Corrupción de clase

por Pablo Pozzi

Hace ya seis meses que no hago más que abrir los diarios y encontrar un nuevo caso de corrupción de los muchachos del gobierno de Cristina. Lo último fue Flor Kirchner diciendo que no tenía problema que le abrieran su caja de seguridad en el Banco Galicia (nac&pop la chica) para encontrar casi 5 milloncejos de verdes adentro. No está mal para una chica que no laburó un día en su vida. Pero lo mejor es verle la cara de sorpresa. Creo, realmente, que no se la esperaba. ¿Será que alguien guardó allí unos dinerillos sin avisarle? Sea como sea, ya me harté de rutas pagadas que no se construyeron, de subsidios para los amigos, de préstamos no pagos, de barcos con gas importado que nunca llegaron, de monjas prestamistas cuyos conventos en vez de bóvedas mortuorias tienen cajas de seguridad. En síntesis, no teníamos gobernantes sino una banda de ladrones de alto vuelo que no tenían problema con amenazar, apretar y hasta asesinar cuando hacía falta.

En realidad estoy harto. Pero no harto de que lo hagan público. Eso me parece bien, y ojalá los jueces (que colaboraron con la corrupción) decidan finalmente que su «negocio» es condenar a muchos. Yo estoy harto con el periodismo y los políticos. Como lo presentan ellos, «corrupción» es solo lo que han hecho los K. Y eso es así entonces es excepción y no regla. Y la realidad es que yo no recuerdo ningún gobierno argentino donde no hubiera algún caso (o muchos) de corrupción: el almirante Massera y sus «negocios», Alfonsín y los pollos de Mazzorín, Carlitos y sus miles de millones de dólares, De la Rúa y su Banelco, el FREPASO y el caso Bodega, y los sempiternos K. Entonces, ¿corrupción es cosa de políticos?

Nyet, tovarich. Corrupción es cosa del capitalismo. ¿Se acuerdan de Mani Pulite y del Banco Ambrosiano en Italia, de las tierras en Marbella en España, de la «mordida» en México, de los oligarcas rusos, y del escándalo Contragate, el caso Lockheed y los «bonos basura», entre tantos otros, en Estados Unidos? Y esos son solo algunos entre muchos. Ah y todos los empresarios, pero todos, zafaron excepto el banquero italiano Roberto Calvi al que suicidaron. Porque Macri y los Panama Papers es poco ético, pero no es ilegal a menos que se constate que no paga impuestos (y se pruebe que se llevó el dinero de aquí). Los yanquis, que de esto saben mucho, han hasta hecho legal el coimear a un político: es lobbying y hasta queda registrado. La escuela de administración de empresa de Harvard enseña a calcular costos de producción incluyendo «gastos extra o de representación» que el profe te explica es como se denominan los dinerillos que utilizas para «engrasar las ruedas del negocio». Es más, aún hoy tengo un hermoso folleto del Dr. Denis Kleinfeld, abogado de la Florida, que ofrece sus servicios para establecer cuentas «offshore» en las que se puede «lavar» (sic) dinero sin violar la ley. Y como la ley la hacen los mismos que «no son corruptos» entonces I am ok you are ok, baby. Y si algo se sale de la norma entonces aprobamos una ley de blanqueo de capitales, así podemos lavar la plata que hicimos ilegalmente pero ahora pagando impuestos. Es normal ser corrupto para el capitalismo, lo que hay que hacer es regularlo para que no exageren y ponga en peligro el sistema; digamos, el problema con los K no es que son ladrones, sino que son ladrones desaforados y en su voracidad ponen en peligro la tasa de ganancia del conjunto. De hecho esto es lo que está detrás de la famosa frase «roba pero hace».

Hasta ahí todo en orden y clarito. Pero corrupción es mucho más que eso. Obvio que lo es cuando nombras en un alto cargo (o en uno bajo, da igual) al idiota de tu sobrino que no terminó la primaria y no puede ni escribir su nombre en letras de molde. Pero también lo es cuando pretendés que «mérito» tiene que ver con «buena familia» e «igualdad» tiene que ver con lo contrario. De hecho franceses en la Revolución y criollos en la Independencia pretendían que «igualdad» era la garantía de que «mérito» (o sea capacidad) sería premiado, y se contraponía al privilegio aristocrático. Hoy en día, los capitalistas pretenden que «mérito» es lo que tiene todo empresario ya que «construyó» una empresa. Digamos «ser rico» sería la prueba de capacidad, aunque la riqueza sea heredada, la realices explotando salvajemente a los trabajadores, o peor aun la hayas robado. Y la corrupción se convierte en mérito. Digamos, más o menos como Donald Trump, Hillary Clinton o Mauricio Macri.

