Debate sobre el socialismo

por Abel Bohoslavsky

Quisiera compartir con Yassel Padrón K sus vaivenes de estados de ánimo, expectativas, frustraciones, esperanzas o nuevos desalientos (lajovencuba, 16 de abril 2018, Cuba y el socialismo del siglo XXI). Pero, además, me interesaría que conozca puntos de vista muy diferentes, que parten de un punto en común: al igual que Yassel, me identifico con el socialismo. Y para más data, hace muchos años soy cheguevarista.

Me temo que Yassel parte de supuestos muy alejados de la realidad.

1) Dice refiriéndose al momento histórico en que aparece Chavez

En aquellos años, que también fueron los de la Batalla de Ideas, pareció por un instante que el socialismo cubano iba a reencontrarse consigo mismo, que iba a curarse de las heridas que le había provocado el contacto con el campo socialista…

* Para los marxistas, la lucha ideológica nunca tuvo años en los cuales estar y otros en no estar. Para los revolucionarios, en época de auge y de victorias, o en épocas de reflujo y derrotas, la batalla de ideas es permanente. Quienes por causas del exitismo o del derrotismo, dejan de lado la permanencia de la reflexión de ideas, la actualización de las mismas de acuerdo a la evolución de la historia y la política, difícilmente podrán encarar las luchas acertadamente. Lo harán a ciegas, con destino incierto.

* Yassel afirma que creyó el socialismo cubano se iba a curar de heridas recibidas del campo socialista. ¡Tremenda afirmación! Esto debería llamar a la reflexión acerca de si la Revolución Cubana recibió heridas, entonces lo que está en duda es que haya sido de algún campo que fuese genuinamente socialista. Este es el primer interrogante que surge y que hace necesario un balance más preciso que la afirmación misma.

2) Más adelante, Yassel afirma:

Se hizo tanto hincapié en la solidaridad de la Revolución Cubana con América Latina, fue tan grande la promesa que se hizo con el ALBA, que pudo pensarse que el socialismo cubano había regresado a sus primeros pasos latinoamericanistas y guevarianos, allá por la década de los sesenta. En fin, pareció que se había reparado una desviación histórica y que cada cosa había vuelto a su lugar.

lo cual merece otras reflexiones:

* No puedo dimensionar cuánto de grande fueron las promesas que se hicieron con el ALBA. Pero más allá de esa expectativa, cabe consignar que el ALBA fue apenas un intento de intercambio e integración entre Estados de economías muy diferentes (tan diferentes como que se trata de economías de sistemas antagónicos, tal como son el capitalismo y el socialismo). Muy auspicioso para afrontar contingencias inmediatas, pero difícilmente a solucionar problemas de fondo, a saber: para la socializada economía cubana salir de la asfixia del bloqueo; y para los pueblos sometidos al capitalismo, una perspectiva de revolución social. Si del lado cubano el ALBA aportó para la oxigenación de su economía, del lado de los otros países latinoamericanos y caribeños, no resultó para nada en una posibilidad siquiera de cambiar las relaciones de propiedad y la histórica dependencia del imperialismo.

* El ALBA tampoco se propuso establecer los conceptos guevaristas acerca del proceso de construcción socialista planteados por el Che.

* Por lo anterior, creo que es muy acertada la conclusión de que

El latinoamericanismo que nació con el ALBA no estuvo, sin embargo, vinculado a una reflexión sobre los caminos del latinoamericanismo de décadas pasadas. No se habló sobre la relativa desconexión con Latinoamérica que significó la adopción del modelo soviético. Y cuando se pretende olvidar el pasado histórico, lo más posible es que vuelvan a repetirse los errores.

3) A reglón seguido, Yassel afirma:

La emergencia de una multitud de gobiernos de izquierda en toda la región fue una de las cosas que más impactó a los cubanos. Chávez en Venezuela, Evo en Bolivia, Ortega y los sandinistas en Nicaragua, Correa en Ecuador, Lula y luego Dilma en Brasil, Pepe Mujica en Uruguay, Cristina en Argentina, entre otros, significaron el levantamiento de una nueva América Latina.

Aquí cabe decir que los calificativos y caracterizaciones de los gobiernos que menciona no se corresponden con la realidad. Chávez inició un proceso de transformación con enunciados, proyectos y medidas socializadoras. Por el contrario, bajo la presidencia de Néstor Kirchner primero y CFK después, lo que se propuso –y en gran medida se logró– fue la recomposición del capitalismo estallado en crisis económica y política en diciembre de 2001. El sentido de ambos procesos era contrapuesto. Las coincidencias coyunturales de gobiernos tan distintos se produjeron en el terreno del enfrentamiento al proyecto imperialista del ALCA. Argentina bajo los Kirchner ni siquiera ingresó al ALBA. Los gobiernos del PT en Brasil y del Frente Amplio en Uruguay, que, como los de Argentina 2003/15, mejoraron las condiciones sociolaborales y de remuneración de amplios sectores trabajadores, no modificar un ápice sus estructuras económicas internas ni las condiciones de dependencia. Los gobernantes de estos tres países en el período señalado, más allá de sus discursos anti-neoliberales, lo que hicieron fue aplicar un sinnúmero de medidas liberales. En el caso de Uruguay estableció una mayor dependencia de EE.UU. y en el caso de Argentina, se impuso una «ley antiterrorista» a pedido del CIADI, análoga a la que rige en Chile. ¿Puede llamarse a estos gobiernos «de izquierda»? ¿Qué significa «izquierda» entonces? Algo similar se puede decir del Ecuador de Correa. En cambio, la Bolivia del MAS de Evo alcanzó positivos logros en fundar una república plurinacional y acceso a niveles económicos que permitieron erradicar gran parte de la pobreza crónica. Pero no estableció nuevas formas de producción. Comprender estos contradictorios fenómenos tal como fueron, permite hacer un análisis sin fantasías ilusorias ni calificativos que en nada se compadecen con la realidad. Salvo Venezuela y Bolivia que iniciaron procesos de reformas económicas y políticas que bien pueden llamarse reformismo, el resto de Sudamérica no tiene nada de «nueva América Latina». Y sí mucho de recolonización bajo nuevas formas.

