El miedo

por Pablo Pozzi

Ayer pasó por casa Ramón, viejo obrero clasista del caucho cuyo corazón es más grande que una casa. Venía preocupado. «Se viene un golpe de estado», me dice. «La pucha, los K», pensé yo, que acababa de ver a los chiquilines chetos de La Cámpora diciendo que no iban a entregar el poder y a Maduro que explicaba que iba a recurrir a un gobierno cívico militar si perdía las elecciones. Pero me equivoqué fiero. Ramón se refería al «macrifascismo» que iba a dar un golpe de estado, probablemente ganando las elecciones. «Ehhhh, Ramón», le dije, «pero si ganan elecciones no es golpe. Capaz que la gente se equivoca fiero pero cuando vota decide». «No importa, van a sacar todas las conquistas sociales. Van a soltar a todos los represores. Van a devaluar.» Caramba, un poco más y van a cambiarle el nombre a la provincia de Córdoba… eso sí que sería embromado. En realidad me lo tomé en solfa, hasta que otro amigo me escribe que si gana Macri va a cerrar universidades y nos vamos a quedar sin laburo. Y de repente me entró miedo a mí también.

Pero mi miedo y el de Ramón no son la misma cosa. Por un lado Ramón no tiene seguro médico y vive de una pequeña pensión, tampoco tiene asignación universal, ni recibió un peso por haber sido preso político, y el tipo que lo torturó sigue libre y disfrutando de la vida en Londres. ¿Entonces por qué tiene miedo a perder lo que nunca tuvo? ¿Y mi otro amigo universitario? ¿Cuántas universidades argentinas se han cerrado aunque muchas sean de una pésima calidad? De hecho, Carlitos Menem, nuestro emblema nacional del neoliberalismo, abrió muchas nuevas universidades en un esfuerzo por descentralizar la Universidad de Buenos Aires y satisfacer caudillos locales. Sipi, el miedo de Ramón no tiene mucho asidero. ¿Y el mío?

Yyyyy, yo también tengo miedo. Por un lado, tengo miedo al ajuste económico que se viene. No importa quién sea presidente, los K han hecho tal desastre con la economía que el ajuste es de rigor, y como no hay ni siquiera un progre que va a entrar en el Gobierno entonces los platos rotos de la década mejor llamada «la fiesta de borrachos», los van a pagar sobre todo los trabajadores. Vamos, ¿no supondrán que Kristóbal «tragamonedas» López, Julito «quiero el diego» De Vido, Juancito «el ricachón» Manzur, o Cristinita «yo los miles de millones que tengo los hice trabajando de abogada exitosa» Fernández, van a poner un peso? Las crisis capitalistas sirven para que los ricos sean más ricos y los pobres se jodan. Si no, como una vez me dijo el Rector de la Universidad de Palermo, ¿por qué será que en épocas de crisis lo que más se vende es champagne? Entre sus amigos, pensé yo, porque entre los míos lo que más se vende son fideos en oferta.

Por otro lado, tengo miedo a los quilombos que van a pasar. Cualquier tipo de ajuste implica que van a haber despidos, sobre todo en el Estado donde desde hace dos años han ingresado miles y miles de «amigos» del gobierno. Es indudable que, si gana Macri, va a echar un montón de bienuditos de La Cámpora porque son ñoquis, y también porque necesita meter un montón de bienuditos de su partido. Y si gana Scioli entonces en vez de echar a los «camporitas» va a rajar a los que todavía hacen que el Estado funcione, mal pero funcione. En ambos casos vamos a tener líos por todos lados, y conflictos sociales para tirar para arriba.

Ahora, supongamos que gana el amigo derechoso Macri. ¿Eso es un golpe de estado, como dicen los K? Digo, ¿no tienen cosas para criticarle que tengan sentido? Por ejemplo, que la seguridad en la ciudad de Buenos Aires es un desastre, y eso que cada vez pagan más impuestos. Pero claro, es lo mismito que en la Provincia de Buenos Aires donde, según los K, Scioli ha sido «el mejor gobernador de la historia» (una historia que, obviamente, se remonta sólo hasta 2003).

