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Clase trabajadora y solidaridad con los funcionarios PDF Imprimir E-mail
Columnas - Con Firma
Domingo, 16 de Mayo de 2010 16:43
«La dominación del capital ha creado en esta masa una situación común, intereses comunes. Así, esta masa viene a ser ya una clase frente al capital, pero todavía no para sí misma.» Karl Marx.
Solidaridad con los empleados públicos, porque también son clase obrera

por José María Rodríguez Arias


RojinegroComunismoEl gobierno español ha anunciado una serie de medidas antisociales para contentar al capitalismo más salvaje, representado por mercados financieros, grandes casas de apuesta llamadas bancos y empresas calificadoras del crédito (esas mismas que daban su visto bueno a entidades que cayeron dos días después llenos de agujeros), instituciones internacionales cuyas recetas económicas nos han llevado a otra de las tantas crisis que se dan en la economía capitalista, y demás. Estas medidas, como tantas otras veces, son contrarias a los intereses de los pueblos, estas medidas recortan el gasto social, hacen peligrar el endeble Estado de Bienestar, y todo para que unos sigan enriqueciéndose cada vez más.

Dentro de las medidas hay una en particular que ha escandalizado a la opinión pública, algo tan sensible en un país envejecido como España, las pensiones contributivas se verán congeladas para el próximo año. El gobierno se defiende diciendo que en todos sus años de gobierno esas pensiones han subido más que el IPC, y que para el próximo año el que no tengan subida no mermará, globalmente considerado, su poder adquisitivo. Casi parece que hay que darles las gracias. Todo lo contrario, hacemos bien en molestarnos y proteger los derechos de quienes fueron trabajadores, sus pensiones deben subir como poco lo mismo que el IPC, sus pensiones, pagadas por todos los que ahora trabajamos, son el reflejo de la solidaridad intergeneracional, y los trabajadores queremos seguir siendo solidarios, a pesar que el gobierno no quiera.

Increíblemente una de las medidas que más resistencia ha causado por unos ha sido aplaudida en secreto por otros ha sido el anuncio de la bajada de salarios de los empleados públicos, que se sonríen pensando que ya les tocaba pagar algo a ellos también, la envidia que les tiñe mancha el firmamento de la postura contraria al tijeretazo del gobierno de Rodríguez Zapatero, que dice ser socialista y obrero, ambas palabras tan lejanas a la práctica diaria de su ejecutivo.

Buena parte de los ciudadanos aprueba esa medida. ¿Cómo? Las explicaciones se escuchan de todos los estilos, son excusas realmente, que quieren justificar lo injustificable, el apoyo a la bajada de salarios de unos trabajadores, se pueden resumir en: «Son trabajadores con puesto fijo, que ganen un poco menos no les afecta»; «Viven de nuestros impuestos, si no hay dinero, se les paga menos»; «Ganan mucho y no hacen nada»; «Hay demasiados funcionarios, está bien que se les baje el sueldo»; «Ellos han aumentado su capacidad adquisitiva durante todos estos años, sobre todo en la época de la deflación».

Todas y cada una de esas explicaciones son falsas. Más aun, demuestran la nula solidaridad con otros trabajadores, demuestran que no existe conciencia de clase trabajadora, porque da igual si el patrón es el Estado o un empresario, ambos responden únicamente ante el Capital de igual forma, reproducen sus maneras de dominación y someten al empleado de igual forma, le sustraen su fuerza de trabajo y se aprovechan de la misma. Algo distinto en el caso de los empleados públicos, pues quienes nos aprovechamos de la plusvalía, en muchos casos, somos todos los demás ciudadanos.

No todos los empleados públicos a los que se le aplican estas medidas de recorte salarial tienen puesto fijo, existen, claro, los funcionarios de carrera, que es a los que nos referimos, pero también los altos cargos, directores y demás que son designados a dedo por el político de turno cuyo puesto depende de la arbitrariedad de un tercero, son como directivos en empresas privadas. Por debajo de ellos se extiende una densa cantidad de funcionarios interinos (esos que cubren una plaza hasta que salga a concurso, algo que puede dilatarse eternamente, muchos de ellos llevan más de diez años sabiendo que al día siguiente pueden perder su puesto), está todo el personal laboral de la administración, que cada vez es más numeroso, donde ni siquiera los fijos de plantilla tienen asegurado el puesto (pueden ser despedidos como cualquier otro trabajador, a diferencia de un funcionario de carrera), están los «indefinidos no fijos de plantilla», esa categoría existente solo para la administración, que no es más que un «temporal sin tiempo» (su plaza puede salir a concurso para cubrirla con un fijo o ser amortizada, en ambos supuestos el indefinido pierde el trabajo) y todos los temporales que existen en la empresa privada, y esto sin olvidar que la administración es una de las grandes entidades que más contratan fraudulentamente con contratos temporales. A todos ellos se les aplica un recorte de salarios, así que es falso que todos tengan plaza fija. Y aun así, esa no es una razón para ver «menos mal» (cuando no «bien») el recorte salarial.