4) Yassel plantea que:

Hubo muchos intelectuales que pudieron ver las potencialidades que ese socialismo del siglo XXI tenía para ser una fuerza subversiva que revitalizara el socialismo cubano. Eran intelectuales como, por ejemplo, Fernando Martínez Heredia, que llevaban tiempo vinculándose a las maneras de hacer de los movimientos sociales latinoamericanos, y que al mismo tiempo conocían las debilidades del socialismo burocrático cubano. De parte de ellos vinieron las propuestas de construir también en Cuba el socialismo del siglo XXI.

* Ya expusimos la falacia de llamar socialismo (de cualquier siglo) a las recomposiciones capitalistas. Por lo tanto, pretender revitalizar el socialismo cubano a partir de esas premisas, no hubiese sido otra cosa que proponer la restauración capitalista. Conociendo a Martínez Heredia, nada de eso era su propósito, aunque sí de otros politólogos y políticos, ajenos y contrarios al marxismo.

* Y también sostiene que:

una reunión de la CELAC en La Habana, donde toda la derecha tendría que escuchar a Raúl Castro declarar a Latinoamérica como Zona de Paz. Los cubanos pudieron creer en la posibilidad de un nuevo mundo multipolar, en el que seguir siendo socialista tenía un sentido.

Aquí caben dos consideraciones: el hecho de haber declarado a América Latina como «Zona de Paz», muy auspicioso, no ha podido disminuir un ápice el intervencionismo político-militar de EE.UU. como lo prueban sus acciones en Honduras, Venezuela, Colombia, Paraguay y Brasil. Ahora bien, partir de esa declaración para suponer «un nuevo mundo multipolar» resulta erróneo. Pero lo sorprendente es que para Yassel, en esto encuentra una razón para «seguir siendo socialista». En este aspecto, diremos que entonces tenemos visiones y expectativas muy diferentes acerca de lo que es, o pueda llegar a ser, una revolución socialista. Para los que nos cultivamos en los ideales del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, en El Estado y la Revolución de Lenin, y en la trayectoria y los ensayos del Che, el sentido del socialismo no se desprende de tal o cual coyuntura internacional. Con multilateralismo capitalista o con fuerte hegemonía de uno de los imperialismos, el socialismo siempre tendrá sentido.

5) Yassel expone que

Cuando comenzaron los Lineamientos, a partir del Sexto Congreso del Partido, se hizo evidente que el futuro previsto para Cuba tenía nombres chinos y vietnamitas.

Si por «nombres chinos y vietnamitas» se traducen diversas variantes de restaurar el capitalismo, entonces los revolucionarios cubanos como Yassel afrontan un severo y dramático desafío. Pongo un ejemplo, entre muchos: revitalizar el socialismo, ¿puede darse por medio de la extensión del cuentapropismo? ¿No es más esperanzador ensayar una vía colectivista y no individualista en la producción y los servicios? Porque… ¿qué es el socialismo? O más precisamente, la construcción del socialismo, la que practicó el Che y luego la teorizó. Desde otras tierras de Nuestra América, seguimos expectantes el derrotero de Cuba.

6) Por último, Yassel cierra con esta conclusión:

Tanto los errores e inconsecuencias de la izquierda como los desmanes de la derecha han contribuido a que hoy casi no quede nada de aquel hermoso sentimiento que vivimos en la década pasada. El naufragio de la izquierda, la desmoralización de los revolucionarios en general, es una consecuencia de la falta de una guía concreta, de un programa y una visión factibles

Aquí, nuestra conclusión es muy diferente.

* En primer lugar, debemos señalar que no hay UNA izquierda como erróneamente generaliza Yassel. No se puede confundir una fuerza política con otra por elementos superficiales. Hay que ser rigurosos. Puedo asegurarle que si recorre algunos de los países que él menciona, encontrará a muchos destacamentos revolucionarios nada desmoralizados. Quienes quizás puedan estarlo, son los que se ilusionaron o se encandilaron con fantasías. Los socialistas revolucionarios no naufragamos, aunque remamos contra las corrientes liberales y fascistas, muy fuertes y con mucho respaldo imperialista (más que respaldo, intervencionismo). Lo que naufragó fue la ilusión de que habría cambios sustanciales con movimientos y partidos que ejercitaron gobiernos de recomposición del capitalismo en sus países.

* Es cierto que son necesarias, como señala Yasell, una guía y un programa. Ya en pleno siglo XXI, medio siglo después del Che que nos planteó «no hay más cambios que hacer. Revolución Socialista o caricatura de revolución», esa es una guía necesaria. Y de ahí se desprende un programa. En la permanente e irrenunciable batalla de ideas, nuestra lucha ideológica es para trabajar con ese horizonte en los movimientos de masas. Porque allí radica nuestra debilidad y reconocerla es un paso imprescindible. La lucha por la conciencia de los pueblos como parte de las luchas reivindicativas más elementales. Sin fantasías, sin ilusiones falsas. Sin ataduras a «modelos» que, esos sí, fracasaron.

«La conciencia es como un campo donde todos siembran. La burguesía ha sembrado malezas. Nosotros, los proletarios, debemos cortar las malezas, sembrar la semilla y cosechar el fruto».

(Agustín Tosco, dirigente obrero argentino, emblema del cordobazo de 1969).

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