Sessenta é o infinito em pé, única definição que consigo daqueles tempos. Estamos a comemorá-los, sabemos? Estamos a celebrá-los, podemos? Estamos a rememorá-los, devemos. O oito deitado é o sinal do infinito, de pé é a confusão da história, que nunca sabemos o que é enquanto ocorre, onde está, e quase sempre é muitíssimo difícil saber onde esteve quando os tempos se cumprem. E vivemos fazendo-a sem sabê-lo, e talvez mais a fazemos quando menos a sabemos. Ao fim e ao cabo, pouco importam protagonismos e estrelatos, será como as marés? Qual onda é melhor que a outra, as cataclísmicas, avassaladoras, as menores, que a garotada cisma em desafiar, surfando, as ainda menores que se prestam ao carinho dos banhos de mar?
por Noam Chomsky en Chomsky.info/Traducido para Rebelión por J.M. y revisado por Caty R.
Mil novecientos sesenta y ocho fue un momento emocionante dentro de un movimiento mucho más extenso. A su vez, el 68 engendró en sí mismo un amplio espectro de movimientos. Sin el 68 no habría existido, por ejemplo, un movimiento de solidaridad internacional globalizado. Fue enorme en términos de derechos humanos, derechos étnicos y además como precursor de la conciencia sobre el medio ambiente. Los «papeles del Pentágono» (las 7.000 páginas del informe secreto del gobierno de Estados Unidos sobre la guerra de Vietnam) son una prueba de esto: justo antes de la ofensiva del Tet, el mundo de los negocios se revolvió contra la guerra porque pensaba que era demasiado costosa y que el gobierno tenía el propósito –eso lo sabemos ahora- de enviar más soldados a la guerra, a pesar de que Lyndon B. Johnson había declarado que no enviaría más tropas a Vietnam.
En
el último tercio del siglo XIX la clase obrera de los países
industrializados reencontraba sometida a condiciones de trabajo de
explotación brutal, con horarios de trabajo muy prolongados (14 a 18
horas de jornada, incluso niños) e inexistencia práctica de derechos
laborales.
La
búsqueda de nuevos espacios y modos de hacer de la insurrección afectó
con igual intensidad a las prácticas cinematográficas. Se aprovecharon
todas las posibilidades del medio para registrar las luchas,
cuestionando al tiempo formas y modelos heredados.
Mayo del 68 por sí mismo.
Ése fue el título escogido para estrenar en 1978 un conjunto de
películas, entre ellas Grands soirs et petits matins, de William Klein,
que habían sido rodadas durante el propio acontecimiento.
De
regreso al aún pequeño Madrid, más que mención, capítulo aparte merece
la figura de Pablo Iglesias Posse. Al margen de diferencias ideológicas
que con él se puedan tener, sería estúpido negarle el papel fundamental
que tiene en el movimiento obrero español y madrileño y, por supuesto,
en el internacional, ya que fundó el segundo partido obrero del mundo,
el Partido Socialista Obrero Español, tan sólo precedido por el Partido
Socialdemócrata Alemán. Ni que decir tiene que también tuvo gran
relevancia como periodista obrero, autodidacta como todos aquellos
militantes que supieron hacer del mero hecho de saber leer y escribir
la más preciada de sus propiedades y la mejor arma de su emancipación.
Cuando se desencadenaron los sucesos de 1968, pocos grupos parecían tan preparados y conscientes de lo que estaba en juego como la Internacional Situacionista. Este grupo subterráneo de agitación política y cultural labró el terreno de la revuelta. La escalada de agitación revolucionaria que infectó el mundo desde mediados de los ‘60, y que alcanzó su momento culminante en los sucesos de mayo del 68, no precisó seguramente para desencadenarse de un grupúsculo minoritario, fuertemente intelectualizado, embebido en una práctica tan avanzada que no encontraba una respuesta a la altura de los retos que establecía.
«No conozco ningún episodio de la historia de Francia con semejante grado de sentimentalismo irracional» (Raymond Aron, 1968)
«Lo importante es que la acción haya existido cuando todo el mundo la creía imposible. Si ha pasado una vez, puede volver a ocurrir… » (Jean-Paul Sartre, 1968)
Extractos de la introducción del libro de Kristin Ross, Mai 68 et ses vies ultérieures, editado por Complexe y Le Monde Diplomatique.
El objetivo de esta obra no es aportar un ladrillo suplementario al inmenso edificio de las representaciones de mayo del 68. Se ocupa más de la Francia de los años 2000 que de la de 1968, se interesa más del eco que del ruido y la furia. Su objetivo es demostrar cómo el evento en sí mismo ha sido sobrepasado por sus representaciones sucesivas y cómo su estatuto de acontecimiento ha resistido los a intentos de aniquilación, a la amnesia social y a los asaltos combinados de los sociólogos y los ex líderes estudiantiles que, unos tras otros, quisieron interpretarlo o reclamar su monopolio.
La oleada revolucionaria del '68 sacudió el terreno de la cultura provocando el cuestionamiento de la autoridad y el desarrollo de un espíritu heterodoxo. En Inglaterra, a comienzos de los años setenta, la banda protopunk Hawkwind editaba un single que llevaba por título Urban guerrilla. Inspirado directamente en los sucesos violentos de los últimos tiempos y que tenían como eventuales protagonistas a la guerrilla urbana anarquista de la Angry Brigade y los atentados del IRA, su letra decía : “No me hables de amor, flores u otras cosas que no explotan. Nosotros usamos y llevamos hacia arriba nuestros poderes mágicos”.
¿El
68? Por lo que repite el coro de voces mediáticas, podría parecer que
todo se reduce a una nostalgia despolitizada. Pero no, señores. La
revolución sí tuvo lugar.
En cada efemérides, y vamos por la
cuarta, resurge la pregunta por el 68. De nuevo cada vez, importantes
pensadores mediáticos nos aseguran que el ciclo está acabado. Sí, hubo
una “revolución”, un “intento de revolución”, cierta “efervescencia
revolucionaria”, una revolución fracasada, frustrada, derrotada… Llevan
razón : si algo fue el 68 fue una revolución. El término aparece
continuamente en los noticiarios y en los informativos. Consúltese la
propia prensa española : La Vanguardia, Triunfo… ; léase Le Monde –los
días que lograba salir– ; váyase a los archivos de las televisiones.
Siempre la misma palabra : revolución, revolución, revolución…