Bien, pero si Macri y Scioli son más o menos dos chicos de universidades privadas, de familias de plata, que nunca jamás trabajaron y que tampoco demostraron demasiadas luces o neuronas… ¿entonces por qué me asusto? En realidad me asustan los K, y mucho. Digamos que la voracidad de su corrupción, de su impunidad y de su soberbia me dice mucho sobre la Argentina que han construido. Son mentirosos consuetudinarios peor que Goebbels. Son corruptos y corruptores. Son perfectamente capaces de asesinar y de avalar y proteger a asesinos. Se han gastado miles de millones y nada ha quedado de eso fuera de sus cuentas en Suiza. Y han gestado, por primera vez en la historia argentina, una derecha con apoyo de masas. Scioli, Macri y Massa todos están de acuerdo en que hay que usar al Ejército para «orden interno», todos se han dedicado a espiar a la ciudadanía, todos creen que el crimen es producto de la naturaleza humana y no del hambre y por ende hay que reprimirlo poniendo más y más represores (digo, policías) en la calle. Y sus propuestas cuentan con el beneplácito de millones. Si la consigna en 1983 era «con democracia se come, se cura y se educa», la consigna hoy es «con democracia se reprime cada día más». Y la gente, desesperada y asustada, dice que sí, que los maten a todos.

Pero esto no es nuevo. Hace 32 años que se acabó la dictadura. Hace 26 que somos gobernados por peronistas. Pará Pozzi, mirá que sos gorila. El gobierno de De la Rúa no fue peronista, y Menem tampoco porque era un traidor. Primero, habría que recordar que la Alianza fue justo eso, un cocoliche de radicales y peronistas. O sea, si estuvieron en el gobierno. Pero más aun, a mí me encantan los peronistas que pueden ser todo y nada al mismo tiempo. Si la hace bien es peronista, si no la hace entonces los repudiamos y listo. Al fin y al cabo ¿no es un sentimiento? Menem y Duhalde con una vida en el peronismo y mezclados en las políticas neoliberales, amén de unas cuantas cosas más que turbias (como droga, el robo de armas, y tantas otras cosillas) ahora no lo son, pero por ahí sí. ¿Y Massa? Era peronista cuando estaba con los K, y ahora dejó de serlo, pero lo volverá a ser si se convierte en líder del PJ, aunque ahora está afuera, pero puede volver a entrar. A pesar de mis amigos peronistas, la realidad es que la doctrina de Perón no existe, más allá de un conservadurismo absoluto disfrazado bajo un discurso progre y popular. Por eso Néstor, Cristina y ahora Scioli son sus líderes. Gentes insospechadas de tener ideas propias, terriblemente corruptas, salvajes en su defensa del poder propio, y con escasa firmeza porque no tienen principios en qué anclarlos… pero si, bien autoritarios y represivos cuando necesitan serlo. Y eso si me asusta, porque cuando hay boom económico, y hay para repartir, estos tipos no son un problema. Pero cuando la cosa es crítica, tipos como Scioli solo complican más porque su único objetivo es mantenerse en el poder con sus amigos, aunque no sirvan para nada.

Pero, si los K me asustan, con Macri no coincido. No me asusta, pero no concuerdo con nada de lo que dice. Y tampoco le creo mucho. Es menos mentiroso que los K, pero sé que es capaz de decir lo necesario para ser electo. Y también me asusta el FIT que parece no haberse dado cuenta que en dos años (desde las elecciones de 2013) ha perdido cerca de medio millón de votos, y que mientras avanzan las propuestas de derecha se vanagloria de ganarle al Frente Progresista. Digamos, muchachos preocupados cada vez menos por la vida de los trabajadores. Más aun, hace ya añares que decidí que yo no voto «al mal menor», sino que voto a aquel con el que tenga más coincidencias. Cuando yo era chico eso se llamaban «principios». Por eso mi abuelo español fue peronista hasta 1954 cuando le mandó un telegrama de renuncia a Perón por «abandonar los ideales», y por eso mi viejo votó a los Socialistas aunque perdieran hasta que dejaron de serlo, en cuyo caso votó en blanco. Hoy no tenemos estos problemas. Es más cuando pierden nuestros principios pues rapidito adoptamos otros, como diría Groucho, y cambiamos de partido a ver quién me tira un hueso.

¿Y entonces? En este ballotage, voy a votar en blanco. Pero no por lo que me diga el FIT, o el PCR o nadie de la izquierda. Como tampoco le voy a prestar atención al PC que en un afiche con la hoz y el martillo proclama su apoyo a Scioli traicionando su historia (aunque por ahí no tanto ya que apoyó a la dictadura del 76, y a la burocracia sindical en 1958). Vomitivo es poco. Como lo es el afamado marxista Atilio Borón que hace lo mismo, ratificando su oportunismo una vez más como en la noche de los tiempos donde apoyaba a las 62 Organizaciones burocráticas, o cuando sirvió de vicerrector de la UBA con el corrupto de Oscar Shuberoff. Me hubiera encantado que el FIT llamara asambleas a discutir qué hacer, y no que esperara a no tener aun los resultados electorales para decidir qué hacer.

