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por Silvana Sisti* - Desde Argentina

Se acercan las fiestas… La sensación es latente… Todas las vidrieras del centro comienzan a cubrirse de rojo, verde, blanco dorado. Las lucecitas de colores brillan, las campanitas tintinean, las guirnaldas cuelgan por doquier, los pajaritos cantan, la vieja se levanta… En fin… Con estos primeros esbozos ya comenzás a percibir la que se te viene.

Los días previos son de indecisión y tinieblas. Todos los familiares opinan que hay que juntarse “en cualquier parte, lo importante es juntarse”, pero ninguno ofrece claramente su casa para la festichola.
A medida que avanzan los días ya comienza a inquietarte la simple idea de que todos vengan a tu casa y optás por no sacar el tema, por no ir a visitarlos, por no atender el teléfono… Que se pongan de acuerdo y te avisen qué hay que llevar.

Al fin se ponen de acuerdo y ha sido peor el remedio que la enfermedad. El punto de encuentro es la casa de la tía Gorda, que es la que más lejos queda. Hay que llevar algo para comer, frío, ya cocinado, cuestión de no complicarse. La tía pone la bebida y la turronería.
A grosso modo vas calculando que el remis te va a salir unos 10 pesos y que para esa fecha lo vas a tener que pedir a las 3 de la tarde para llegar a tiempo al brindis de las 12 (siempre y cuando no llueva, si no lo tenés que pedir antes).

Llega el 24. Para llevar has preparado ensalada “primavera” (digamos que abriste tres o cuatro latas y revolviste todo quedando una sinfonía de colores y sabores, por decir algo elegante sobre la mezcolanza resultante). Para tus adentros deseas que alguien se apiade y lleve sanguchitos de miga, pollo frío o algún canapé porque, obviamente, no pensás ni por asomo comer de tu propia ensalada.

Cuando llegás y abrís la puerta ya se están sentando a la mesa. Dejás la ensalada rápido, en el medio de la mesa para que se confunda con lo demás y es ahí, justo ahí cuando tenés la visión clara del menú general: ensalada de arroz, ensalada rusa, ensalada de manzanas con apio ¿puede tener manzanas una ensalada?, te preguntás, y la lista sigue: ensalada de choclo con zanahoria, ensalada de tomate con huevo,ensalada de remolacha con cebolla y sin cebolla, ensalada de lentejas, ensalada de ensalada, ensalada, ensalada y ensalada. Pero al final de la mesa… justo en el otro extremo… ¡los de miga!!!!!!!!!! Te abalanzas sobre el plato y al tiempo que mordés uno escuchás a la tía Carmen que te dice: -Los hice yo… ¿Te gustan?

Ahí te acordás que la tía Carmen es vegetariana. Son sánguches de zanahoria, lechuga y tomate y no tienen ni mayonesa, ya que la tía tampoco come huevo porque derivan de un animal. Para terminarlos de cagar les ha puesto unos brotes de soja. Incomibles.

Sin otra opción te servís las ensaladas prometiendo que cuando vayas camino a casa te zampás una milanesa completa en Chacho.

Menos mal que de postre hay helado…

Luego del besuqueo generalizado, de los buenos augurios y todo ese circo la cosa se va apagando. Pedís un remis que llega una hora y media después y te vas al centro a ver si encontrás algo de diversión. El año pasado no pudiste ir y te dijeron que fue una fiesta. ¿Y hoy? ¿Dónde están todos? Luego de aburrirte un rato dando vueltas te vas a tu casa, ya que son las 5 y todos quedaron en almorzar a las 13.

El panorama del 25 es aún más patético (lo que sobró, pero ya no en el mismo estado). Las mismas ensaladas, pero luego de una noche en la heladera han perdido su turgencia y presentación. La ensalada de arroz tiene unas papas de la rusa, la ensalada rusa está rosa producto de su contacto en la misma fuente con la remolacha, la lechuga se marchita sin remedio, el tomate está para salsa y los sanguchitos de la tía Carmen siguen intactos ya que nadie probó ninguno (tal vez ni ella misma).

Los que llegan no están tan peinados como la noche anterior, ni tan perfumados, ni tan alegres. Se sientan, comen y cada uno se va a dormir la siesta a su casa.

Eso sí, antes de que se vayan todos la tía Gorda pregunta ¿y el 31, dónde nos juntamos? A lo que todos contestan con un conmovedor: “en cualquier parte, lo importante es juntarse”

 

*publicado en  La Menduca

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