"Ha llegado el momento de tomar 'decisiones valientes' para salir de la crisis. Hay que recortar los gastos sociales, paralizar la inversión pública, congelar las pensiones, rebajar el sueldo de los funcionarios, abaratar el despido, aumentar la edad de jubilación y subir los impuestos. Todo ello, para ahorrar 65.000 millones de euros y reducir el déficit público del 11,5% al 3%, de aquí al 2013, como exige Europa”. Este es el discurso que se nos quiere imponer. Seguidamente expongo una visión distinta de esta crisis. Para ello, responderé a dos preguntas: 1ª ¿por qué tenemos un déficit público tan elevado? y 2ª ¿es justa la subida de impuestos? Por último, señalaré posibles vías de solución, desde la justicia social.
La mayoría de los economistas “serios” disfrutan al insistir que la crisis económica griega es el resultado de un conjunto de inoperancias propias y naturales de los helenos. La tesis consiste en afirmar que los trabajadores habrían estado viviendo durante los últimos años una constante y desaforada “fiesta”, un verdadero banquete caracterizado por sistemáticos “aumentos de salarios desmedidos” en el marco de un “excesivo gasto público”.
Empachados por estos aumentos habrían derrumbado la productividad del país en relación a sus principales socios comerciales. Todo esto sería el resultado de una “mano de obra ineficiente, vaga y sobre todo adicta a las huelgas”. Es así como la solución se encontraría en corregir inmediatamente los salarios y reducir el gasto público para poder disminuir el déficit fiscal, sanear las cuentas públicas, recuperar la competitividad externa y afrontar por esa vía los pagos de su abultada deuda. El mismo diagnóstico y la misma receta que el Fondo Monetario Internacional y sus seguidores vienen dando hace décadas por el mundo entero con sus conocidas desastrosas consecuencias. Como es de prever, la realidad es muy diferente a como ellos la plantean y es por eso que los números de la economía griega expresan exactamente lo contrario a lo que los señores del FMI predican. Veamos cuáles son esos números y derrumbemos los mitos que de Grecia se han creado para justificar el draconiano ajuste que sus trabajadores hoy están soportando.
¿Es necesario trabajar más? ¿No queda más opción que perder años de vida repitiendo actividades pesadas, poco útiles e insatisfactorias? La íntima relación entre capitalismo y trabajo asalariado, entre producción y deterioro del medio ambiente, entre competitividad y descuido de las relaciones humanas son los ejes de la crítica al desarrollo y al trabajo.
¿Está usted harto de su trabajo? Puede contestar sinceramente, ya que ésta no es una entrevista, ni una evaluación. Las nunca demasiado fiables encuestas sobre este tema realizadas por consultoras como Accor Services dicen que el Estado español es uno de los países europeos con un índice de satisfacción más bajo con respecto a sus condiciones laborales. Un 45% de las personas trabajadoras se declara insatisfecha y para el 47% el salario es la principal preocupación laboral. La intencionada opinión de que los europeos se han acomodado y “no trabajan duro” expuesta por, entre otros, el presidente de la Junta de Nestlé, aparte de obviar que transnacionales como la chocolatera suiza han depauperado las condiciones sociolaborales de millones de personas de medio mundo, incide en el hastío que supone gastar una media de ocho horas diarias en un lugar que, salarios aparte, le aporta poco para su desarrollo personal.
Actualizado ( Miércoles, 02 de Junio de 2010 10:46 )
por Míkis Theodorákis en ΡΕΣΑΛΤΟ/ Traducido por S. Seguí en Tlaxcala
Con el sentido común de que dispongo, no me puedo explicar, y mucho menos justificar, la velocidad con que nuestro país se ha desplomado desde el nivel de 2009 hasta un punto en el que tenemos puesta parte de nuestra soberanía nacional en manos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y nos hallamos en situación de administración fiduciaria.
Y es extraño que, hasta ahora, nadie haya hecho la cosa más sencilla, es decir, remontar el curso de nuestra economía desde ahora hasta entonces con hechos y cifras, a fin de que nosotros, los no iniciados, podamos entender las verdaderas razones de estos vertiginosos acontecimientos, de los que no tenemos precedentes y que se han traducido en la pérdida de nuestra independencia nacional y, al mismo tiempo, en una humillación internacional.
La crisis que están viviendo algunos países mediterráneos –Grecia, Portugal y España– e Irlanda se está atribuyendo a su excesivo gasto público, que se supone ha creado un elevado déficit y una exuberante deuda pública, escollos que dificultan seriamente su recuperación económica. De ahí las recetas que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo (BCE) y el Consejo Europeo han estado imponiendo a aquellos países: hay que apretarse el cinturón y reducir el déficit y la deuda pública de una manera radical.
El capitalismo tiene legiones de apologistas. Muchos lo hacen de buena fe, producto de su ignorancia y por el hecho de que, como decía Marx, el sistema es opaco y su naturaleza explotadora y predatoria no es evidente ante los ojos de mujeres y hombres. Otros lo defienden porque son sus grandes beneficiarios y amasan enormes fortunas gracias a sus injusticias e inequidades. Hay además otros ("gurúes" financieros, "opinólogos", "periodistas especializados", académicos "bienpensantes" y los diversos exponentes del "pensamiento único") que conocen perfectamente bien los costos sociales que en términos de degradación humana y medioambiental impone el sistema. Pero están muy bien pagados para engañar a la gente y prosiguen incansablemente con su labor. Ellos saben muy bien, aprendieron muy bien, que la "batalla de ideas" a la cual nos ha convocado Fidel es absolutamente estratégica para la preservación del sistema, y no cejan en su empeño.
por Amy Goodman en DN! / Traducido por Mercedes Camps y Democracy Now!
