| Cenizas de Semana Santa/Ritos inauditos en Salamanca |
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![]() Procesiones de Semana Santa en la Plaza Mayor Que este país es profundamente católico no caben dudas. Y que la Semana Santa es vivida de manera peculiar no es ya ninguna novedad. Las principales ciudades de la península preparan las procesiones mucho tiempo antes de su llegada. Es así como, en los días previos, hay simulacros de desfiles, con feligreses fornidos que hombrean altares de cientos de kilos. Las imágenes representan distintas instancias del sufrimiento de Jesús camino a la crucifixión. Sin embargo, estos ensayos no tienen punto de comparación con las verdaderas procesiones que comienzan en los primeros días de la conmemoración religiosa. por Rubén Kotler / en Revista Dixi
Las cofradías desfilan portando altares y sus integrantes llevan cubiertas las cabezas con caperuzas que les dan un aspecto tenebroso. Las puntiagudas capuchas que visten los cofrades recuerdan las imágenes de los inquisidores medievales. Más cerca en el tiempo, también remiten a las terribles escenas de las películas que evocan al temible Ku Klux Klan estadounidense. Sin embargo, estas capuchas son símbolo de anónima penitencia. Gente de todas las edades desfila durante esos días con los rostros cubiertos en procesiones que se repiten una y otra vez durante toda la Semana Santa. Lunes de Agua, Hornazo y el Padres Putas “Lunes de Agua” es el que sigue a la Pascua del domingo. Cuentan los salmantinos que antaño, cuando, por el fervor religioso, los fieles creían a pie juntillas la letra chica de la Iglesia Católica, durante los días de la cuaresma, no se podía comer carne ni mantener relaciones sexuales. En consecuencia, los pobladores esperaban al primer lunes después de la Semana Santa a que las prostitutas cruzaran desde el otro lado del río Tormes para regresar a la ciudad en busca de clientes. Un sacerdote apodado “Padre Putas” era el encargado de cruzar a estas jóvenes; desde el otro lado de la orilla, los hombres se juntaban para esperarlas. La tradición explica que mientras esperaban la llegada de las prostitutas comían el famoso “hornazo de Salamanca”, que vendría a ser una tarta rellena de carne, pescado o queso, típica de esta ciudad. |