Claro que hay funcionarios que están ahí sin cumplir su trabajo, eso pasa hasta en las mejores familias, pero no son la mayoría ni de lejos, que se castigue a los «jetas», no a todos los trabajadores, no por unos pocos se puede condenar a todos los empleados públicos como si fueran unos parias, no cuando nos aprovechamos de su trabajo.

Los empleados públicos, en general, no ganan más que los empleados de las empresas privadas, tienen mayores topes salariales, normalmente se dice que se compensa con mayor seguridad en el empleo (la administración hasta ahora no ha planteado un ERE en su vida, aunque pueda hacerlo) y otros beneficios (tienen mejores políticas de conciliación de la vida familiar, tienen mejores horarios de trabajo, tienen una organización de las vacaciones más aprovechable, etcétera), pero eso no quita para que su salario ya sea exiguo en general, ¡como para encima plantearles una bajada!

Ellos viven de nuestros impuestos, en parte sí, claro, su sueldo sale de ahí, pero nosotros nos aprovechamos de sus servicios, nosotros hacemos los papeleos, nosotros exigimos un sistema judicial (que vive de puro funcionario), demandamos una escuela pública o concertada (unos son empleados públicos y los otros profesores pagados con dinero público), requerimos una sanidad competente (otro sector lleno de empleados públicos, sobre todo funcionarios e interinos), queremos carreteras, no solo recién hechas y funcionales, sino bien mantenidas, y muchos encima requieren fuerzas de seguridad y ejército, todos funcionarios. Solo faltaría que exigiéramos todos esos trabajos sin desear remunerarlos. Es cierto, falta dinero, pero en vez de plantear recortes en los gastos (al menos en los gastos de personal) habría que buscar la solución en aumentar los ingresos, por ejemplo, cobrando más impuestos a las rentas más altas.

La excusa de la capacidad adquisitiva es patética, ¡y es la misma que usa el gobierno sobre las pensiones de los jubilados! La misma. Claro que se vieron «beneficiados» por la bajada de precios, igual que todos los demás trabajadores (y personas con ingresos, como los empresarios y especuladores), pero nadie admitiría que le bajaran el sueldo en un 5% porque se ha beneficiado de una bajada del IPC de uno o dos puntos, resulta absurdo, además, plantearlo cuando los precios vuelven a subir. todos los que trabajan están en la misma situación que los funcionarios. Por no decir que son los empleados públicos los que menos han visto subir sus retribuciones todos estos años, como este mismo (en el que se les baja el 5% a partir de junio), donde el aumento fue de solo la mitad que el IPC, menos que el resto de trabajadores. Además, ellos ya han sufrido otros años de congelación salarial.

Pero lo más importante, la base de todo esta perorata de mi parte, es que los empleados públicos son trabajadores. En su tiempo los marxistas discutieron mucho sobre la conciencia de clase (cuya construcción fracasó rotundamente cuando se inició la primera guerra mundial), sobre el papel de las clases medias, sobre todo las pequeña-propietarias. Los empleados públicos, los funcionarios en general, son tan trabajadores como cualquier otro profesor, médico o auxiliar administrativo, no importa si el amo es un patrón capitalista o un estado capitalista, en el fondo es la misma cuestión, los intereses de la clase trabajadora, de esa que debemos construir su conciencia (no surgirá por arte de magia).

¿Cómo vamos a construir una respuesta conjunta y popular contra las arremetidas del capital (manifestadas esta vez en las políticas de recorte del gasto de Rodríguez Zapateros) si somos incapaces de vernos todos como trabajadores y demostrar solidaridad de clase entre nosotros?
Actualizado ( Miércoles, 19 de Mayo de 2010 06:28 )