El Gran Elector Norteamericano

por Pablo A. Pozzi

Debo tener una fuerte tendencia masoquista. Primero me vi la convención del partido Republicano. Newt Gingrich presentó la candidatura de Donald Trump. Debe ser que todos se olvidaron que el bueno de Gingrich, troglodita y Neanderthal, ideólogo del Contrato con América que fue el antecedente directo de la ultraderecha actual, corrupto procesado y adultero confeso aunque fundamentalista religioso, no tiene una trayectoria como para recomendar a nadie. Luego vino EL hombre, the macho man. Trump amenazaba a todos y todas, insistía que Estados Unidos había sido el mejor del mundo y volvería a serlo con él a la cabeza, les prometía la excomunión a los musulmanes (¿o era que los quemaría en las hogueras de la Inquisición?), y sonreía como enloquecido convencido de su propia genialidad. Y todos agitaban banderitas norteamericanas y gritaban como si hubieran ganado la lotería. En síntesis, más o menos lo que me esperaba.

Y de ahí a los Demócratas. Chocho, con palomitas (pururú por aquí, pochoclo por allá, y popcorn para los yanquis), y unas cervecitas, listo para ver como los «Sandernistas» se la cobraban a Hillary. Hubo 61 (sipi, sesenta y uno) discursos. Me perdí algunos porque ni yo puedo comer tanto popcorn. Sanders les explicó a sus huestes que había que unirse contra Trump y el neofascismo, con lo que los votos de sus delegados fueron sumados a los que sufragaron por Hillary (¿para qué hicimos elecciones internas?). Los que estaban en desacuerdo (sobre todo las delegaciones de Oregón y del estado de Washington) se retiraron de la sala a hacer una protesta frente a la sede de la Convención. No problem, baby. Nadie les prestó atención. Adentro, Bill explicaba que «su chica» Hillary era maravillosa, que la amaba (supongo que junto con todas las otras a las que ha hostigado sexualmente), y que era perfecta. Obama insistió que Hillary «continuaría» su obra (indudablemente). El padre de un soldado musulmán yanqui muerto en Irak matando otros musulmanes explicó que su hijito cayó defendiendo la patria (se olvidó la parte de «fortaleciendo la persecución de gente como él»). Y luego Hillary, en lo que debe ser uno de los discursos más aburridos e insulsos que he escuchado, explicó que ella era progresista pero pragmática (supongo que hay masas de progres que no son pragmáticos…) ¿Qué habrá querido decir con eso? Quizás que es progre en el corazón, pero que lleva una abultada billetera sobre el cachete derecho del traste. Ah, y todos agitaban banderitas norteamericanas y gritaban como si hubieran ganado la lotería. Capaz que hasta eran los mismos tipos que en la Convención Republicana, pero ahora alquilados por los Demócratas.

En síntesis, me aburrí primero y me enojé después. Claro que mi inicial enojo era conmigo mismo: soy un tonto por haber mirado eso, como si con el circo de la política argentina no me alcanzara. Pero después me enojé peor todavía con los yanquis. Debo reconocer que lo que disparó mi rabia fueron dos mails. Uno de un amigo, viejo rojillo de Massachusetts, que luego de comparar a Trump con Benito Mussolini me convocaba a firmar en apoyo a una especie de frente popular antineofascista y «convencer» a mis amigos de votar a Hillary, como «el mal menor». Mi amigo siempre fue un buen tipo, pero medio nabo para la política. Pero tras el suyo me llegó un mail de Noam Chomsky que decía más o menos lo mismo. Y me pareció de lo más oportunista, por no decir cosas peores.

A ver, Trump es efectivamente un desastre caminando. Es un multimillonario explotador que se las da de popular y vivillo. Su retórica efectivamente es la de un populista conservador y sus poses recuerdan a Mussolini, si bien éste era más petiso, no tenía pelo, fue bastante más inteligente (todos se olvidan que Benito fue un socialista muy importante antes de 1915), y era un viejo militante político. Trump, en cambio, es un viejo ladrón, corrupto, vendedor de buzones, y mentiroso. Lo peor de todo es que legitima el racismo, la misoginia, y todos los peores instintos del pueblo norteamericano. Trump me asusta.

