El chantaje de las radiografías,
Es el humo de las palomas en vuelo
Decir, no me gustas porque te quiero
El chance de la hipocresía
Es la tenue luz de El Dorado
El miedo que tuve cuando no tuve miedo
Pero ahora ya no queda más que ahora
Todo es relativo, aproximadamente
Las letras y los versos
No envejecen demasiado.
¿De qué sirve- quisiera yo saber- querer saber? Habrá que
aprender a dejar atrás los rastrojos más negros de la enfermedad.
Encalar los demonios, remendar con remiendos los remordimientos teñidos
de juventud. Que no nimbe la liturgia de tus disfraces mi traje
disfrazado de Buster, tan lejos de vuestro grew flannel suit que
ensucia la calma.
Nada hay como ver el pasado para aventurar el porvenir, al menos en los múltiples sentidos de lo humano. Sucede que empezamos con la frase “había una vez” y el relato se presta a juntar los pasos por el mundo y sus cambios. El mundo ha cambiado mucho desde 1981 y por si fuera poco ya ni la dictadura militar puede hacer callar el olvido a gritos sobre sus masacres. Tampoco sus socios cómplices y lugartenientes civiles pueden borrar el apoyo al genocidio, se muestran casi inocentes los miembros de la sociedad rural, y le siguen en saga los comunicadores cómplices con la mentira y la impunidad.
Cuenta la memoria de Ana, mi compañera, que en 1974, cuando el interventor-rector de la Universidad de Buenos Aires, Ottalagano, de funesta memoria, dejó cesantes a su madre, Guillermina Garmendia de Camusso, y a Nelly Schnaith, estas amigas, doctoras en filosofía y letras y, ahora, ex profesoras de la facultad de filosofía, quisieron no desesperarse, y buscaron juntas, un trabajo alternativo. La habilidad manual no era su fuerte, más bien, era una sombra muy tenue frente al brillo intelectual de estas dos grandes mujeres. Por eso asombró que hayan decidido crear moda. Se les ocurrió una especie de chal con flecos. Muchos flecos. La tela, frazada. Tomaron tijeras, se pusieron a cortar. Frazadas, flecos. Cosieron flecos a las frazadas, que ahora se llamaban chales, en variaciones. Toda la familia participó, en doble jornada de trabajo, en esa cocida de flecos. Cuando tuvieron varios ejemplos disponibles, llamaron a una amiga en común, Griselda Gambaro, para que les consiguiese algún cliente del “ambiente” artístico. La dramaturga las llamó a los pocos días: “tengo a la Tana Rinaldi“. Bajo los efectos de la impresión que les causó tal ”salto cualitativo”, las dos filósofas argentinas prepararon la operación Rinaldi. El dibujante y escultor Roberto Distéfano, esposo de la Gambaro, preparó un catálogo de figurines: modelos livianas que hacían flamear chales que flotaban de casi ingrávidos. Hubo presentación, con la diva in mente, y allí, en mitad del “desfile” de las modelos ideales de Distéfano, hicieron su aparición las pensadoras, agitando chales y flecos, un poco más gruesos que el trazo del dibujante: “Bravo Chicas“, alentó Mangieri. La Rinaldi se hizo eco del evento y las chicas fueron a visitarla. La diva se probó las prendas, dio unos giros, dijo que lo pensaría. Ahí acabó el experimento.
Cuando en la tarde noche del 29 de mayo se proyectó el documental El Tucumanazo en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Tucumán, se hicieron tiempo presente dos imágenes del documental muy entrelazadas. Por una parte la rebelión estudiantil por las mismas calles de la facultad. Una foto: unos estudiantes sacan del edificio de la propia Facultad de Derecho una mesa para contribuir con los elementos necesarios para la barricada allí construida. Parafraseando a Galeano: “la barricada que cerraba la calle, abría el camino”. La segunda imagen tiene que ver con la situación actual que vive nuestra postergada provincia: la de los niños pobres en las villas miserias en imágenes que se funden con las caras de la abundancia, los Macri y las Fortabat. ¿Qué contribuyó entonces para que la lucha de aquellas barricadas por cambiar la sociedad fracasara y tengamos hoy una sociedad cada vez (y si, cada vez) más desigual? En parte la desmemoria. Entre el olvido oficial y el olvido de los propios intelectuales tucumanos. De izquierda y derecha.
