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¿Un país peronista?

por Pablo Pozzi

El domingo tuvimos elecciones una vez más en Argentina. Como era de esperarse, ganó el candidato peronista Alberto Fernández, por algo más de siete puntos, y quedó en el camino el neoliberal Mauricio Macri. El New York Times tituló (suponemos que preocupado) «Triunfo de la Izquierda». Supongo que el primer sorprendido debe haber sido don Alberto, no solo porque se presentó por un conglomerado político cuya consigna siempre fue «ni yanquis, ni marxistas, peronistas», sino porque sus innumerables vericuetos políticos hacen casi imposible ubicarlo en algún lugar del espectro político (claro, eso al menos que exista algo llamado «albertismo» que, según algunos caudillos, antes peronistas, ahora empieza a existir). Un amigo señaló que, lejos de ganar la izquierda, el 98% de los argentinos votaron por candidatos más o menos de derecha.

Por supuesto, para los recién descubiertos como «albertistas» (no «fernandistas», que se puede prestar a confusión con ser «cristinistas»), ganó «el pueblo». Obvio que el pueblo son los que nos votaron, porque el otro 52% deben ser todos burgueses o universitarios confundidos. Ahora, si bien ganó «el pueblo», lo notable es que los macristas también declararon que les fue muy bien, todo porque sacaron dos millones de votos más que en las primarias de hace dos meses y medio. Obvio que el establishment también se quedó feliz, porque «hay equilibrio de poder» (o sea, todo quedó en sus manos); Alberto es un «muchacho moderado» (o sea, de derecha); y Mauricio sigue siendo líder de la oposición (con lo cual por ahí lo tenemos de vuelta, para alegría de todos y todas, en cuatro años). El que no se quedó para nada contento soy yo, que quería que perdieran todos.

Lo bueno es que no soy el único, y que estoy en buena compañía. Digamos, los resultados fueron más o menos los siguientes:

Resultados Paso-Generales

Ahora, esos resultados deberían ser analizados con cierto cuidado. Para los albertistas, es una clara muestra de que hubo fraude porque, al igual que los hinchas de Boca, «ellos son la mitad más uno del país». Para los macristas, su 40 % demuestra que son una opción viable. Para la izquierda del FITU, «hicimos una importante elección». Siempre me llama la atención que nadie perdió, aunque los chillidos de la militancia alberto-kirchnerista sobre posible fraude pareciera que ellos perdieron. Y claro, el FITU, aunque continúa firme en su hemorragia de votos, pareciera que le fue muy bien y no el 2% (o sea una baja de casi 50% en relación con el 2015) del electorado.

Lo primero a notar es que nadie tiene la vaca atada. Mi impresión es que muchos de los votos por Macri fueron votos espantados ante el posible retorno de una banda de mafiosos autoritarios que se robaron hasta el agua de las canillas durante doce años. Si a eso le agregamos el revanchismo y el hecho de que juntaron a todos y todas bajo la bandera del Frente de Todos (valga la redundancia), más de uno se asustó y mucho. Y no es para menos, una película de terror no puede tener actores como los de la foto del FdeT: gobernadores como el de Tucumán (procesado en muchísimos juicios por fraude cuando ministro de Salud), junto con Hugo Moyano y la patota de «los muchachos sindicalistas», junto con los ñoquis de La Cámpora, más los chicos que hasta ayer eran amigos de Macri y le votaron las leyes (como Massa y Alberto), más alguno que otro que ahora se me pasa. Ni Freddy Krueger me genera tantas pesadillas. Claro, como a muchos peronistas eso no les importa, entonces «ganó el pueblo». A esos asustados hay que agregar otros a los que la crisis nunca los afectó (o, por lo menos, no tanto como se pretende por ahí).

