Banner
Libros: Papel y Digital PDF Imprimir E-mail
Columnas - Con Firma
Martes, 26 de Mayo de 2009 05:46
La Sociedad de ControlEntre los prejuicios, falsas esperanzas, aprovechados varios, lectores confundidos, deseos de futuro y otros...

por José María Rodríguez Arias

Últimamente (y de repente) el tema de los libros digitales se está abordando desde todos los puntos de vista, autores, autoridades, escribanos varios, lectores y demás se están pronunciando si los libros digitales (e-libros o como les quieran llamar) salvarán o hundirán la literatura (o los libros, o la industria, o las editoriales, depende de quién diga qué), y parece que el diálogo terminará siendo una guerra de trincheras, en que unos no oyen a los otros, pero se lanzan ráfagas y munición de mortero de todo tipo, desde las explosivas hasta las simplemente iluminantes.

Voy a dejar fuera la burrada dialéctica de la ministra de Cultura española, eso de "asustante", porque ni suma ni resta al debate nada, más bien, pareciera que la Ministra ya comenzó a cavar su propia trinchera, pero por puro miedo a lo que se le viene encima, no por un proceso de razonamiento profundo que le ha llevado a esa conclusión.

El debate, sea dicho, me parece un poco artificial, mi imaginario particular revienta pensando en las discusiones sobre si usar ese nuevo papel o continuar con el pergamino, o si seguir haciendo copias a mano, mucho más dignas y bonitas (¿las han visto? ¡Son verdaderas obras de arte!) o usar ese despersonalizado artilugio que permite, con unas placas, imprimir varios ejemplares del mismo libro en una centésima parte del tiempo que tarda un monje perdido en reescribir la biblia. Se ha pasado de hablar de formato (única y exclusivamente) a la calidad y cantidad. Y esto último me parece más interesante. También se habla del formato, medio de distribución, derechos de autor, nuevos intermediarios (no señores, no se eliminan intermediarios, sino que aparecen otros -tal vez mucho más baratos, pero otros finalmente-) y asuntos conexos, también interesante.

Los escritores
Vargas Llosa por un lado, y Umberto Ecco por otro, se han posicionado sobre los libros electrónicos, o mejor dicho, sobre Internet, libros digitalizados, y otros. Umberto Ecco no cree que "Internet" u otros sean los enemigos de los libros, señala con el dedo acusador a quienes censuran los libros, o los «encierran en bibliotecas inaccesibles» y defiende Internet en tanto que «enseña a los jóvenes a leer, y sirve para vender un montón de libros». Umberto Ecco, eso sí, reclama que el libro electrónico sea realmente usable, que se pueda hojear con facilidad, que la batería duro y sea de lectura agradable, aunque, como muchos, se muestra nostálgico a pasar los dedos por las páginas.

Vargas Llosa, por su parte, cree que si se escribe para la pantalla se ahonda en la superficialidad, en una reciente entrevista publicada en El Tiempo (Colombia):
«Yo creo que la gran amenaza son las máquinas que puedan acabar con el libro. No sabemos qué va a pasar con ese desafío para la literatura que es la pantalla. ¿Aniquilará al libro? ¿Coexistirán? Eso está por decidirse y muy pronto. Mi apuesta es por que el libro sobreviva. No es que esté en contra de la red, pero si la literatura se hace solo para las pantallas se empobrecerá, porque la pantalla hace que pierda profundidad y riesgo. La tecnología imprime a la literatura una cierta superficialidad»
Desarrolló la idea haciendo una analogía con la correspondencia, que casi muerta "resucitó" gracias a la Red de Redes, pero pasó a ser una "caricatura" de lo anterior, con el papel se ponía esmero en lo escrito, con el actual correo electrónico, pues no. Lo interesante es que la "queja" de Vargas Llosa provienen de sus prejuicios hacia cómo él se comporta frente a la pantalla, esto es, no pone un "pero" al lector (lo que otros hacen criminalizándolo o menospreciándolo) sino que pone el acento en cómo el escritor se comporta al realizar su labor. Esto me recuerda más a quienes siguen escribiendo sus obras a puño y letra (para luego pasarlas o que las pase otro) o los que mantienen la siempre perfecta (gracias a sus imperfecciones) máquina de escribir como instrumento frente a la computadora. Esa superficialidad está en la obra impresa, sea en una pantalla o en un papel, al margen del medio final.