Según las agencias de noticias, la Comisión de DDHH de la ONU, en una sesión calificada de "controversial", aprobó el informe Goldstone donde se acusa a Israel de haber cometido "crímenes de guerra" en la operación "Plomo Fundido".
Las dirigencias oficialistas palestinas festejan. Israel y cómplices reclaman y ponen el grito el cielo. Todo da a parecer que se ha asestado un duro golpe a la impunidad de Israel.
12 de enero de 2010: El Imperio se retrata en Haití
Hace un tiempo ya, que las fotos dejaron de envejecer, no se ponen amarillas ni grises, ni sepias, y aunque ya poco se las ve en papel, hay imágenes que por obra del coraje y la dignidad, permanecen porque le arrebatan al ultraje, su testimonio .Su marca evidencia crímenes de guerra como sucediera en Abú Grahib .
Otras, como la foto del hongo nuclear de la bomba atómica estadounidense arrojada sobre Japón escriben el testimonio eterno de la barbarie imperial. Este 12 de enero en Haití la tierra tembló, como si se tratara de aquella foto del hongo, pero invertida esta vez, y aunque aun no sepamos la cosa, por donde empezó, si por abajo o por arriba, lo que si sabemos es que el abuso ya sucedió en Hiroshima.
Incardinados en una percepción cronológica de los sucesos, propia de la modernidad, ciertos best sellers de nuestros días cuestionan (o inducen a cuestionar) la veracidad de narraciones ancestrales cuya verdad no estribaba en la descripción precisa de las historias que abordaban —cómo ocurrieron exactamente—, sino en su eficacia motivadora. La preocupación por la objetividad, típica de nuestra cultura, carecía de sentido para comunidades premodernas que revivían, enriquecían y retransmitían aquellas historias a la luz de acontecimientos arquetípicos de probada validez para su modus vivendi. De ahí que el profeta, intérprete por antonomasia de los sucesos ejemplares, y guía acreditado para anunciar en su ámbito social los designios salvíficos —conforme a revelaciones trascendentes que se admitían incuestionables— tuviera como misión esencial orientar a su comunidad, afinar su sensibilidad, y, sólo subsidiariamente, prever el futuro; o, más propiamente, descifrar el presente en función de la dinámica de aquellos designios.
Yo soy uno pahí, que vive donde las circunstancias anteriores lo pusieron. Nacido el año tal del barrio tal de una ciudad ni limpia ni culta pero con monumentos. Robando ondas wifi propagadas en la distancia, mi ordenador entiende su lenguaje, que para eso estaba programado. Un día le dijo una computadora a mi portátil: “hay qué ver, qué pequeño eres y ya computas”.
Se acabaron mis sermones. Aparco en mitá la acera, mi campaña anti sistema, aburro, me aburre. A partir de ahora, hablaré de la misma forma pero de otra manera, convocaré de nuevo las pasiones inexistentes de mi vida, forzaré por aparentar acaparar todas las dichas y lamentos todos, que no quede ni uno, y trataré de encontrar por ahí perdidas las palabras que no tengo. Que sólo soy un hombre de barrio venido a menos, al que le cambian a traición hasta el nombre de sus calles.
El Planeta Tierra visto desde el espacio es sorprendente. Esa forma esférica cuasi perfecta, su mayoritario azul intenso moteado de tierra siena, y el contraste con la oscuridad del cosmos, le confieren una apariencia absolutamente intrigante y mágica. Pero si nos acercamos más, si en el interior de la atmósfera cruzamos la estratosfera hasta llegar a la troposfera, lo que veremos será cada vez más fascinante: montañas rocosas contorneadas por ríos que caen formando saltos o trazan sinuosas curvas sobre su superficie añeja, praderas engalanadas de intenso verde, bosques llenos de innumerable fauna y flora, mares inmensos de enérgicas y majestuosas olas, insólitos paisajes de … y así podríamos seguir infinitamente.
En las zonas más urbanizadas de nuestro mundo se contempla una gran masa compuesta de diminutos puntos, esparcidos por diferentes pueblos. De diferentes formas y colores, de movimientos pausados o más o menos veloces, son los principales actores del escenario global. En los libros suelen llamarlos seres humanos u homo sapiens, pero sin duda, si acercamos el objetivo de nuestra cámara logrando imágenes más próximas de los mismos, comprobaremos que se trata de otra especie más específica: “la gente normal”.