La guerra que no acabó PDF Imprimir E-mail
Especiales - IIGM
Martes, 01 de Septiembre de 2009 01:01
A 70 AÑOS DEL INICIO A LA II GUERRA MUNDIAL
De esas aguas estos lodos

IIGM

por José María Rodríguez Arias

Es difícil intentar abarcar en un artículo una reflexión sobre la Segunda Guerra Mundial, llevamos muchos decenios intentando explicar qué pasó realmente, cómo pasó, por qué pasó, y sobre todo, cómo evitar que vuelva a pasar. Hasta cierto punto la guerra fría no explotó en una gran guerra por la memoria de la anterior, por esa sensación de derrota global que embargó a los participantes directos (y enriqueció a todos los que vendían material de guerra, alimentos y ropa para las naciones en conflicto). Si bien hemos avanzado, ya reconocemos, en términos generales, las barbaridades que se hicieron en toda esa época, y que todo fue un gran error (por decir lo menos), aun nos falta mucho por andar, aun no hemos aprendido que en las guerras de los ricos, es el pueblo quien paga el pato.

La Segunda Guerra Mundial nunca acabó.

He dicho una burrada, lo sé, suena a ello, claro que hubo tratados que finalizaban todo lo que en ese momento se tenía que acabar, claro que el ejército nacionalsocialista que hizo explotar la contienda y demás fue militarmente aplastado, que se «liberó» Berlín y buena parte del mundo que la sombra del fascismo cubrió por momentos, claro que todo eso sucedió, claro que podemos marcar un inicio de la Segunda Guerra Mundial (y es lo que hoy recordamos, setenta años ya han pasado) y claro que podemos hablar de una (o unas) fecha (fechas) en que se terminó la barbarie.

Pero si vemos el mundo que siguió a esos tratados, si vemos las guerras que continuaban la Segunda gran Guerra del mundo, si vemos el desarrollo de poder de regímenes fascistas o filofascistas, nos encontramos que la Segunda Guerra Mundial no acabó nunca, no marcó un antes y un después real, sino que extendió sus efectos perversos hasta ahora, y en esas estamos.

Se supone que ganaron los demócratas del mundo, pero no fue así. El fascismo no desapareció ni mucho menos, cierto es que el nazismo alemán o el fascismo italiano se vieron frenados en seco, pero no fue ni de lejos el final de esa ideología, que simplemente se plegó al capitalismo imperialista y cambió sus ansias de dominación global por la dominación de sus propios estados, así se explica que países como España, bajo el yugo y las flechas del fascista Francisco Franco, aupado al poder tras una guerra civil con el apoyo de la Italia fascista y la Alemania nazi, y que ayudó a la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial mandando una división, la Azul, de «voluntarios» al servicio de Hitler, se volviera un aliado de las democracias occidentales, como mal menor ante la «amenaza» del comunismo, por no hablar de fascismos nacientes en toda América, impulsadas por la administración «demócrata» de Estados Unidos, que descubrió en los fascistas ese aliado fiel dentro de los nacionalistas oligarcas de los distintos Estados a someter dentro de las tenazas del imperialismo capitalista. Así el capitalismo dejó de ser incompatible con la dictadura, realmente nunca lo fue, pero así nos lo vendieron, indisoluble de la democracia formal, la representativa, de libertades civiles inexistentes en todos los países con dictaduras bajo el auspicio o control directo de Estados Unidos. Todo por la libertad.

Las guerras, que aun se dan, pasaron a ser, con más fuerza que nunca, un enfrentamiento en la retaguardia o sombra de dos grandes potencias mundiales, actualmente ese esquema permanece, pero ya no solo con dos actores fuertes, sino con uno hegemónico y con tres o cuatro que intentan mantener sus ámbitos de control suprafronterizo.

