| Argentina: Cristianos contra la exclusión social (*) |
|
|
|
| News - Argentina | |||
| Sunday, 13 September 2009 11:21 | |||
por Daniel E. Benadava / Desde Argentina Creciente marginación y exclusión social A lo largo de la historia los dirigentes argentinos, lejos de favorecer la promoción humana de sus compatriotas mas necesitados, acrecentaron la exclusión social de millones de personas que buscando escapar de la pobreza iniciaron un incesante peregrinar hacia la provincia de Buenos Aires pero solo, mal que bien, recibieron las migajas del banquete de la gran ciudad. Por estas razones, desde el Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo se sostiene que los gobiernos argentinos son productores de soledades y de hambres eternas porque en nuestro país no faltan ni alimentos, ni platos, ni madres, ni médicos, ni maestros, faltan en cambio la voluntad política, la imaginación institucional, la comprensión cultural y las ganas de construir una sociedad de semejantes que asegure a cada niño argentino las oportunidades vitales para que se desarrolle saludable y pueda crecer con dignidad. Mártires y luchadores cristianos En el contexto anteriormente descrito, y a lo largo de las últimas décadas, muchos cristianos realizaron una opción preferencial por los pobres ya que entendieron que, como lo había planteado el Episcopado Argentino a mediados del siglo pasado, entre el derecho a la propiedad privada y el derecho a la vida digna del hombre, el segundo es más fundamental y por ende debe tener precedencia en caso de conflicto. También en nuestros días el Equipo de Sacerdotes para las Villas de Emergencia, sintiendo la llamada evangélica de acompañar a aquellas personas que se encuentran en el infierno de la droga, entiende que la droga está despenalizada de hecho... la vida para los jóvenes de nuestros barrios se fue tornando cada vez más difícil... la despenalización de hecho generó inseguridad social -que tiene su raíz- en la insolidaridad social... Frente a esta problemática los integrantes del citado equipo plantean que no hay que ser ingenuos y hay que tomar conciencia de que hay que realizar un trabajo de prevención sistemático y a largo plazo para intentar frenar la destrucción que pasó como un ciclón por las familias y generó situaciones infrahumanas aprovechadas a su vez, por los gananciosos distribuidores de droga. Por último, y en el transcurso de los últimos años, en el sur de la Provincia de Buenos Aires existe un grupo de claretianos que trabajan junto con diferentes organizaciones sociales procurando que las personas que viven en los asentamientos de la zona puedan tener los títulos de propiedad de los territorios que habitan; tengan libre acceso al agua potable; y, además, intervienen en diferentes espacios de diálogo, contención y resolución de conflictos familiares que en ocasiones, al entremezclarse con problemas de adicción y alcoholismo, concluyen violentamente. Desafortunadamente no todos los cristianos argentinos continúan estos ejemplos ya que, muchos de ellos, parecen creer que la religión en nada se vincula con la problemática por la que atraviesan sus compatriotas y por tal motivo, como lo sostuvo el padre Carlos Mugica, puede decirse que son cristianos muertos... creen que recibieron la comunión y no se dan cuenta de lo que eso quiere decir: común unión... van a recibir la comunión y son racistas, o sectarios, o explotadores que oprimen a su hermano, San Pablo dice que ingieren el cuerpo del Señor indignamente; se tragan y beben su propia condenación. (*) Este texto ha sido publicado originalmente en la edición número 260 de la Revista Alandar.
|










En este trabajo lo que se buscará será analizar la influencia de la justicia sobre el bien común, el significado de cada una de las partes que implica, la actualidad con respecto a estos, y como debería ser en su perfección, y las consecuencias de su mal uso o aplicación, a partir de un análisis objetivo, de las mejores soluciones propuestas por autores, como Cicerón, Aristóteles, Sto. Tomas, R. P. Santiago Ramírez, O. P., y Francisco Javier Vocos. También comentarios referidos al tema del Sr. Obispo Mons. Marco Antonio Ordenes Fernández de Chile, y el Sr. Obispo de la diócesis de San Luís Mons. Jorge Luís Lona. Basándonos en ideas personales, y comentarios respecto a los diversos temas teniendo como base el realismo aristotélico-tomista y la doctrina católica.
La inspiración de este trabajo se encuentra sobre los pilares de un ensayo, referido a una clase de Dra. Marta Hana, en la materia Introducción al derecho de primer año en la universidad Católica de Cuyo sede San Luís en el año 2008.
Justicia - ¿La solución?
En momentos tan difíciles como los que vivimos, podemos observar diariamente, la falta de ella en su total expresión. Casi todos los conflictos sociales que vivimos se inician por falta de la misma. No solamente en nuestro país sino mas bien en todo el mundo, lo que por consecuencia acarrea un menoscabo en el bien común.
