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Sobre los datos de empleo

por José María Rodríguez Arias

En muchos ámbitos estamos con la mala costumbre de comparar los datos o con el final del periodo de Rodríguez Zapatero –algunas publicaciones seudocientíficas directamente comparan unos trimestres con el último de 2011 cuando eso estadísticamente está prohibidísimo– o con el peor punto de la crisis que estamos pasando. Lo primero tiene una evidente razón: dejar claro que tan mal no va con el PP –ya hay muchos datos que mejoran al último del PSOE– y lo segundo tiene que ver con darnos un poco de coba a nosotros mismos: miren qué buenos somos. Más inversión en no sé qué; más empleo en no sé cuanto; más gasto social… Paren el carro un poco. Deberíamos estar comparándonos con un trimestre similar a «antes de la crisis»; siendo este el objetivo –estar, al menos, tan bien o tan mal como hace unos años–. También nos olvidamos que el «antes» fue lo que nos llevó al «ahora»; al menos por mi parte no me apetece escribir media línea para favorecer un modelo de crecimiento basado en la especulación y la construcción, además de la precariedad.

La crisis realmente comenzó en el último trimestre del 2007, este año cumpliremos, por tanto, diez años de penurias. Si nos ponemos más finos, a mediados de 2008 –incluso, tercer trimestre de ese año– es cuando la cosa se fue realmente a la porra, se nota en las tasas de variación interanual tanto de 2009 como 2010, años realmente horribles. No mejoró nada la cosa hasta, al menos, el 2014, donde por mil y un motivos comenzó la «recuperación» –ojo con esto, los cambios en la dirección del Banco de Europa fueron mucho más importantes que una ristra de medidas absurdas e inútiles–; desde ahí los datos comienzan a ser «algo» positivos, pero tampoco para tirar cohetes. Y es aquí cuando nos quieren vender la moto y las estadísticas, por qué no decirlo, ayudan. No es raro que salgan con lo de «mejor dato de la serie histórica» –sin decirnos, la mitad de las veces, de qué periodo hablamos– y sin compararnos, claro, los puntos de partida y llegada. Porque aumentar cien mil empleos –por decir un número– en tasa de variación es mucho más alta cuando hay poco empleo que cuando hay mucho –esto es, si ahora tenemos 18 millones de ocupados, cien mil son un porcentaje mayor que cuando teníamos 20 millones–.

Así que propongo un pequeño ejercicio: comparemos los datos del segundo –dato EPA– o del primer trimestre –dato Contabilidad Nacional; aún no tienen el del segundo de 2016– con sus respectivos datos en 2007. Lo primero que quiero destacar es que se ha reducido la cantidad de gente en edad de trabajar –entre 16 y 65 años–: de unos 30,8 millones a unos 30,7 millones –dato del censo a 31 de diciembre de los años 2015 y 2006–… esto hace, en realidad, que el resto de datos brutos se puedan comparar sin mucho problema, es casi una línea.

Muchos menos puestos de trabajo

La Contabilidad Nacional maneja un concepto que personalmente me gusta bastante: «Puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo», así pues, no importa tanto cuántas personas en concreto están trabajando, sino que se hace una relación entre las horas totales trabajadas y a cuántos puestos de trabajo equivale en jornadas completas. Así que nunca hubo 20 millones de puestos de trabajo –aunque sí hubiera 20,4 millones de ocupados–; vamos a los datos brutos de puestos de trabajo equivalentes: en el 2007TI existían 19,52 millones, en el 2016TI solo 16,95 millones, una reducción, en bruto, de una destrucción de 2,57 millones de empleos –en tasa de variación, -13,18%–.

Por supuesto, no todos los sectores se han comportado igual. De hecho, en algunos se ha ganado empleos y en otros la destrucción ha sido brutal –sí, construcción, te miro a ti–. El empleo equivalente que se gana en unos sectores o pierde en otros tiene mucho que ver con la estructura productiva del país y con la calidad de los trabajos. El resumen de España es sencillo: la construcción se fue a la porra, con ella la industria y solo quedan los servicios. Aquí un cuadro:

Puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo (datos brutos)
Sector 2016TI 2007TI 16/07
Total Bruto 16949,90 19523,20 -2573,30
Variación 3,36 3,48 -13,18
Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca Bruto 717,80 853,90 -136,10
Variación 5,81 0,41 -15,94
Industria Total Bruto 2218,40 2930,50 -712,10
Variación 2,47 -1,55 -24,30
Industria manufacturera Bruto 1991,90 2700,00 -708,10
Variación 3,21 -2,00 -26,23
Construcción Bruto 940,30 2619,00 -1678,70
Variación 0,90 7,76 -64,10
Servicios TOTAL Bruto 13073,40 13119,80 -46,40
Variación 3,56 4,05 -0,35
Comercio, transporte y hostelería Bruto 5101,30 5395,80 -294,50
Variación 3,94 4,90 -5,46
Información y comunicaciones Bruto 447,10 436,00 11,10
Variación 5,75 -0,02 2,55
Actividades financieras y de seguros Bruto 349,60 387,80 -38,20
Variación 1,72 2,57 -9,85
Actividades inmobiliarias Bruto 186,70 201,40 -14,70
Variación 5,36 11,09 -7,30
Actividades profesionales, científicas y técnicas, administrativas y servicios Bruto 1968,10 1866,40 101,70
Variación 4,51 7,35 5,45
Administración pública, sanidad y educación Bruto 3790,60 3547,80 242,80
Variación 2,37 2,27 6,84
Actividades artísticas, recreativas y otros servicios Bruto 1230,00 1284,60 -54,60
Variación 3,72 1,74 -4,25
Notas: datos en miles de personas para el bruto; la variación (dato en porcentaje) es interanual en la casilla debajo del año y entre los dos años indicados en la tercera columna. | Cuadro de elaboración propia con datos del INE.es

Voy a destacar un sector importante para hablar de un país desarrollado: la industria ha perdido un 24,3% del empleo en estos 10 años. Es cierto que el sector secundario no es el que prima en los países más avanzados, pero eso es una cosa y otra es pensar en que retroceda a pasos agigantados cuando no son otros sectores de alto valor agregado los que le reemplazan.

La burbuja inmobiliaria, por su parte, se ve en el descenso de los puestos de trabajo –siempre precarios, incluso cuando estaban bien pagados–, ha perdido el 64,10% de los empleos. Han leído bien, 64,10%. En servicios, los dos más relacionados con la construcción, son los de peor comportamiento: inmobiliarios y financieros.

Hay sectores que se han mantenido –Información y comunicaciones– y otros que han crecido –Administración pública, sanidad y educación–. El sector servicios está siendo el motor de la recuperación; en todo país ya desarrollado es el sector que prima; en España el desplome de la construcción y la industria han hecho que el tercer sector coja aún más fuerza –así pasa de demandar el 67,20% de los trabajos a 77,13%–; si eliminamos los dos servicios más vinculados a la construcción, resulta que hoy hay más puestos de trabajo que hace diez años –una diferencia de seis mil, poco, sí, pero más–. El problema es que no solo de pan vive el hombre, con lo que este «mantenimiento» en servicios –mucho del cual viene relacionado con el Estado de Bienestar que más no se puede recortar… y toco madera– no es ni de lejos suficiente para hacer crecer una economía que ha perdido la industria y su burbuja constructora –esto último no es malo por sí mismo, pero resulta necesario recordarlo–.

Una ocupación más precaria, feminización de la precariedad

Este gobierno ha favorecido un «reparto de trabajo» –con más o menos razón o pertinencia, ese es otro tema– de tal forma que más gente está en jornadas parciales –lo veremos más adelante– a la par que saca pecho por el aumento de la ocupación; de esta manera se oculta el pequeño incremento que realmente se está dando en la demanda de horas de trabajo, esto es, en el trabajo real de los distintos sectores, en tanto que el aumento de la ocupación –personas con trabajo– es mayor.

Por ponerlo en perspectiva, entre el TII de 2007 y el TII de 2016 –datos EPA– la variación en la población ocupada es de -2,28 millones, pero es que en la jornada a tiempo parcial, en ese mismo decenio, tenemos de aumento 380 mil ocupados más. Es cierto que esta tendencia fue especialmente fuerte en el momento más duro de la crisis –tenía que ver con muchos ERE de reducción de jornada o la eliminación de puestos fijos a jornada completa en favor a puestos temporales en jornada parcial– y que ahora se está invirtiendo muy tímidamente –así pues, ya el 2015TII vio una reducción del trabajo a jornada parcial; debido sobre todo a los autónomos–.