Esos errores gramaticales (u ortográficos) no solo aparecen en la Red, un ejemplo alucinante en la portada de Magaly TeVe (6 de Mayo), y lo vemos todos los días en periódicos de tirada nacional (20 Minutos tiene tantos errores gramaticales, ortográficos y demás, que el mejor pasatiempo sobre el mismo es marcar con rojo dichos errores, deje usted el Sudoku, que le darán menos tiempo de ocio que lo que le propongo en este paréntisis).

Editores
La verdad es que los editores, en términos generales, están encantados con esto del libro electrónico (sobre todo las editoriales que apuestan fuerte por el formato, claro), siempre y cuando se pase previamente por caja. Ellos no tienen ningún problema en editar un libro a bajísimo coste siempre y cuando ese coste sea, además, recuperable, así pues apuestan sin demasiado problema por el modelo de venta de cantidad.

Es lo que ya hacen con los libros impresos, cada vez se editan e imprimen más libros, más títulos, pero con menor tirada, hay una relación inversa fuertísima, a menos venta de libros más títulos editados. Es simple, se busca cantidad (no calidad) de títulos para mantener las ventas menguantes y con un poco de suerte alguno de esos libros dará el campanazo y permitirá a la editorial seguir existiendo. El poder poner "en PDF" antes el libro puede servir para testear el mercado, o simplemente para lanzar un producto de riesgo (sí, estoy hablando del libro como producto) o poder llegar a otros mercados (una editorial peruana, vendiendo en la Red libros digitales y digitalizados a un módico precio puede vender en cualquier país del mundo, así de simple). Menor coste del producto también significa menos resistencia para adquirirlo, y eso lo demuestran un día sí y otro también las ediciones de bolsillo. El problema, problema es que sigue sin ser lo mismo tener un libro en papel que uno en pantalla, los aparatos lectores de libros electrónicos son caros y no "son lo mismo" que un libro en papel, pero todo se andará, depende del avance tecnológico sin dudas. Lo mismo pasaba con las agendas electrónicas, los teléfonos celulares, etc.

Dos Opiniones, modelos de negocio
Traigo a debate dos opiniones que abordan el problema desde otras dos perspectivas, una ahonda en el tema del modelo de negocio de los nuevos intermediarios y cómo los autores quieren su parte y la otra viene a recordarnos que, para que el libro en papel se salve, existe un modelo de negocio (no tan) nuevo.

Rafael Reig en su columna Carta con Respuesta escribe:
«La circulación de libros en Internet sí me preocupa. Usted sabe que Google está digitalizando sin autorización los fondos de muchas bibliotecas. Puede que no me importe difundir gratis mis libros, pero sí me importa que (sin avisarme ni pagarme derechos) Google gane dinero con el fruto de mi Olivetti. No hace falta que se asuste, pero agradezco que la ministra se preocupe (también) de eso.»
A Reig no le preocupa que Paquito digitalice un libro y se lo pase a Manolito, incluso si comienza a circular gratis por la Red, le preocupa que Don Juan haga negocios con su libro sin pedirle siquiera el más básico de los permisos dentro de la actual legislación de derechos de autor. Ojo, que Don Juan, en este caso, ha reconocido que le toca pagar a los autores y ditores de los libros que digitalizan (pero solo para los que pertenezcan a la Authors Guild y a la Asociación Americana [de Estados Unidos] de Editores), y claro, el resto quiere su parte también.