Voto en blanco porque es lo correcto, es lo que me dicen mis principios. Ah, y estoy harto de la política argentina.

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4 thoughts on “El miedo”

  1. Hola Pablo
    Tuve sensaciones y pensamientos encontrados con tu escrito. Por un lado, y una de las primeras opiniones que se me formaron, era que saludaba la capacidad de salir de los lugares comunes que nos dominan desde hace cerca de una década y de escribir sin estar pendiente de lo políticamente correcto. En particular, eso de animarse a hacer crítica del peronismo sin temor a los motes de antiperonista o gorila.

    Pero, por otro lado, pienso que tu texto cae dentro de un mal de época que es lo que podríamos llamar la propensión a la hipérbole. Me pareció descubrir en tus posiciones sobre el kirchnerismo ese fastidio, hasta diría bronca, e incluso rechazo visceral que se ha vuelto tan habitual en estos años. Como si no pudiera hacerse una crítica razonable del kirchnerismo. Siempre terminan ganadas (las críticas) por lo hepático. Hay un exceso que le resta mérito a la escritura.

    Es normal que el kirchnerismo nos parezca peor que el macrismo, por la sencilla razón de que el kirchnerismo gobierna y el macrismo no. Ahora, desafío a hacer el ejercicio intelectual de imaginarnos viviendo en la Argentina 6 meses después de haber ganado Macri. Cristina nos empezará a parecer rubia, alta y de ojos azules.
    Estamos hastiados de kirchnerismo. Sentimos una necesidad vital de no soportarlos más. Estamos hartos de sus mentiras, sus robos, sus incapacidades. Hartos de la destrucción del estado en nombre del Estado. Hartos de que cada vez haya más pobres en la realidad y menos en las estadísticas, etc, etc.

    Pero para poder analizar la situación política, debemos poner entre paréntesis esos hartazgos. Y eso es lo que me parece que tanto cuesta.

    Sé que es difícil, porque, entre otras cosas, es el propio kirchnerismo el que primero instaló el reinado de lo hiperbólico. Hace 12 años que estamos viviendo la revolución kirchnerista, transformando el país desde la raíz, dando vuelta la tortilla, construyendo un país anti imperialista, obrero y popular, etc, etc. Por supuesto que no tiene la menor importancia que en esos mismos 12 años se haya dado la expansión más atroz en la historia argentina de un monocultivo (soja), que hoy la propiedad de la tierra esté mucho más concentrada y extranjerizada que en la época de Menem, que la migración del campo a la ciudad haya seguido su curso como consecuencia de esos procesos, que se hayan talado miles de hectáreas de bosques para plantar soja, que se haya destruido la capacidad energética del país, que estemos como mínimo tan primarizados en nuestras exportaciones como siempre. Nada de eso es relevante porque a cambios hemos conseguido un montón de subsidios, de puestos laborales estatales que nos dan trabajos a nosotros, los progres. Y en realidad no es que nos importe mucho la asignación universal por hijos, porque nosotros no la cobramos (off course, diría nuestro jefe de gabinete), pero en cambio sí nos importa muchísimo la expansión del empleo público, los subsidios a las tarifas, las 12 cuotas, el dolar baratísimo ( si no, cómo nos vamos a viajar por el mundo). Y los que militamos a favor del Proyecto, necesitamos el estado amigo, porque jamás hemos militado por las propias (como se hacía antes); sólo sabemos militar con chapas que nos dan en los ministerios, con bolsones de comidas que nos dan en los ministerios, con algunos puestitos públicos para nuestros dirigentes que nos dan en los ministerios, con algunos subsidios amigables que podemos distribuir entre nuestra gente, que nos dan en los ministerios. Porque si no, quién nos daría bola. Por eso estamos como locos. Porque con Macri todo eso se nos termina. Y cómo vamos a seguir construyendo el movimiento nacional y popular sin guita!!

