Una vez al año, desde 1996, CORREPI, acompañando su tarea militante diaria, presenta el Archivo de Casos de Personas Asesinadas por las Fuerzas de Seguridad del Estado. Con estos datos nos proponemos mostrar que el alcance y la extensión de la represión que padece el pueblo, responde a una política de estado. Un estado dividido en clases, que necesita de la explotación de la amplia mayoría del pueblo por una reducida minoría, y que, para poder garantizarla, inevitablemente hace uso de la violencia y la represión. Esta sistematicidad de la represión queda evidenciada cuando vemos que todos los gobiernos, sean de la procedencia que sean, como administradores de este estado de clase, garantizan el disciplinamiento y el orden social con la represión, que puede adquirir, según las circunstancias, distintas modalidades, pero cuyo denominador común es la sistematicidad.
El caso de un gobierno como el de los Kirchner es paradigmático en este sentido. Frente a su autoproclamación como gobierno “defensor de los DDHH”, se contraponen los datos concretos que evidencian la efectividad de su política represiva. Gracias a su demagogia, ha logrado una importante legitimación que silencia, aún más, el alcance de su eficacia represiva: Son 3.093 los datos confirmados de personas asesinadas por el estado desde diciembre de 1983 a noviembre de 2010. De ellas, 1.633 fueron muertas bajo la administración del gobierno de los Kirchner. Hasta 2009, el año 2001 había sido el año con mayor registro de muertes a manos del estado, con 242 casos. Pero en 2009 las fuerzas de seguridad estatales mataron 253 personas; y en los 12 meses transcurridos desde que presentamos el Archivo 2009, registramos 219 casos. Se evidencia, así, que la represión de la clase dominante es aún mayor en momentos de cíclicas crisis del capitalismo.
Tucumán será base regional de la Gendarmería. La duda que nos asalta de inmediato es saber si la medida será efectivamente para controlar el narcotráfico, como afirma el gobernador, o es un preanuncio de la nueva modalidad represiva en un año electoral que será, desde lo social, conflictivo.
por De Igual A Igual
Primero fue el ministerio de Seguridad para “coordinar las fuerzas de seguridad”, no sea que éstas sean ineficientes la próxima vez que tengan que lidiar con el movimiento social como en el Parque Indoamericano. Ahora, el 27 de enero, el gobernador tucumano el kirchnerista y empresario José Alperovich, adelantó que próximamente llegarán a esta provincia cientos de efectivos para combatir delitos federales en el NOA. "Va a tener una comunicación permanente con la Policía provincial para trabajar en droga", expresó el mandatario a medios locales. Alperovich manifestó que la nueva sede Regional, con asiento en la provincia, también deberá trabajar en Santiago del Estero, Salta y Jujuy. "La fuerza va a destinar unos 3.000 gendarmes para la nueva dependencia, y a Tucumán le tocarán unos 500 o 600. Lo que oculta el gobernador tucumano es que la Gendarmería llega a Tucumán para impedir y muy posiblemente reprimir la protesta social, en un año electoral crucial donde entre la desocupación y la inflación el pulso con el gobierno promete ser permanente, como ya lo han demostrado algunas organizaciones sociales que comenzaron a movilizarse aún durante el periodo de descanso veraniego.
Ya comenzado el 2011, en asuntos económicos sobresale el debate por la inflación, y como se defiende cada quién para abordar la carestía creciente de los bienes y servicios que satisfacen las necesidades cotidianas. No se trata de un tema nuevo. La Argentina tuvo ciclos inflacionarios que anidan en la preocupación y memoria histórica de la población, tanto como los regresivos impactos de las políticas antiinflacionarias. Fue antiinflacionaria la política de Martínez de Hoz, como lo fue la convertibilidad de Cavallo y Menem, que cumplirá pronto dos décadas de iniciada (abril del 91). Ambas políticas contra la inflación fueron reaccionarias y regresivas, porque se pagaron con miseria, desempleo, pérdida de ingresos populares y más explotación de la fuerza laboral.