Y así el otro día entré en la página web de Ecogas, gloriosa empresa privada que nos vende gas a los cordobeses, para descubrir que mi boleta era de 5700 pesitos, o sea casi 400 dólares. Pregunto por ahí y a mi vecino le llegó una de 10 mil pesitos, a mi cuñada 4800, a mi vieja en Buenos Aires 800, a mi amigo Daniel 1400. El año pasado yo pagué 900, digamos que mi aumento fue de poco más de 600%, mi vieja pagaba 60 y el aumento equivale a 1250%. Dejemos de lado el tema de tarifas diferenciales entre Buenos Aires y el interior, y entre ciudades grandes y chicas, y veamos un par de otras cosas en esto. Primero, de lo que nadie habla es que 5700 equivale al 57% del salario docente de mi mujer. Aunque queramos y pensemos que es justo no hay forma de pagarlo y darle de comer a los chicos, sobre todo si agregas las otras facturas (a mi intendente no se le ocurrió más peregrina idea que aumentarnos los impuestos municipales, supongo que es para pagar el gas de la Muni).

Pero ¿por qué? Según el gobierno de Macri es que consumimos mucho y hay que bajar el consumo. De ahí que sugiere que si andamos en remera y sin zapatos es porque tenemos demasiada calefacción. Bueno, eso si tenes loza radiante. Yo no tengo nada por el estilo, es más mi casa se calienta principalmente con la estufa a leña y hace rato que dormimos con el suéter puesto. O sea 5700 por un calefón, la cocina, y una estufa a gas que tratamos de tener en el mínimo todo el tiempo. Un funcionario infame insiste que «piensan que es un derecho y que debería ser gratis». ¿De dónde habrá sacado eso? Ese reverendo pelotudo confunde «gratis» con «que me dejen alimentar a mi familia». Agregan que durante doce años no hubo inversiones. Entonces, para poder tener crecimiento y desarrollo hay que garantizarle a la empresa que haga ganancias. ¡Ajá! Indudablemente no hizo ganancias durante todo este tiempo ¿no es cierto? En realidad hizo ganancias espectaculares. Pensemos un poco: les daban subsidios, les daban contratos, importaban gas del exterior, lo pagábamos nosotros y ellos nos lo vendían. Y cada dos por tres gritaban «bingo», porque le acertaban por todos lados. Es más, no recuerdo una sola vez en doce años que los empresarios de gas protestaran porque perdían plata. Pero aun así no hicieron inversiones. Peor aún, hace unos años explotó la usina eléctrica de mi pueblo. Todo porque la habían expandido pero el gasoducto que la alimentaba seguía siendo el mismo, con lo que aumentó la presión y voló por los aires. Muertos, heridos, protestas, chillaron. Y nada. Hoy en día pasás por la usina y podés oler el gas que sigue perdiendo. O sea, no «invirtieron» ni un peso. ¿Y el sindicato de Luz y Fuerza? Bien gracias, y no dice ni muuuu. El intendente menos que menos, el gobernador tampoco. ¿Volverá a explotar? Obvio que no porque ahora, con un «sinceramiento» de las tarifas de gas seguro que la empresa va a hacer las inversiones necesarias. Y a Seguro lo llevaron preso. ¿En serio hay algún boludo que piense que la ganancia tiene que ver con inversiones? Bueno, hay una sarta de economistas que estudiaron en la Universidad de San Andrés o en la Universidad Argentina de la Empresa que insisten con eso, pero el resto de la gente sabe (o debería saber) que no es así. Cuando los capitalistas argentinos incrementan su tasa de ganancia lo que hacen es especular. Bueno, no seamos injustos, no son los únicos. Cuando Reagan llevó la tasa de ganancia del complejo militar industrial a niveles siderales el resultado fue que usaron la guita no para aumentar la capacidad industrial instalada si no para especular en Wall Street. ¿Resultado? Ricos cada vez más ricos, pobres más pobres, decadencia económica, y las crisis de 1989 y de 2008.

