Brinkmann: ¿la Moscú chica?

por Mariana Mastrángelo

La crisis de la industria láctea que afecta a La Serenísima y SanCor, implica no solo el peligro de perder miles de puestos de trabajo sino la sobrevivencia de pueblos y ciudades cuya economía está íntimamente ligada a este tipo de agroindustria. Este es el caso de SanCor, en la ciudad de Brinkmann, al noreste cordobés. Esta ciudad, de casi 10000 habitantes, creció a un ritmo acelerado con la industria láctea, y es la cooperativa SanCor la mayor fuente de trabajo en la ciudad. Hoy por hoy peligra la continuidad de la producción de quesos y leche en polvo que se produce en esta planta, perdiendo a lo largo de los últimos años más de 400 puestos de trabajo, quedando en la actualidad 133 obreros que pueden perder su fuente laboral de un momento a otro. Este lento proceso de decadencia de la industria láctea en la zona tiene varias causas. Una de ellas refiere a las fuertes inundaciones que viene sufriendo en los últimos años la cuenca lechera y la dificultad de abastecerse de leche fluida. Otra de las causas de la difícil situación que atraviesa la planta la sintetizó Manuel Ocampo, gerente de la Asociación de Productores de Leche. Él recordó que «en su momento el rescate que le propusieron [a SanCor] fue venderle a Venezuela, lo que terminó siendo un salvavidas de plomo. Por muchos años estuvo vendiendo casi el 70% más que el precio de lo que vendían las compañía de la Argentina; pero el cliente que eligió fue el peor de todos porque terminó sin cobrar».

En este sentido, el problema de SanCor termina siendo de carácter estructural y de muy difícil solución. El intendente de la ciudad, Gustavo Tévez (peronista de Unión por Córdoba y hoy aliado a Cambiemos), admitió que «vemos con honda preocupación esto porque con SanCor cierra parte de nuestra historia, porque Brinkmann creció con la planta de SanCor». Luego explicó que la economía de la ciudad «se mueve en lo que es la agroindustria y la producción lechera», y añadió «esta fue la segunda planta que puso en marcha SanCor, que nace de la unión de los productores de Brinkmann y Sunchales que luego de la crisis del año 30 gestaron esta unión de cooperativa de segundo grado».

La vinculación que hace el intendente Tévez entre «nuestra historia» y la cooperativa SanCor cobra sentido si lo ponemos en contexto ya que está rescatando una historia donde el cooperativismo estuvo presente desde los primeros años de la historia de Brinkmann. Y éste se imbricó con una tradición obrera y de izquierda que abarcó todo el departamento San Justo desde principio del siglo XX. Anarquistas, socialistas, radicales rojos y luego comunistas, se hicieron presentes en San Francisco y en Brinkmann, «ayudando» en conflictos obreros, que se dieron en las zonas rurales, recogiendo el ideario del Grito de Alcorta y «sembrando conciencia», como decían los anarquistas, que en lugares remotos de la pampa húmeda armaban en piecitas humildes escuelas de primeras letras y Asociaciones de Oficios Varios. Y en las ciudades, como el caso de San Francisco, con la huelga el Tampierazo, en el año 1929. Desde la década de 1920 militantes comunistas como los hermanos Jesús y José Manzanelli, el socialista Mario Bravo, eran personajes habituales en actos, actividades culturales y en especial, los hermanos Manzanelli, junto a Antonio Maruenda, organizaron a los obreros y obreras de la fábrica de pastas Tampieri. Este conflicto paralizó a la ciudad por más tres meses y llegó a funcionar un «comisariado del pueblo» o «sóviet». A pesar de que la lucha obrera fue brutalmente reprimida, como consecuencia de la huelga, nació el Sindicato de Oficios Varios, que organizó a los trabajadores en sindicatos y la izquierda creció en la zona, llegando este movimiento a los pueblos vecinos, como Brinkmann. A este pueblo, de no más de 2500 personas, en la década de 1950 llegaron Aldo Caponi proveniente de Rosario y el inmigrante italiano Renato Ninfi, con ideas de izquierda y con la intención de «organizar» la zona. La predica marxista pronto «germinó» entre los locales, y en el año 1958, ganó la intendencia del pueblo un comunista: el obrero de la construcción Félix Stradella. En pleno período de proscripción del peronismo y división del radicalismo, los comunistas ganaron una intendencia en el interior de la Argentina. Puede llamar la atención que en un pequeño pueblo de no más de 2500 personas, los comunistas se impusieran con 753 votos. Pero como ya se mencionó anteriormente, desde hacía tiempo las ideas de izquierda llegaron a estos lugares de la pampa húmeda. Estas tradiciones se entrelazaron con la de los criollos y conformaron una cultura de izquierda. Cuando los comunistas hicieron su campaña proselitista, descubrieron que eran «bien vistos entre la gente trabajadora», según recuerda Juan Bogliero, concejal comunista de esa época. El trabajo que realizaron fue de hormiga, salieron a los barrios, los campos donde tenían muchos adherentes entre los tamberos, que en general venían del peronismo.

La intendencia comunista fue muy resistida, como era de esperarse, entre la burguesía local y sobre todo por la Iglesia. La «Moscú chica» se convertía en una «amenaza» ya que desde sus medidas tendieron a mejorar la vida de los brinkmanenses, como regular los precios de la canasta básica, arreglar los caminos rurales y las calles de la ciudad, mudar el basurero fuera de la ciudad, ampliar el cementerio, entre algunas de ellas. Como recuerda Bogliero les faltó tiempo, ya que en el año 1960, a solo dos años de mandato, el gobierno nacional intervino las provincias y los municipios. De esta manera llegaba a su fin la experiencia comunista. Aunque su legado ha quedado vivo entre la gente, ya que todavía hoy se recuerda a la misma como una «correcta administración comunal» y a Félix Stradella como un «bohemio y soñador, pero un intendente que caminó las calles y se ocupaba de su gente».

¿Podrá el conflicto de SanCor revivir el legado de Stradella?

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