Argentina, vanguardia del capitalismo

por Pablo Pozzi

Leo a progres, hablo con zurdos, miro de ojito La Izquierda Diario, reviso los millones de posting en Feisbuk y monto en cólera. A ver muchachos, según ustedes el problema es Macri y su gobierno. O sea, si tuviéramos alguien piola (o por lo menos buenito) no habría despidos, las mineras no harían lo que les canta, la inflación seguro baja, no habría represión y a todos nos darían un aumento salarial que por lo menos de para vivir. Y a todos se les oculta el bosque porque no quieren ver más allá de algunos árboles.

Lo que está ocurriendo no es “política” de Macri, por lo menos en cuanto a que él la pergeñó, es la política de la clase capitalista argentina. ¿Cómo lo sabemos? Yyyy, pensemos un poco: los despidos los hacen los muchachos de Cambiemos y también Alicia Kirchner, Urtubey y cuanto gobernador K anda dando vueltas por ahí; la connivencia con las mineras la hace Macri y el “amigo” Gioja y sus compadres peronistas de San Luis; las “nuevas leyes” cuentan con el “apoyo” de los legisladores no sólo de Cambiemos; ¿no les llamó la atención que nadie entre los peronistas apoyara a Milagro Sala (excepto Boudou, claro, que nunca fue peruKa) mientras la izquierda demostraba, una vez más, su increíble capacidad de ser Bonzos ante las amplias masas?; ¿cuál es la diferencia entre los sindicalistas “razonables” de hoy y los de ayer?; es más, lo escucho a Prat Gay y me parece escucharlo a Kicillof diciendo que los aumentos salariales alimentan la inflación (claro que si, pelotudo, y ¿cómo explicas que haya tanta inflación y los salarios hace una década que se quedan atrasados?); ¿cuántos sciolistas y kirchneristas vieron “la luz” y se han hecho macristas?; los voceros de la derecha (Lanata, Maxi Montenegro, los Leuco y otros) insisten que Macri carece de plan y simplemente “continúa” con cosas instaladas durante los K y eso mientras “la izquierda” insiste que “ahora estamos en la resistencia” (supongo que antes estábamos al horno y no nos dábamos cuenta), ¿quién tiene razón?. Puedo seguir largo rato, pero para muestra basta un botón.

He insistido hasta el hartazgo que los K eran neoliberales, más allá del discurso; que Cambiemos es más continuidad que ruptura; que lo de los K legitima lo que hace Macri; que si los K relegitimaron un estado capitalista colapsado en 2003, ahora la tarea de Macri es fortalecerlo; y que la “resistencia” de la izquierda relegitima al neoliberalismo kirchnerista. Es más, hasta hay sectores de la izquierda (¿?) “dura”, como la fracción (una más) del Partido Obrero (la TPR) que reclama luchar para que “vuelva Cristina”. Menos mal, yo estaba preocupado que fueran a luchar para lograr algún cambio social.

Y en el medio de todo esto, la clase capitalista argentina viene (como siempre) haciendo su agosto y avanzando: en parte porque el despiporre de los K no deja opción, y en parte porque el “arreglo” tiene que ser hecho de tal forma que no solo no sacrifique la tasa de ganancia sino que (oh yes, plis) la aumente. Dicho de otra manera: para los burgueses el negocio es primero y último, ¿y los seres humanos? Cuentan sólo cuando dejan buenas ganancias, o sea como explotados o como clientes, nunca como gente. Como decía el himno anarquista: Esos burgueses, asaz egoístas, que así desprecian la Humanidad.

