| Declaración: Por la salud de los Pueblos |
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por el Equipo de Intervención Integral en Salud y DD.HH.*
Para construir un futuro para todos los seres humanos que habitan nuestra tierra hace falta un presente donde la justicia social sea plena, los derechos de todos respetados y la vida reafirmada en los actos que la preserven y la acrecienten.
Para ello nuestra historia está atravesada de luchas, nuestros antepasados originaron y generaron sus raíces hacia la profundidad del tiempo, donde la tierra que es madre nos da de comer y no es agredida, donde los territorios son compartidos y las riquezas pertenecen a nuestras comunidades sin exclusión y sin privación.
Nuestra subjetividad ha bebido de aquellos que hacen a la ciencia una herramienta para el mejoramiento humano, no un soporte del hambre, la tortura o la miseria. Y estas palabras son deseos que confirman una ética alcanzable, posible, una práctica que se sostiene con coherencia, con rebeldía e insurgente novedad. El bienestar humano de nuestros pueblos se sostiene desde una instancia anterior a los estados que legitima los derechos o no en la medida del respeto a la vida digna. Y el malestar provocado por la miseria y la exclusión cuestiona los fundamentos mismos de la sociedad capitalista, que enajena a la conciencia humana del disfrute compartido, quita la posibilidad de hacer juntos una patria fraterna, una tierra fértil de más y mejor vida. Nuestra subjetividad tiene esta potencia en la historia, la de renacer creando nuevas herramientas y nuevos escenarios, donde se disputan palmo a palmo, los deseos de compartir y no de enajenar, la posibilidad de actuar juntos y la no agresión, el placer de producir y reproducir lo bueno que genera otros mundos transformados en humanos. Nuestra salud es la dinámica posibilidad de percibir la realidad, crear y recrear rumbos históricos y transformarla repartiendo los bienes que generan bienestar, placer y no agresión. La clínica de los pueblos es ésta manera colectiva, ya grupal, ya manifestada masivamente, de conectar su mirada conteniendo a su propia vida siempre en juego, su leer y escuchar los signos de la historia y manifestarse activamente por ellos, en plazas y calles, en rebeldías y esperanzas, en revoluciones o cambios situacionales. La salud de los pueblos es el agua en la historia, donde se conjuga punto a punto en debate, diálogo o conflicto con las crisis relevantes y con la misma muerte. Su signo de vida aparece como esos ríos subterráneos que guían los territorios superficialmente dispersos de las sociedades, o braman como el mar en su poder para derrocar tiranías o sistemas injustos. Siempre creando, naciendo como luz en medio de toda desesperanza o genocidio. La salud de los pueblos es en definitiva la capacidad humana de resistir y construir desde la energía de la vida enfrentando con rebeldía y conciencia crítica a las amenazas de la muerte, el hambre o el sufrimiento de la injusticia social.
*EQUIPO DE INTERVENCIÓN INTEGRAL EN SALUD Y DERECHOS HUMANOS
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