Trieste, bañado por el Adriático, al extremo nororiental de Italia, se levanta como una ciudad marcada por los tiempos convulsos europeos a lo largo de toda su historia, fundada por romanos en el siglo II a.C., siendo uno de los puertos más importantes de la zona, de la herencia romana un pequeño coliseo sobrevive en el centro de la ciudad. Quedó bajo el mando del imperio Bizantino para luego pasar a manos del Imperio Austrohúngaro, siendo un importante puerto para el mismo, durante su larga travesía mantuvo contactos estrechos con Venecia, al punto que el dialecto local del friulano fue abandonado a favor del triestino, un dialecto filoveneciano, recién tras la primera guerra mundial la ciudad se incorpora a Italia. Así que no es extraño que la ciudad tenga sus castillos y sus reliquias arquitectónicas de distintas influencias, y que esté rodeada, a su vez, de importantes castillos como el de Miramar.