La verdad es que me cuesta muy mucho entender la lógica del capitalismo argentino, quizás porque en la noche de los tiempos tuve la mala pata de aprobar varias materias de economía (en realidad empecé estudiando eso y opté por Historia cuando descubrí que Económicas era una carrera poco seria). Ni Smith, ni Ricardo, Von Hayek, Friedman o Schumpeter han escrito nada, pero nada, que ilumine ni siquiera un poquitito al capitalismo argentino. Y no soy el único que piensa así: recuerdo en la década de 1980 cuando varias multinacionales mandaban gente a la Argentina para ver cómo nuestros empresarios hacían para mantener semejante tasa de ganancia en condiciones de hiperinflación y miseria. Y si en los ‘80 esto era notable, no les digo nada en los ‘90. Por ejemplo, el 26 de mayo de 1997, el “gran diario argentino” (o sea Klarín) informó que “ALUAR hacía ganancias de 120 millones de dólares por año luego de una inversión de 310 millones”. Esto generó sólo 70 nuevos empleos; después de reducir el personal de 1300 a 950 y aumentaron 30% la productividad. Cuatro añitos más tarde (2 de julio de 2001) el diario “progre” Página 12 explicaba que: “La tasa de ganancia de las telefónicas en Argentina es record mundial. Telefónica de España gana por encima del 15% anual mientras que en su propio país recibe el 3,89%. Telecom, cuya ganancia es similar en Argentina, recibe sólo el 5% en Francia. Un factor que colabora con esto es si calculamos la ganancia antes de que las tarifas fueran rebalanceadas y si hacemos el cálculo no sobre ventas sino sobre los activos sujetos a explotación, allí la ganancia es de un 42%. Desde 1996 el retorno sobre inversión no ha hecho más que aumentar. Telefónica pasó de ganar 385,1 millones anuales a 474,3 millones de dólares de ganancia neta. A su vez las tarifas han aumentado, en términos reales por encima del 700%.” A ver: una empresa industrial tenía una ganancia de 31% sobre capital invertido; una empresa de servicios 42%. Ni hablar de la época K: cuando bajó la tasa de ganancia de YPF/Repsol nuestro gobierno nac&pop la “nacionalizó” (en realidad compró el 51% del paquete accionario por lo que siguió siendo una empresa privada y no estatal); todos se quejaron, todos protestaron pero al fin y al cabo Cristina le pagó a Repsol hasta el último pesito que valía (es más algunos “destituyentes” insistieron que se le pagaba más de lo que valía). Y más miraba, más me hacía acordar a un colega que era economista y empresario (tenía una PyME) que me dijo: “en este país no hay que producir ni un corchito”. Todo un visionario que se dedicaba a la especulación financiera. Digamos que me lo dijo mucho antes que los yanquis con Reagan se volcaran al outsourcing, las maquiladoras, y se dedicaran por entero a Wall Street y la especulación financiera (o sea a chorearle los fondos de pensión a los trabajadores). Indudablemente somos la vanguardia del capitalismo mundial. Mah qué India, China o Estados Unidos, la Argentina y sus empresarios la tienen clara.

Y es peor aun. El precio del petróleo cae en todo el mundo, pero en la Argentina sube la nafta. La “devaluación” de Macri en realidad llevó el precio del dólar de 16 a 14 pesos reales (nadie pero nadie se movía con el precio oficial de 9,80), pero luego de un pequeño respiro de tres semanas los precios aumentaron otra vez… en dólares. ¿Cuál es la lógica? Como no entiendo nada de nada, entonces me cruzo la calle y me voy a charlar con mi vecino Blas que no parece pero que sabe lungo. Blas es un desafío a la Universidad de Buenos Aires: muy católico pero crítico de la Iglesia, obrero hijo de obreros, que no terminó el secundario, construyó una pequeña empresa de premoldeados con sus hijos y hoy tiene unos 20 empleados. Todos los días sigue yendo a trabajar mano a mano con sus empleados. Cada vez que hacemos un asadito (bueno, aunque aquí la carne está barata comparado con Buenos Aires, hace rato que tendemos a las empanadas caseras o el asado de cerdo), yo le tiro la lengua. Y Blas me explica con abundancia de ejemplos. Y no tomo nota porque queda feo sacar papel y lápiz en medio del morfi.

¿Cómo hacen guita los grandes empresarios cordobeses? Bueno, primero de todo saqueando al Estado (o sea a nosotros que somos los que terminamos pagando todo). Eso yo ya lo sabía: contratos truchos, sobrefacturación, subsidios. Pero no estaba muy al tanto de otras cosas. Por ejemplo, uno de los grandes empresarios en mi zona hizo fortuna “pinchando” el gasoducto de YPF y robando el petróleo. Eventualmente algún pobre desinformado gerente petrolero se enteró y lo procesó. Obvio que no pasó nada. Bueno, en realidad si pasó: el empresario compró campos, estaciones de servicios y pilas de otras cosas. O si no, hace unos años explotó la usina eléctrica de mi pueblo y casi nos mató a todos. Resulta que habían hecho una segunda usina (que funcionan a gas) pero no modificaron el gasoducto que ahora llevaba el doble de presión. Y como no aguantó, explotó y mató alguna gente y lastimó a otra (¿qué son algunos gringos cordobeses en el contexto de la contabilidad empresaria?). Todo para mejorar la ganancia. Otro ejemplo de Blas es que aun teniendo cash, ningún empresario la gasta. Lo que se hace es sacar un préstamo, sobre todo en los bancos provinciales o el Nación que luego no se paga. Y si insisten arreglas un plan de pagos, pagas dos cuotas y dejas de pagar. O sea, una transferencia de guita de nuestros bolsillos (la guita de esos bancos sale de nuestros impuestos) al de ellos, sin riesgo, sin inversión, y sin laburar.

