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No se puede justificar nunca un ajusticiamiento PDF Imprimir E-mail
Columnas - Con Firma
Miércoles, 04 de Mayo de 2011 06:26
«Ojo por ojo y el mundo quedará ciego», Gandhi. Porque la venganza nunca es justicia.

Foto de la Casa Blanca, Dominio Público

por José María Rodríguez Arias

Vamos de dejar de lado todas las teorías «conspiranoicas» sobre Osama Bin Laden, incluso las que cuestionan que ese hombre existiera más allá de las cámaras de televisión, o todos esos que aseguran que ya estaba muerto (en el 2001 por una enfermedad, en el 2007 asesinado, etcétera) y asumamos que, al menos, todo lo central de la noticia es verdad tal cual nos la cuentan los interlocutores del gobierno estadounidense, a saber: Osama Bin Laden se encontraba en una mansión en Pakistán, a escasos kilómetros de Islamabad (capital de dicho país); el gobierno de Estados Unidos dudó entre bombardear la casa o mandar a los Seals; mandaron a los comandos de la Armada y estos entraron en la mansión matando todo lo que se movía; lo hicieron sin conocimiento o autorización del gobierno pakistaní; dispararon a Bin Laden en la cabeza y otro en el pecho, él no iba armado aunque la situación, dicen los SEAL, era de tiroteo; tras la muerte, hicieron los ritos pertinentes y lo arrojaron al mar; la información para localizarlo salió tras la tortura de un par de personas en Guantánamo.

Quienes justifican esta acción, contando al mismísimo presidente de Estados Unidos o al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (que se esfuerza en desprestigiarse cada vez más), hablan de «Justicia» (Bin Laden, líder de una de las organizaciones terroristas más grandes del mundo, que lleva a sus espaldas al menos el haber ideado la forma organizativa que justifica matanzas por todo el mundo, y que ha planeado, decían, varias él mismo), hablan de un mundo más seguro (aunque avisan que ahora hay que subir el grado de alerta por las represalias tras la muerte de su líder) y, por supuesto, de que el operativo está justificado como «acción de guerra» y es «perfectamente legal según la legislación estadounidense» (palabras del Fiscal General, nombrado directamente por el Presidente de ese país y que, además, se le considera como Abogado en Jefe del Gobierno).

También nos dicen que intentaron capturarlo, pero que no se pudo. Esa versión oficial contrasta, primero, con la idea de un disparo en la cabeza y otro en el pecho a un hombre desarmado (no murió por una bala perdida, en otras palabras), segundo, con el tiempo que ha pasado entre el día que descubrieron dónde estaba Osama y comprobaron que ese sujeto barbudo era el más buscado del mundo (dicen que por agosto del año pasado) y la operación en que lo asesinaron (como dice Jesús Maraña, ¿no hubo ni un día en esos meses en que se le pudo capturar?) y, por último, porque al parecer por la boca chica reconocen los responsables de la operación que la misión debía acabar con la vida del líder declarado o conocido de Al Qaeda. ¿Por qué? Porque se le quería muerto, porque la venganza solo acepta una moneda de cambio igual o superior a la ofensa recibida, y porque interrogar a Bin Laden y dejarle hablar en un juicio justo posiblemente hubiese traído adeptos a los talibanes, hubiese sacado muchos trapos sucios del propio gobierno estadounidense (es conocido el apoyo de los EE.UU. a los talibanes durante esos años de la guerra fría en que «los malos» eran los soviéticos a los que había que expulsar de Afganistán) y un largo etcétera. Además, tanto su muerte como su captura, en realidad, no sirven de nada contra una organización de «franquicias» más que una dura jerarquía en que todos obedecen a un líder.

Son dos los argumentos más peligrosos, en todo caso, que se esgrimen para la defensa del terrorismo de Estado: Es una acción de guerra (y estas cosas pasan); Es conforme a la legislación de Estados Unidos, ¿quiénes somos nosotros para quejarnos de legalidad o moralidad al respecto? (escuchado a un tertuliano español en RNE).

