Hambre!! Resuena esta palabra como una advertencia apocalíptica. Hay hambre en el mundo. La crisis de los alimentos ha llegado, nos anuncian. Pero un habitante del lado sur del planeta sabe que el hambre no es nuevo. Que en Argentina, por poner un ejemplo, los niños se mueren "literalmente" de hambre desde hace muchos años. Sí, el país de las vacas, los campos, la pampa húmeda, el país que produce alimentos para 300 millones de personas, mata a diario a sus hijos, a los hijos del pueblo. Un documental. Memoria del Saqueo, de Pino Solanas. Una imagen: el funeral de un niño de unos 5 años en una villa miseria de la norteña provincia argentina de Tucumán. Otra imagen: médicos pediatras del Hospital de Niños de esa misma provincia procurando explicar el hambre y la desnutrición infantil. Para los niños argentinos que durante la década del '90 han muerto de hambre, la crisis alimentaria de hoy es un cuento chino. Para ellos y para los miles y miles de pobres que a diario mueren de hambre en el planeta la respuesta es simple: distribución, distribución, distribución. Que alimentos hay. Pero mal, muy mal distribuidos.
Por
todo el mundo siguen aumentando los precios de los alimentos y en los
países más vulnerables resultan en situaciones intolerables como
hambrunas, a menudo combinadas con sequías o inundaciones, efectos
perversos del cambio climático. Ante la gravedad de la crisis, caen
máscaras y se vacían discursos, como la receta de los agrocombustibles
y los supuestos beneficios del libre comercio y la agricultura de
exportación.
Los
partidos monopolizan la actividad política. Con nuestra contribución en
forma de voto, están legitimados para encarnar la representación
delegada que le encomienda nuestro ordenamiento democrático. Si esto es
así, que así parece, entonces, nosotros los ciudadanos tendríamos que
reclamar de estas formaciones políticas, que se adecuen y funcionen
democráticamente.
Ciertamente, como decía en el artículo anterior,
el anarquismo se caracteriza por mantener las exigencias fundamentales
de una sociedad digna del apelativo de democrática, sin hacer renuncias
ni concesiones. Es posiblemente por eso por lo que termina siendo
siempre una de las opciones políticas más radicales, esto es, que va
más a la raíz de los problemas y de las posibles soluciones.
Aunque hoy no se lea tanto a Marx como se le leía hace unas décadas, todavía las personas cultas consultadas en Inglaterra, el país en que vivió durante su madurez y en el que murió, siguen considerándole el filósofo más importante de la historia. Esto suena a paradoja. Primero porque, hablando con propiedad, como recordaba hace poco Toni Doménech, Marx fue más científico social que filósofo. Y después porque esa consideración choca con lo que muchos intelectuales encumbrados por los principales medios de manipulación de masas vienen diciendo en los últimos tiempos sobre el marxismo.
Lima.
¿Sabían ustedes lectoras y lectores que la primera constitución de
Bolivia (1825) fue redactada por Bolívar y sus amigos en Lima, antes de
haber puesto un pie en el territorio de lo que entonces se llamaba
“Alto Perú”? Prácticamente en todos los países de América Latina,
quienes hicieron las constituciones fueron los criollos descendientes
de españoles y portugueses. En países como Ecuador, Bolivia y Perú, no
fueron invitados al banquete los llamados indios que representaban
cuatro quintas o tres cuartas partes de la población. Por esta
exclusión de principio nacieron los estados naciones con un estado, una
nación, una lengua, una religión, ignorando por completo a los
habitantes originarios. Tampoco los pueblos indígenas estuvieron en
condiciones de exigir una invitación ni de presentarse al banquete
republicano porque a la derrota de la primera revolución nacional
indígena dirigida por Túpac Amaru y Túpaq Katari, en 1781, le siguió el
exterminio de cada uno de los miembros de las familias de ambos líderes
y la liquidación de todos los indígenas que habían aprendido a leer y a
escribir y que podrían haber seguido su ejemplo.
Cada
vez es más evidente que la crisis económica que se está incubando a
partir del estallido de las hipotecas basura con epicentro en Estados
Unidos tendrá consecuencias sociales nefastas. Es la primera crisis
global del sistema y afectará a todas las economías dependientes.
Estamos, por decirlo por la tremenda, ante una guerra económica. Y como
en toda contienda bélica de carácter mundial, habrá muchas víctimas y
el desastre se cebará sobre todo en las clases más humildes y débiles.
De hecho, todos los movimientos que están realizando los gobiernos
afectados se dirigen a cargar la crisis sobre las espaldas de los
contribuyentes. El cinismo del sistema nunca ha sido mayor y la
indiferencia más cómplice. Son los más perjudicados por la crisis
quienes van a ser reconducidos a pagarla. Las víctimas, en esto como en
otras tantas situaciones en que el poder actúa de oficio, serán quienes
compensen a los verdugos. El tan cacareado ajuste económico significará
una implosión social y política de dimensiones insospechadas.
No
nos queda tiempo para el sosiego de las reflexiones estratégicas. Tal
vez por eso no sea habitual analizar si es razonable que toda la
derecha esté contenida en un solo paquete con una sola etiqueta. Dentro
del PP han estado metidos Eduardo Zaplana y Ángel Acebes, Josep Piqué y
Alberto Ruiz Gallardón. No parece que puedan estar en el mismo cesto
cómodamente instalados Federico Jiménez Losantos, Pedro J. Ramírez y
militantes que sean capaces de asumir que en política no vale todo, que
no se puede poner en tensión las instituciones hasta el límite y
realizar políticas como las que estos individuos realizaron alrededor
del atentado del 11-M. Mariano Rajoy no se ha distanciado de Pedro J. y
de la COPE sino que estos poderes fácticos siniestros de la sociedad
española lo han repudiado a él. El engaño sería que la elección de
Rajoy por una autonomía política de esas servidumbres ha sido una
elección propia.
Voy a descubrir la pólvora: Estados Unidos padece la falta de
un partido de clase, obrero y campesino. Eso no es nuevo, simplemente,
y como dice Michael Moore (si no mal recuerdo, y entre otros muchos,
también Chomsky), tienes dos opciones, o votas a la derecha, o votas a
la derecha. Podemos matizar: o votas por una "muy derecha y
conservadora" o votas por la "derecha entre liberal y keynesiana".
Aunque a veces son justamente lo contrario, tal vez siempre los
"republicanos" lleven la delantera en el tema religioso, pero no
apostaría mi vida en ello. Los "demócratas" se alejan de hecho de
cualquier visión de izquierda, incluso Obama, la alternativa y el
cambio, adelanta por derecha a Gordon Brown con distancia, como a
cuatro carriles. Y eso ya es mucho decir. ¿De quién es el voto obrero
en Estados Unidos? ¡Del mejor postor! Así que ya está montada la subasta.
por Damien Millet en CADTM / Traducido por Caty R. en Tlaxcala
El artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos estipula que:
«Toda persona tiene derecho a un nivel de vida suficiente para garantizar su salud, su bienestar y los de su familia, especialmente para la alimentación, el vestido, el alojamiento, la sanidad y los servicios sociales básicos».