| Con una izquierda que es derecha |
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| Columnas - Con Firma | |
| Sábado, 25 de Agosto de 2007 10:17 | |
por José María Rodríguez Arias Hace poco me preguntaron sobre el gobierno de Rodríguez Zapatero, ese extraño y sonriente personaje de la socialdemocracia europea que tuvo las narices de retirar las tropas de Iraq como agradecimiento a ese pueblo español que lo aupó como presidente del gobierno. La socialdemocracia europea es cada vez más "la tercera vía" al estilo "laborista" inglés (¡si los fundadores lo vieran!), donde todo parece de izquierdas, pero en realidad, el gobierno sigue siendo el mercado, o mejor dicho, los mercaderes mayores del reino. Juan Torres López ha retratado muy bien la labor de este gobierno: «Con la mano izquierda diseña y ofrece políticas sociales que pretenden ser muy avanzadas y dirigidas a los más desfavorecidas, pero con la mano derecha de la economía favorece un reparto de la renta cada vez más beneficioso para las rentas del capital. El saldo evidente no puede ser más que el incremento de la desigualdad y ésta siempre termina con más malestar social.». Es progresista, por decirlo de alguna forma, en lo que da rédito rápido y electoral, y es reaccionaria en el resto de temas (aunque no lo pretenda), y es, ante todo, continuista con el proyecto económico de las legislaturas populares.
El Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga (España), Juan Torres López, pone sobre la mesa un estudio de la Eurofound en el que queda patente no sólo lo poco que han subido las rentas de los más desfavorecidos (0.5% en el 2006), sino que encima lo hicieron por debajo de la media europea (0.8%), a la par que recuerda que este gobierno no ha hecho nada para paliar la destrucción sobre el estado del bienestar consolidada por el Partido Popular cuando gobernaba (o, por qué no decirlo, iniciada con el último gobierno de Felipe Gonzáles, del PSOE, en esa legislatura que tuvo que pactar con las derechas periféricas españolas).
Pero las políticas sociales que, continuamente, son restregadas por el gobierno para demostrar su aspecto social y progresista se ven anuladas, o al menos, limitadas, por todo un conjunto de políticas en lo económico y fiscal que, simplemente, nos dejan un gobierno asistencialista que sí quiere ampliar las libertades (en abstracto) a grupos marginados pero se olvida ayudar en la emancipación de los trabajadores, de la justicia social, de la igualdad, y de toda idea de progreso de la ciudadanía. Así pues, Solbes (un hombre inteligente donde los haya, todo hay que decirlo) sirve como el Sancho del gobierno, para que no "haga demasiado", y se quede con políticas fiscales poco progresitas, acompañadas de unos presupuestos que buscan a rabiar acabar con números positivos para ser más papistas que el papa en una Unión Europea que penaliza (se supone, porque con Francia o Alemania la norma no se cumple) las deudas grandes. Estos dos puntos, acompañados de una política laboral patética, que precariza de por sí el empleo (la solución para la temporalidad, en vez de obligar a cumplir la legislación, pasó por facilitar el despido y dar subvenciones a los empresarios a cambio de contratos indefinidos en los que echar al trabajador era, es, un regalo) se ven maximizados en contra de las clases más desfavorecidas (donde un partido socialdemócrata debiera encontrar el principal sujeto de l as actuaciones del Estado). En el sentido mencionado, sobre el actual gobierno español, el Dr. Torres López señala que: Pero el problema de este gobierno es que puede terminar siendo una experiencia frustrada y prácticamente calcada del anterior en materia económica (es decir, de rentas y bienestar en definitiva) porque está casi completamente atado de pies y manos por las políticas neoliberales que aplican sus responsables económicos.Y concuerdo con la conclución del profesor: «Resignados, los trabajadores terminan por ser los grandes legitimadores de las políticas económicas que los empobrecen. (...) El problema no es que estén bajando los salarios en España sino que eso se produce precisamente porque los trabajadores admiten estar más explotados sin rechistar, porque se han rendido, porque ya les da todo igual.» Aunque siempre existen grupos dispuestos a luchar por sus derechos, cada vez más el ciudadano es un cliente completamente pasivo del sistema, dispuesto a aceptar un bipartidismo claro y semi impuesto, dispuesto a sacralizar herramientas (como es la propia constitución) sin considerar cómo se usan o si son adecuadas para el momento actual, que ven las instituciones que existen como inamovibles, aunque no sirvan para nada, y los dirigentes de las organizaciones que antaño removieron las consciencias de los trabajadores (estoy pensando en los sindicatos, esas Comisiones Obreras que lucharon frontalmente y desde dentro contra el Franquismo, o esa Unión General de Trabajadores que plantó cara, desde su fundación, a todo el Estado y el sistema económico que esclavizaba a sus trabajadores) firman, sin sonrojarse, reformas que no hacen sino bajar las condiciones de vida de esas personas, cada vez más conservadoras, cada vez más temerosas de perder sus pocas poseciones, cada vez más atadas a una vida de supervivencia. Pero eso sí, con televisión y fútbol en abierto. Hoy más que nunca, frente al bombardeo de la idea de un ser orgánico de la sociedad, en que las cosas están bien así y lo que esté mal se solucionará por arte del mercado, es necesario reivindicar el cambio social que nos permitirá salir de la esclavitud en la que realmente vivimos. Hay que tener en cuenta algo, somos responsables, en gran medida, de permitir que un par nos pisoteen, es cierto, ellos tienen las armas, el poder, pero nosotros tenemos la imperiosa necesidad de la libertad (una vez que nos despertemos de la apatía), de la justicia social (una vez que nos demos cuenta, como sociedad, que un muerto de hambre jamás será justificable). El primero de mayo escribí que "hoy es un buen día para reivindicar", y ese día es, por supuesto, cada uno de los que llenan el calendario. Como dije aquella vez: Es hora de recuperar la conciencia de clase, es hora de dignificar el trabajo (...) porque la persona (social) es lo primero, es lo único.
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| Actualizado ( Martes, 06 de Septiembre de 2011 06:49 ) |











