| Libia: Guerra interna e intervención internacional |
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| Columnas - Con Firma | |||
| Viernes, 18 de Marzo de 2011 06:08 | |||
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Mientras los poderosos hacen la guerra el pueblo muere... por José María Rodríguez Arias En Libia la situación desborda las previsiones originales: Lo que comenzó de forma parecida (pero no igual) a las revueltas más o menos populares en Túnez y Egipto se convirtió pronto en una verdadera guerra civil, el gobierno del dictador Muamar el Gadafi no dudó en bombardear a su propio pueblo y perdió el apoyo de parte de su propio gobierno y de muchos de los líderes tribales que lo sustentan, el ejército se rompió lo suficiente para permitir a una facción tomar el control de una serie de ciudades más o menos importante, y Gadafi a la cabeza de su criminal gobierno contestaron de la única forma que saben: Con las armas. Bombardeos y tomas de ciudades se han sucedido todos estos días, mientras que el pueblo llano sufre y muere bajo las bombas y balas. En Libia, además, se está dando algo que en el resto del mundo revoltoso árabe no se ha dado: La intervención de la ONU (en la que se cisca Gadafi). Y no, no es por la grave violencia que se vive en ese país a diferencia de Egipto (donde la represión, por inacción del ejército que prefirió desobedecer al autócrata, no se dio a esa brutal escala), ya que en otros lados, como puede ser Baréin, la ONU no supera el estadio de «denuncia» por parte de la comisionada de la ONU para los DD.HH., y la participación internacional más bien es para apoyar al régimen represor y opresor del reino (así Arabia Saudí y otros miembros del Consejo de Cooperación del Golfo ya mandaron tropas para ayudar a matar civiles en la pequeña isla) antes que para apoyar a quienes piden democracia, y a esa mayoría gobernada por una minoría.
No hay que olvidar que esta idea, ahora sancionada por la ONU, de la zona de exclusión Aérea fue idea inicial de la Liga Árabe, que no son precisamente los países más democráticos del mundo, puestos a hablar de ellos y cómo tratan a sus manifestantes, además del caso de Baréin (con la voz cantante de la monarquía absolutista saudí), está el propio Iraq, Afganistán o Marruecos, que no son exactamente potencias abiertas al diálogo con sus opositores, sin olvidar, claro, a los emiratos y reinos árabes en general. ¿Quién se rebela y contra quién? La organización y el encaje de Libia en la política internacional es compleja y extraña, lo es desde su propio Libro Verde y las bases teóricamente ideológicas del régimen, que ha ido mutando desde un intento de socialismo islamista (una contradicción en sus propios términos, no por nada el país se llama oficialmente Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular Socialista) acusado y embargado internacionalmente por su participación en atentados en todo el mundo (y especialmente dirigidos contra intereses estadounidenses) hasta ser el amigo preferido de la zona para los países hipócritas de occidente, muchas potencias europeas dependen directamente de los combustibles libios, y esa lluvia de petrodólares, a diferencia de otros países, ha conseguido que en África el país con mayor esperanza de vida, mayor tasa de alfabetización, mayor desarrollo urbano y menor índice de pobreza y mejor puesto en África en cuanto al Índice de Desarrollo Humano, sea la dictadura del excéntrico Gadafi, al que le dejaban pasearse por Europa y Estados Unidos no solo fotografiándose con figuras de la derecha más radical, sino colocando su carpa llena de sirvientes allá donde iba. De enemigo al mejor amigo, y todo por el petróleo. Gadafi ahora compara su «gesta reconquistadora» con las acciones militares de Franco. Él mismo se retrata. También la organización interna de Libia es diferente a otros países de la zona, y más parecido a cómo lo tienen montado por el Golfo Pérsico, donde los jefes tribales detentan poder, y ese poder es el que, por lo visto, se encuentra enfrentado al central. Libia se sustentaba en un sistema tribal que supera con creces la organización política oficial, así existen unos 150 clanes que se reparten el país, al menos una veintena de ellos son los que se están sublevando contra el gobierno (por los motivos que sean, no son exactamente los más demócratas del orbe la verdad), y se espera que más se sumen, ya que, a la vista está, el poder cambiará de manos (nunca hacia el pueblo, eso sí) tras la intervención internacional, con lo que esos líderes quieren asegurarse el mantener su cuota de poder o aumentarla. La tibieza inicial de occidente frente a lo que ocurría en Libia desde el primer día, cuando no un apoyo directo al dictador, sonó mal, y sigue sonando mal cuando el discurso cambió por el actual estado de llamada a las armas. ¿A qué juegan países como Francia o Estados Unidos? ¿Han encontrado un reemplazo para su ficha de ajedrez en el tablero africano? Porque no es por un tema de Derechos Humanos, imposible que lo sea cuando esta medida no se está aplicando en Baréin o no se aplicó en otros países, cuando la resolución de la ONU confiere especial protagonismo a una Liga Árabe represora dentro de sus países y sin una sola raya de democracia en sus políticas internas o externas. Y el currículo de occidente tampoco está limpio. En la buena entrevista de Ana Pastor al presidente iraní, Ahmadineyad, el dictador iraní dijo algo que es más que cierto: El papel de occidente al armar y apoyar a los dictadores que ahora quieren derrocar. Dos ejemplos claros de los últimos años, con desastrosos resultados, son los regímenes pre-invasión de Iraq y de Afganistán, ambos nacieron con el apoyo de los países que luego conquistaron esas naciones. Otros ejemplos recientes: Egipto y Túnez. Eso es cierto para la propia Libia, al menos desde que Gadafi dejó de ser un apestado internacional para pasar a ser un socio preferente. Gadafi jamás dejó de reprimir a su pueblo, así que no hablemos de derechos humanos cuando jamás han estado en la agenda internacional, jamás han importado los derechos del pueblo libio. ¿O simplemente el apoyo a la oposición en Libia es una pantomima sin efectos reales para terminar, todo, igual que antes de las revueltas con occidente vendiendo armas y comprando petróleo a la república africana? Quien sale perdiendo, de lejos, es el pueblo Libio: es quien paga todo el coste del juego de poder internacional.
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