| Tribalismo, racismo y proyección (2/2) |
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| News - Canaan | |||
| Sunday, 04 March 2012 08:22 | |||
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En esta segunda parte se explora el engañoso papel de la política judía (tanto sionista como antisionista) dentro de la campaña "antirracista”. Primera parte aquí Racismo es una palabra grande, con algunas connotaciones muy malas. La acusación de racismo es una de las marcas más dolorosas y potencialmente dañinas que se pueden portar. Y, sin embargo, ¿realmente cuántos racistas pueden pensar en términos de “determinismo biológico”? ¿Cuántos racistas que andan por ahí piensan realmente en términos de “genes”, o incluso en “color de la piel”? Supongo que no muchos. Si bien se reconoce que el racismo tuvo un impacto cultural significativo y políticamente letal entre finales del siglo XIX y mediados del siglo pasado, en la política actual se abusa de la palabra "racismo", se utiliza erróneamente o, en algunos casos, se utiliza conscientemente para inducir al error e incluso al silencio. A pesar de la discriminación hacia los grupos minoritarios, que por desgracia es común y totalmente inaceptable, no siempre está motivada por el racismo crudo. La islamofobia, por ejemplo, se considera comúnmente una manifestación contemporánea de racismo, pero yo desafiaría tal concepto. La islamofobia, sostengo, no está motivada por el racismo, sino que en realidad se trata más bien de un síntoma de intolerancia -la xenofobia se manifiesta como odio, fanatismo y discriminación-. Mis amigos ingleses convertidos al Islam a menudo son sometidos a abusos por parte de los activistas judíos (tanto sionistas como antisionistas) y la Liga Inglesa de Defensa, pero no a causa de sus “genes”, su “biología” o el color de su piel, sino más bien porque son “diferentes”, porque desafían el sistema de valores occidental y porque se oponen a Israel y sus grupos de presión. Claramente algunos los perciben como un “enemigo público”, pero semejante reacción no siempre se puede entender únicamente como “racismo” por sí misma. Del mismo modo, no cabe duda de que no resulta fácil ser negro en la “multicultural” Gran Bretaña. Por el hecho de ser un músico de jazz a menudo veo directamente cómo tratan en este país a mis compañeros negros y un montón de pruebas de la intolerancia institucional hacia los negros. Leí respecto a jóvenes negros detenidos y registrados por la policía de una a cuatro veces al día. Esta es una evidencia clara de falta de aceptación y discriminación. Pero, ¿se trata siempre realmente de un asunto de racismo? ¿Está impulsado únicamente por el “determinismo biológico”? ¿Es realmente con respecto a los “genes”, la “sangre” o “el color de la piel”? Esta es, de hecho, una cuestión abierta y, obviamente, yo no descartaría la posibilidad de un racismo (biológico) hacia los negros. Sin embargo, tiendo a creer que en las sociedades multiétnicas contemporáneas, la mayoría de los casos de intolerancia y discriminación hacia los negros son diversas manifestaciones de sentimientos profundos, producto de matones xenófobos mezclados con algunos ejemplos de profunda y siniestra intolerancia cultural. En otras palabras, muchas veces el fanatismo contemporáneo no se refiere en absoluto a cuestiones biológicas, sino más bien relacionadas con las estructuras sociales y con la manipulación del simbolismo cultural (1). Este es sin duda un motivo de grave preocupación, y en algunos casos está impulsado por inclinaciones asesinas y debe tratarse, pero no es necesariamente racismo (biológico) en sí. Pero si no es racismo, ¿entonces qué es? Reitero que esto se entiende mejor como diferentes formas de intolerancia cultural y política profunda en el contexto de algunas interrelaciones étnicas graves y problemáticas. Así, uno podría preguntar, ¿por qué limitar nuestra comprensión de lo que significa el "racismo" a la lucha, cuando en realidad es más probable que sean las formas de intolerancia, las tensiones étnicas y la discriminación cultural contra las que debemos protestar? Sugiero que la confusión entre "intolerancia profunda", "discriminación cultural" y "racismo" en realidad no es una coincidencia, sino que más bien está ahí para servir a una causa clara de la política sionista. Curiosamente suficiente, está allí para sostener una clara orientación racial y de segregación en el corazón del discurso multicultural. En muchos casos, aquellos que "se oponen" al racismo deberían ser capaces de pensar en categorías raciales en primer lugar, de lo contrario su oposición sería en vano (2). Paradójicamente entonces, el "antirracismo" con el que muchos de nosotros nos identificamos, en algunos casos puede