En las primarias, Macri solo ganó la provincia de Córdoba y la Capital Federal; ahora sumó a esas Entre Ríos, Santa Fe, Mendoza y San Luis. Los memes kirchneristas dicen que esas provincias conforman «Chetoslovaquia» en referencia a los «chetos», finos, petiteros, o esos que los mexicanos llaman «niños fresa»; supongo que hubo algo así como una emigración masiva, porque hace dos meses eran parte del «pueblo» (excepto Córdoba, donde vivo, que siempre fue rabiosamente antiperonista excepto cuando vota a gobernador… andá a entender la política argentina). Claro que otros hablan de fraude. A ver, más que «chetolandia», esas son cinco de las seis provincias más importantes del país (la otra es Buenos Aires). O sea, no solo son las más ricas y pobladas, sino son donde la crisis pavorosa ha impactado menos (y eso que sí ha impactado) gracias a que son grandes agroexportadoras y tienen relativamente poco empleo público. Por otro lado, digamos, si Macri ganó la ciudad de Córdoba con su alta tasa de desempleo, hay algo más en juego que simplemente «ser cheto» o «hacer fraude». Y en eso, claro que hubo fraude. Todos, hasta el intendente más pelotudo, hace fraude. Y los campeones en esa Olimpíada siempre fueron los peronistas. El tema no es si hubo o no fraude, sino si este fraude fue tan grande como para modificar el resultado (o hacer que 2,3 millones de tipos cambien su voto). Gritar «fraude» tiene la gran ventaja de evitar admitir que tu campaña fue un desastre, o que asustas a mucha gente, o que tus candidatos eran un desastre. La otra es que te evita tener que admitir que mucha gente prefiere la crisis a los ladrones y la impunidad permanente. Mi sensación es que eso pasó en Córdoba city. Claro, eso no significa que Macri tiene su 40% del voto porque lo «aman y entienden que es lo mejor para un país republicano» (uno escucha cada tontería de los analistas políticos en la tele). La realidad es que algunos de esos votos son, efectivamente, macristas: de los que les fue bien en estos cuatro años (que los hay, los hay), de los que son racistas y clasistas y temen a «la negrada», de los que efectivamente creen en el discurso ordenadito y cívico de Cambiemos.

Obvio que eso nos lleva a si los doce millones y medio que recibió Alberto significa que «el pueblo» está con él. Ahí también muchos votaron porque son peronistas de corazón, otros porque odian a Macri, otros porque tienen su resentimiento clasista (al revés y envidian a los ricos) y otros (muchos) porque la crisis y las políticas nefastas del gobierno los han dejado desahuciados. Eso debería llamarnos la atención. Según las cifras oficiales del INDEC, 40% de los argentinos pueden ser considerados como pobres, y casi 30% más están al borde la pobreza. Eso implica 70%. Claramente, Albertico no recibió 70%. Más aun, como me dijo un sindicalista (de los buenos que todavía hay): «si Macri recibió 40%, yo supongo que 40% de mis afiliados lo votaron». No es una mala suposición. La realidad, como lo sabe cualquier analista electoral más o menos serio es que, entre todos esos votos, de ambos lados, hay de todo. Pero más allá de si más obreros votaron a Alberto, o más ricachones a Macri, la realidad es que desde los 90 (y Menem) en adelante, las bases electorales son más que fluidas. Lo que reflejan es que no hay opción; que todos son más o menos lo mismo.

Y esa fue mi sensación entrando al cuarto oscuro. Para variar voté al FITU; no con ganas, sino porque no me quedaba otra. Era eso o en blanco, o quedarme en casa. Pensé en quedarme en casa y comerme un asadito, pero como era fin de mes, no me daba para comprar la carne. Y aquí también debo insistir con aburrirlos y reflexionar un poco. El FIT viene sumando partidos, y perdiendo votos. Para muchos amigos y en las redes el problema es «el parlamentarismo» o que «Nico es un pésimo candidato». La realidad, es que a mí me gustan Myriam Bregman y Liliana Olivero (en Córdoba) y ninguna junta un solo voto. O sea, creo que no tiene que ver con la figura de Del Caño. Asimismo, creo que sí hay que participar en elecciones y que eso no es parlamentarismo. Ambas cosas tienen que ver con la propuesta que llevas. Me parece, con todo el respeto que me merece gente honesta y que lucha y mucho, que el FIT no tiene propuesta más allá del consabido «es importante que haya diputados de izquierda».