Ni hablar de las concesionarias de autos. Uno compra un auto cero kilómetro y se imagina que recién salió de la fábrica. Equivocado, pibe. Lo mismo que si uno compra un cochecito nuevo, te dicen que hay meses de espera. Faltan coches, piensa uno. Don Blas me explica que nada menos cierto. Primero porque pueden tener miles de autos esperando que suba el precio; segundo que tanto la fábrica como la concesionaria juegan a facturar en diversos momentos de manera de (a) pagar el menor IVA posible, y (b) hacer la mayor diferencia entre costo y precio. Segundo, el coche “último modelo” puede haber salido de la fábrica hace un par de años. Eso quiere decir que estuvo sentado en diversas playas (si tenes suerte tenía un techito) al sol y lluvia con todo lo que eso significa; entre otras cosas, tiene una pila de kilómetros porque lo pasaron de un lado a otro, amén de que por ahí el vendedor lo usó para salir de joda. Eso sí, le dan una mano de cera antes de mostrártelo. Tercero, si quieres el coche “cero” sin esperar, entonces a cambio de un módico aumento de precio (digamos 30%) de repente “aparece” y te lo “traen mañana o pasado”. Cuarto, y ¿qué pasa si cae granizo y destruye parcialmente 300 autos ya que no ibas a gastar en ponerles un techito? ¿Qué pasa? Nada. O mejor dicho, mucho: hacen un arreglo con la aseguradora que acepta “destrucción total”, a cambio no tiran los coches, los “arreglan” y los venden al precio original como si fueran cero kilómetro. La aseguradora (o el vendedor que hace el arreglo) se lleva, digamos, 40%, la concesionaria hace el 60% más toda la guita del seguro. ¿Y el comprador? Ese se jode cuando, a los seis meses, descubre que su autito “nuevo” viene con una “falla de fábrica”. De ahí al mecánico, hasta que harto lo vende como “usado” (al 40% de su valor que será revendido como en “buen estado” al doble del precio “usado”) y se compra otro “nuevo” y el ciclo empieza otra vez. Son genios. A mí no se me había ni ocurrido. Claro, ahora miro con desconfianza al coche de mi mujer (por suerte yo no manejo).

Y mientras Blas me explica todo esto, su media naranja, “la Tere”, me explica el “Teorema Teresita de la economía empresarial argentina”: cada vez que surge un buen negocio, de calidad, a precios decentes, a los tres meses baja la calidad y suben los precios. O sea, una vez que se corrió la bola que las empanadas de “Dos Soles”, o el queso “La Nueva”, o los zapatos de “Roberto” valen la pena, te engancharon y ahora se dedican a saquearte. Y si, tiene razón. Si no ¿cómo explico que las medialunas de la esquina, que eran tan buenas, ahora son como todas las de Córdoba pero caras (no hay nada peor que una medialuna en Córdoba y encima las acompañan con un café que lo que sobra lo usan para limpiar autopartes)? Sin desperdicio.

Y si uno lo piensa un poco, la lógica local es un desafío permanente a todos los pensadores económicos del mundo. Por ejemplo, la tasa de morosidad de préstamos personales en la Argentina es de las más altas del mundo. Con este antecedente, si sos pagador y tenes poca deuda, la lógica diría que aumenta la cantidad que están dispuestos a prestarte y baja la tasa de interés. Por ejemplo, mi hermana tiene cuenta en el Citibank de Nueva York donde la tasa hipotecaria era 2% anual, y la de préstamos 8% (dependiendo el tipo y el plan, pero nunca más de 12%). No en la Argentina. Así, yo tengo cuenta en esa gran institución española que es el Banco Santander. No les debo un peso; y si uso la tarjeta pago religiosamente la deuda todos los meses (ya sé, soy un boludo). Hace seis meses me ofrecieron un préstamo “personal” (porque me aman) al 28%, el otro día me llegó la nueva oferta de un súper préstamo pero ahora al 38%. Supongo que es “por la inflación”. Obvio que los mandé a cagar y empecé a pensar que yo también debía ser un moroso consuetudinario. Por suerte no soy cliente del banco HSBC (piratas ingleses de porra) que piden 44,7%. Al fin y al cabo estos pibes piensan que en vez de bajar las tasas para que podamos pagar, las suben para “cubrirse” por los que no pagan (muchos de los cuales si tienen guita y son los empresarios que expliqué más arriba). Ni hablar de cuando te dice un comercio “seis cuotas sin interés”. En realidad es sin interés del comercio que se hace con la guita que le paga la tarjeta ipso facto, pero la tarjeta te sacude como loco. ¿No me creen? Miren la letra fina.