De este modo podemos afirmar que la inflación y la política de combate a la inflación son sufridas por los de abajo. La inflación y la política para combatirla son instrumentos que favorecen a la ganancia, al capital y perjudican a los trabajadores y sectores de ingresos fijos. ¿Es posible resolver el flagelo inflacionario de otro modo? ¿Qué orden económico se requiere para una perspectiva popular de satisfacción de necesidades?
El historiador Pablo Pozzi se suma a la polémica Altamira-Galasso
Termino citando al propio Galasso: “Solo puedo agregarte que hay momentos en la vida de los hombres que lo mejor que pueden ofrecer a su pueblo es una profunda autocrítica y un replanteo de posiciones erróneas. Ahí se juega su profunda adhesión al mundo nuevo que predican y por el cual dicen que están luchando.” Me encantaría escuchar su autocrítica, y ni hablar de cómo piensa que se puede lograr esa sociedad igualitaria en la que dice creer. Pero eso no basta. No sólo que lo diga, también que se juegue por una vez.
por Pablo Pozzi*
Los colegas nunca cesan de sorprenderme. En este caso, Norberto Galasso, que yo tenía como una persona respetable, se sumó al montón en una carta abierta a Altamira y al PO que, realmente, es un ataque generalizado a la izquierda. Sus argumentos, supuestamente contundentes son de tipo histórico y político y se pueden resumir en las siguientes hipótesis:
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación la Argentina, cuyos habitantes representan el 0,65% de la población mundial, produce el 1,61% de la carne y el 1,51% de los cereales que se consumen mundialmente.
En este escenario resulta perverso que, de acuerdo al último informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, un 27.9% de los niños se encuentren expuestos a situaciones de riesgo alimentario de los cuales un 6% experimenta hambre frecuentemente; y si se toma en cuenta específicamente a los niños de estratos socioeconómicos muy bajos se estima que el 60% se haya en situación de riesgo alimentario de los cuales el 26% padece hambre usualmente.
¿EL CHE GUEVARA EN EL CAMPO DE LEPROSOS? Burgueses en las villas de emergencia.
Cómo si de nuestro héroe argentino-cubano se tratara y su épica estadía en el campo de leprosos, un ejército de trabajadores sociales, psicólogos, licenciados en letras, artistas, etc. van a los barrios marginales a hacer trabajos comunitarios. Jóvenes que vivieron siempre en las burbujas de la clase media descubren repentinamente que existen los pobres, en particular los niños pobres, y que éstos son muy simpáticos. Murgas, talleres literarios, de teatro, de fotografía, proyectos de “inclusión social” destinados a los marginados como paliativos de la pobreza.
Estos jóvenes kirchneristas abocados a tareas “comunitarias” sienten estar desarrollando una función de “trabajo en las bases” convirtiéndose ellos en actores de cambio social.
Nadie podría oponerse a estos trabajos porque no se puede considerarlos nocivos. Pero entre hacerlos, como personalmente los hice, y pensar que eso conduce a la instauración de nuevas estructuras sociales en las que los trabajadores comunitarios seríamos los agentes de cambio, hay una gran distancia.
Acerca de una entrevista al rabino Daniel Goldman sobre “trabajo esclavo”
por Luis E. Sabini Fernández * / Desde Argentina**
Daniel Goldman fue entrevistado acerca de la sobreexplotación, brutal, a que son sometidos trabajadores rurales, particularmente en San Pedro, primera denuncia contemporánea de esa forma de trabajo.[1] El rabino Goldman elabora toda una reflexión acerca del nazismo implícito en tales sistemas de explotación. Que los hechos descubiertos en San Pedro son “una variante más de las formas del nazismo en América Latina”.
Si le hiciéramos caso, el nazismo estaría muy, pero muy extendido en América Lapobre, y en verdad, recordando matanzas como la de Pando en Bolivia, no tendríamos que echar la afirmación de Goldman en saco roto.
