| Por la desaparición de las Asociaciones de estudiantes en la Universidad de Salamanca |
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![]() por Daniel Molina / De Viva Voz No sé adónde irán a parar los esfuerzos de las asociaciones de estudiantes por demostrarse así mismas que son nuestros salvadores y los responsables de activar una crítica cultural y responsables ante las instituciones de la universidad, pero mientras tanto, a nivel nacional (o estatal como les gusta decir a algunos de los responsables estudiantiles), hemos refundado sin disenso y sin ningún esfuerzo salvavidas, el analfabetismo funcional según se puede ver en el último informe PISA de la OCDE.
Me indigna, aunque también me preocupa, que quieren que les diga, que este tipo de gente, teóricamente mis representantes, se otorguen la elevadísima responsabilidad de ser las personas que traten de cambiar las cosas. Sin solución de continuidad, esta jindama puede ser a las 10 de la mañana representante de UNE o de CEA, (las dos tienen niveles similares de sectarismo, aunque los niveles de corrupción son mayores en la segunda), a las 11 son ecologistas, a las 12, miembros de amnistía internacional, por la tarde, no deben descuidar sus influencias en JJ.SS. o en el PCE (ahí hay que trabajar fuerte, no vaya a ser que nos caiga un carguito), para ello, no hay mejor cosa que publicitarse con Chema Collados, líder carismático donde los haya. Conozco la obra de Fernando Savater con cierta profundidad, y para este tipo de casos, me gusta traer a colación su famoso discurso sobre la revolución democrática: “Nada en política es revolucionario si no es democrático.” El Dr. Jekyll, serio y responsable -podemos decir por nuestra cuenta-, se puede convertir por perturbaciones cerebrales en Mister Hyde, en un ser incapaz de anticipar el futuro, prever consecuencias y asumir responsabilidades. Justamente, cuando el hombre es el animal capaz de hacer promesas que la incólume endogamia impide cumplir. Por eso en ese discurso Savater afirma en la página 493 de La tarea del héroe: “Es preciso decir de inmediato que la democracia es un ideal o concepto límite de la organización social, no una fórmula política efectivamente existente aquí y ahora”. Todo esto cierra, claro está, un universo de posibilidades para hacer real ese principio de la ética científica que es el de beneficiar sin dañar. Justo el principio contrario que aplican las estructuras colectivas, esto es, representar para auto-promocionarse, hablar de todo sin saber de nada, opinar y actuar en base a unas estructuras marcadamente irresponsables. Para eso, además de acumular cargos y prebendas, también es imprescindible que los miembros de tu tribu consigan no vilipendiarte, es decir, no publicar artículos injuriosos que dañen las sacrosantas áureas de directores de la orquesta del Titanic, aquella que no se rendía nunca, aunque solo sea para estar loca por salvarnos la vida, a costa de cortarnos el cuello. En fin, son principios ante los que cualquier cosa vale: escribir comentarios autocomplacientes, o excluir a personas en otras actividades por el mecanismo del puro chantaje. Son principios según los cuales, todo está claro. Todo consiste en ignorar el concepto mismo de la belleza. Ignoran qué es el bien y cada cual lo confunde, como grupos de interés que son, con lo que le gusta o le conviene… ¿cómo van a ser capaces entonces de establecer lo que es verdaderamente bueno para los estudiantes? Afortunadamente, el 80% de los que estudian en la Universidad de Salamanca, no les concede ninguna importancia, como así se puede comprobar en la participación electoral en cada elección. No nos representan. No es que yo esté en contra o desconfíe absolutamente de la política, muy al contrario, lo único que siento con José María Ridao es nostalgia “de la respuesta razonada a los problemas de alcance general, a las cuestiones que afectan a los espacios comunes, no como acumulación de promesas particulares a los diversos grupos sociales realizadas por candidatos que exhiben impúdicamente lo que sienten, lo que asumen, lo que sueñan, lo que les gusta o no les gusta, como estrellas rutilantes de un reality-show”. Pero lo que hacen estos grupos de interés es instigar y para ello no conviene dudar de dudar, porque nos debilita, es más, si algún periodista pelota pseudo-progre como Ricardo Montilla, (aunque se pueda advertir que este señor, se hace pasar por alguien pretendidamente gracioso, y a pesar de que en las elecciones traslade su periodismo del corazón a textos donde el listón de la mediocridad y la chanza afecta de un modo global a la totalidad de fuerzas, y ya se sabe que si todos son iguales, pues se vota siempre al mismo), habla bien de mí, como canta Krahe, ya todo es vanidad. Pero ser ético, es decir, ser capaz de discernir, simbolizar y elegir valores, implica la reciprocidad del diálogo, la aceptación del intercambio discursivo. A estas alturas de mi vida la única certeza que tengo es que el maniqueísmo es el animal de compañía perfecto para “los santos de causas perdidas que discuten verdades armados con su piolet y se confunden de enemigo” como magistralmente canta Ismael Serrano. Siendo indignante, lo anterior constituye materia para estar esencialmente preocupado. Y es que, ante tanto acto, ante tanta representación, sucede que no queda tiempo para agarrar un libro y claro, la lectura es como el sexo, si no se practica, no se tiene placer, y sin placer la vida es un lastre increíble. Por ejemplo: El lector debe saber que junto a comportamientos más arriba descritos, los salvapatrias, alguna vez llamados siempreasíistas, que con nuestro dinero obtenido por estos grupos, a partir de las subvenciones que las asociaciones, CEA por ejemplo financia al PCE. Y todas realizan actos en los que gastando un pastón traen al diputado equis, o al personaje y, para organizar charlas, en ocasiones absolutamente minoritarias, como la última que organizó UNE y cuyos ponentes fueron Fernando Pablos, Gorka Esparza y Chema Collados. Entre medias, gastos y más gastos en carteles, en carpetas, en fotocopias. Un dispendio que lo único que crea son endogamias representativas e ideológicas, que, como no saben leer, llegan a defender las cosas más disparatadas y absurdas posibles. Por ejemplo CEA defiende la supresión de las tasas en la Universidad, sin haberse preocupado por hacer un mínimo estudio de quienes son las personas que en la Universidad de Salamanca, llegan a la Universidad. UNE defiende un precio especial para el bus por parte de los estudiantes, sin saber que los estudiantes son ellos, pero también la hija de Lanzarote, que en un determinado momento puede estudiar derecho. Con Logos y Philía en La Voz de Salamanca, no pretendo establecer por nada y ante nadie un torneo de conocimientos para utilizarlos contra el prójimo. Entre otras cosas porque soy miembro declarado del club fundado por Miguel Morey, esto es, “el club de los corazones solitarios en una cultura de masas, que hace mostrar, con una pasmosa sencillez, que la generosidad del conocimiento (y de la actitud humana) no pueden consistir en desplegar el saber que se tiene, sino más bien en crear, con ese saber, las condiciones para que el interlocutor alcance a saber aquello que necesariamente se ignora desde el saber que se tiene”. De ahí que para mí la lectura también sea un acto de generosidad. Del mismo modo que también lo sería la auto-disolución de todas las asociaciones de estudiantes de la Universidad de Salamanca.
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