Hillary en cambio tuvo su momento de gloria: calló a la gente de Sanders, humilló a Bernie y hasta lo hizo decir que como ella no hay dos; Obama la abrazó; Michelle la declaró su heredera; ironizó a Trump; aclaró que Estados Unidos seguía siendo el mejor país del mundo y el defensor de la democracia; respaldó a los militares y alabó sus tareas. Y, obvio, es fundamental que sea mujer y haya «roto el techo de cristal que impedía que una mujer fuera candidata a Presidente por uno de los partidos mayoritarios». Son clarísimas las diferencias con Trump. Hasta que uno presta atención a lo que no dijo y ahí los silencios son ensordecedores, hasta el punto de hacerme dudar cuál es peor.

La candidata «rompedora de techos» es la que se encargó de reducir las protecciones sociales a las mujeres trabajadoras norteamericanas, o de justificar a un hostigador serial como su marido. Pero bueno, eso es un detalle, hasta que uno recuerda que ella fue la dijo que los jóvenes afronorteamericanos eran ««súper predadores sexuales»», o que defendió a los policías de gatillo fácil que han asesinado a docenas de negros en el último año y medio. Ni hablar de que es corrupta (los muchachos de Goldman Sachs le pagaron U$700 mil por tres «conferencias» o sea U$5000 por minuto) y que ha sido procesada varias veces (debo reconocer que fue exonerada junto a su maridito por el escándalo Whitewater, claro que EL era presidente en ese momento). Ni hablar que la defensora de la democracia se las arregló para ganarle a Sanders cometiendo todo tipo de fraudes (o como dicen hoy en día «de irregularidades», todavía no se por qué es irregular coimear, falsear resultados y llenar urnas de votos, y como soy viejo sigo pensando que el robo es ilegal, aunque lo cometa la señora de Bill Clinton). Pero lo mejor de todo es que si el militarista Neanderthal de Trump me asusta, solo ver la trayectoria de Hillary me hace entrar en convulsiones.

Nosotros suponemos (creo que correctamente) que Trump es un belicista y de ultraderecha, pero sabemos que Hillary es de lo peorcito que ha agraciado la política exterior norteamericana. Ni siquiera un producto de la Guerra Fría como Madeleine Albright (que fue Secretaria de Estado de Bill) fue capaz de profundizar la política exterior de Bush padre, solo la continuó. Hillary (y Obama) plantearon el «cambio» y este consistió en hacer que la política exterior de Bush Hijo, que dio tan buenos resultados, fuera magnificada hasta lo indecible. Y son tantos pero tantos los éxitos de Hillary que uno hasta casi se olvida de todos, sobre todo porque se dieron a la sombra de Barack Hussein más conocido como el «Presidente Drone». Hillary logró que los neonazis se hicieran con el gobierno de Ucrania; escaló los enfrentamientos en el Báltico a un nivel que hoy por hoy se teme que pueda terminar en una guerra nuclear; ni hablar de que fue artífice de continuar las guerras de Irak y de Afganistán a través de mercenarios, gracias a las cuales hoy ISIS tiene país propio; ha sido el principal apoyo de «demócratas» como Recep Tayyip Erdogán, el hombre fuerte de Turquía; implementó su exitosa política en Libia; apoyó el golpe de estado en Egipto; gestó la guerra de Siria; puede decir orgullosamente que ha bombardeado y destruido buena parte de la humanidad. Ella fue la que piloteó el Tratado Trans Pacífico (TPP), un acuerdo comercial entre Estados Unidos y otros once países de la cuenca del Pacífico, que establece un organismo violatorio de las distintas soberanías nacionales y los derechos humanos, todo en función de los grandes capitales. Quizás porque soy latinoamericano, la odio particularmente por ser la gestora de los «golpes parlamentarios» y la desestabilización de Venezuela. Esta es la muchacha que estaba al mando cuando el Departamento de Estado pergeñó y apoyó los golpes de Honduras y Paraguay, y comenzó lo que su sucesor terminó en Brasil. No digamos nada de su apoyo a la ultraderecha en Guatemala y en Colombia. Es más, tuvo que dejar su cargo (para dedicarse a ser candidata a Presi) para que John Kerry, su sucesor, pudiera implementar una política de apertura con Cuba. Hillary es un horror, pero no porque sea mujer sino porque toda su trayectoria no deja ninguna duda de que no es «el mal menor». Por ahí es lo mismo en envoltorio diferente, o por ahí es peor que Trump, lo que me queda claro es que ambos son como para darle pesadillas a cualquiera.