El gobierno argentino, parafraseando a Paulo Freire, se mantiene en el dominio de las formas paternalistas y asistencialistas que nunca crean divergencias profundas con los grupos hegemónicos de poder y, por tal razón, su accionar funciona como anestésico ya que distrae a las masas populares que (desviadas de las verdaderas causas y soluciones de sus problemas) tienen la única expectativa de recibir mas.
Así por ejemplo promovió la Ley de Medios Audiovisuales para democratizar las nuevas tecnologías de la información y evitar la monopolización de la comunicación pero, a su vez, permitió que Telecom Italia pasara a tener el 58% de las acciones de Telecom Argentina lo cual es visto por muchos analistas como una incipiente monopolización de las telecomunicaciones argentinas en manos de Telefónica de España ya que esta empresa, además de ser dueña de Telefónica de Argentina, tiene el 42% de las acciones del grupo Telco que a su vez controla el 26,3% de las acciones de Telecom Italia.
La cruda realidad de la pobreza se instaló en la vidriera pública de la ciudad opulenta, Buenos Aires, la metrópoli de mayor ingreso per cápita del país, sede del poder económico de la Argentina y por ello, el territorio donde se genera la agenda mediática de discusión sobre la problemática nacional.
Hasta hace muy poco, la visibilidad de la pobreza se radicaba en el interior de la Argentina, con las dramáticas imágenes de los desnutridos en el norte, especialmente entre los pueblos originarios. Ahora, en Villa Soldati, en el sur empobrecido de la Capital Federal, los pobres, entre ellos varios inmigrantes, se hacían notar con la toma de un predio público en demanda de vivienda. Junto al “glamour” del patrón de consumo suntuario, el negocio inmobiliario y la difusión de un turismo extranjero de importante concentración de gasto y una importantísima oferta cultural, la Ciudad de Buenos Aires mostró la otra cara, muchas veces invisible, la de la pobreza y la desaprensión de las políticas públicas.
Luego de que el ministro de Ambiente y Espacio Urbano, Diego Santilli calificara como “exitoso” el brutal desalojo de cientos de familias del Parque Indoamericano en el barrio de Soldati, el Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, ofreció como explicación del saldo del operativo (dos muertos y varios heridos, incluyendo una niña de 3 años) que las muertes no tienen que ver con el uso de balas de plomo en vez de balas de goma (como indica la ley en estos casos), sino con el “descontrol de la inmigración”
El denominador común de todas las posturas reaccionarias es el empleo de razonamientos lineales. Y este lineal y unicausal razonamiento, que vaya uno a saber quién se lo habrá soplado, fue históricamente defendido por los personajes más nefastos que tuvo nuestro país. No es sorpresa para nadie que una vez más la realidad sea exactamente opuesta a todo lo que él expresa: según datos del Ministerio del Interior, la cantidad de extranjeros en la Argentina viene cayendo vertiginosamente desde hace décadas, pasando de 1.903.159 en 1980 a 1.543.940 en el año 2001.
El desprecio que la “diplomacia amiga” de Hillary Clinton y Obama tiene por el gobierno argentino, que salió a la luz con el destape de los informes de “inteligencia” de los EEUU, eclipsó el mayor acercamiento a la política imperialista de CFK que acaba de aceptar, finalmente, la injerencia del FMI. En última instancia, si existiera la “bipolaridad” de la presidenta que preocupa a los norteamericanos, Cristina la está resolviendo políticamente hacia la derecha. La misión del Fondo que se presume llegará al país la semana que viene, reclama no sólo comenzar a confeccionar “un índice de inflación más realista” a la fantasía del INDEC, sino además “realizar una nueva encuesta de gasto de los hogares”. Es decir que el resultado de la negociación que el canciller Héctor Timerman y el ministro Boudou hicieron en Washington con el FMI- bajo amenaza de sanción a la Argentina por negarse a permitir el monitoreo anual de la economía que establece el estatuto del Fondo (el famoso Artículo IV)-, terminó acercándose al reclamo del organismo financiero internacional.