Esto es un problema serio. Hace ocho años que tenemos diputados de izquierda y no han logrado nada, o casi nada. Digo, basta la comparación. Alfredo Palacios, primer diputado socialista de América, logró la ley del descanso dominical, la ley de protección al trabajador femenino e infantil, y la que prohibía la colocación de medidores de agua en los conventillos. En 1928 el vecinalista de izquierda Serafín Trigueros en San Francisco de Córdoba logró el primer seguro de desempleo en el país e impuesto al consumo suntuario. O basta acordarse de Miguel Burgas, en 1924 primer diputado comunista de América, que propone, como señaló Daniel Campione, «la jornada de ocho horas y el alojamiento gratuito para los trabajadores del campo, el salario mínimo, la reglamentación del trabajo nocturno en las panaderías». Años más tarde, en 1965, Leandro Fote logró aprobar en la legislatura tucumana la llamada Ley Fote que autorizaba a los sindicatos a auditar las cuentas empresariales. Podríamos seguir largo y tendido con las propuestas del comunista Comínguez, o del marxista Penelón o tantos otros. Me cuesta acordarme de una sola propuesta, excepto denuncias mil, que salieran de la bancada del FIT. Ni siquiera la Ley del Aborto, que fue habilitada por el mismo macrismo. El resultado es un consignismo electoral, que no le hace ni cosquillas el neoliberalismo. Y quizás es por eso de que los medios del establishment no tienen un solo problema en darle espacio (y muchos) a los candidatos del trotskismo. A ver, mi punto no es que no hay que participar, o que no hay que organizar, o que ¡viva la anarquía! O tantas otras cosas que me han dicho. Mi punto es que hay que tener propuesta. Y para tenerla hay que habilitar la discusión. Leandro Fote fue candidato a diputado no por su partido sino porque así lo decidió una asamblea de trabajadores de la FOTIA. Los candidatos del FITU se arreglan tras bastidores en componendas entre las direcciones de los diversos partidos. Más o menos como los partidos burgueses. Y si no tienen propuesta y si se asemejan, entonces, ¿para qué votarlos?

¿Y ahora qué? Nadie tiene la bola de cristal, pero bueno a veces uno opina y la pega igual. Lo primero es que ya se desató la pelea por los cargos entre el albertismo y el kirchnerismo, todo mediado por las presiones de empresarios, Fondo Monetario y la mar en coche. Yo creo que van a ganar los así llamados ortodoxos, entre otras porque tienen mucha más calle política que los «chicos kirchnerstas». Lo segundo es en unos cuantos meses, muchos de los jóvenes K van a comenzar a acusar a Albertico de «traidor», como ayer lo fue Menem, y luego Duhalde y tantos otros. Claro, nunca van a ser los gritos furiosos, porque al fin y al cabo siempre es mejor tener un amigote en algún lado del gobierno y, bueno, «somos los muchachos peronistas» aunque parezcamos neoliberales. Tercero, si tenemos suerte el país no se va a desbarrancar, pero le vamos a pasar cerquita. Cuarto, lejos de desaparecer, Macri seguirá jugando en política y el peronismo lo va a favorecer porque lo ve como más cercano (o sea, menos peligroso e inútil) que otros derechistas como María Eugenia Vidal o el Pelado Rodríguez Larreta. Podremos asistir a su renacimiento en un par de años. Cinco, en el medio se verá el revanchismo K, cuando comiencen a procesar a Mauri y sus ministros por corrupción; por suerte, al igual que con los K, esas causas dormirán el sueño de los injustos e impunes. El FIT será cada vez algo más folklórico e inoperante, a menos que den un vuelco de timón que no parece existir en sus genes. Por último, aumentará la desesperación social. En eso la legitimidad del sistema electoral como representación de la voluntad popular está en declive con todo lo que eso implica para la resolución e institucionalización de conflictos. Pero por suerte tenemos al peronismo y su fortaleza sindical (ah, y la inoperancia del FIT) para evitar que nos pase como a Chile y Ecuador.

