| Fauno y Flora |
|
|
|
|
por Roberto Moura en Suicidiario
Extensas
nubes grises tensan el celeste. El aire africano entra en la península
sin papeles ni pasaporte comunitario. El viento aún es aire pero ya es
húmedo. En la ciudad, hojarasca de árboles y cantidad de papeles,
primos hermanos, correteando por el asfalto presagian la descarga
acuática. Llueve pero seca. Estamos a merced del tiempo. Aquí, puede
hacer meternos en casa, qué suerte, en otros países, te la destroza.
Las cortinas sabiéndolo, vuelan cobardicas en las ventanas. Un
intercambio de corrientes las ondea como banderas blancas. Parece que
la calle, sin importarle, se rinde unánime por los balcones.
Porcentajes enormes de la ciudadanía degustan, también rendidos, basura
televisivamente programada. Los niños, no son horas, dan pelotazos a
discreción en pantalones cortos a un muro cientos de veces
autografiado, jugando en el parque pública e inconvenientemente
alumbrado. Las terrazas invitan a sentarte y a rechazar sus precios.
La luna sale cansada de estar llena, pero ilumina con ese reflejo
suyo de piedra. Mientras, púrpuras de gala despiden al sol cuando no
quiere ni vernos. ¡Qué anochecidas tiene mitad de julio! Imágenes
patrocinadoras de mi melancolía. Que avivan lo que siento, no ya por lo
que pasó, sino por estar ante lo eterno. Ante lo inabarcable, me siento
o me recuesto, humanamente más estupendo pero muchísimo mejor persona.
Invita el calor a no hacer nada y el sistema implantado nos permite que descansemos por medio meses. Que nos distraigamos a cambio de remover constante la economía. Crisis versus Rebajas. Comprar, tener, acaparar, desear, poseer… Verbos que bizquean nuestras miras. Nada de lo que yo hubiera propuesto cuando inventé en mi cabeza un mundo más emotivo lleno de verbos más entrañables. Pero a veces, tener razón es un error. Lo reconozco. Engullido ahora por todos los parámetros de este juego, conozco mis escasas posibilidades de escape. Dotado de ninguna característica especial ni digna de ser continuada: Abdico de ser hombre. El corazón es simple y maravillosamente una válvula que me obliga a fuerza de latido. Escribo esto, tumbado en una de las toallas más feas que he visto, bajo un pino aún por talar, que me rechaza constante y de vez en cuando bombardea su fruto contra mí, no importa, me preocupa más su envase. Pero siempre avisa, siendo noble y no traidor, un crujido que delata la suelta y la improbable puntería merecida del piñazo. ¡La naturaleza es tan preciosamente urbanizable! ¡Queda tanto campo por asfaltar! Todo paisaje es merecedor de un chalet de lujo, o como los pille un alcalde, de pisos oficialmente desprotegidos. Absorto, leo para estar al otro lado de la vida mientras en ésta, aparto inconscientemente los insectos. Manotazo sin querer y adiós mosquita muerta. Réquiem por su alma. El sol me rasca y pica por la espalda. Un bañador infame impide mi desnudez total, aprieta un poco pero conmigo, no se ahoga. Extraño contacto éste mío con la flora y fauna. “Hagamos de esta noche nueva, una perpetua Nochevieja estallándonos festivos en líquido confeti. Luego, tu manso pie ,como un pájaro salvaje, sobre mis mansas manos”. |








