Entre
tanta palabrería inútil que produce la intelectualidad peruana
–atrasada en comparación con la española- hay dos libros rescatables
por lo revelador de los temas tocados, el pensamiento crítico de sus
autores y lo actuales que aún son para el mundo hispanoamericano. Dos
libros que, por desgracia, están enterrados bajo capas y capas de
olvido en el Perú.
Tras publicarse en Venezuela una versión más reducida de esta obra en colaboración con Santiago Alba, se edita ahora en España mucho más ampliada la obra “Medios violentos. Palabras e imágenes para el odio y la guerra”, bajo la autoría de Pascual Serrano. A la versión venezolana se le ha añadido un mayor análisis sobre los sesgos de los medios de comunicación y sus metodologías para obviar contextos y antecedentes, así como varias sugerencias para regenerar el panorama mediático. A ello se le añade un lúcido y extenso epílogo de Alba.
La muerte se ha vuelto anónima y hay algo peor: hoy mismo centenares de miles de seres humanos son privados de la muerte propia. Así se da en Irak.
por Juan Gelman
Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señor Ministro de Cultura, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, amigas, amigos, señoras y señores:
Deseo, ante todo, expresar mi agradecimiento al jurado del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, a la alta investidura que lo patrocina y a las instituciones que hacen posible esta honrosísima distinción, la más preciada de la lengua, que hoy se me otorga. Mi gratitud es profunda y desborda lo meramente personal. En el año 2006 se galardonó con este Premio al gran poeta español Antonio Gamoneda y en el 2007 lo recibe también un poeta, esta vez de Iberoamérica. Se premia a la poesía entonces, "que es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa" para don Quijote, doncella que, dice Cervantes en "Viaje del Parnaso",
Fragmento de la entrevista realizada por De Igual A Igual en Salamanca, cuando le fuera entregado a Gelman el Premio de Poesía Reina Sofía
Juan Gelman, galardonado recientemente con el Premio Cervantes, defendió la vigencia de la poesía en "estos tiempos mezquinos [y] de penuria", según la definición de Hölderlin. "[E]n el [mundo en] que cada tres segundos y medio un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza [...] ahí está la poesía: de pie contra la muerte". Juan Gelman ha visto a la muerte a los ojos, su vida está marcada justamente por la persecución y las dictaduras, y, durante el discurso pronunciado durante la entrega del Premio Cervantes de manos del Rey de España, destacó la importancia de las obras de Santa Teresa y San Juan de la Cruz durante su exilio obligado.
El libro, ese objeto compacto y laberíntico desde el que otros hombres misteriosamente nos hablan, ha sido compañero nuestro mucho tiempo. Hace casi dos mil años, en un texto que suele considerarse una de las primeras referencias escritas a un libro, el poeta latino (e hispano) Marco Valerio Marcial descubre ya su enigma en un hermoso dístico elegíaco que constituye el fragmento 184 de sus Apophoreta: "Homero en un códice de pergamino"/ La Iliada y Ulises, enemigo del reino de Príamo,/ unidos en los pliegues de la piel seductora se esconden. ("Homerus in pugillaribus membraneis"/ Ilias et Priami regnis inimicus Ulixes/ Multiplici pariter condita pelle latent.) A lo largo de los siglos, en los libros ha ido decantándose algo de lo mejor del espíritu humano, y no sería razonable ni justo pensar que esto no ha de seguir ocurriendo por más problemas que surjan en algún momento.
Era necesario y urgente un libro sobre Colombia. En primer lugar porque este país representa el panorama más avanzado de despotismo y terrorismo de Estado que ha logrado presentarse como democracia. Las dictaduras se han sucedido en muchos países de América Latina, todos lo sabemos, pero Colombia ha conseguido la fachada perfecta para que el mundo crea que es un sistema democrático. Desde 1958 el gobierno ha estado en poder de civiles y su apariencia fue desde entonces de democracia.Una democracia en la que se han asesinado cuatro candidatos presidenciales, en la que se han masacrado a tres mil dirigentes de una opción política que intentaba reinsertar a la vida política a la guerrilla, la Unión Patriótica; donde de cada doscientos colombianos uno en un soldado en activo -el doble de soldados que en España sin tener misiones internacionales como nosotros-,...
Víctor Raúl Haya de la Torre solía elogiar en vida a todo aquél a quien viera con un libro en las manos. Pero la realidad literaria es mucho más compleja de lo que pensó el viejo político.
En contraste con lo que hemos oído toda la vida, no todos los libros son buenos. Para comprar o leer un libro su contenido debe ser atractivo y práctico. Imagínese quién en el Perú leería tres tomos sobre los debates constituyentes de 1999 en Venezuela, un reporte sobre el genocidio turco de búlgaros en 1878, un ensayo sobre el conflicto pesquero de 1973 entre España y Gran Bretaña, una monografía sobre las víctimas de la guerra civil congoleña en 1964 o una tesis sobre la economía de Vietnam del Sur en 1955. Nada de esto sirve a la cultura peruana, solamente es desperdicio de tinta, papel y dinero.
Hace veinticuatro años se nos fue Cortázar, el 12 de febrero de 1984, en el hospital Saint- Lazare, en París, un domingo radiante después del medio día. "Estaban con él Aurora Bernárdez (su primera esposa) y Luis Tomasello –cuenta el argentino Mario Goloboff, uno de sus mejores biógrafos-. El 14 por la mañana, el coche que se dirigía desde la rue Martel al cementerio de Montparnasse describió un extraño itinerario. El trayecto habría podido ser casi directo, pero una suerte de rayuela involuntaria lo condujo hacia los jardines de Luxemburgo y a pasar por la plaza donde se levanta la estatua de Balzac.
por José Giménez Corbatón, María Aldea y Abbé Nozal en Rebelión
Cualquier enciclopedia, la Larousse por ejemplo, proporciona un par de acepciones de “utopía” que convienen a la novela de Manuel Talens que hoy recomiendo: “Plan ideal de gobierno, en el que todo está perfectamente determinado”. Y “cualquier plan o sistema bueno y halagüeño, pero irrealizable”. Claro que, también podemos toparnos con una apostilla a ambas definiciones, según la cual ese proyecto irrealizable, imaginario, exige una revalorización crítica que plantee un horizonte de superación al límite de las posibilidades humanas. La utopía puede no hallarse en parte alguna, pero no por ello debe dejar de ser una aspiración ineludible.