    Ahora bien. Se nos viene un ajustazo. Nos van a hacer pelota a todos los laburantes. Sí o sí deben bajar costos. Y nosotros los laburantes somos eso: un costo. Entonces, nos van a licuar el salario, entre devaluación, quita de subsidios a las tarifas, aumentos paritarios por debajo de la inflación, etc.
    La opción es entre el FPV, con Scioli, que ofrece: inutilidad (ha sido el peor gobernador desde 1983, lo que es mucho decir, ya que compite con Rukauf y con Duhalde), mediocridad, un equipo de trabajo que le hace juego, con las excepciones de Blejer y Bein, que son capaces y cuya orientación no tiene nada que envidiarle a Melconian, la recontra demostrada incapacidad para manejar al kirchnerismo (Cristina, La Cámpora), de manera que se puede avizorar un alto grado de conflictividad interna.
    y
    Cambiemos, con Macri, que ofrece: una absoluta convicción pro mercado, rol subsidiario del estado, trabajadores como costo, productividad por encima de derechos.

    Efectivamente, también voy a votar en blanco. Pero sin ufanarme de ello. Porque en realidad es una terrible derrota que hoy las opciones sean estas.

  2. Tenes gran parte de razón: en menos de seis meses vamos a querer matarlo a Macri. Digamos como queríamos matarlo (yo no vos) a De la Rua, y a Menem. En gran parte es la lógica del capital, por otra es el hartazgo ante la carencia de propuestas propositivas ya sean progres o de izquierda. Pero el fenómeno K es muy preocupante, como lo fue el fenómeno menemismo… y en eso mucho más este último. O sea, si bien los partidos «patronales» son precisamente eso, no son todos lo mismo. Desde 1989 ha crecido el racismo y la discriminación en la Argentina a lo bruto y la redistribución del ingreso hacia abajo. Si en los 90 esto se hizo con discurso neoliberal libremercadista en la era K esto se lo ha hecho con discurso progre. Contra Menem su planteo nos permitió ir tejiendo cosas y plantear alternativas, ya sea en contra de la LES, o en contra del libremercado. Pero en la era K gran parte de la progresía ha sido cooptada, si bien van creciendo los conflictos y las luchas. Pero estas son cada vez más salvajes, en particular por la fe de los conversos y también porque la clase media baja que de repente gana 60 luquitas por mes no lo va a soltar ni en pedo. Y eso es peligrosísimo, como siempre lo fue el peronismo. Yo estoy contra Macri y tengo idea de lo que se viene sobre todo porque tiene un proyecto y una ideología. Pero en el caso K comparten los mismos criterios pero sin tener ni proyecto ni ideología más allá de retener el poder a como de lugar. Esta es una mezcla terrorífica porque si bien ambos son represivos, estos últimos lo son en forma despiadada y utilizando a sectores populares para reprimir a trabajadores. Eso no quiere decir que Macri sea preferible, para nada. En realidad los dos son una reverenda porquería, pero hay que rebatir la idea de un proyecto «progre» contra otro «de derecha» con algo más que simplemente el hablar de los partidos patronales. Rolo Astarita y Paula Varela viene planteando cosas buenas (o por lo menos mucho mejores que las mías) pero dirigidas a la izquierda casi exclusivamente, y a mi me gustaría disputar no los convencidos, sino a todos los otros con buen corazón.

  3. No caben dudas de que don Ramón no es tonto, como no es zonzo el miedo. De todos modos, me pa que estamos tan metidos con el micrófono de las elecciones que en realidad, no vemos que tal vez el miedo que nos corre es seguir careciendo de respuesta para la pregunta que nos hacemos desde hace siglos (bah, por lo menos es el miedo que me carcome y me pone tan enojada e intolerante). Qué hacemos para cambiar esto de raíz cuando el árbol se nos vino encima hace rato!!

  4. Lo que dice Pablo sobre la «novedad» política del kichnerismo hay que precisarlo en una conceptualización: es el progrepopulismo, una corriente que contiene los elementos de las dos enfermedades que enunció Santucho en «Poder burgués, poder revolucionario». Se plantearán como «la oposición» gane uno u otro. Tienen la desventaja de no tener la base obrera del peronismo ni las tradiciones del reformismo stalinista, pero bien pueden coptar algún nuevo Moyano, cuando los ajustazos arrecien.
    ¿Para cambiar de raíz las cosas? (como clama Andrea): (re)construir un partido revolucionario. Primer paso: unificar a las tribus varias inspiradas en el ideario guevarista, dejando en claro que NO hay más «partidos guía»

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