| Motivación del Actuar Libre |
|
|
|
|
por Daniel Álvaro Martínez / desde Uruguay*
Desde una perspectiva más vasta (antropológica, biológica, planetaria...), diríamos que nuestro interés personal no puede ya ser otro que el colectivo. La supervivencia de nuestra especie está en juego, la fuerza de la Vida nos interpela. Y así como la neutralidad política resulta ilusoria (abstenerse es ser esclavo del poder hegemónico), asimismo resulta ineluctable el torrente evolutivo que nos socializa en tanto humaniza (eludirlo es anular nuestra potencialidad de crecer como seres humanos). Cuando concienciamos esta verdad, no sólo dignificamos nuestra libertad y nos motivamos para ejercerla con “altruismo recíproco”; clarificamos además el alcance de un adjetivo calificativo recurrente: software libre, conocimiento libre, actuar libre... La libertad con la que fraguamos nuestro porvenir no consiste en elegir entre el pequeño número de opciones que hoy ofrecen los productos licenciados por monopolios corporativos. Como si fuera un mero tema de preferencia individual —al exclusivo alcance de minorías privilegiadas— y no un problema atinente a la Humanidad entera. [1] Ya en enero de 2005, en el marco del quinto Foro Social Mundial de Porto Alegre (FSM), el sociólogo Manuel Castells analizaba con detalle cómo la cooperación no remunerada —efectuada libremente y en un marco corporativo— superaba en sus resultados a la competencia individualista de las empresas tradicionales. Fenómeno sorprendente para el modelo capitalista, pero cada vez más natural en el paradigma altermundista propulsado por el FSM. Formas de cooperación productiva aplicables a actividades diversas, pero con resultados espectaculares en el ámbito informático:
Nótese que la motivación más frecuente es “la convicción de que el software tiene que ser libre porque es un derecho fundamental”. La valoración de la libertad antecede a la constatación de la calidad técnica. Más profundamente aún, la actual solidez del software libre hace honor a la etimología: solidaridad viene de in solidum. Y su consolidación universal, tan indiscutible como desconcertante para muchos, adquiere justificación cabal desde una perspectiva biológica. Porque más allá de su excelencia técnica (también indiscutible), el software libre ha venido a colmar expectativas inherentes a nuestro dinamismo evolutivo. Poniendo sobre el tapete, desde su propia génesis y definición, el tema de la libertad. Cuya valoración es aliciente principal de las comunidades corporativas de programadores. Algunos autores aluden a un sujeto comunitario más vasto (los trabajadores del software libre), y distinguen dos motivaciones principales de su accionar: la ética, abanderada por la Free Software Foundation, y la pragmática, abanderada por la Open Source Initiative.[2] Mencionan además otras razones y profundizan en el tema a partir de encuestas y análisis.[3] Desde la perspectiva biológica que enfatizamos, el propósito es mostrar cómo, más allá de las múltiples implicaciones que surgen de aquellas encuestas y análisis, el actuar libre es expresión primigenia del ser humano. Y como tal tiene una motivación básica (de ahí el singular de nuestro título). Acaso nuestro mejor referente sea el gozo de un niño pequeño, la capacidad de asombro de un bebé de meses. Con observación atenta notaremos que, en la mayoría de los casos, el estímulo de su acción-juego no proviene de expectativas utilitarias, ni de premios, ni tan siquiera de la necesidad de aprobación y de afecto por parte de sus mayores más queridos, de quienes tanto depende. Aunque estos ingredientes estén presentes —a favor o en contra del interés manifiesto en una instancia determinada—, la motivación más profunda se expresa en puro placer lúdico, en diálogo y sintonía con la riqueza inagotable de la Naturaleza que día a día el pequeño descubre. Y es esencialmente alegre, como el brincar de un cachorro. La motivación básica del actuar libre está impregnada de esta felicidad vital con la que en nuestros mejores momentos respondemos al hechizo de Gaia, nuestra Madre Tierra viva. Al magnetismo del llamado telúrico, tan vívido en los niños y tan frecuentemente desoído por los adultos buscadores de éxito o de eficiencia. Esta intuición, expresada en principio con cierto lirismo, encuentra fundamento en comprobaciones rigurosas.[4] [1] Problema acuciante en el caso de las patentes nanotecnológicas que, ajenas al control de la sociedad civil, pueden ser ya la antesala del monopolio corporativo de toda la materia viva y no viva que nos constituye y rodea (cf. Nanotecnología: La mayor revolución tecnológica de la historia ¿Qué significa?). Para contrarrestar este riesgo, en el que se pone de manifiesto el alcance planetario de la discusión sobre las patentes, hemos de situar nuestra lucha por la libertad del conocimiento y del software en un contexto más vasto, “como forma de pensar articuladamente los muchos problemas ecológico-sociales, con la Tierra como referencia central” (cf. BOFF Leonardo, La Carta de la Tierra, una promesa). [2] cf. AA.VV., Introducción al software libre, 1.2. Motivaciones. [3] ibíd., Capítulo 4. El desarrollador y sus motivaciones. [4] cf. KOHN Alfie, Estudios encuentran que la recompensa a menudo no es motivadora.
*Artículo reproducido con autorización del autor, originalmente publicado en Aporrea.org.
Powered by JoomlaCommentCopyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved.Homepage: http://cavo.co.nr/ |
|||||||||||
De Igual a Igual .net


























En impactante frase de un reciente artículo,





































