Algunas reflexiones sobre la coyuntura

por Alejandro Olmos Gaona

Leo a diario en algunos medios alternativos y en los post que aquí se publican, voces que se muestran asombradas por decisiones adoptadas por el gobierno, y se sorprenden sobre determinadas políticas que piensan implementarse en distintos ámbitos. Créanme que me cuesta entender tales actitudes, ya que nadie podía esperar otra cosa del llamado espacio CAMBIEMOS.

Antes de las elecciones, escribí en Facebook: «En el caso de Macri, el cambio se traducirá solamente tener un Estado subsidiario, limitado a tener injerencia solamente en aquellas cuestiones que no les interesan al capital privado; abrir la Argentina al mercado de capitales, para que volvamos a la vieja historia que todos conocemos, reducir la cultura a algunos pocos espectáculos ocasionales, como los producidos en la ciudad y volver al concepto de “la Argentina Moderna” que señeramente marcara Martínez de Hoz en 1976, con todo lo que ello significa en cuanto al Proyecto de País que nos espera. Recordemos que a partir de 1976, la idea básica se plasmó en un difundido enunciado: “achicar al Estado es agrandar a la Nación”, premisa que ocultaba una idea fundamental, y que era la de destrucción del propio Estado al que había que reducir a la categoría de un mero ente administrativo, con funciones limitadas a lo que fuera imprescindible para su funcionamiento, pero donde las líneas rectoras iban a ser trazadas por el poder financiero que se había adueñado del país.» Agregaba más adelante: «Macri no va a traicionar sus antecedentes, su equipo y aquellos que circulan como posibles funcionarios, son conocidos y en muchos casos ya intervinieron en la función pública. La deuda de la ciudad de Buenos Aires es un claro ejemplo. Como no pudo cumplir con las obligaciones contraídas en moneda extranjera, el gobierno de la ciudad, contrajo nueva deuda para pagar la vieja, cumpliendo con la venerable tradición del endeudamiento. Su posición respecto a las empresas públicas es conocida, como así también sus preocupaciones educativas, donde prioriza el gasto selectivo en aquello que pueda dar alguna utilidad».

Lo que estamos viviendo es una confirmación de lo que pensaba el año pasado, debido a lo cual, hay que esperar un modelo de país ceñido a tales criterios, donde esa frase tan repetida por los economistas del sistema «debemos abrirnos al mundo», es nada más y nada menos que someternos a las normas que dicta ese mundo integrado por un selecto grupo de potencias que todos conocemos y son los que dictan las normas de lo que se debe o no hacer, para supuestamente pertenecer a él. Ello incluye el respeto irrestricto a las políticas del sistema financiero (el real poder), donde simplemente somos parte de un engranaje para el enriquecimiento exponencial del mismo.

No puede negarse, que el gobierno actual recibió una situación económica en extremo complicada, lo que muestran como argumento para la toma de decisiones que van desde la eliminación de los subsidios, hasta los despidos discrecionales, aunque ello constituye la periferia de las complicaciones económicas que nos afectan.

Es innegable la existencia de ñoquis en la administración pública, de vagos que utilizan los recursos del Estado, y que no son privilegio de la administración kirchnerista, sino que vienen desde muy lejos, y que es una situación con la que había que terminar. Empero una cosa es terminar con estos aprovechadores y otra muy distinta efectuar despidos indiscriminados, sin analizar en cada caso lo que corresponde. También resultaba necesario eliminar ciertos subsidios, que mostraban una injusta aplicación tarifaria, pero no es posible admitir subas indiscriminadas de tal magnitud, que no solo van a afectar un enorme sector de la población, sino encarecer los costos de todo aquello que se comercialice, aumentando la espiral inflacionaria y nuevamente castigando a los que menos tienen. Como contrapartida, se subsidia a las petroleras con cifras que van a exceder los 4500 millones de dólares. Como siempre hay sectores privilegiados, que son los que integran el capital más concentrado.

Respecto al endeudamiento externo, y aunque nunca compartí la política llevada a cabo partir del año 2004, que ha permitido que mientras pagáramos en 10 años más de 160.000 millones de dólares, tengamos una deuda pública que excede los 251.000 millones de esa moneda, las últimas decisiones conocidas muestran que comenzará una nueva política financiera. Esa nueva política de nueva no tiene nada y si de muy vieja. Es volver a recurrir a los préstamos del sistema, endeudando al país a tasas imposibles de pagar en las actuales condiciones, cuestión esta que utilizó Macri, como jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Como no podía pagar la deuda con los bancos extranjeros, emitía nueva deuda para cancelar la anterior, a mayores tasas, e incrementando los montos.