No es una acción de guerra, no existe la «guerra contra el terrorismo», no puede haberlo. La guerra es entre Estados (o dentro de los mismos), no existe una «Guerra Global» que permita a un país actuar en todo el mundo haciendo lo que le venga en gana. Incluso Estados Unidos niega que esté en una «guerra» contra el terrorismo internacional cuando niega a su vez el estatuto jurídico de «prisionero de guerra» a todos los presuntos terroristas recluidos en Guantánamo. No es una «Guerra» en el sentido del Derecho Internacional. Y aunque lo fuera, aunque dijéramos que lo es (como sí es una guerra lo que pasa en Libia), las guerras tienen normas, y digamos que Estados Unidos las hubiese incumplido todas con Guantánamo y con las torturas a dos prisioneros de guerra para sacarles información que permitió la operación. No se puede justificar todo bajo el rótulo de «es una acción de guerra» máxime cuando no se asume en su totalidad lo que ello significa (entre otras cosas, el reconocimiento de unos derechos a los prisioneros). ¿Que es un nuevo tipo de «guerra»? No, el terrorismo, incluso el terrorismo internacional (la propia ETA es un ejemplo de terrorismo internacional -en dos países-, el IRA también lo era, etcétera), existe desde hace mucho y en ningún caso podemos hablar de «guerra», a menos que asumamos que la otra parte tiene un poder jurídico y una personalidad jurídica internacional digna de ser respetada.

La única forma de justificar que estemos ante una acción de guerra (y aun así el asesinato a sangre fría de un hombre desarmado sería más que discutible) es entender que Estados Unidos ha realizado un acto de guerra contra Pakistán, o que ya estaba en guerra contra este país. Hay que tener en cuenta que los hechos no han pasado en suelo estadounidense, ni siquiera afgano o iraquí (lugares donde sí existe una guerra donde participa Estados Unidos), sino en Pakistán, que no está en guerra con nadie.

Sobre que la acción es conforme a la legislación estadounidense hay mucho que decir, comencemos por lo obvio: La legislación estadounidense solo se aplica o debe aplicar en Estados Unidos (y todo suelo que quede bajo su mando). Esto es, da igual, o nos debe dar totalmente igual, que para la legislación estadounidense esté bien o mal que el Estado asesine, puesto que los hechos acá vistos se rigen, primero, por la legislación pakistaní, no por la estadounidense, y segundo, para valorar la actuación de Estados Unidos, debemos acudir al Derecho Internacional Público.

Es el Derecho Internacional Público donde encontramos varias respuestas: Lo que ha hecho Estados Unidos (si creemos que de la operación nada sabían las autoridades pakistaníes) es contrario a la propia base del Derecho, vulnera la soberanía de un Estado (Pakistán) y asesina a unos hombres que estaban fuera de su jurisdicción. Es propio de Estados Unidos vulnerar el Derecho Internacional, lo ha hecho ene veces, la propia invasión de Iraq fue una muestra de ello, pero de forma particular también han realizado asesinatos o secuestros acá o allá, no solo en países «poco amistosos», sino en aliados como la propia Italia (si bien es cierto que parece que en el caso Abú Omar el servicio secreto italiano sí participó). Esta es una de las grandes razones por las que Estados Unidos no acepta los órganos jurisdiccionales de orden penal como es la Corte Penal Internacional (ha firmado pero no ratificado el tratado, también fue de los siete países -al lado de China, Iraq, Libia, Catar, Israel y Yemen- que votaron en contra de los Estatutos de Roma que constituyeron la Corte, y aprobaron, en 2002, la American Service-Members' Protection Act, que básicamente impide al gobierno ratificar el tratado de la CPI, o incluso, hacer cualquier cosa que ayude a la Corte).

