| Votar por Isaías, es decir, por nosotros, los demócratas |
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VIVIR ES HABLAR
por Daniel Molina / El nombre es lo de menos
Escribía
Maurice Blanchot que “El hombre es indestructible y eso significa que
no hay límites para su destrucción”, lo que supone exactamente que la
violencia como instrumento político es una letanía constante aun en
tiempos en los que la memoria de procesos terroristas estaba ya entre
nosotros en los confines del ruido.
El tiroteo que ha costado la vida a Isaías Carrasco, ha actualizado
aquél eco tímido en forma de estruendo. Pablo Ordaz, ayer en EL PAÍS
escribió un deseo que escondía una sorpresa no deseada: “Que hoy sólo
sea jueves, y mañana sólo viernes”, escribía el periodista recordando
lo sucedido hace 4 años. Pero la sospecha es un material emocional de
naturaleza intuitiva y cronología anterior a la información en posesión
del Gobierno de la nación. Precisamente por ello, resulta fundamental y
pertinente la opinión ponderada y el análisis de los modos en que las
diversas sociedades, producen y gestionan los relatos sobre los hechos
violentos en un tiempo traumático. Esta debería ser nuestra lógica, es
la lógica de la paz, es la lógica de la Democracia y la convivencia
cívica.
La del terrorismo es de sobra conocida. Sencillamente porque parte de la premisa de que no todo acto criminal es necesariamente una acción de violencia, sino político y de liberación, lo que hace que además puedan llegar a justificarse de manera diversa y hasta opuesta, e incluso se puedan establecer categorías de violencia a una determinada acción que para otrora grupo social no lo represente. De manera que se hace necesario definir en este punto lo que puede significar el valor de percepción de una acción individual o colectiva para la ulterior construcción de una acción ante el proceso de fin de la violencia que aparentemente había iniciado el mundo de E.T.A. En este ejercicio, José Luís Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y el resto de representantes de la ciudadanía deberán incidir en la apreciación y la capacidad de localizar los elementos de persuasión, que son los que entran en juego y toman protagonismo en la interpretación de estos hechos acaecidos en forma de balazos. No debemos caer, por muy grave que nos pueda parecer lo acontecido, en la respuesta emocional evidente y lógica que Primo Levi , ha escrito y descrito como la esencia de lo que entendemos comúnmente por comprender, y que coincide, ante momentos de tensión y gestión emocional, con simplificar: “sin una profunda simplificación del mundo que nos rodea sería un embrollo infinito e indefinido que desafiaría nuestra capacidad de orientación y de decidir nuestras acciones. Estamos obligados a recurrir a un esquema cognoscible. […] la diferencia de dividir entre “nosotros” y “ellos” es tan imperiosa, tal vez por razones que se remonten a nuestros orígenes de animales sociales, que ese esquema de bipartición entre amigo-enemigo prevalece sobre todos los demás. […]. En una experiencia traumática como es el tiroteo terrorista de un ciudadano, sucede casi siempre darnos contra una barrera de sentimientos, o encontrarnos ante un ser humano que fue, con quién se hace necesario establecer una comunicación urgente, y bajo pena de perder la vista si no la realizamos. Esta es la razón que me impulsa a escribir este texto. El sentimiento de dolor hacia una persona inocente como Isaías Carrasco, así como sus familiares y amigos. Amable lector, estoy en estas líneas, preso de una emoción particular, entre la lágrima y la rabia, entre la tristeza y el impulso de reaccionar lo más democráticamente posible ante lo sucedido. ETA una vez más ha conseguido atrapar nuestros anhelos, nuestra cotidianidad en algo que queda súbitamente a merced de un sentimiento de dolor, que nos lanza a un recuerdo aterrorizado por el macabro cartesianismo de la máquina represiva que constituye un terrorismo que, además de estar derrotado, no tiene ningún sentido. Y entonces siempre fluyen los misma semántica, la misma fraseología. Condolencias, énfasis en la solidaridad, unidad… En realidad este es un discurso del miedo del que yo no voy a caer. El dolor siempre solidariza el miedo, y el miedo siempre cohesiona una identidad discursiva de la que algunos siempre sacan ventaja. Yo no voy a procurar caer en esta dinámica y voy a expresarle en las líneas que siguen, mi más sincera opinión. Empezaré diciendo que el próximo domingo iré a las urnas a votar - recomiendo que todo el mundo acuda - contra ETA. Yo lo haré por el Partido Socialista. Y espero y deseo que mi voto sea mayoritario. Votaré con todas mis fuerzas, y también con la misma intensidad desearé que el PP pierda. Este partido lleva 4 años utilizando el terrorismo. Hoy han matado un demócrata. Pero el PP en vez de apoyar al Gobierno, ha salido marcando las discrepancias. Esta situación repugnante no se ha vivido jamás. Hace unos días Aznar aseguró que el Gobierno negocia y negociará con ETA. Ayer Pujalte lo repitió. Éticamente el PP no debería gobernar. Y desde luego con mi voto haré mi aportación – con todas mis fuerzas- para que ello no suceda. Tampoco considero útil votar a Izquierda Unida, ya que es un partido que mantiene un maridaje con ANV en algunos ayuntamientos y está en contra de la ilegalización de ese partido, además de defender el referéndum ilegal de Ibarretxe. El verdadero voto útil está en apoyar al PSOE para que este partido consiga mayoría absoluta. Los acontecimientos lo reclaman. La situación lo exige. España debe firmemente seguir una política clara y firme contra el nacionalismo. Debe modificar la financiación autonómica y cambiar la constitución para delimitar las competencias de CC.AA. y Estado. Además, parece necesario modificar el funcionamiento y las instituciones como el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional. Estas modificaciones sólo se pueden hacer con consenso, pero fundamentalmente, se pueden hacer con un gobierno fuerte que no dependa de partidos nacionalistas. Por eso resulta más útil que nunca votar al PSOE. Para los terroristas tanto el deseo como la necesidad, son a día de hoy, el pariente pobre de la realidad de los hechos. Sin embargo, para los demócratas, este deseo de simplificación está justificado, pero la simplificación en sí misma como acción, no debería estarlo. La confrontación política sobre la gestión de un atentado salvaje, cruel inevitable, en ningún modo, debe representar otro material explosivo. Escribía Luciano González Egido sobre Unamuno que “el hombre nace con la palabra y es la palabra la que le hace al hombre. Vivir es hablar. Y en democracia, para hablar y para vivir hay que participar y votar. Que nadie deje de votar el domingo. Por Isaías, es decir, por nosotros, los demócratas.
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