Peor aun es saber que nadie o por lo menos muy pocas personas quieren cambiar esta situación, imponiendo la justicia como la base fundamental desde la cual se forme cada estado o país, ayudando de este modo a conseguir el añorado bien común para toda la sociedad. El escritor Castaño, define a la sociedad del siguiente modo: “Dada la existencia de un fin común, llamamos sociedad a aquella realidad práctica constituida para su consecución. Se la define, pues, como una pluralidad de personas unidas para conseguir mancomunadamente un fin común”
Como ya conocemos los estudiantes de derecho, y para los que no lo saben les informamos, justicia significa DAR A CADA UNO LO QUE CORRESPONDE, una antigua definición brindada por los romanos en su época, que hasta el día de hoy se mantiene con absoluta vigencia, pero que posteriormente se completo como “la voluntad perpetua y constante de dar a cada uno lo que corresponde”. Planteamos VOLUNTAD ya que se refiere al querer del hombre como una disposición a seguir, PERPETUA, se espera que sea una disposición estable difícilmente removible, CONSTANTE porque actualiza y rectifica los actos relacionados con los bienes de los demás marcando una estabilidad en el obrar. Por consecuencia planteamos lo injusto como el no dar al otro lo debido, lo que le corresponde –tal como lo desarrollaremos más adelante-.
Con mucha tristeza, como futuro abogado, tengo que decir que en este momento “justicia” es una palabra vacía, lo que provoca un desaliento humano, un caos social y por consecuencia una juventud tocando fondo en la perdición. Ejemplos sobran, pero nombremos algunos: La “previa” de los viernes y los sábados tomando alcohol para evadir los problemas que se suscitan semanalmente, el consumo de estupefacientes para diversión del grupo sin medir las consecuencias físicas y psicológicas irreversibles, el liberalismo sexual que lleva de la mano el sida en un porcentaje de nuestros jóvenes y a la vez, trae consigo embarazos de chicas adolescentes, llegando al extremo ya de madres de 12 años.
Lamentablemente estos casos a veces se agravan y es aprovechado por quienes pretenden sostener “derechos sobre el cuerpo de las mujeres” matando el niño que lleva en sus entrañas… En nombre de la “justicia”, así se comete el peor de los crímenes: el aborto. La modalidad de matar por un par de zapatillas o simplemente por $10, acompañada desde las esferas del “pensamiento jurídico” por la “teoría” del abolicionismo penal.
Como se han invertido los roles, el respeto por la vida, la salud, la educación, simplemente son palabras sin contenido real, esto es una realidad que duele.
Claramente vemos como se apartan de la definición del papa Pío XI con respecto al bien común: “La paz y seguridad de que gozan los sujetos en el ejercicio de sus derechos y a la vez el mayor bienestar espiritual y material posibles en esta vida, mediante la unión y coordinación de los esfuerzos de todos”.
Nacemos deudores. Somos herederos de las generaciones que nos preceden, tanto en lo bueno como en lo malo. Junto con los escasos vestigios de la civilización greco-romana-cristiana, hemos heredado las desviaciones de las ideologías y sus consecuencias prácticas: adicciones, corrupción, muertes indiscriminadas, etc.
Algunos, pensarán que el mundo ya esta perdido, pero yo les digo: “no es así”. La solución tiene un precio muy caro, y los únicos que podemos intentar pagarlo somos nosotros ¿Cómo? Aportando cada uno su granito de restitución de la conducta moral; la respuesta del hombre a lo que es debido al grupo. Es decir que la salida de la crisis de la humanidad es simplemente hacer lo correcto, para que de este modo nos diferenciemos de los animales, y mostremos que realmente somos seres dotados de inteligencia y voluntad, lo cual se plasma en el manifestar actitudes de sabiduría en el poder político e interesarse y poner los medios para realizar el bien común.
Pero como marca Javier Vocos “¿Cómo puede dirigir al bien a los demás, quien marcha en sentido contrario? ¿Cómo puede organizar justamente la sociedad familiar quien es el primero en burlarla? ¿Cómo puede administrar honradamente los bienes de la nación quien no es honrado en los propios negocios o quien se ha enriquecido a costa de intereses contrarios a la nación? En una palabra, ¿cómo podría combatir el vicio en la sociedad quien es personalmente vicioso?”
Para empezar a reconstruir el bien común en nuestro país evidentemente tenemos que re organizar lo que es la justicia, exigiéndose cada uno a sí mismo el no realizar conductas que sabemos que no hay que hacer, aunque esto signifique correr un mayor riesgo, tener menores ganancias, llevar una vida más dura, ardua, o difícil. Sabido es que el hombre tiende a la comodidad, y ese ha sido uno de los pesos más grandes que ha tenido que soportar durante la historia, pero existieron personas diferentes que tuvieron coraje, valor, agallas, para enfrentar las contrariedades. El ejemplo supremo es Cristo, Rey del Universo, enfrentando al mundo en todos los aspectos imaginables. Es por eso que lo debemos imitar.