¿Confuso? Imaginen mi cabeza mientras Blas me explicaba, en forma realmente didáctica y con muchos ejemplos, y mejor que cualquier economista, todo esto. Yo insistía “pero, si no venden ¿cómo hacen ganancia?” Y él repetía: “Ningún empresario hace ganancia vendiendo, la hace especulando. Por eso cuando los ministros hablan de la confianza empresarial es verso, no tiene nada que ver con nada”. Y ahí se metió mi mujer, haciendo alianzas espurias, y pasó a preguntarme por qué pensaba yo que una noche en las sierras de Córdoba para los cuatro Pozzis salía 1800 pesos, en ese momento unos U$140, mientras que hace dos años en una playa mexicana, con hotel “orgánico”, desayuno y mar espectacular, pagamos 90. Como soy obtuso le dije: “Yyy porque hay gente que lo paga”. Nah, de hecho este verano los cordobeses tuvieron una de las peores temporadas y los precios no bajaron ni un centavo. O sea, ¿capacidad ociosa hotelera? Altísima. Y, ¿por qué no bajaron los precios? Porque el capitalismo argentino ha desenganchado costos de precios. Los costos no tienen nada que ver con los precios. Lo que los determina es cuánto quiere ganar el empresario. En mis épocas de obrero gráfico el precio de un libro era cinco veces el costo (40% para el librero, 20% para el distribuidor, 10% para el autor, 20% era el costo, y quedaba 10% para el editor). No más. Como un día me dijo un amigo editor, ante lo que me parecía una barbaridad de precio de un libro: “Yyyy, aguanta”. La verdad es que tenía razón, se vendía igual. Sobre todo porque si lo querías lo comprabas y si no, no importa porque la ganancia estaba asegurada por otro lado y no por las ventas que son “yapa” o sea un extra.

En síntesis, si todos los obreros automotrices de la Argentina recibieran un 100% de aumento salarial, ¿cuánto incide esto en el precio final del automóvil que producen? No más de un 2%. Otra vez: DOS POR CIENTO. Y entonces ¿por qué tanto escándalo con que los aumentos salariales alimentan la inflación si en realidad impactan poco en los precios? Porque es dos por ciento menos de ganancia que se embolsa el empresario. Dos por ciento es poquito a cambio de la paz laboral y que se interrumpa la producción. A menos que tu negocio no sea producir sino especular (en cuyo caso te importa poco que hagan huelga excepto para tratar de sacarle más plata y subsidios al Estado), y el dos por ciento es parte de tu liquidez para jugar en la ruleta capitalista. Pero además, como casi todos los burócratas sindicales son en realidad empresarios, entonces son “razonables” y llaman a no pedir demasiado aumento salarial (no sea que incida en “su” tasa de ganancia). Y sólo quedan los rojillos quilomberos de siempre, y por suerte tenemos el Estado para ellos. Como dijo Juan Bautista Alberdi: “El estado se creó para defender a los que tienen de los que no tienen.” Y luego fue y lo plasmó en la Constitución de 1853. Es más, como lo nuestro es especular, que hagan todos los cortes de ruta, todas las tomas de fábrica, y que interrumpan toda la producción que quieran. De hecho, hasta hemos innovado en la dominación extranjera. Hoy en día los grandes acreedores de la deuda argentina (o sea del festival de bonos iniciado con Menem, continuado con De la Rua y los K, y en el que ahora piensa participar Macri) son argentinos. Claro, unos cuantos con sede corporativa en el exterior. Pero los grandes saqueadores del pueblo argentino no son los “fondos buitres”, son los piratas argentinos. Como señala Blas: “Lo increíble es que les importa poco el futuro del país y su gente.” Y yo pensé, obvio si tienen departamento en Miami. ¿Y Blas? Yyyy se jode porque como obrero hijo de obreros, construyó una empresa productiva y no negrea a sus obreros, y si le va mal no se puede ir a Miami a disfrutar especulando con la plata que choreó vaciando el Banco de San Luis.

Rememorando a Bill Clinton debatiendo con George HW Bush, padre: “Es la economía, estúpido”. En realidad no. El problema es el capitalismo, reverendos pelotudos. O sea, el problema no es ni Macri ni los K, sino el sistema. Tanto Mauricio como Cristina son dos monigotes que hacen (aunque crean que no) lo que les dicen. Por eso, si estamos en la “resistencia” es desde la época de Menem y sus “reformas” de 1989. Deberíamos haber hablado de eso entonces, no ahora. Al hacerlo hoy simplemente legitimamos a los gobiernos K, aceptamos su discurso de que “la cosa mejoró” para el pueblo, y contribuimos a engañar a la gente. Esta, por suerte, sabe que los K fueron un desastre. Y como la izquierda y los progres no tienen mejor idea que reclamar el retorno de Kris, entonces se vuelcan a la derecha. Si la izquierda está a la derecha, entonces la gente común prefiere una derecha en serio.

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