucumán La Gaceta, donde todavía circula cierto discurso emparentado con la teoría de los dos demonios. También el llevar a algunos sectores de la sociedad consciencia sobre lo que ocurrió acá en Tucumán es por los organismos. Que se empezara a hablar de genocidio y no solamente de dictadura, que se entendiera que fue una dictadura cívico militar y no solo militar es hablar de victorias, pero son parciales porque hoy en 2018 existen grandes retrocesos. Hubo también derrotas políticas, el hecho de que Bussi se pudiera presentar a elecciones, las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, los indultos de Menem fueron también derrotas.

Entonces está muy perpetrado el discurso bussista en la actualidad
– Hoy estamos en presencia de un nuevo retroceso cuando vemos que la herencia de Bussi, su hijo, saca 150.000 votos en elecciones nacionales. Aquellos que muchos entendían como consensos a los que había llegado la sociedad, evidentemente no han sido tales.Sin embargo el hecho de que se sigan llevando a cabo los juicios de lesa humanidad implican ciertas presiones que no han sido fáciles de tirar abajo, habrá que hacer una evaluación más adelante para ver si son continuidades o nuevas modalidades distintas a aquellas.

¿Se trata de una adaptación de la lógica discursiva del bussismo a cada situación política?
– Se tiene que ir adaptando aunque con algunos marcos de continuidad. Cuando vemos que una de las campañas es “saquemos al ejército a la calle” por parte de fuerza republicana, se están evocando esos discursos. El papel de la memoria es muy importante, no solamente por parte del bussismo sino también de la sociedad que lo resiste.

Y entonces ¿qué poder le otorga a esos retrocesos teniendo en cuenta que aún hay resistencia?
– Yo creo que cuando vemos que el techo histórico de votos de Bussi pasó de 30.000 a 150.000 en las últimas elecciones es un llamado de atención. Que hoy el gobierno de Tucumán apoyado incluso por algunos militantes del campo de los derechos humanos nombre como juez a un defensor de genocidas es también un llamado de atención. No existen consensos definitivos de toda la sociedad. Eso es hoy imposible de pensar, hay muchos sectores que inclusive teniendo un discurso en apariencia progresista vuelven a mencionar a los dos demonios sin entender lo que fueron los procesos de lucha, de implementación de políticas neoliberales. Como si en los setenta hubieran existido dos fuerzas en guerra, una de izquierda, otra de derecha y la sociedad en el medio víctima de eso. El entramado social es muy complejo, tenemos un mecanismo de medios de comunicaciones novedosos como las nuevas tecnologías. Yo no sé si contribuyen a divulgar ideas o hacen mucho más ruido y entorpecen lo que podrían ser los mecanismos de difusión de esas ideas. No lo sé. Es cierto que tenemos hoy unos medios hegemónicos muy poderosos que también contribuyen al sostenimiento de ese discurso contrario al movimiento y a “Memoria Verdad y Justicia” que son las banderas históricas de los organismos. Por eso digo que es un retroceso, en realidad vuelven a aflorar discursos que estaban en suspenso. A nosotros nos enseñan que la historia son causas y consecuencias, procesos no casuales sino causales de que esos discursos circulen en la sociedad.

Añadimos, vídeo de Noticias UNT:

Además, le puede interesar «Presentan un libro sobre el movimiento de derechos humanos “en la resistencia antibussista”» en La Izquierda Diario.

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2 thoughts on “Historia del movimiento de DDHH en Tucumán”

  1. La reflexión de Kotler es muy acertada. El fenómeno y los procesos de construcción de conciencia y memoria histórica son endebles. El terror es una de las causas y llega a ser tan poderosos, que anula la memoria. ¿Quién se acuerda en Tucumán de Leandro Fote y de la “ley Fote”. Facilitan ese proceso, la endeblez de los argumentos reactivos, que aun criticando la represión, no entienden la esencia del genocidio e incurren en mecanismos de pensamiento montados por la ideología dominante y, así, asumen inconcientemente las “teorías de los dos demonios”. Incluso llegan a pensar – y decir – que hubo terrorismo estatal pero no crímenes de guerra, como si en las guerras no se cometieran crímenes.

    1. Absolutamente de acuerdo con su comentario.
      Cuando arranca en la Provincia de Corrientes el primer juicio por delito de lesa humanidad (RI9); tuve la esperanza que iría a remorse la memoría e iriamos a sacar del cajon del olvido esa parte de la historia donde mucho no quieren volver, pensé que irimos a desnudar las verdades por mas que se desgarre las fibras más intima de nuestra humanidad; pensé que los juicios serían un mar de pensamiento para desmontar la ideologia dominante. No pensé que aun hoy seguiriamos batallando con la maldita teoria de los dos demonios. Acuerdo que los juicios, absolutamente, no fue una concesion graciosa de un gobierno de turno. De hecho los procesos se realizaron y se continuan realizando con una legislacion penal betusta, amañada, un procedimiento tremendamente burocratico; como decían los romanos “non liquet” para permitir que una cuestión permaneciese imprejuzgada de manera indefinida. Así se van muriendo los criminales y tambien los familiares; o en el peor de los casos: los genocidas presos van saliendo en libertad porque la legislacion así se lo permite.

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