Jornada mundial de la alimentación: El largo sueño de la opinión pública mundial PDF Print E-mail
News - Global
Wednesday, 25 November 2009 08:30

por Vladislav Marjanovic / Traducido por Luis Montilla en Tlaxcala
 
“Mi linaje duerme con la flacidez de un muerto“
(Petar II Petrović-Njegoš / Poeta y príncipe-obispo montenegrino Siglo XIX
)

¿Y la opinión pública mundial? También duerme, pero evidentemente no con el sueño de un justo. En apariencia, todos son torturados por los remordimientos de conciencia. En balde se dan la vuelta para huir de ellos. Los fantasmas que los originan son resistentes. No ceden. Hacen preguntas sin interrupción: ¿Qué has hecho contra las injusticias que amenazan a la humanidad? ¿Combates en realidad a los causantes de las miserias del mundo, que en nombre del crecimiento económico imparable se han profundizado? Las noticias no son tranquilizadoras: a comienzos del siglo XXI, una de cada siete personas pasa hambre. No disminuye tampoco la avalancha de emigrantes. Toda la estructura demográfica del todavía a salvo (en apariencia) Occidente amenaza con caerse. ¿Qué quedará del Occidente cristiano si ya en la católica Italia se retiran las cruces de las escuelas y de otros espacios públicos? ¡Un galimatías multinacional!

Nación, religión, cultura, civilización, sus símbolos e instituciones, todo eso se debe tener en cuenta. ¿Y a las personas? ¿Dónde queda el hombre? Las cifras, estadísticas y párrafos le han tapado tan bien que prácticamente sólo se le percibe como curiosidad en medio del paisaje. Sus destinos individuales tranquilizarán algunos corazones. Cada cual intentará incluso hacer tanto como sea posible por las personas en necesidad. Pero como dijo el poeta arriba ya mencionado: “Menos manos, menos fuerza”. Para mover algo, para que el mundo se vuelva más humano y social, se necesita solidaridad. Pero, ¿se ve algún movimiento en esa dirección sobre la faz de la tierra?

¡Sí! El Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, y el director de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Jacques Diouf, han hecho un llamamiento el lunes 16 de noviembre de 2009 para ayunar por la lucha contra la (cada vez más extendida) hambruna. Ellos mismos ayunarán, según dijeron. ¡Por lo menos un día! Mahatma Gandhi, que luchó pacíficamente por la liberación de la India y contra las injusticias, no temía ayunar hasta su propia muerte. De esta forma logró conseguir algo para la sociedad. Los altos cargos de la ONU hacen una pequeña señal. Por un día. Por lo menos. Después quedará todo como antes. El líder de la revolución libia, Muammar el Gaddafi, ha invitado a 500 elegantes señoritas de toda Italia, “para intercambiar opiniones” con él por 50 euros y un Corán. Seguramente sobre el problema del hambre, tal y como dice el dicho árabe: “Dientes viejos necesitan cordero tierno!” ¡Qué aproveche!

Nadie ha hecho una objeción contra esta forma de Conferencia Mundial sobre la Alimentación. ¿Por qué se debería? En apariencia, todo está en orden. Se hacen juegos malabares con las cifras y se dejan caer lágrimas de cocodrilo. Es lo que exige el ritual. “Por mi culpa, por mi gran culpa“. Podéis ir en paz. Después de un día de ayuno y dos días de glotonería con opíparas comidas en hoteles de lujo, el espectáculo terminó. Hasta la próxima vez. Buenas noches.

La noche sin embargo no será buena. ¿No es la conciencia que de nuevo martiriza? Sí, se ha divertido de lo lindo en la Conferencia Mundial de Alimentación. Pero, ¿qué si alguien hubiera elevado su voz para exigir cuentas a los que mantienen el sistema económico neoliberal o para pedir una acción concreta para su abolición, en vez de profetizar cuantas personas morirán en los próximos años a causa de la creciente hambruna? E iniciar su sustitución por un orden humano y socialmente justo. No se denunció a ninguna institución financiera ni a ninguna multinacional en la Conferencia Mundial de la Alimentación de Roma. Se entiende. Ningún especialista del ámbito alternativo fue invitado a asistir. Se reúnen entre iguales y, como se dice, “entre bueyes no hay cornadas”. Pero, ¿dónde estaba la opinión pública? ¿Hubo movilizaciones a través de las organizaciones alternativas, de los partidos de izquierda, de las instituciones religiosas, de los intelectuales? Nadie se ha movido. Mi linaje duerme, pero no con la flacidez de un muerto, sino con cada persona que tiene remordimientos de conciencia. No es para tanto, después de todo, habrá tiempo para levantarse y actuar.
 

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