Naturalmente, que todo ese endeudamiento, ahora tiene algunas características especiales, como recibir 5.000 millones de dólares, y entregar como garantía durante casi un año 10.000 millones de dólares en títulos. Conozco muy bien quien es el Presidente del Banco Central, actualmente procesado por sus «actividades financieras» en la función pública en el año 2001, que llevaron a que la deuda se incrementara en 55.000 millones de dólares, además de pagarse descomunales comisiones a un selecto grupo de banqueros. No se puede esperar otra cosas, que esas operaciones continúen y la deuda siga creciendo, pero ahora más externamente.

Para promover el desarrollo minero, se han quitado las retenciones a uno de los sectores más depredadores del ambiente, que además de disfrutar de una serie de exenciones impositivas, ha tenido enormes ganancias en todos los lugares donde se apropian de nuestros recursos. Hace poco conocimos la contaminación de la Barrick, es viejo asunto la contaminación de Minera Bajo la Alumbrera, y pareciera que estas cuestiones, junto a otras tantas que podrían mostrarse, forman parte de un modo de explotación que no «inserta en el mundo» aunque nos contamina y destruye fronteras adentro.

Podría seguir deteniéndome en mucho de lo que estamos viendo (inconstitucional modificación por decreto de la Ley de Medios, un INDEC, que parece suspendido en el limbo, ya que no muestra cifra alguna, los cada vez más reiterados abusos de las fuerzas de seguridad, el reiterado nombramiento de gerenciadores privados en los organismos del Estado, la propuesta como ministro de la Corte, de un destacado jurista que siempre defendió el interés privado, nunca los negocios públicos, etc etc) pero todo es suficientemente conocido.

Lo preocupante, es este nuevo CAMBIO que se propone, que es volver a políticas que ya fracasaron estrepitosamente, dejando un tendal de pobres, marginados, excluidos, y el enriquecimiento exponencial de otros, que tienen todos los recursos a su alcance para seguir usufructuando aquí y en el exterior del trabajo argentino. Es crear un país supuestamente «moderno» «insertado en el mundo» para los sectores del privilegio, es hablar en exceso y a borbotones de la corrupción que existe, pero nunca hablar de la injusticia que nutre las relaciones entre los trabajadores y los dueños del poder. Y cuando se habla de corrupción, solo hay referencias a los corrompidos y nunca a los corruptores que son las grandes corporaciones, para las cuales solo existe el derecho y el orden judicial de sus decisiones, ya que ningún magistrado se atreve a ponerlas en el banquillo de los acusados. Quizás haya una excepción: un incorruptible y sabio magistrado: el Dr. Salvador María Lozada, que siendo Juez Nacional de Comercio, pudo poner en descubierto las maniobras del Frigorífico Swift y de un holding internacional de corruptores: Deltec International, sentando la doctrina de la responsabilidad de los conjuntos económicos, y mostrando como operan en perjuicio de un país.

En la década del 40, uno de los más grandes corruptores de la vida pública: Otto Bemberg fue investigado, se intervinieron sus empresas y se trató de hacer justicia. Un gran argentino: José Luis Torres fue el que luchó incansablemente para llevarlo a los tribunales y conseguir que todas sus maniobras para defraudar al Estado quedaran en descubierto. El poder del dinero pudo más que la acción de la justicia, y durante la presidencia de Frondizi pudo recuperar gran parte de lo que había perdido.

Lo peor de la corrupción, es que los corruptores nunca son mencionados, y siempre se cargan las tintas sobre los que han sido corrompidos, que son la parte más débil de esa asociación de delincuentes. Ocurre que los corruptores son siempre las grandes empresas, las corporaciones internacionales que para obtener sus privilegios utilizan todos los recursos de que disponen, contando con hábiles abogados dispuestos a cualquier acción para defender a sus mandantes, exhibiendo hasta la impudicia esa condición como lo ha hecho Cleary, Gottlieb, Steen &Hamilton, abogados externos de la Argentina desde 1989, que se jactan de defender a grandes defraudadores.

Es importante reflexionar sobre lo que nos pasa, dejar los intereses sectarios de lado, enfrentar todo aquello que lesione los intereses nacionales y no caer en la falacia de criticar a unos para mitificar a otros. Pareciera que es muy difícil alejarse del interés personal, y ver en su conjunto las necesidades de todos, y así no hay posibilidades de que nuestro país salga de las enormes dificultades en las que está inmerso.

La dirigencia política negocia, los dueños del poder negocian, los operadores económicos negocian, los sindicalistas negocian. El único que no tiene ninguna capacidad de negociación es nuestro pueblo que no tiene posibilidades ni recursos para negociar nada y que siempre es objeto pasivo de las decisiones de otros.

Nuestro país no puede ser un antro de negociadores, con la visión limitada de sus propios intereses, sino tiene que pensarse desde una perspectiva distinta, con otros objetivos, teniendo en cuenta otra concepción de lo que debemos ser, abandonando para siempre años de frustraciones y de ensayos inviables.

Buenos Aires, febrero 15 de 2016

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