evolucionar hacia un discurso racial manipulado. A menudo, incluso, puede poner en peligro el proceso de integración natural y la evolución hacia la armonía de las relaciones sociales (3). Incluso puede desmantelar el verdadero proceso de autorreflexión y el propio reflejo que se da entre la víctima y el agresor. Dentro de un discurso público controlado por la ideología "antirracista" inmediatamente se redime a la víctima de cualquier insulto racista. Dicha víctima no tiene que reflexionar sobre sus acciones, pues no hay nada que pueda hacer en lo que se refiere a sus “condiciones determinadas biológicamente”. Los activistas sionistas y de Hasbará (4), por ejemplo, tienden a rechazar cualquier posible crítica de la política judía y las acciones de Israel y lo toman como "antisemitismo". De este modo, básicamente, aprietan el botón de “apagar”. Son capaces de ignorar la realidad que les rodea al referirse a cualquier posible crítica de sus acciones como un ejemplo más del ciego odio “racial” hacia los judíos. En lugar de aceptar las críticas y hacerse un chequeo de autorreflexión, el discurso político judío se ha convertido en una arenga encerrada en sí misma. Igualmente, el "agresor" llamado "racista" también puede rechazar el reclamo antirracista porque su crítica se ignoró durante mucho tiempo. El agresor sabe que en la mayoría de los casos, el problema no es realmente acerca de la "raza" per se, sino más bien acerca de algunas cuestiones políticas agudas, culturales e ideológicas, lo que le permite ignorar el tema en su conjunto. A pesar del hecho de que en el discurso contemporáneo antisionista nadie critica a los judíos por el simple hecho de ser judíos ni tampoco por utilizar principios o terminología raciales ideológicamente manipulados, los agentes sionistas y de Hasbará intentan silenciar las críticas políticas a Israel lanzando al aire la etiqueta de antisemita. Esta táctica, obviamente, lleva a silenciar a los críticos de Israel, pero sin duda mantiene un abismo de sordera entre los sionistas y sus críticos. Así que nos quedamos con dos discursos paralelos que han perdido toda esperanza de cualquier futuro intercambio. Creo que este hecho por sí solo pone de relieve cuán grave es la perspectiva de la paz. La política de antirracismo se pone en constante peligro por erigir muros de sordera que mantienen la segregación intelectual, política y étnica en el corazón de nuestro discurso público. En lugar de promover la esperanza, la integración, la tolerancia, la armonía, la asimilación y el diálogo, el antirracismo podría fácilmente promover la sordera y el aislamiento exactamente donde la atención y el intercambio son más necesarios. Me llevó algún tiempo darme cuenta de que en muchos casos son el sionismo y los grupos de presión judíos los que mantienen y fomentan el discurso político del “antirracismo”, y lo hacen por dos razones principales: 1.- Por estar sumidos ellos mismos en un discurso racial, están obligados a pensar en términos de categorías políticas raciales. 2.- Las categorías de racismo y lucha contra el racismo son convenientes, ya que eliminan cualquier responsabilidad por parte de la víctima. Si se odia a los judíos sólo por el hecho de ser judíos, entonces el judío es éticamente impecable. Las implicaciones de todo esto son graves porque la política sobre la identidad judía y el sionismo siempre está protegida por las definiciones categóricas de la “lucha contra el racismo” y los judíos pueden evitar cualquier forma de autorreflexión. Sin embargo los judíos y los sionistas no están solos aquí. También la izquierda está interesada en un discurso antirracista porque mantiene la relevancia de su postura en la vanguardia de la “visión ética” progresista. La izquierda se ha erigido en defensora de los débiles, y esto es realmente adorable. A través de los años, la izquierda se ha alineado con los “negros”, con los “sionistas”, los “judíos”, los “iraquíes”, e incluso con los “palestinos”. Pero por alguna razón, la izquierda ha dejado de lado la fuerza de la lucha contemporánea antiimperialista de los musulmanes. La izquierda también ha fallado en reconocer que en Europa el musulmán es la verdadera clase trabajadora oprimida y también claramente falló en no ponerse del lado del democráticamente elegido Hamás o la Hermandad Musulmana egipcia. Sugiero que el hecho de que la izquierda haya dejado de lado a los musulmanes es síntoma de una profunda e inherente intolerancia occidental. La izquierda no es racista, pero está fundamentalmente empapada de la intolerancia ideológica y cultural, posiblemente un estado de ánimo relacionado con la práctica y el pragmatismo de ser "un progresista" (5). Supongo que algunas personas pueden sentirse muy “especiales” solo