(Ah, Reig se equivoca, usted, si lo desea, puede fotocopiar el libro que le dé la gana, incluso esa fotocopiadora, o escaner, o impresora, ya pagan por las copias privadas de obras protegidas. Quien no puede -legalmente hablando- fotocopiar el libro es el tendero de la copistería, por eso en muchas tienen una o dos fotocopiadoras que, con monedas o tarjeta, las puede manejar el propio cliente, lleva el libro, lo abre y cierra y va haciendo el tedioso trabajo de apretar el botón para que salga la copia. Incluso dentro de muchas bibliotecas tienen de estas fotocopiadoras, nos ahorran hasta tener que sacar el libro del reciento para proceder a su copia.)

Por su parte Mario Muchnik, en su columna Tiempo Real, sale en defensa del libro impreso como "la mejor máquina para leer" y propone, eso sí, la impresión bajo demanda para salvar las tiendas y el libro impreso (y con suerte, eliminar las tiendas y tener, realmente, impresoras baratas en el hogar con capacidad de empastar los libros):
«El cliente-lector entra en una librería y pide un libro, por ejemplo Últimas tardes con Teresa. El librero no lo tiene en stock pero tiene en cambio una máquina que mide menos de un par de metros de largo, un metro de ancho y metro y medio de alto. Mientras el cliente-lector espera tomándose un espresso en el café de al lado, el librero pide a la editorial el libro solicitado y recibe a cambio un archivo en su ordenador y una factura (en la que constan los derechos de autor). Con ese archivo en pantalla, el librero pide a su máquina (¡cuyo nombre, nunca más apropiado, es Espresso!) un ejemplar (¡uno solo!) y en cuestión de cinco minutos lo entrega al cliente-lector. Su aspecto no difiere en nada del de un libro normal. ¿Precio de venta al público? Exactamente el mismo que si el libro hubiera sido impreso según el método convencional.»
Cabría indicar, de paso, que editoriales volcadas en la Red, como Bubok o Lulu, también tienen un sistema de impresión bajo demanda (sale un poco más caro que en cantidad, eso sí) lo que elimina costes para la autopublicación, en otras palabras, el autor-editor no tiene que sacar del ala mil libros (o la tirada que sea), sino que puede dejar en la librería "on line" todas las obras que quieran, y solamente se imprimá la cantidad de ejemplares que el cliente-lector desee, y le llegará el libro exactamente en las mismas condiciones que uno que coja polvo en un almacén con el resto de sus hermanos de tirada.

Aun así, el sistema de libros bajo demanda de Espresso tiene un problema, al menos para los que nos gusta ir de librerías, y es que no puedes hojear los libros sacándolos de las estanterías, pero indudablemente tiene ventajas clarísimas cuando sabes lo que quieres, vas a una librería, lo pides, te lo dan. Listo. Sin tener que recorrer dos provincias enteras buscando un libro de hace 5 años que no está ni estuvo en la lista de los más vendidos, y que finalmente terminas pidiéndolo al tendero para que llegue, dos meses después, polvoriento, a sabiendas que estuvo guardado en un perdido almacén al que, por suerte, el librero tiene acceso por pertenecer a alguna red.

Consideraciones finales
Creo que he planteado problemas diversos y contradictorios con esto del mercado del libro, y se pueden seguir poniendo temas sobre la mesa (contando críticas a los derechos de autor, a su extensión, límites, o lo que toque), ahora bien, creo que la cuestión puede girar al rededor de dos grandes ejes: Calidad y Modelo de Negocio (la ley es, sin más, el soporte legal del modelo de negocio).

