La izquierda, elecciones y tareas de la etapa

por Miguel Sánchez

El análisis de situación para caracterizar una etapa, sus rasgos salientes y distintivos, así como las tareas y desafíos que ésta nos pone por delante, presenta siempre elementos contradictorios y en tensión, propio de la complejidad política, económica, social y cultural del entramado que abordamos.

Obviamente la situación actual no escapa a ésta premisa, y es el punto de partida para decir que a la izquierda revolucionaria se le presenta un panorama potencialmente auspicioso en el corto y mediano plazo, en cuanto a la posibilidad de amplificar su inserción de masas y su incidencia como factor objetivo en la lucha de clases. A la vez que enfrenta un panorama difícil y adverso en la presente coyuntura electoral.

Muy importante será establecer la dinámica de la lucha de clases en éste período para calibrar objetivos, tareas y disposición de fuerzas, a la vez que prepararse para batallas y desafíos por venir, y evitar que los avatares electorales provoquen desmoralización en la militancia.

Coyuntura electoral

La aguda crisis económica y social que atraviesa el país es acompañada por un mapa electoral bastante cristalizado. Sin contar a esa base social permeable a programas y propuestas reaccionarias que hoy tienen un cause partidario unificado y relevante en la coalición gobernante, existe una mayoría electoral que padece los efectos económicos y materiales de la crisis, unificada por el objetivo casi excluyente de terminar con el gobierno macrista. Como sea, y a través de quien sea. Esa expectativa es crecientemente depositada en el binomio Fernández – Fernández. Fórmula que además, logra articular un programa vago y difuso que sin embargo es música para los oídos de las mayorías populares castigadas por la carestía, la pobreza y la desocupación en aumento. El aparato comunicacional del peronismo logró instalarse como portador de un programa supuestamente industrialista, mercadointernista y distribucionista, que a fuerza de inyectar plata en los bolsillos de trabajadores activos y pasivos reactivaría la economía, al tiempo que «la muñeca magistral de sus funcionarios» lograría una renegociación de la deuda que mágicamente ahuyentaría el escenario de ajuste.

Las consignas marketineras que hacen eje en el trabajo, la producción, el crecimiento, el desarrollo humano y rechaza el ajuste y la timba financiera, son un canto de sirena para los sectores castigados por éste gobierno. Y pocos son quienes están dispuestos a indagar sobre cómo piensan hacerlo, más allá de los esfuerzos de la izquierda por introducir ese eje. En ese contexto se prefigura una fortísima polarización, con preeminencia del voto útil.

Que hacemos desde la izquierda

La campaña del FIT no parece desconocer éste escenario. Sin embargo, en mi humilde opinión, en el intento por alertar sobre las inconsistencias y capitulaciones de un futuro gobierno peronista se relegan esfuerzos por clarificar el programa obrero y socialista para superar la crisis estructural.

Los propagandistas del peronismo y los intelectuales «progresistas» vienen señalando con bastante rigor las consecuencias de sostener y profundizar el modelo actual, primarioexportador y extractivista, aceitado con deuda y capital especulativo, con análisis que no difiere demasiado con los desarrollados desde la izquierda.

Por ello el desafío es mostrar por qué el supuesto modelo antagonista también es inviable, y no por un problema de pericia o inconsecuencia en sus intérpretes. Porque se trata de un esquema que no solo no altera el caracter extractivista y agroexportador de nuestra economía, sino que se asienta sobre sectores industriales por debajo de la productividad media a nivel mundial, inviables sin la extrema precarización de la fuerza de trabajo y la concurrencia de cuantiosos subsidios estatales. Un esquema que además de mostrarse insolvente en el mediano plazo, es insostenible con los vencimientos de deuda y el acuerdo con el FMI pendiendo como espada de Damocles.

En ese sentido, además de explicar que uno y otro expresan variantes ajustadoras, que ambos proyectan sujeción al FMI, que ninguno de ellos presenta una posibilidad real de desarrollo y superación de la dependencia; deberíamos entregarnos a la tarea de propagandizar paciente y meticulosamente nuestro programa de gobierno. No algunas de sus premisas expresadas en consignas de agitación: rompimiento con el Fondo, no pago de la deuda, nacionalización de la banca y el comercio exterior, reparto de las horas, estatización de servicios públicos, sino aquellas medidas que apunten a la transformación estructural y de raíz de la matriz productiva, el modelo de acumulación, la organización social y colectiva de la economía, el reordenamiento político y jurídico de la sociedad. Plantear con claridad que somos la única fuerza social y política capaz de encarar y transitar hasta el final un verdadero proceso de transformación económico y social. Un cambio estructural de la matriz productiva y del modelo de acumulación. Una industrialización que para asentarse en áreas estratégicas y de punta requiere elevadas concentraciones de capital. Y entonces tenemos que explicar cómo y porqué deberá ser extraído de la renta diferencial de la tierra. Clarificar qué reformas en la estructura de la tenencia y explotación de la tierra lleva aparejado, cuál será el rol del Estado en el control, la gestión y dirección de las áreas estratégicas de la economía incluyendo la mediana y gran industria así como empresas tecnológicas y de servicios.

Esto, que esbozo a modo de ejemplo, sin dudas plantea una campaña antipática a la hora de arrastrar votos simplemente «antimacri». Es muy difícil captar votos desde el rol de agoreros. Y la combinación entre polarización extrema y predominio del voto útil hace prever un techo bajo a los votos que vayan hacia la izquierda. Sin embargo, no debiéramos evaluar el futuro político inmediato sólo a la luz de éstos comicios. Por el contrario, es de esperar que un probable gobierno peronista, a poco de andar, y más allá de las apelaciones al sacrificio patriótico y pesadísima herencia, dejará un tendal de decepcionados que genuinamente esperan y se entusiasman con un futuro gobierno popular. En ese sentido, un escenario de ajuste y medidas antipopulares permitirá a las fuerzas de izquierda convocar al balance y reactualización de aquellos planteos de campaña a cientos de militantes, para quienes los planteos de izquierda pasarán a tener otro espesor.

En síntesis, no debería preocuparnos los números exiguos que seguramente irán confirmando las sucesivas elecciones hasta llegar a octubre, sobre todo no deberían desmoralizar a nuestra militancia. Por el contrario, éstas elecciones deberían servir para una activa propaganda de masas del programa obrero y socialista, a la vez que templar nuestras organizaciones para la etapa que se abre

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