Ni unión ni…

por José María Rodríguez Arias

Hablar de la Unión Europea cada vez me resulta más difícil: hay que dar muchas explicaciones, matizar cada palabra, tener claro que una cosa es el ser y otra el deber ser y, por supuesto, la propia historia de una institución que aunque la mencionemos en singular desde hace muchos años, hasta hace un par era un «plural». La Unión Europea es muchas cosas a la vez y ninguna de ellas. Ahora toca el «tema británico». ¿Cuál? Sí, ese que acabó con un acuerdo el viernes pasado en que 27 jefes de gobierno daban el «sí, quiero» a un texto cocinado por el primer ministro británico. Sí, ese mismo primer ministro que en campaña prometió celebrar el referendo para ver si Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte se quedaba o no en la Unión Europea y que fue a Bruselas para conseguir un «trato favorable», un traje a medida, que le permitiera mantener la campaña por el «sí a la permanencia». El referendo se celebrará con un gobierno británico partido entre favorables a la permanencia y contrarios a la misma.

Uno de los grandes problemas de la Unión Europea está en lo que esta significa para cada Estado Miembro, en el futuro que se ve. Hay países en que la Unión nunca debería de dejar de ser un mercado común y poco (muy poco) más; que eso de la movilidad de trabajadores incluso rechina, que todo lo que no sea turismo termina siendo gasto para el país local. Para otros, en cambio, la Unión deberá tender a un Estado Confederal o algo muy parecido, que salvaguardando las diferencias confluya al final en un «Supraestado» con políticas comunes y una ciudadanía compartida.

Estas dos visiones conviven desde hace mucho y son uno de los grandes impedimentos para poder tirar del carro, entre otros, porque al ser un entramado de Tratados Internacionales o todos firman o lo que se hace no vale. Eso ya ha ocurrido, no olvidemos el intento de «Constitución Europea» (que solo lo era en el nombre) y cómo el veto de un par de países la tumbó (y casi se carga el Tratado de Lisboa, ese que traía lo peor del TCUE aparcado). De un tiempo a esta parte se hace todo con algo de trampa, los Estados intentan que sus ejecutivos hagan y deshagan sin tener que pasar por las urnas (referendos) u otros sistemas de control (parlamentos e, incluso, TC; como ocurre con algunas decisiones que toma Alemania), lo cual pervierte todo de una forma bastante desagradable y, en parte, se debe a que los gobiernos ni creen en su propio sistema legal ni en el futuro de la Unión Europea, pero les es más gravoso salirse.

Pero volvamos al tema que nos ocupa: así que un Consejo Europeo lo que hace es permitir que Reino Unido pueda aplicar «excepciones» a algunas normas básicas que igualan a todos los europeos (¡¡en lo formal!!) y atentan directamente contra los trabajadores y a todos nos debe parecer bien, porque así no se salen de la Unión. Bravo. Encima habrá que darles las gracias (estoy con «Antichrista» de Amélie Nothomb y en él un personaje -Christa- tiene la capacidad de hacer que le terminen agradeciendo los favores que a ella le hacen; lo mismo con RU, por lo visto).

Reino Unido es una de las «islas jurídicas» que tiene la Unión (no es la única, ojo con eso), pero quiere jugar como miembro pleno sin que el resto puedan influir en ella. Es un freno en el crecimiento político de la UE como tal (al punto que han puesto sobre la mesa ese lema de «cada vez más unidos» como un problema y que, al menos, no se cuente con ellos; juntos pero no revueltos, imagino). El colmo con respecto al Euro: querían más poder de decisión en una moneda que rechazan y que ya aseguran que no entrarán. RU, que no es un país fundador (amigos periodistas, entiendan que los fundadores son los de la CEE-6, no los que entraron en la primera ampliación, quince años después de los primeros tratados), ha jugado siempre bien sus cartas para salir como moldeador de la Unión. Que el trato que recibe RU es desproporcionadamente blando y favorable lo podemos ver en que si ahora Reino Unido quisiera entrar en la UE no cumpliría con los criterios de Copenhague (un ejemplo simple: tienen una cláusula que les permite no asumir el Euro cuando ahora es un criterio obligatorio de admisión; otro ejemplo: tienen una cláusula que les permite no pertenecer al «espacio de Schengen»).