A menos de una semana de que la plataforma petrolera Deepwater Horizon de British Petroleum explotó en el Golfo de México, dejando un saldo de 11 trabajadores muertos y desatando lo que podría ser el peor desastre ambiental de la industria en la historia de Estados Unidos, la empresa anunció ganancias de más de 6 mil millones de dólares para el primer trimestre de 2010, más del doble de las ganancias obtenidas en el mismo período del año anterior. La analista de la industria petrolera Antonia Juhasz advirtió: “BP es una de las empresas más poderosas que operan en Estados Unidos. Sus ingresos de 327 mil millones de dólares en 2009 son suficientes para clasificar a BP como la tercera empresa más grande del país. Gasta mucho dinero en influir en la política de Estados Unidos y en la supervisión del cumplimiento de las normas”. El poder y la riqueza que detentan BP y otras gigantes petroleras no tienen prácticamente parangón en el mundo, y plantean una amenaza a las vidas de los trabajadores, al medio ambiente y a nuestras perspectivas de democracia.
La crisis económica está siendo utilizada para provocar un cambio socialmente regresivo en nuestro modelo económico. Tal cambio se apoya en una peculiar crisis fiscal y en un desmesurado aumento del desempleo. Esto da pie a plantear el adelgazamiento del sector público y retrocesos en derechos laborales y pensiones.
Se nos está haciendo creer que la reducción de la actividad económica provocada por la crisis ha generado, a su vez, una importante caída de los ingresos fiscales que, antes o después, va a inducir el inevitable recorte del gasto público exigido por el creciente déficit del Estado. Tal recorte del gasto público repercutirá negativamente en los servicios del Estado del bienestar (sanidad, educación, dependencia...) y en la calidad y cantidad del empleo público.
Temíamos que la cosa terminara así. Pero hicimos un acto de fe para no pecar de aguafiestas. Los mensajes eran tan claros como inimaginables. El presidente del gobierno y los líderes de los dos sindicatos mayoritarios (¿más representativos?) se daban palmadas en la espalda mientras escenificaban su particular ¡no pasarán! Ellos, los líderes (como reza en su enunciado el Tratado de Lisboa impuesto a buena parte de los europeos) no dejaban de prometer (ay, aquél premonitorio “puedo prometer y prometo” de Adolfo Suárez, que ya indicaba por dónde irían en lo sucesivo los tiros) su voluntad incondicional de impedir cualquier recorte salarial, laboral o social para acometer la salida de la crisis causada por la rapiña del sistema financiero.
Rato ha reaparecido en el escenario político nacional y como ha demostrado en sus primeras intervenciones lo ha hecho para llenar un hueco inexistente en el PP, el del realismo económico. Esperanza Aguirre repite sus recetas liberales de siempre como si nada hubiera pasado en el último año y no hubieran sido los máximos defensores del mercado, los neocon de Bush, los primeros en intervenir con recursos públicos para paliar los daños del terremoto financiero. O como si no hubiera sido su apadrinado al frente de la patronal, el también liberal Díaz Ferrán, quien reclamara un “paréntesis” en el libre mercado, antes de airear en los platós de televisión sus problemas financieros. El tándem Mariano Rajoy-Cristóbal Montoro apela a la austeridad en las cuentas y critica el gasto público como si no hubieran existido nunca una serie de cumbres internacionales en las que los países más desarrollados del mundo decidieron coordinadamente tirar de la economía con políticas públicas ante la recesión y la Comisión Europea no hubiera postergado a numerosos países de la Unión el plazo para corregir sus déficits.
Thomas Carlyle definió la economía como la ciencia lúgubre y, desde entonces, no han tenido que pasar demasiados años para verse confirmada esa sentencia a la vez que se refutada su pretensión de ciencia. La economía, utilización de recursos escasos susceptibles de usos alternativos para satisfacer necesidades (y deseos) humanos, es hoy un camino de servidumbre. Se dejan sin atender las necesidades reales de millones de personas en el mundo y se saquea el planeta poniendo el peligro el futuro de una vida digna para nuevas generaciones porque una minoría de privilegiados prepotentes dice qué, cómo, cuándo y para qué hay que producir. Una exigua pero poderosa cúpula de dirigentes, allá desde la apropiación original, ha tomado al asalto el timón de mando y dicta la ley del más fuerte, con la ayuda pre-consciente de una masa de población más o menos instalada que se aferra al consumo militante como fe de vida. Entre tener y no tener, entre parecer o ser, el consenso asimétrico entre los ricos de toda la vida y esa segunda división de clases medias y asimiladas, ha elevado al rango de fetiche un crecimiento económico que se adivina ya como una bomba de tiempo para la humanidad toda.
Actualizado ( Viernes, 13 de Noviembre de 2009 15:16 )
En la postmodernidad licuada en la que vivimos, con los grandes relatos renqueando y los pequeños relatos —esos que engordan el bolsillo de unos pocos a costa de unos muchos— boyantes y rollizos, nos da por celebrar efemérides todos y cada uno de los días del calendario. Ya no está solo el día del trabajo, o el de los derechos humanos, o el de la mujer trabajadora; tenemos día del cáncer, día de la ciudad sin coches, día del orgullo gay, día del jefe o día de los enfermos de diabetes. Total, que urge una completa reelaboración del Calendario Zaragozano que haga realidad el sueño de Comte de conseguir todo un santoral laico y científico.