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5 comentarios sobre «¿Un país peronista?»

  1. Muchas fobias impresionista y expresionistas. Le recomendaria que sicoanalizara su paradigma epistemológico. Le tengo simpatía s pesar de tantas tremendas pelotudeces. No me consta que tome mas de medio vaso de vino, pero pareciera que estuviera algo mareado. Apruebo su critica al FITU. Parece que en eso es un experto. Muchas criticas al peronismo y a la izquierds vernacula. Reclama a la izquierda propuestas y al peronismo que deje de robar. No me quedan dudas: cordoba es una provincia de huevones inteligentes. Chau Pablito. Siempre habrá medios dispuestos para hacer circular tus zonceras serrana.

    1. Salud, Vicente

      He dejado pasar el comentario a pesar de que contiene, básicamente, insultos… a ratos pensé en borrarle los insultos y dejar el resto del comentario, pero quedaba muy vacío. En la anterior nota de Pablo hizo lo mismo y también lo dejé…

      No sé si estoy haciendo mal al permitir este tipo de comentarios, que no aportan nada al diálogo (no digamos ya al «diálogo constructivo»), pero me hizo gracia el final de su comentario. La verdad es que andamos muy contentos de contar con la participación de Pozzi en este medio, de que nos envíe sus notas, de poderle ofrecer una columna para su pluma. Evidentemente, son aportes que consideramos valiosos.

      Hasta luego y, a pesar de todo, gracias por tomarse su tiempo en dejar un comentario 😉

    2. Vicente Di Cione, eufórico por el triunfo de su candidato burgués, se cree en condiciones de agredir a los críticos. Personalmente no m eparece que acusar de ladrones a los políticos sirva para algo mas que para aceptar que hay políticos burgueses honestos.
      entro de unos meses hablamos con Di Cione a ver si sigue tan exultante tan soberbio. A ver si se inventó alguna excusa para justificar al ganador de la elección, al hombre que le dio figura humana a la verdadero ganador, el ajuste.

    3. Sin dudas que el pensar, hoy es prohibitivo y mas prohibitivo se vuelve cuando se corre el velo sin piedad de una realidad que hoy se muestra para muchos como esperanza, como si los actores depositarios de esa esperanza no tuvieran historia en la politica argentina. No veo la fobia en la reflexión de Pablo Pozzi. ¿Cual sería el miedo de Pozzi cuando desgarra una realidad que a la vista se muestra irrebatible? Si esa realidad del peronismo que Pozzi zarandea con mucha claridad y sin permiso, es solo el producto de «alguien que está mareado por consumir medio vaso de mas de vino» ; creo que por respecto a la honestidad intelectual debería en todo caso desmetirle a Pozzi, en lugar de acusarlo de decir pelotudeces. En cambio le parece bien las criticas, tambien, muy fuerte a la izquierda trosquista. Creo que en todo caso, Señor Vicente Di Cione, Ud esperaba leer un articulo que golpee a la izquierda por no estar dentro de ese «Pais Peronista» como titula la reflexion de Pozzi.

  2. Yo como José María esperaba más argumentos y menos insultos, algo como el debate que se dio en torno al facebook de Pablo. Suscribo a este posteo y si don Vicente tiene ganas de escribir para responderle a Pozzi en un debate fraterno, nuestro sitio le acogerá con gusto su texto. Pero sin insultos, claro está.

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