Aquí un golpe…

Crónica desde Sao Paulo, sábado 19 de marzo de 2016

por Paulo Pecanha

Las manifestaciones del domingo 13 de marzo contra el Partido de los Trabajadores, Dilma, Lula y la corrupción fueron impresionantemente grandes en todo el país. La de Sao Paulo fue la mayor de toda la historia de Brasil.

Claro, no había estudiantes, ni intelectuales, ni sindicatos, ni movimientos sociales, que están asustadamente quietos.

Hubo entre lunes 14 y el martes 15, otras denuncias graves y, después de muchos “arreglos”. Dilma decidió nombrar a Lula como primer ministro. Inmediatamente se armaron, otras manifestaciones, esta vez contra del nombramiento de Lula.

Un juez (que participó de las manifestaciones) determinó la anulación del nombramiento de Lula. Salieron a la calle más manifestantes de nuevo contra Lula.

Esto es un verdadero quilombo, no me imagino cómo se va a resolver, pero de hecho el gobierno de Dilma se hace insostenible.

El esquema de corrupción en el que, como un todo, se metió el PT, es objetivo y enorme, casi increíble.

La corrupción entre los políticos de este país no es ninguna novedad. Y están o han estado todos metidos; parece que el PT ganó de todos.

Un juez, Sergio Moro, encargado de la “operación lavajato” (término usado para los equipamientos para lavar autos) que investiga los robos en la Petrobras, ha sido evidentemente selectivo, no dando continuidad a denuncias sobre otros políticos y concentrado selectivamente con los políticos del PT, especialmente Lula.

Auxiliado descaradamente por la prensa, estas denuncias selectivas han tenido una repercusión enorme, especialmente la “clase media”.

Para mí no hay duda sobre la participación de casi todos los petistas en reales actos ilegales, inclusive donde aparece muchísima plata contada, a veces, en millones de dólares. Lo reaccionario de la cosa está en la selectividad y la difusión masiva e insistente de esas noticias en la TV, diarios y revistas junto al silencio sobre otras noticias que acusan a la oposición.

El PT no consigue defenderse porque está con cola de paja.

Pero lo más importante, para mí, es que el PT no ha tenido capacidad, no ha querido o se ha cagado de convocar a las masas.

Esto no es nuevo, hace mucho que el PT ha desistido de esta movilización. Por el contrario, el PT ha concentrado sus esfuerzos en hacer alianzas con otros partidos y/o políticos.

Resultado, las manifestaciones de la oposición y la derecha (industriales, sectores medios y lúmpens) consiguieron juntar, por ejemplo, más de un millón de personas el domingo en Sao Paulo, contra la corrupción (vista como exclusiva del PT), contra Lula y contra el gobierno Dilma, pidiendo su impichment (juicio político para destituirla)

El viernes 18, hubo finalmente un llamado a manifestaciones en defensa del gobierno y Lula. En Sao Paulo juntaron unos 300 mil.

Tanto el domingo -contra- como el viernes -a favor- las manifestaciones se sucedieron por todo el país.

El gobierno está extremamente solo, desgastado y con índices de aprobación ínfimos. Trata desesperadamente de conseguir aliados. La tentativa de incluirlo a Lula como primer ministro ha fracasado con impedimentos legales inventados, traídos de los pelos.

Como de costumbre, la tentativa de incorporar Lula al gobierno tenía por objetivo político esas alianzas transformadas en fundamentales por el PT. Se imaginaba que Lula conseguiría concretarlas con más facilidad dado su antiguo prestigio.

Tal como van las cosas y la fuerza de la oposición PSDB (Partido Social Demócrata Brasileño) de Aecio Neves, la situación del gobierno se hace insostenible. Lo que era base aliada del gobierno (del vice Temer del Partido del Movimiento Democrático Brasileño) ahora hace parte también de la oposición.

Sectores del PT también estaban en la crítica a Dilma un poco –un poco nomás- a la izquierda. Ahora, ante la situación caótica se colocaron en el mismo barco junto al gobierno.

Este proceso viene de lejos, diría casi desde la posesión de Dilma. Es, de fahecho un golpe mediático sustentado por buena parte del Poder Judicial.

Lula, fuera del gobierno, probablemente irá preso con cualquier argumento falluto. Dilma…no sé; no tiene, a mi modo de ver, mucha salida: renunciar o resistir lo más posible al proceso de impichment y a las movilizaciones contra ella.

La similitud con Argentina es notable. Un gobierno neoliberal imaginado como “de izquierda”, sustituido por un gobierno de tinte fascista. Apenas en Argentina se procesó una elección y aquí un golpe.

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