Pero mi amiga Happy es buena y se pregunta: «Analicemos qué está sucediendo. ¿Globos de ensayo?, ¿errores?, ¿inoperancia?, ¿herencia?» Los funcionarios macristas agregan: «hay buenas intenciones pero pésima implementación». Y como soy un cretino y cínico insisto que todo puede ser: herencia es indudable, el sistema productivo argentino está quebradísmo; errores también, porque creen en su propio discurso. Pero la realidad es que este gobierno sólo puede ver soluciones limitadas y acotadas por su ideología neoliberal. Y encima hay una caterva de facinerosos que le alimentan esta idea. Es más, ayer me llegó la última encuesta Giacobbe y Asociados cuyas preguntas son tan pero tan tendenciosas que las respuestas arrojan un solo resultado: la opinión pública «entiende» el tarifazo y lo acepta. Seguro que ni a mí ni a mis vecinos nos preguntaron porque los sacamos a patadas. Y Macri contento e insiste en su tozudez.

A todo esto hay que agregarle que el horizonte social del gobierno es bien clasista. Ninguno de ellos tiene la más remota idea de cómo vive una persona común, y si la tiene no le importa. Para un tipo que vive en barrios ricos como Nordelta 5700 pesos de gas es, en el peor de los casos un 5,7% de su ingreso. Digamos, no es poco pero gastan más en la fiestita de cumple del nene. Para los obreros del frigorífico vecino equivale a 80% de su salario. Bueno, entonces hay que vivir con lo que se tiene, al fin y al cabo cuando yo era chico las casas eran heladas y no se calentaban a gas. Y también había poliomielitis, pulmonía, y desnutrición infantil. Que antes viviéramos mal no quiere decir que esté bien hacerlo ahora. Y menos aun que empeoremos nuestro nivel de vida para que una sarta de empresarios ricachones sigan gastando en caviar y champán. Insisto, este es un gobierno clasista, tomando medidas clasistas. Las respuestas, entonces, también tienen que ser clasistas. Por ejemplo, podríamos sacarles las empresas y ponerlas bajo control obrero. Pero como la revolución no está en el horizonte pensemos un par de respuestas clasistas dentro del sistema. Una es que si no están dispuestos a invertir deberíamos expropiar sus empresas. Otra es que el gobierno ofrezca crédito barato para reformar las viviendas que mantengan el calor. Otro es que si aumentan la tasa de ganancia, que aumenten los salarios al mismo nivel. Por ejemplo, yo quiero 400% de aumento salarial, así hago las inversiones necesarias en la educación de mis hijos. Por lo pronto no tengo que pagar por resolución judicial. Pero a no engañarse: sin resolución judicial tampoco pagaría porque no puedo. A elegir entre el gas, la comida, y la salud de los chicos ¿adivinen qué elijo?

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1 comentario sobre «Corrupción de clase»

  1. Comparto en gran medida lo que expresas Pablo, pero creo que saben muy bien cómo viven los «pobres» o cómo se vive en las barriadas humildes, porque en definitiva un ejército de pobres o de desocupados viviendo por debajo de sus necesidades, es mucho más fácil de acarrear en épocas electorales otorgandoles bolsones y otras clases de dádivas que el peronismo P, M o K, se encargaron de perfeccionar en una maquinaria fenomal en la que no les interesa terminar con las desigualdades del sistema sino sostenerlo con el menor costo posible consiguiendo un par de cosas como mano de obra barata o como parte de la maquinaria electoral justamente. Y el macrismo también lo sabe y lo usa, sino pensemos cómo funcionan, por ejemplo, los talleres clandestinos de la primera dama. El problema central, a mi modo de ver, es poder distinguir que corrupción y pobreza van de la mano en un sistema de explotación que los promueve: para que haya unos pocos con bolsos de dólares y cuentas en Panamá, tiene que haber unos muchos que vivan con lo justo. A fin de cuenta el periodista estrella del kirchnerismo, Hernán Brienza lo explicó – y justificó – desde las páginas del ahora autogestionadio diario K, Tiempo Argentino, sin que se le caiga la cara de vergüenza. Mientras no podamos discutir los principios del modo de producción y explotación capitalista como generador de cuotas de corruptela vinculadas a la profundización de la pobreza, no podremos avanzar en entender que la salida no es dentro del sistema sino fuera de él. Y en esto parte de la izquierda argentina también se equivoca ¿Qué quiere decir el PTS cuando dice que un diputado gane como una maestra? No señores, la distrución debe ser hacia arriba y una maestra debería ganar lo suficiente para poder vivir dignamente y un legislador debería cobrar lo suficiente para elaborar leyes eficaces. Los legisladores con sus salariazos hacen leyes para favorecer el reparto desigual de las riquezas y las maestras – y maestros – reproducen el modelo dentro del aula. Es bien complejo todo y sigo sin comprender cómo saldremos de esta y sigo pensando que la salida no será justamente un cacerolazo o, como les gusta llamar ahora al progresismo anti Macri: con un ruidazo…

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