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“Allí donde había fuego, llevábamos gasolina” PDF Imprimir E-Mail
mayo francesA 40 años del Mayo Francés
por Luis Navarro en Periódico Diagonal*
 
Cuando se desencadenaron los sucesos de 1968, pocos grupos parecían tan preparados y conscientes de lo que estaba en juego como la Internacional Situacionista. Este grupo subterráneo de agitación política y cultural labró el terreno de la revuelta. La escalada de agitación revolucionaria que infectó el mundo desde mediados de los ‘60, y que alcanzó su momento culminante en los sucesos de mayo del 68, no precisó seguramente para desencadenarse de un grupúsculo minoritario, fuertemente intelectualizado, embebido en una práctica tan avanzada que no encontraba una respuesta a la altura de los retos que establecía.


Menos aún pienso que la Internacional Situacionista (IS) necesitase este estallido para confirmarse, proyectarse sobre teorías y movimientos futuros y, eventualmente, plasmar su aventura en la historia y leyenda de los ciclos revolucionarios. Pero es cierto que pocos de los grupúsculos que promovían y participaban en las revueltas disponían de una conciencia tan elevada de lo que allí estaba pasando y de un deseo tan firme de que pasase hasta el final.

No era el encuentro macrodialéctico de la idea con su forma. No era, ha quedado demostrado, un proceso irreversible, sin fisuras, como pretendían los situacionistas. La ambición marxista y hegeliana de capturar los pequeños grandes momentos de las pequeñas grandes historias en la Historia, que vale para todos y no tiene segundas partes, les jugó una mala pasada. Pero es cierto que por un instante, fugaz e inconsistente (no extraigamos consecuencias), se produjo una conjunción maravillosa entre la idea de lo que allí pasaba y la teoría práctica de los situacionistas. Esta coincidencia se llama verdad : antaño una revelación, ayer una iluminación, hoy un simple fogonazo. No todos quedaron deslumbrados. Es difícil recrear hoy esta potencia.

La situación desencadenada en el 68, que tuvo alcance internacional –lo que más allá de los debates que suscita demuestra su necesidad, su carácter espontáneo–, parecía diseñada por los situacionistas. Ellos estaban preparados para ella, y ellos la habían preparado, hiciese o no falta. Disponían de la teoría, desarrollada a través de una década de formulaciones de experiencias prácticas en su revista y de dos libros que habían alcanzado cierta difusión en los ámbitos que hoy llamaríamos “alternativos” : La sociedad del espectáculo, de Guy Debord, que desarrolla, en clave marxista, la crítica más profunda y certera de la sociedad mediatizada (un precursor que no ha hecho sino ampliar sus perspectivas) y el Tratado de saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, de Raul Vaneigem, un intento de presentar, en clave idealista, es decir, radical, el modelo de vida que nos espera más allá de la mercancía, si lo habrá.

Era conocida su disposición a implicarse, para llevarla más lejos, en cualquier manifestación de rebeldía espontánea en la que pudiesen leer los signos de un cambio posible (“allí donde había fuego, nosotros llevábamos la gasolina”) : en 1965, la sección danesa de la IS fue identificada por los servicios secretos como foco de provocación e instigación de la revuelta civil contra las maniobras militares comunes que pretendían llevar a cabo los ejércitos alemán y danés ; en 1966 provocaron, en colaboración con los representantes de alumnos, el escándalo de la Universidad de Estrasburgo, la primera manifestación europea de la revuelta estudiantil y un precedente claro de los sucesos de 1968, mediante la redacción del panfleto Sobre la miseria en el medio estudiantil... con fondos públicos. Por otro lado, grupos de estudiantes de Nanterre influidos por los situacionistas estuvieron calentando el ejercicio académico poco antes del estallido de mayo.

Por la radicalización

Su participación en los sucesos estuvo a la altura de lo que las circunstancias reclamaban : estuvieron presentes en la ocupación de la Sorbona, constituyendo junto a sus simpatizantes un comité de acción que buscó en todo momento la vinculación del movimiento estudiantil con las fábricas, utilizaron para ello el desvío de todos los medios que la universidad ponía a su disposición (imprenta, radio), optaron siempre por la radicalización del movimiento y sus consignas, escritas sobre los muros y las paredes de la universidad, se convirtieron en el alma del mismo, su identidad y su poesía. Pero, sobre todo, los situacionistas fueron los que mejor supieron captar la atmósfera de la ‘nueva época’ y justificar la contestación que surgía con ella. Cuando el vértigo del movimiento de las ocupaciones sacudió más incluso a propios que a extraños, Debord podía vanagloriarse, en un artículo del número 12 de la revista (“El comienzo de una época”), de haberlo anunciado meses antes. Pese a que su influencia en los sucesos no resultase determinante, el deseo de los situacionistas y el espíritu de los nuevos tiempos se fundieron en el resplandor de mayo del 68. Fue su kairós, el momento por el que habían trabajado y tras el cual su pervivencia como grupo iba a perder todo su sentido. Por ese motivo, mayo del 68 marcó también, al mismo tiempo, su límite como movimiento organizado.


*Aviso legal: La presente nota NO queda sometida al ColorIURIS Azul de De Igual A Igual. Queda distribuida bajo los términos de una licencia de Creative Commons Reconocimiento- Compartir Igual de Periódico Diagonal.

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