Apadrina un banco PDF Print E-mail
sin preocupaciones 
 
por Roberto Moura en Suicidiario

Un yogur natado al despertarme, quiero tener el estómago adecuado para digerir el día que se me avecina. Octubre se instala en el calendario ofreciéndonos lo que sabe. Acabo de salir de la cama con el cuerpo aún arrugado por las sábanas, haciéndome parecer cualquier bestia. Un café exige a mi sistema nervioso que esté alerta. Ya vale de sustancias y fermentos. Me siento a escribir, que se muevan mis inercias, no queda otra.

Saco de viaje mis discernimientos y comienzo a rebuscar en el mercadillo de la actualidad. Pero no es propio de mí hablar de ella, no. No entra nunca en mi propósito. Leo la prensa para ver el mundo que hemos construido y es justo el que quisiera derribar a costa de mi olvido. Están las mentes opinando de temas propuestos como si fuera lo importante, lo imprescindible, pero está la pizarra tan escrita que apenas se distingue nada.

Tropas de veintegenarios conquistan a voces, las calles, con esa fuerza insensata que posee la juventud. Tan necesaria es entonces la manada. Hacer lo que otros hacen. Tener al menos referencias. Y yo que nunca las tuve, ¿qué hago? ¿Seguir a los primeros que berrean? Del heavy me gustaba hasta los dos primeros gritos. Por eso, quieto. Y un buen silencio. Ser tan solo el contenedor de todas mis basuras. Que no agitar antes de usarme. Dejadme tiempo, que me detengo. Extasiado por lo que me rodea, y cómo me rodea. Así contribuyo satisfecho a engrandar las estadísticas de esta gran empresa nacional que es PAROSA (ParoSociedadAnónima). Represento personajes de colores cuando estoy acompañado pero por dentro voy de negro, de negro oscuro, sin matices. Me siento como un dibujo desanimado al que no le gustan sus viñetas.

Busco un sitio que tenga sol, quiero morirme moreno, dejar un cadáver lo más decente, lo menos estresado para que prenda mejor y libere con el humo, cosas buenas. Lucho constante contra el aire de succión, a punto siempre de ser absorbido por los imperativos dominantes. Que yo vine a ser yo y no lo que otros quisieran. Y vine a ser bien poco… Iré a que me vea el especialista a ver si me minusvalora y me dan una pensión, que ya pondré yo el resto o lo que falte. Sin vacaciones, sin casa, sin perfume, sin ropa, sinvergüenza, sin colada. Acabaré borracho en cualquier tabernáculo bañado en jazz, ausente hasta de la presencia de las putas. El sueño de todo hombre que no se precie.

Ahora que te has ido, dejándome las sábanas manchadas de tu cuerpo, permaneces aún dejándome anatómicamente impreciso, el cerebro o el ventrículo no sé, constantemente acosquillado. Olfateando sin pudor el olor de esa batalla cuerpo a cuerpo en donde quedamos, no lo dudes, mucho menos heridos que al encontrarnos.
 
 
 
 

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