Hombre explica a hombre: ¿hombre feminista o aliado feminista?

por José María Rodríguez Arias

¿Por qué el título? Desde hace mucho tiempo hay cierto «debate» (por favor, noten las comillas) sobre si un hombre puede o no ser «feminista», en este último caso, si sería más apropiado hablar de «aliado feminista». Entre muchos hombres, este debate parece que se ha vuelto en el centro de su particular lucha por el feminismo (te adelanto algo: eso está mal) y se sienten particularmente ofendidos si una feminista le dice que él no puede ser «feminista», que es un «aliado»; por algún motivo, esto hace que todos los resortes machistas comiencen a funcionar y permiten a muchos hombres ofenderse y gritar que ellos son más feministas que cualquiera de las presentes (amigos, si les pasa esto, acaban de caer en algunas de las prácticas más desagradables del machismo, no solo te deberían quitar el carné de «feminista» o «aliado», sino también el de «simpatizante», «no tan machirulo» o «este tiene salvación»).

Esta entrada, por supuesto, va dirigida a los hombres. ¿Por qué? Porque no soy nadie para hablar de esto a las mujeres (menos a las mujeres feministas, en adelante simplemente «feministas») y porque, parece, a algunos si no es un hombre quien explica las cosas, no las entiende (ojo: si te pasa esto, eres muy machista, aunque quieras mucho a tu progenitora, a tu pareja femenina, a tu hermana o a tu hija, si no eres capaz de escuchar la explicación de una mujer, háztelo mirar).

También vamos a comenzar con algo: el debate existe entre las feministas, aunque en muchos grupos ya se zanjó (normalmente en favor de hablar de «aliados»), pero es un debate donde nuestra voz (la de hombres) no importa. Está claro que la lucha semántica es importante (de hecho, el propio nombre de «feminismo» se usó por primera vez por un hombre para burlarse de las mujeres que buscaban la igualdad, fue una mujer la que se apropió el término para nombrar el movimiento), por eso el combate por usar un lenguaje inclusivo es tan importante; en ese contexto debemos entender que exista un debate si un hombre puede o no ser feminista.

Ahora bien, el objetivo de esta entrada no es discutir si un hombre puede ser o no feminista (insisto: es un debate entre ellas), el objetivo es decirte a ti, hombre, y de hombre a hombre (porque parece que de otra forma no lo estás comprendiendo) que te debería dar igual. Que solo deberías opinar si directamente te preguntan (por ejemplo, si en una asamblea feminista -si es un grupo mixto, claro, si no lo es, no sé qué haces ahí- te preguntan qué te parece mejor, si feminista o aliado, ahí puedes expresar tu opinión, pero no la pongas sobre la mesa si alguna de ellas no te pregunta; y, por supuesto, no abras un debate sobre el tema, no tomes la decisión de cómo se nos llamará en ese grupo, da tu opinión y deja en sus manos cómo te nombrarán, a ti y a los demás).

¿Por qué digo que es un debate de ellas? Primero, porque es un movimiento de liberación de la mujer; es cierto que el premio es la igualdad (¡a lo que aspiramos!), donde el hombre debe participar activamente, pero no es menos cierto que los hombres somos una parte privilegiada y, segundo, porque son las mujeres quienes deben dirigir su movimiento (existe por y para ellas).

¿Que el machismo nos afecta? ¡Por supuesto! Los roles son duros y también se nos asignan a nosotros, eso no está en discusión (además, las ciencias, las artes, la cultura y demás hubiesen avanzado más rápido si nuestras sociedades no fueran machistas), pero nuestro papel social se fundamenta en la explotación de la mujer. Si el machismo sigue vigente es porque existe una masa de hombres en situación de privilegio que mantienen subyugadas a las mujeres.

Si tú, hombre, te sientes ofendido porque te llamen «aliado feminista» en vez de «feminista» a secas, es porque te cuesta desprenderte del machismo que nos rodea. Uno de los privilegios que debemos acostumbrarnos a no tener es el de la última palabra, el de la dirección de los movimientos, el estar en todos los espacios de poder de forma preeminente. Una forma de renunciar a ese privilegio es aceptar el segundo plano que desde gran parte del movimiento feminista se nos invita a estar (y, por tanto, esta es una forma de colaborar con el feminismo).