De la primera Guerra Mundial, La Gran Guerra, heredamos una gran idea fatalmente implementada, la Sociedad de Naciones, cuya estructura básica se intenta repetir mejorándola, de ahí viene esa institución supranacional cuyo fin último es evitar conflictos como el vivido en esos años, esta institución, que nacía conociendo los errores que llevaron a la SDN al fracaso, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), arrastra a su vez todas las carencias antidemocráticas de haber nacido en tiempos de posguerra, así pues, organiza un sistema horizontal de naciones que se vuelve inútil ante un sistema de uso de la fuerza controlado por cinco países (por el derecho a veto) que vuelve la organización inútil en todo asunto en que existan intereses contrapuestos de alguna de esas potencias, las ganadoras de la Segunda Guerra mundial, que han abusado de su poder hasta límites insospechados. Por ello la ONU fue totalmente inútil durante toda la guerra fría, por ello lo es en temas como el de Palestina e Israel.

Y de ahí llegamos a otro de los «legados» de la Segunda Guerra Mundial, y del proceso de descolonización que siguió a la misma (y el aumento de las guerras civiles apoyadas por potencias imperialistas que pretenden controlar los territorios descolonizados de una forma indirecta -a veces no tan indirecta-), conflictos como el de Palestina e Israel, que sobrepasan con mucho este repaso de la guerra que no ha acabado. Ahí lo ven, un ejemplo de los restos de la guerra entre las potencias vencedoras.

La Segunda Guerra Mundial enseñó a las potencias internacionales que las antiguas formas no servían, que no se puede entrar con un ejército en un país sin inventar una excusa, que la intervención indirecta era más útil y no levantaba la resistencia de los países vecinos, y sobre todo, enseñó que era mejor cruzar un océano para participar en una guerra tercermundista que entrar a batallar con un enemigo con tu misma potencia de fuego en el vecindario continental propio, y a partir de ahí, más que nunca, el imperialismo por medio de guerras es soportado por todos los países con poder de fuego que tienen, en su caso, intereses por imitar ese actuar en otro lugar y momento, y lo hacen. Continuamente.

Esa segunda gran guerra no acabó nunca, simplemente mutó, y sigue mutando, se multiplica en mil guerras y guerrillas, se divide el mundo entre menos con más poder, se desafía constantemente a la ONU demostrando todas las veces su incapacidad para cumplir su objetivo declarado, mantener la paz, el mundo es un gran tablero de ajedrez, como lo fue en esa guerra, donde las inteligencias de las potencias imperialistas o aspirantes a ello han aprendido a no hacer las cosas tan a lo bruto como antaño, pero que las hacen, las siguen haciendo.

El fascismo no ha desaparecido, poco a poco, encima, repunta en las encuestas electorales, y obtiene más y más representantes dentro de las democracias formales, repitiendo esas fórmulas que ya conocemos más o menos bien, aun así, la fuerza del fascismo no está (ni estuvo) en las elecciones, sino en la mirada cómplice (cuando no de colaboración cercana) del imperialismo que se dice demócrata, que pone el capitalismo por encima de todas las cosas, esto es, los intereses de capital de sus capas poderosas, de sus oligarquías gobernantes (que no son, necesariamente, las elegidas para tal fin).

En esa guerra, la madre e hija de todas las guerras, quedaron patentes las miserias del ser humano, y los mayores sacrificios por altos ideales de libertad, por parte de esa gente que luchó en favor de las minorías oprimidas y por la libertad contra el fascismo. Tal vez eso debería destacar, pero hay días en que todo ese continuismo de guerra tras guerra, de transformación del mismo conflicto y multiplicación sin descanso de sus efectos, hace pensar que quienes aprendieron algo del conflicto no fuimos nosotros, quienes lo sufrimos, sino quienes lo causaron o contribuyeron a engordarlo por sus espurios intereses, los que aprendieron algo, y ellos aprendieron a que no se fuera de madre el tema, y a no meterse entre poderosos más allá del «equilibro de la guerra», si es que eso existe, para que «el problema» no les revierta o afecte directamente, como ocurriría en una «gran guerra» (la primera o segunda), así cambiaron un poco la forma de hacer imperialismo con las armas, y a hacer pasar por buenos los regímenes fascistas.

Imagen: Composición a partir de dos fotografías, una de la infantería británica de 1942 (tomada por Len Chetwyn) y la otra de tanques soviéticos durante la batalla de Kursk (autor desconocido), ambas fotos en dominio público.
Actualizado ( Miércoles, 02 de Septiembre de 2009 14:22 )
 

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