La calidad, antes "garantizado" por correctores de estilo, correctores de todo tipo, y demás, que corrían a cargo de la editorial, puede mantenerse impoluta en el modelo de negocios creado en los libros digitales. Hay tanta o tan poca como siempre, el medio, aunque permita más cantidad, no afecta a la calidad. Lo único que permite esto de lo digital es que, al ahorrar costes, más oferentes entren en el mercado, muchos tendrán gran calidad y muchísimos ninguna. Pero pasa en todos los ámbitos. Contando el modelo impreso, vayan a cualquier quiosco y miren las revistas, vayan a cualquier feria del libro y vean lo que se está publicando, tanto en literatura como en no-ficción. No señores, la calidad no tiene nada que ver ni con el formato ni con el medio, es pura responsabilidad (si hablamos de corrección en el uso del lenguaje, no de calidad objetiva del contenido, puesto que esta no existe en ningún caso), incluso en la autopublicación se puede recurrir a correctores de todo tipo.

Sobre el modelo de negocio: La verdad es que Internet, o los libros electrónicos, en vez de acortar las posibilidades de negocio, las abren. Crea nuevos mercados, nuevos formatos, nuevos todos. También está claro que si hay intermediarios enriqueciéndose, no hay motivo alguno para censurar al autor en su deseo de participar en la tarta. Un ejemplo son las tiendas en línea de música, que están teniendo un gran éxito, o servicios de música bajo demanda con suscripción de pago o soportando publicidad, que al parecer van bien también. El problema es que últimamente ese acceso al reparto no es tal, y al no existir se recurre a castigar al cliente-ciudadano, aunque no sea siquiera cliente real. Las editoriales, eso sí, deberán adaptarse a los nuevos tiempos, también está en el debe de los autores, que toca aprender nuevas reglas (y a no regalar sus derechos a las editoriales).

Hablando de modelos de negocio, tal vez es hora de volver a las ventas por entregas (haciendo una analogía con la música, es superar el Disco como ente completo y vender las canciones por separado lo que triunfa). En China, me comenta y enseña un buen amigo, eso está triunfando (y ya desde hace un tiempo), autores que ponen en venta cada subcapítulo de su novela, cada semana o cada día publican una (normalmente cortas) y los lectores van pagando (micropagos). ¿Que pierden interés? dejan de leer (y pagar), en total tampoco se gastan tanto como un libro impreso, pero bastante más que lo que suelen costar los PDF con libros enteros. Lo hacemos con otros ámbitos literarios (los cómics, por ejemplo), que van por entregas. Ojo, que al bolsillo le duele menos pagar 1 euro cada semana que 5 de un solo tirón, pura psicología. ¿Y modelos de suscripción o gratuito soportando publicidad? No sé si en la literatura pueda funcionar tan bien como lo hace en ámbitos como la televisión (en red o fuera de ella) o la música (ídem).

En todo caso espero que el debate se de en buenos términos, se acabe con el victimismo, con las orejas taponadas de prejuicios y con la criminalización (¿a cuento de qué? ¡Por favor!), porque la guerra de guerrillas ni conviene a autores ni beneficia a los lectores.

Excurso: No toco demasiado el tema de la compensación por copia privada (el llamado canon) entre otras cosas porque ya se aplica en favor de los escritores en muchos soportes, incluyendo fotocopiadoras, impresoras (que Manel lo puso en una de sus geniales caricaturas como si aun no existiera -y mentó a la SGAE, otro error, en este partido de los libros no juega-), CD y otros soportes digitales. Sí señores, la SGAE no es la única que saca tajada de CD y DVD, CEDRO (entre otras) mete su pie también.

Sobre el libro enlazado y cuya imagen robo para esta entrada: Aprovecho, de paso, a promocionar (no lo necesita, y menos desde una tribuna como esta) el libro «La Sociedad de Control. Privacidad, propiedad intelectual y el futuro de la libertad» de José Francisco Alcántara (también conocido como Versvs), cuya existencia está tanto en papel como en digital, tanto de pago como gratis, y devolviéndolo al "dominio público" (aunque insisto en que eso no es legal, sí es toda una declaración de intenciones). La portada es obra de Fernando Díaz, y es la imagen que robo y retoco con total impunidad.
Actualizado ( Martes, 26 de Mayo de 2009 10:19 )