No habría nada que objetar al empleo a tiempo parcial o al reparto de los puestos de trabajo demandados fuera voluntaria; pero no es así. La mayoría del trabajo a tiempo parcial es «involuntario» por parte del trabajador, así tenemos que mientras que las mujeres representan al 45,52% de los trabajadores en su conjunto, son el 72,26% de la fuerza laboral a jornada parcial. Es cierto que es una distribución algo «mejor» que en el 2007, pero esto se debe, nuevamente, al sector de la construcción y a la incorporación desesperada de hombres a la jornada parcial –en estos diez años, el peso de los hombres en el total de la población a jornada parcial ha crecido un 10%–. El número de mujeres con jornada parcial es bastante estable –en este tiempo ha aumentado un 10%, frente al 55% en los hombres–, pero sí que ha crecido espectacularmente la jornada parcial de mujeres que les gustaría tener jornada completa.

Podemos observar que antes de la crisis el 32,33% de los trabajadores a tiempo parcial lo eran porque no habían encontrado un trabajo a jornada completa; ahora ese porcentaje llega al 60,45%; esto significa subempleo. Cuando hablamos de la feminización del empleo precario no es solo por los datos en brutos –esto es, que el 57,59% de las trabajadoras a jornada parcial desearían estar a jornada completa– sino cuando le sumamos el dato de «por obligaciones familiares». ¿Por qué son las mujeres las que tienen que «conciliar» la vida familiar reduciendo su jornada y no los hombres? Si la respuesta es porque los hombres tienen mejores trabajos, lo que tenemos es un problema estructural de machismo productivo y en el sistema educativo; si lo que decimos es que, como mujeres, es lo que les toca; tenemos un claro problema de machismo social. Intuyo que la respuesta que da el mercado de trabajo es «las dos cosas». ¿Es muy grande la diferencia? Demasiado para ser un dato que obviemos: de los 424 mil ocupados a tiempo parcial que marcan como motivo una obligación familiar, 406 mil son mujeres –el 95,67%–. Eso, lectores, es una consecuencia directa de un sistema patriarcal en que los temas familiares son un rol femenino. Un cuadro con los datos de estos diez años:

Ocupados con jornada a tiempo parcial con algunos motivos para la situación (en miles)
  2007T2 2008T2 2009T2 2010T2 2011T2 2012T2 2013T2 2014T2 2015T2 2016T2
Ocupados con jornada parcial Total 2420,8 2431,7 2425,3 2482,5 2586,5 2606 2771,1 2844,1 2818,1 2801,1
Hombres 520,5 499,1 519,4 573,2 622 648,7 768 778,7 777,1 776,8
Mujeres 1900,3 1932,6 1905,9 1909,3 1964,5 1957,3 2003,1 2065,4 2041 2024,2
No pudo encontrar trabajo a jornada completa Total 782,6 817,8 1035 1232,8 1385 1470,6 1726,7 1802,2 1784,9 1693,2
Hombres 163,3 153 241,5 309,8 374,8 405,9 511,8 540 561,8 527,5
Mujeres 619,3 664,8 793,5 922,9 1010,2 1064,7 1214,9 1262,2 1223,2 1165,7
Obligaciones familiares (cuidado de niños o adultos enfermos, incapacitados o mayores y otras obligaciones familiares) Total 645,4 614 571,5 464,5 454,7 438 381,2 374,1 402,1 424,7
Hombres 25,4 21,5 19,2 15,2 17,5 22,9 13,7 18,2 22,6 18,5
Mujeres 620 592,6 552,2 449,3 437,2 415,1 367,5 356 379,5 406,3
Cuadro de elaboración propia con los datos de la EPA (INE).

El siguiente dato a considerar es la temporalidad en los contratos de trabajo. Lo primero que hay que recordar es lo que pone el Estatuto de los Trabajadores: los contratos temporales son causales; esto es, no son «contratos de prueba» ni de «ingreso» ni para mantener precario a los trabajadores que ocupen un puesto concreto; cualquier empresa que mantenga contratos temporales en puestos fijos está, como mínimo, cometiendo fraude de ley. Por eso es inexplicable, salvo por el cinismo más rastrero, que desde el gobierno se quite hierro al asunto indicando que es normal que el primer contrato de cualquier persona en una empresa sea temporal.