Lo que ha hecho Estados Unidos, el gobierno, sería un Crimen de Agresión contra Pakistán (arts. 5.1.d y 8 bis del Estatuto de Roma, tras la modificación realizada mediante Resolución RC/Res.6 de 11 de junio de 2010) y una serie de crímenes de guerra si asumimos que se está en una guerra, como defiende Estados Unidos (arts. 5.1.c y 8 del Estatuto de Roma), como pueden ser el homicidio internacional, la tortura o tratos inhumanos además de la detención ilegal (en relación con los presos de Guantánamo torturados para obtener esa información, que están detenidos ilegalmente) y tal vez también se haya vulnerado el derecho de rendición, esto es, un crimen de guerra de matar a alguien que ya no se está defendiendo o se ha rendido (porque sabemos que Osama no estaba armado, pero no sabemos si se rindió o fue detenido y luego fue ajusticiado, como dice la hija del terrorista muerto).

Si nos ponemos puristas, no podemos aplicar el Estatuto de Roma, pero sí la Carta de las Naciones Unidas, en ningún caso, pero ninguno, la acción militar de Estados Unidos fuera de su territorio sin permisos ya sea del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ya sea del país donde se producirán los hechos, está permitida por la legalidad vigente, con lo que, atendiendo a las declaraciones del gobierno de Estados Unidos, los hechos producidos en Pakistán son completamente contrarios al Derecho.

Un ajusticiamiento no es justicia, es venganza. Los hechos realizados por los SEAL estadounidenses bajo mando del propio presidente de ese país (la Casa Blanca nos da imágenes de cómo veían, el presidente y su gabinete, el operativo en vivo y en directo), son una vulneración fragante del Derecho Internacional, o creemos en el Estado de Derecho, los Derechos Humanos y su aplicación mundial o no creemos en ellos y definimos que el uso de la fuerza está aceptado siempre y cuando quien lo ejecute sea la parte fuerte.

En términos prácticos, en cuanto al terrorismo internacional la muerte de Osama Bin Laden no significa nada. Solo tiene sentido, esa muerte, como un «triunfo militar» de un cuestionado presidente para beneficio de una población ávida de sangre del enemigo, de ese rostro del terrorismo. Evidentemente la acción contra Bin Laden no desbarata la modular Al Qaeda, ni limita el actuar del resto de organizaciones terroristas nacidas en todo el mundo a imagen y semejanza (pero no bajo el mando o el entrenamiento) de Al Qaeda. Está claro que Bin Laden (o todos los miembros de su organización) no deben andar por ahí con impunidad para cometer atentados, pero eso no justifica una ejecución extrajudicial, para nada. Arresto y juicio (otra cosa es que muera en un enfrentamiento directo, pero difícilmente este se da si uno de los dos frentes no porta armas).

El Estado, para enfrentarse al terrorismo, debe anteponer la propia idea del Derecho. Para ir acabando unas palabras de Gaspar Llamazares reprochando la actitud de Rodríguez Zapatero (que ha aplaudido el asesinato de Osama Bin Laden):
«El terrorismo de Estado no es una forma legítima de luchar contra el terrorismo.»
Aplaudir el asesinato de un terrorista, por más que este sea un asesino en serie que se merezca todas las condenas de cárcel habidas y por haber (nunca la de muerte), es aplaudir el fin del Derecho y de los derechos ciudadanos, es gritar en favor de que quien tiene la fuerza tiene la razón, es aceptar, finalmente, el terrorismo de Estado, y por tanto, la dictadura de la fuerza bruta. Por más que le llamemos democracia.


Excurso: En el lado divertido, por decirlo de alguna forma, de todo esto, nos encontramos con las declaraciones de Alan García, aun presidente del Perú, diciendo que este es el primer milagro del recientemente beatificado Juan Pablo II (y ya la prensa extranjera se burla con roche del presidente peruano, por ejemplo: «Si vous aussi, votre imagination est déobordante, n'hésitez pas à en faire part dans les commentaires» -si usted tiene una imaginación desbordante, por favor, deje un comentario-), o de Hernando de Soto, espero que bromeando sobre el tema, diciendo que se le encontró gracias a la titulación...
Actualizado ( Martes, 10 de Mayo de 2011 05:29 )