Ahora lo notable es que yo miraba ambas convenciones, y mientras me admiraba de la inmensa capacidad para mentir que tenían ambos candidatos, me quedé absolutamente patitieso del éxtasis y furor que generaron en el público asistente. Yo que pensaba que los argentinos teníamos el monopolio en la carencia de neuronas políticas, hete aquí que hay un pueblo aun peor que nosotros: los yanquis. Hillary, la campeona de Wall Street y el militarismo desenfrenado, recibía ovaciones por prometer que haría más de lo mismo y que seguiría matando niños e inocentes a través del mundo. Trump el vocero del racismo más desaforado fue vivado luego de prometer que perseguiría una buena parte de la propia población norteamericana. Fogoneados por una prensa mentirosa y mercenaria, nadie habla de propuestas, proyectos o trayectorias genuinas. Los intelectuales y clasemedieros apoyan a Hillary y se convencen que es progre. Los obreros y los pobres apoyan a Trump. De hecho, todas las últimas encuestas1 dan ganador a Trump sobre Hillary por 46 a 43 por ciento; clave en esa diferencia es que entre trabajadores blancos Trump le gana por 39 puntos de diferencia. Hillary saca ventaja sólo entre mujeres y afronorteamericanos, pero bastante menos de la que uno piensa.2 ¿Cuál ganará? Yo apuesto por Hillary, sobre todo porque el aparato Demócrata y los muchachos de Wall Street recién empiezan con su bolsita de trucos sucios; por ejemplo la acusación de que Rusia y Putin pretenden «arreglar» las elecciones norteamericanas para que pierda Hillary. Pero el sólo hecho de que Trump siga arriba en las encuestas a pesar de tres días de una masiva propaganda en los medios de comunicación (la cobertura de la Convención Demócrata) da mucho que pensar.

Pero si Trump tiene una chance seria esto es porque la mayoría de los trabajadores norteamericanos lo piensan votar. ¿Obreros que apoyan a Trump? ¿Por qué? ¿Y por qué no apoyan a ninguno de los dos y buscan un tercer candidato? ¿Por qué no votar a Sanders por fuera de los Demócratas? Lo fácil primero. Sanders no, porque él no quiere. Su objetivo era movilizar a los jóvenes votantes para que no se quedaran en casa, ya que tienden a votar Demócrata. O sea, como dijo en reiteradas ocasiones, su campaña no fue otra cosa más que una forma de garantizar votos para Hillary. Y en eso tuvo que hacer un planteo más progresista, si bien estaba a la derecha de Roosevelt y el New Deal. Lo importante de Sanders es que muchísima gente (12 millones lo votaron) vio «el socialismo» como una alternativa viable. ¿Y por qué no votan un tercer partido aunque Bernie no quiera? La respuesta es obvia: porque es difícil en un sistema electoral tramposo, organizado para que solo pueda ganar uno de los dos partidos del establishment. Aun así una cantidad de «sandernistas» si consideraban hacerlo. Pero como la elección entre ambos está tan cercana Hillary y sus acólitos han comenzado la campaña del miedo, y según encuestas 90% de los «sandernistas» la votarán «tapándose la nariz». Son ellos los que plantean que Hillary será un horror pero es menos mala que Trump. Y después uno se pregunta por qué esta bendita señora no entusiasma ni a su hija.