Vayamos con el tema: si bien es cierto que la tasa de temporalidad ha bajado, esto no se debe tanto a una mejora de las condiciones del empleo, sino a la destrucción de un sector básicamente temporal –construcción– y que de un tiempo a esta parte llamamos «fijo» a un empleo que tiene un año largo de periodo de prueba, con lo que en ese tiempo pueden echar al trabajador sin causa y, además, sin indemnización alguna –siendo, de esta forma, un empleo más precario que los contratos temporales– . Lo primero, que la tasa de temporalidad ha bajado por la crisis, la tenemos en los años 2007 –el último «buen año»– y 2013 –uno de los más duros; el que menos asalariados tuvo en el periodo analizado–; así, la tasa de contratos indefinidos en 2007 fue de 68,26% y en 2013 fue del 77,11%. Simplemente el empleo temporal es mucho más frágil. De hecho, en el 2016 estamos con una tasa de indefinidos menor que en el 2013, en el 74,28%. ¿Estoy diciendo que es mejor tener más empleo temporal? No, para nada; lo que digo es que la temporalidad en España responde a un claro fraude de ley junto con factores propios de una economía con sectores muy temporales –turismo, agricultura, construcción…–. Pero es que la temporalidad está fuertemente relacionada con la jornada parcial, así tenemos que hay un reparto 74/26 de fijo/temporal –en total–, pero si nos fijamos en las jornadas parciales, nos encontramos que el 44,76% de los trabajadores a tiempo parcial tienen, además, un contrato temporal. Precario sobre precario.

De nuevo vamos con la feminización de esta precariedad: el 64,69% de los contratos temporales a tiempo parcial están firmados por mujeres. La tasa de temporalidad es levemente mayor en las mujeres que en los hombres, siendo poco significativa –un punto por encima–; la diferencia se hace notoria cuando lo cruzamos con el dato de la duración de jornada.

Y ya, para acabar, vamos con el «subempleo», primero una gráfica:

grafico_subempleoPueden observar que el subempleo alcanzó el punto más alto en 2013, con el 15,17% de los ocupados en esta situación; aún así, el aumento en estos diez años es del 34,76% si nos fijamos en el número bruto de trabajadores en esta situación o ha crecido en un 55,51% si nos detenemos en el peso del subempleo en el conjunto de los ocupados. Resulta alarmante comprobar que el subempleo el 57,14% de los subempleados son mujeres; siendo el crecimiento en estos diez años mucho mayor que el masculino: la tasa de variación del subempleo masculino es del 22,14%, mientras que el femenino alcanza el 46,07%.

Para finalizar

Para poder hacer unas conclusiones o consideraciones finales tendríamos que revisar más datos, por ejemplo, la capacidad adquisitiva de los trabajadores y las familias a las que pertenecen; la variación de los salarios con respecto a otros indicadores –como el de productividad de la economía, como el PIB o el IPC–; tampoco hemos entrado en detalle con la contratación y la duración de los mismos… además, junto con todo lo anterior deberíamos analizar la cantidad de trabajadores sujetos a la aplicación de un convenio colectivo supraempresarial –que ha descendido–, el cumplimiento de los convenios supraempresariales y los efectos de los cambios legales sobre la primacía de los empresariales en ciertos ámbitos en la realidad laboral –descuelgues de los convenios de ámbito superior– y otros muchos elementos cuantitativos, complementados con los cualitativos –de satisfacción, calidad…–, que nos permitirían acercarnos mejor a la realidad del empleo que hay y el que se crea.

Comparar la situación actual con 2011 no tiene más sentido que el meter la lucha PSOE-PP, obviando que el cambio constitucional y otras medidas legales en el empleo empezaron en el 2010 –con el PSOE–, sin contar reformas bastante negativas para los trabajadores que son, incluso, de la primera legislatura de Rodríguez Zapatero –como la de «autónomos dependientes», de 2007–; por no decir que aunque la tendencia sea distinta, en muchos de los apartados los resultados son peores.

Preocupante es, además, que la cacareada recuperación esté repitiendo todos los problemas que ya tenía el mercado laboral: trabajo parcial no deseado, crecimiento del trabajo temporal y, todo ello, bajo un esquema machista.

Si todas las medidas que estamos sufriendo solo sirven para salir de la crisis peor que como entramos, con menos derechos y los mismos problemas, estamos haciendo las cosas realmente mal y equivocando los objetivos a medio y largo plazo que nos deberíamos plantear. Pero les seguimos votando…

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