| Los congresos, encuentros y simposios no sirven para nada |
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Una evaluación negativa del Simposio de Debate Sobre Derechos Humanos ![]() El vacío, es la sensanción de siempre. Se crece intelectualmente. Pero no se transforma al mundo. Ni se lo intenta. Ni se lo plantea. por Rubén Kotler* El sentido del sinsentido. Ha concluido el Simposio de Debate sobre Derechos Humanos organizado en conjunto entre el equipo de De Igual A Igual y el programa de doctorado en derechos humanos de la Universidad de Salamanca. La sensación que queda es de satisfacción por un lado, debido al éxito de concurrencia que ha tenido el evento. Pero, para quienes ya hemos asistido a otros congresos, jornadas o simposios similares la pregunta recurrente es si éstos sirven para algo. Mi respuesta, y aquí el sinsentido, es negativa. Y lo digo desde la posición de organizador e impulsor del evento en la que he estado involucrado. Alguien preguntó alguna vez si la filosofía servía para algo. La respuesta desde una mirada utilitarista es que la filosofía no sirve para nada. Al menos no en lo material. Pero el sentido de la pregunta acerca del valor de la filosofía excede en todo caso la utilidad práctica de un campo del saber humano que lleva cientos de años transitando por los caminos de la historia de la humanidad. Pero volviendo el tema que nos ocupa, la reflexión viene a colación por eventos como los congresos, jornadas académicas, simposios y todo tipo de encuentro universitario en el que “los especialistas” de ciertos temas se reúnen para intercambiar información, trasmitir conocimiento y dar cuenta de las investigaciones que llevan a cabo. Dentro de la Universidad (y hablo de cualquier universidad de cualquier parte del mundo), estos encuentros suelen ser cerrados. Pequeños núcleos de investigadores que comparten preocupaciones similares ante determinadas áreas del conocimiento que intercambian ideas y experiencias. Sirven sí, para la foto, para llenar Curriculums, para buscar fondos que permitan la publicación, etc. Sin embargo los objetos de estudio de estos congresos o seminarios no participan de los eventos, como pudieran participar de otro tipo de foros como el Foro Social Mundial en el que las organizaciones sociales se reúnen para debatir propuestas de acciones concretas. Para decirlo de otra manera: de un Simposio o Congreso en derechos humanos no saldrá la revolución que invierta los términos sobre las constantes violaciones a tales derechos que tanto ponentes como comunicadores han denunciado. Y soy crítico de esto porque he pasado por la organización de varios de estos encuentros académicos y la sensación de vacío del día después es la misma. Vacío que se llena solo un poco, con la experiencia, el intercambio con los pares y con el aprendizaje que deja escuchar a uno u otro especialista de algún área del saber en concreto. Pero si de estos foros académico no sale un plan de acción de algún tipo, estos espacios quedan como anécdota en la que los presentes vuelven a sus hogares contando que han sido aplaudidos por un reducido público que asiste sin más por llevarse un certificado que acredite la presencia. En pocas palabras: que el público que asiste a estos encuentros en la mayoría de los casos lo hace urgido por llenar un Currículum con certificados y no por amor al conocimiento. Conocimiento que si no sirve para transformar el mundo en el que vivimos, no sirve para nada. Tal vez, sea hora que quienes organizamos este tipo de encuentros empecemos a pensar en otro tipo de organización en la que se contemple la posibilidad de invitar otro tipo de participantes: ongs, movimientos sociales, actores sociales comprometidos en la tarea social, políticos, etc, y transformar estos espacios académicos en verdaderos foros de discusión acerca de qué hacer con este mundo y buscar respuestas más que interrogantes a los problemas planteados en espacios como el Simposio que acaba de finalizar, donde el eje de los derechos humanos ha sido abordado desde diferentes ópticas. La pregunta entonces es: ¿Y ahora qué? ¿La foto? Muy colorida por cierto. ¿Una publicación? ¿A quién le llega? Tal vez sea hora de comenzar a dar salida a estos encuentros y buscar los medios adecuados para que debate académico y transformación social caminen juntos de la mano. De lo contrario seguiremos organizando prestigiosos encuentros entre prestigiosos profesionales que presentarán prestigiosos trabajos pero que en lo real y concreto solo se quedará en mero prestigio. Algunos ponentes que han pasado por el Simposio de debate en Derechos Humanos son profesionales que más allá de la academia trabajan con organizaciones sociales, arremangándose y haciendo el trabajo duro, ese que busca cambiar el estado actual de la cuestión. Sin embargo la mayoría solo son intelectuales de café (y en este grupo me siento por desgracia a veces incluido) que no llegan al campo todo lo que debieran. Insisto en la autocrítica. Insisto porque es un debate que llevo dentro, tal y como ya lo he expresado en líneas más arriba, desde hace muchos años. Mientras no seamos capaces de cambiar el concepto que estos encuentros tienen, seguiré pensando que en definitiva, Congresos, Simposios, Encuentros académicos y jornadas de estudio no sirven para nada. *Miembro de la comisión organizadora del Simposio de debate sobre Derechos Humanos.
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