porque creen en la igualdad. Naturalmente, la “causa” del “antirracismo” une a algunos de los elementos e la izquierda con los sionistas y la campaña de Hasbará. Podría decirse que la denominada política “antirracista” se ha convertido más en otro síntoma de “sionificación” del discurso político occidental con el apoyo de la izquierda visto como un mero instrumento sionista. Esto puede explicar por qué el principal grupo que lleva a cabo la campaña contra el racismo en el Reino Unido –Hope not Hate (Esperanza no odio)- (6), es una rama de la revista sionista Searchlight, además de entender por qué los mismos sionistas de Hope not Hate, censuran la libertad de expresión de los líderes musulmanes en Gran Bretaña. Explica también por qué el lugar supuestamente “antirracista” Harry’s Place (estrechamente vinculado con Hope not hate) ganó el premio 2006 del Reino Unido por la lucha contra la islamofobia de la Comisión Islámica por los Derechos Humanos. En Alemania, la coalición “antirracista” Antideutsche Anti-Fa es abiertamente pro-israelí, pro-sionista y también antiislámica. Mi conjetura es que estos sionistas fanáticos y los grupos de campañas pro sionistas se plantaron en el centro de la denominada izquierda justamente para asegurarse de que en ese lugar estarían en mejores condiciones para luchar contra los enemigos de Israel. Pero va más allá. En la última Campaña de solidaridad del Reino Unido con Palestina, dos activistas judíos que operaban abiertamente en una exclusiva célula política “solo para judíos” (J-BIG), presentaron una moción contra el racismo. Supongo que lo absurdo de la situación es obvio y no necesita mayor aclaración. Así que, como podemos ver ahora, algunas de las principales fuerzas de la supremacía e intolerancia dentro de nuestro discurso político contemporáneo han logrado situarse directamente en el corazón por el reclamo “antirracista”. Más aún, en la medida en que se pone de manifiesto que Israel y sus lobbies son la fuerza impulsora de la islamofobia, asombra bastante descubrir que los organismos sionistas dominan también el discurso “antirracista”. El significado de esto es bastante simple: el racismo y su oposición se ha ido convirtiendo en un asunto interno judío. La conclusión es simple. Es hora para nosotros de seguir adelante, de admitir que el racismo y el determinismo biológico no tienen ningún papel significativo en el discurso público y político actual. Debemos repensar y redefinir qué es exactamente lo que conduce a la discriminación social y a la intolerancia cultural. El racismo en su forma cruda en gran medida pertenece al pasado. Nuestro universo multiétnico no es inherentemente racista y por lo tanto el reclamo contra el racismo no puede ser un reclamo universal. En muchos casos “la política antirracista” está presente realmente para desviar la atención de algunas políticas institucionales e ideologías discriminatorias. Cada vez es más evidente que la campaña contra el racismo, en su forma actual, está para servir a unos intereses políticos claros y está controlada en gran medida por los sionistas racistas y los grupos de presión judíos. Está allí para silenciar toda crítica al lobby israelí, a Israel, a la política judía y al sionismo. Comencé este trabajo, preguntando por qué cualquier judío debe sentirse culpable de los delitos que cometen otras personas a las que no conoce y con las que no está comprometido. La respuesta debería ser obvia a estas alturas: en vez de liberar al resto de la humanidad del racismo, los activistas sionistas, las campañas de Hasbará y los judíos “antisionistas” primero deben emanciparse de sus propias ideologías raciales manipuladas y parar la proyección de su propio tribalismo de su realidad circundante. Este sería, sin duda, un buen lugar para empezar. Notas (1) Me inclino a creer que los enfrentamientos entre grupos étnicos y políticos en Gran Bretaña son alimentados por la tensión social y la demografía y no por el odio al color de piel. (2) No es posible contemplar el sentido de la lucha contra X sin obtener primero una cierta comprensión de X. (3) Los grupos minoritarios que aparecen en variados discursos como víctimas (por ejemplo), pueden pasar por alto algunas oportunidades para integrarse en estructuras sociales, étnicas y políticas más amplias. (4) Hasbará, propaganda israelí. (5) Que en la práctica no es diferente del sentido judío secular de “posibilidad de elección”. (6) Según la Web oficial de Hope not Hate, es la campaña de “Searchlight para luchar contra el racismo y el fascismo”. http://www.hopenothate.org.uk/about-us/ Fuente: http://www.gilad.co.uk/writings/tribalism-racism-and-projection-part-2.html#entry15071575
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