En todo este tema la Unión Europea está mostrando su peor cara: dignatarios decidiendo sin siquiera preguntar a sus parlamentos (ya no digamos al pueblo), mendigando favores, jugando, en el fondo, con los principios más básicos de la construcción política de la ciudadanía europea (esto es, con la Igualdad de trato de todo ciudadano de la Unión) porque «la City» les importa mucho más que un puñado de trabajadores que necesitan un subsidio en Reino Unido.

Porque en el fondo a todos esos que se arrejuntaron les interesa tener de aliado a RU aunque signifique traicionar a sus propios emigrantes. Hace unos meses ese mismo Consejo dijo «no» a todo lo que vino de Grecia, que pedía flexibilidad en algunos temas económicos, y poco más se le mostró la puerta para que se fuera. Se ve que los intereses económicos (ahora fuertemente custodiados, cuando hace unos años, con las vacas gordas dando leche, se permitía a Alemania o Francia saltarse a la torera los límites presupuestarios y tener así más déficit) son más importantes que los principios políticos, que la igualdad de los trabajadores y que el propio estado de bienestar. Se ve la verdadera cara de la Unión Europea. Un club de ricos, para ricos, en que hay unos «chulitos pobres» a los que se les tiene dentro por el provecho que se les pueda sacar.

Tal vez hubiese convenido más afrontar la realidad con respecto a Reino Unido: ni están realmente en la UE ni quieren estarlo. Hay quien menciona que todo es parte de un plan para conseguir mejor trato económico dentro de la UE y separarse más de la integración europea (salga sí o no en el referendo, eso será secundario); tal vez es la hora de mostrarle la puerta de la UE a RU y reconocer que tal vez y solo tal vez nunca debieron salirse del AELC, que vuelvan ahí y sean parte también del EEE, que es lo que les gusta… (Aunque incluso los países del EEE asumen compromisos que RU no quiere).

Pero no podemos olvidar, aunque a veces se nos pase por alto, que la Unión Europea es ante todo un monstruo nacido del capitalismo, es en esencia un mercado con preferencia de las mercancías y finanzas sobre todo lo vinculado a la construcción de la ciudadanía europea (de ahí que no tuviera carta de derechos hasta anteayer, como quien dice). Tenemos una Unión donde unos privilegiados marcan reglas que luego no tienen por qué cumplir mientras que al resto se les aplica un rodillo institucional, normativo y, sobre todo, aplastante e inapelable.

Es necesario reconstruir la Unión si queremos de verdad superar las fronteras estatales y tener una institución que de verdad vele por los intereses de los pueblos que en su seno conviven. Es necesario reconstruirla de abajo a arriba y no como el engendro que actualmente es, tan vertical de arriba a abajo…

3 comentarios en “Ni unión ni…

  1. La UE nació siendo una unión de mercados, con todas sus asimetrías lógicas y a pesar del disfraz que la sustenta de unión política, no deja de ser una unión de mercados donde los países fuertes hacen su juego, como GB o Alemania. Al resto le queda como principio el saberse parte de… ni siquiera la tan mentada Europa de los DDHH existe y por eso de vez en vez Italia puede proponer que a los migrantes africanos los dejen morirse en el mar que a nadie le genera ni siquiera cosquilla. Pero nos sucede de este lado del charco también solo que más sincerado desde uniones ficticias como el Mercosur o la Unión de países andinos… En América Latina tenemos una ventaja y es que en general hay unos principios culturales compartidos que van desde el idioma hasta unas idiosincrasias que uno percibe cuando viaje, en Europa ni siquiera, los alemanes son DISTINTOS a los españoles por donde se los mire. Pero en general el capital manda aquí y allá y las uniones supranacionales responden a los intereses del capital, nunca a las necesidades de los pueblos.

  2. Salud

    El problema es justamente cuando se intenta que la UE sirva para lo que no fue pensada, como dices, su principio es su fin: el capital. Todo lo demás es una construcción para endulzarlo. Hasta ahora se reprimía para afuera (como mencionas lo de Italia, por poner un «ejemplo» fácil) pero ahora se pide que se discrimine de puertas para adentro y… ¡se permite! Es rizar el rizo en dejar claro qué es lo que manda.

    Hasta luego 😉

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