Pero la gran pregunta es no solo por qué tantos obreros van a votar Trump sino por qué no eligen a alguien que en serio defienda sus intereses. Y aquí no hay que dejarse engañar por la prensa oficialista. Por un lado muchísimos obreros norteamericanos, blancos, negros, latinos y asiáticos, no votan. En el mejor de los casos, en los últimos 50 años, solo vota el 52 por ciento del padrón electoral que incluye sólo al 80% de los posibles votantes (el resto no están empadronados). Todos los estudios demuestran que los más ricos (porque total gobiernan por otros medios) y los más pobres (porque su voto no cambia nada) casi no votan. Ahora los trabajadores que sí votan están convencidos de que Trump no solo es un cambio importante sino que sí toma en cuenta sus intereses.3 Eso es difícil de ver porque la prensa se hace eco de los prejuicios raciales y la misoginia del candidato republicano, y rara vez refleja sus otras propuestas. Trump habla, desde que lanzó su candidatura, de proteger el empleo, de subir salarios, de reducir el presupuesto militar y dejar de intervenir en el mundo, de crear trabajos y rechazar el NAFTA y el TPP, de que los ricos paguen más impuestos, y que los trabajadores tengan protección laboral. Y encima denuncia a ricos y políticos como corruptos, mentirosos, y sin principios. En el discurso Trump claramente parece más pro obrero que el «socialista» Sanders, y ni hablar de Hillary. Más aun, si bien la derecha del Tea Party, los evangélicos, y algunos grupos milicianos lo apoyan, no hay que olvidar que el Klu Klux Klan de California, los hermanos Koch (grandes financistas de la ultra derecha), Wall Street, y todo el complejo militar industrial apoyan a Hillary. Y la media del votante norteamericano tiene mucha conciencia de que esta es la gente que se enriquece con la crisis que continúa endémica desde 2008. Hillary es la candidata del establishment, mientras que Trump si bien es multimillonario aparenta no ser parte del mismo.4

¿Y el racismo? La cuestión racial es una construcción ideada y fomentada desde los sectores dominantes para dividir a los trabajadores desde el siglo XVIII en adelante. El racismo se ha consolidado hasta el punto que integra la cultura norteamericana como un elemento central de la identidad. Al mismo tiempo hay que tomar en cuenta que el racismo es parte integral de la política norteamericana a través de las «identity politics». Gracias a éstas se supone que Obama tiene los mismos intereses que un desempleado afroamericano de Harlem, o que un multimillonario homosexual es igualito y sufre los mismos problemas que un gay trabajador. Por ende, parte del debate político actual es si un trans debe usar los baños públicos según su género, mientas se deja totalmente de lado los problemas de que son discriminados, perseguidos, y sufren niveles de pobreza y violencia desproporcionados al resto de la población.

En este contexto Estados Unidos fomenta, y se ha convertido en receptor, de una ola inmigratoria mayor que la de 1900. Muchos de estos inmigrantes llegan escapando de condiciones de vida terribles, y aun cuando sean muy explotados, Estados Unidos les resulta mejor que la vida en los países de origen. Desde su perspectiva, la prioridad es mantener un trabajo, mal pago y con pésimas condiciones laborales, a toda costa. El problema con esto es que son reacios a la organización gremial, aceptan salarios y condiciones muy por debajo del mínimo, y tienen escasos criterios de solidaridad de clase. El resultado es que la patronal los utiliza para eliminar conquistas laborales y bajar salarios. Lo que ve el obrero blanco y sindicalizado es que estos inmigrantes vienen «a sacarles el trabajo». Eso se combina con la cultura del racismo, y la agresión sobre los trabajadores que les llega desde un Estado lejano, para conformar una mezcla central al populismo conservador de Trump. Este habla de limitar la inmigración, impedir que las empresas utilicen el NAFTA o el TPP para llevarse empleos a México o a Asia. Más aun, Trump utiliza la nostalgia de un inexistente pasado mejor. El diría que en 1950, antes de los inmigrantes, «estábamos bien» y Estados Unidos era un gran país, y ahora con un presidente negro están inundados de inmigrantes, crimen, droga y encima los trabajadores son enviados a morir en tierras lejanas defendiendo regímenes corruptos y autoritarios. Y tiene cierta razón: si bien en 1950 no era el país que él dice, la sociedad norteamericana está inundada de crimen y drogas, con un altísimo desempleo y un cuarto de la población a nivel de pobreza. El Presidente «del cambio» empeoró muchas cosas, excepto para los sectores medios altos y los más ricos.

