| Marruecos hace el trabajo sucio |
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Testimonio | La externalización de fronteras
por Carlo Cascione / Nador (Marruecos) en DiagonalPeriódico.net*
“No
sé cuánto más podré esperar, si eso voy a hacer ‘uahe’ un día de
estos”. C. tiene 27 años. Ha llegado a Marruecos desde Camerún. Lo que
llama ‘uahe’, es algo así como el asalto final a la frontera. Todo o
nada.
En la madrugada del 22 de junio unos 70 inmigrantes
hicieron ‘uahe’ en la frontera con Melilla. Pocas horas después, otros
50 inmigrantes más, aprovechando la tanda de los penaltis entre España
e Italia, los imitaron. A pie, corriendo, intentaron romper una
frontera tan real como una doble valla, arrollando todo lo que
encontraban en su camino. En total, menos de 30 lograron pasar del otro
lado.
Todos ellos, igual que C., llevaban meses, o casi siempre años,
viviendo al borde de las fronteras. A la espera de poderlas cruzar. “Un
viaje en patera desde Nador cuesta entre 300 y 1.000 euros”, me explica
L., un costamarfileño que lleva más de siete años en Marruecos.
“Depende. Luego si eres un ‘anciano’ puedes llegar a viajar gratis,
porque ya te conoces la ruta y acompañas a los ‘petites’, a los
nuevos”. Y no solo por eso : también porque el poco dinero que tenías
al principio te lo has gastado en el primer intento, igual fracasado. Y
ahora lo único que queda es la solidaridad de los compañeros, todos
unidos por el sueño de llegar a ‘el dorado’, a Europa. Esa solidaridad
es parte de lo que los gobiernos llaman “mafias”.
“Que no digan que África es un continente rico”, subraya M., un maliense “yo no he visto a ningún europeo bajar a África a buscarse la vida, siempre somos nosotros los que vamos hacia Europa”. El día después del ‘uahe’, del asalto a la frontera, la policía marroquí lanzó unas redadas en los alrededores de la ciudad de Nador. Una represalia. Horas después dos buses llenos de inmigrantes se dirigían hacia la frontera con Argelia. Una frontera supuestamente cerrada hace varios lustros y que, sin embargo, la policía marroquí utiliza para expulsar a los inmigrantes subsaharianos que detiene en su territorio. “Cuando llegas ahí, en medio del desierto y de noche”, nos cuenta A., otro camerunes, “te dicen que tienes que andar hacia Argelia. Lo que pasa es que te encuentras a la policía argelina que a veces dispara en el aire para rechazarte. Entonces tienes que dar marcha atrás y volver a Marruecos, a Oujda”. En esta ciudad, o más bien en sus alrededores, hay entre 1.000 y 2.000 inmigrantes. En todo Marruecos hay por lo menos unos 10.000. Apenas 600 gozan del estatuto de refugiados, según la Organización Marroquí de Derechos Humanos. Viven casi siempre en las cuevas o en los bosques fuera de las ciudades. No tienen derecho a trabajar, solo pueden pedir limosna o esperar una ayuda por parte de sus familias. De vez en cuando la policía marroquí visita sus campamentos, los ‘tranquilos’, como les llaman, y detiene a unos cuantos después de haberles despojado de todo lo que tienen o –si logran escapar– quema el campamento donde viven. Los que son detenidos son expulsados hacia Argelia, desde donde, en poco tiempo, vuelven a Marruecos. Según la Asociación Beni Znassen por la cultura, el desarrollo y la solidaridad, que trabaja en primera línea con los inmigrantes subsaharianos en Oujda, “Marruecos sólo hace el trabajo sucio de la Unión Europea, quiere demostrar que está comprometido en la lucha contra los inmigrantes clandestinos para obtener más dinero. Pero también Marruecos tiene su culpa, porque lo que hace es inaceptable”. “Jugar al ping pong con nosotros”, resume A., “esto es lo que hacen”.
*Aviso legal: La presente nota NO queda sometida al ColorIURIS Azul de De Igual A Igual. Queda distribuida bajo los términos de una licencia de Creative Commons Reconocimiento- Compartir Igual de Periódico Diagonal.
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