Ahora, ¿por qué le creen? Al fin de cuentas Trump es un multimillonario cuya fortuna (lo que no heredó) la hizo explotando a trabajadores, sean estos inmigrantes o nativos. En realidad lo que dicen los diversos testimonios y entrevistas con los «trumpistas» es que no le creen mucho que digamos. Lo que si es que él canaliza la rabia contra el establishment político y económico que representa Hillary. En cierto sentido, Trump institucionaliza sentimientos clasistas que de otra forma podrían derivar, quizás, en alternativas antisistémicas. No es el primero en hacer esto. En 1968 lo hizo George Wallace por derecha, en 1988 Jesse Jackson por izquierda, y en 1992 Ross Perot por derecha una vez más. La diferencia es que Trump es muchísimo más virulento en atacar a ese establishment que sus predecesores. ¿Y por qué no lo apoyaron a Sanders? Algunos, sobre todo los trabajadores más jóvenes y politizados sí lo hicieron. Pero para la mayoría, el discurso de Sanders, si bien no era el del establishment, tampoco era de enfrentamiento directo con el mismo.

¿Es Trump una nueva versión del fascismo? O sea, ¿es un neofascista? Depende de la definición del término. Claramente su discurso y sus formas recuerdan a Hitler. Al decir de la politología norteamericana el fascismo es «típicamente una política de nacionalismo y racismo beligerante»5. Pero si vamos a su contenido de clase entonces la cuestión es más compleja. De hecho, Georgi Dimitrov señaló en 1935 que «es una peculiaridad del desarrollo del fascismo norteamericano que, en su fase actual, emerge principalmente bajo el disfraz de la oposición al fascismo» para luego insistir que ««es la dictadura terrorista declarada de los elementos más reaccionarios, más nacionalistas, más imperialistas del capital financiero»».6 En esto Hillary se acerca al fascismo más que Trump. Pero la realidad es que ambos parecen representar variaciones de la misma tendencia hacia la fascistización del sistema político norteamericano.

En última instancia suponer que es el individuo en la Presidencia el que determina las políticas a seguir en Estados Unidos presupone que la clase dominante no es tal. Es la burguesía norteamericana la que, desde la Presidencia de Ronald Reagan en adelante, ha determinado un curso cada vez más autoritario y derechista en Estados Unidos. Lo terrible de la situación es que, en virtud de la hegemonía que ejerce la burguesía, las grandes masas de norteamericanos no logran canalizar su descontento con la situación en la construcción de alternativas que efectivamente desafíen al sistema. Y en ese proceso, como la principal potencia mundial, hacen peligrar la existencia de la humanidad.

1 Randy Blazak. «Who the Hell Supports Donald Trump? counterpunch…

John Cassity. «Hillary Clinton and the Opinion Polls: Is it Time to Panic?» newyorker.com…

2 Paul Street. «Politician Speak at the DNC». counterpunch…

3 «Why People Vote Trump». theguardian…

4 Angie Beeman. «Why Doesn’t Middle America Trust Hillary? She Thinks She’s Better Than Us and We Know It» counterpunch…

5 The American Heritage® Dictionary of the English Language, Fifth Edition copyright ©2015 by Houghton Mifflin Harcourt Publishing Company.

6 Giorgi Dimitrov. «La ofensiva del fascismo y las tareas de la Internacional Comunista en la lucha por la unidad de la clase obrera contra el fascismo». Fascismo, democracia y frente popular. VII Congreso de la Internacional Comunista. Cuadernos de Pasado y Presente 76. México: 1984; pág. 178.

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3 thoughts on “El Gran Elector Norteamericano”

  1. Muy buenas observaciones. en efecto, algunas de las personas en la convención demócrata estaban allí para aumentar ligeramente el tamaño de sus bolsillos. Se podía ver a algunos delegados sanderistas con cartelitos que decían: “delegado en serio”.

    En cuanto a la campaña de sanders, en vermont (de donde soy “oriunda» por elección, habiendo trasladado mi cuerpito hacia esas latitudes 22 años atrás, con una estancia de 16 años) allí, los zurdos (que no son tan pocos) lo votábamos a Sanders tapándonos la nariz. Pero una vez que se lanzo, pensamos que había que apoyarlo porque era lo mejorcito con alguna posibilidad. En principio hubiéramos todos preferido que se mandara por fuera del partido demócrata, pero lo cierto es que si hubiera hecho eso quizás nunca hubiera despegado, como no pudo despegar la Jill Klein, la un tanto débil candidata de los Greens. Y una vez que entró, todos sabíamos que no iba a sacar los pies del plato, le hicieran lo que le hicieran. En general, los yankis no son de correr riesgos políticos, como lo son los argentinos que no fueron a votar a Scioli, por izquierda. Y hacen lo imposible por sostener instituciones “democráticas”. Un ejemplo: los demócratas que no le impidieron el fraude a Bush en su primera elección, por miedo a pudrirlo todo y que hubiera algún cambio.

    Pero, más allá de lo puntual, Ud. como historiador por favor dígame si estoy en buen camino: los derrumbes de los imperios siempre se tratan de atajar por derecha? alemania nazi, por ejemplo… lo de sanders, patético como fue, fue un intento de parar el derrumbe por izquierda. y si bien concitó la atención y el apoyo de millones de estadounidenses, no tuvo suficiente fuerza su propuesta como para impedir que el propio partido lo bajara de un piedrazo a través de todo tipo de maniobras ilegales, incluyendo el fraude. y evidentemente la única opción ahora es por derecha, educada y bien hablada, o jodida y mal hablada, pero por derecha.

  2. Muy bueno tu comentario. Sobre Sanders yo recuerdo cuando surgió como alcalde de Burlington (yo estaba dando vueltas por Massachusetts en esa época), y todos sabíamos que había un límite concretito al no tener aparato. Pero aun, cuando lo eligieron congressperson me acuerdo de varios rojillos que discutíamos los problemas de ser «independent» y único en el Congreso y hacer algo útil, más allá de simplemente «denunciar» y que nadie te escuche. En eso es notable que la derecha, en la misma época o un poco antes, se dió una política de masas con medios, mail campaigns, y otras cosillas. Cuando salieron a la luz tenían una base sobre la cual construir. En cambio los zurdos y los progres nunca logramos una política de conjunto. Si luchas puntuales (contra la Decisión Bakke), y cosas que generaban bastantes fracturas (identity politics), amén de muy pero muy poca educación popular.
    En cuanto a crisis y derecha… sip, y yo creo que esta camino a una fascistización del sistema político muy fuerte, sobre todo con Hillary que me parece más peligrosa que Trump (en especial porque no veo que este tenga una base en los sectores dominantes). Pero no estamos en la «era de la revolución», por lo que la derechización también genera fracturas importantes arriba… a pesar de mis «amigos» de PTS no es bonapartización lo de Trump. Pero es algo a discutir, sobre todo porque así como en 1923 surgieron fenómenos nuevos (fascismo, new deal, keynesianismo, stalinismo) y que tuvimos que desarrollar nuevas categorías para entenderlos (o no) hoy estamos ante un momento similar.

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