Para que nos hagamos una idea, esto es como cuando desde las asambleas que organizan el 8M se decide que la cabeza de la manifestación será no-mixta o que la pancarta principal la llevarán solo mujeres; el día de la manifestación siempre hay hombres intentando estar en esas zonas, siempre hay hombres cuestionando esas decisiones, siempre hay hombres intentando ser los primeros y gritando consignas imposibles para nosotros*, por supuesto, son hombres que no han participado en las asambleas, que no han organizado las manifestaciones, que no se han molestado en enterarse de las razones de la decisión, pero que se sienten con el derecho de ponerse en primer lugar o ciscarse en todo y colarse en la que no es su zona, son machistas que creen que así ayudan al feminismo.

Como hombres, tenemos copados muchos espacios**, ya solo nos faltaba ir al movimiento feminista y decirles cómo acabar con nuestros propios privilegios. Es como si dejáramos la lucha obrera en manos de la clase empresarial; igual con esto, amigos de izquierdas, lo podemos entender mejor: no dejaríamos que el dueño de una multinacional se ponga al frente de un sindicato de clase, ¡no tendría sentido!; por más que ese dueño tenga buenas intenciones y comprenda lo explotado que está su personal laboral, no deja de ser un privilegiado que no vive esa explotación en ninguna de sus formas. ¿Acaso no podemos ver las contradicciones que supone que un hombre intente dirigir una asamblea feminista y ponerse delante en un 8M? Tenemos tan interiorizado el machismo que no nos cuesta entender que los movimientos obreros deben dirigirlos obreros, que los movimientos de igualdad de derechos contra el racismo lo dirigen personas racializadas, que los movimientos por los derechos LGBTI+ lo dirigen miembros de ese colectivo… pero no entendemos o queremos entender que el feminismo lo deben dirigir las mujeres (¿saben por qué no lo entendemos?; machismo, ¡sorpresa!).

Nuestro papel es el mismo, exactamente el mismo, nos llamen (llamemos) aliado(s) o nos llamen (llamemos) feminista(s) y, cuando lleguemos a una sociedad feminista, cuando se haya acabado el heteropatriarcado, este debate será parte del pasado y, en todo caso, no nos podrá «molestar». Para contribuir positivamente con la lucha feminista debemos desprendernos de los privilegios que tenemos, no es fácil, y debemos colaborar con el grupo que se está emancipando sin dirigirlo o ponerle el nombre a las cosas.

Por supuesto, nada de esto significa adscripción acrítica a un movimiento (o a los movimientos), pero sí saber que no podemos pensar que conocemos mejor lo que es el feminismo que lo que lo conocen las feministas, que podemos aportar, pero no mandar, que debemos colaborar (porque es una causa que mejorará nuestras sociedades, porque es parte de una lucha mayor), pero triunfarán con nosotros o a pesar de nosotros (no podemos obviar que están luchando contra nuestros privilegios en una sociedad machista), lo mínimo que podemos hacer es no fastidiar y cada vez que tú, hombre, decides abrir un debate sobre lo de «hombre feminista-aliado feminista» lo único que estás haciendo es que se pierda tiempo y esfuerzo y demostrando que no has renunciado a tus privilegios (no te has deconstruido o como quieras verlo) mientras te crees feminista. Pues no, no lo eres, ni aliado ni nada.

En fin, y ya para acabar: no sé qué haces leyendo a otro hombre sobre estos temas, ¡ve a leer a las feministas! De verdad, deja de leer a otros hombres sobre el feminismo, no te vamos a enseñar nada que no hayan contado mejor otras muchísimas feministas (de hecho, todo lo que expongo lo aprendí de ellas, ¡como no puede ser de otra forma!).

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Notas al pie:

*Como el de «nosotras parimos, nosotras decidimos», amigo, no seas ridículo, tú no pares, tú no eres parte de ese «nosotras»; cuando estén cansadas o en un momento de silencio, si quieres, canta «ellas paren, ellas deciden», no pienses que tu voz masculina ayuda en esa consigna.

**Una pequeña reflexión sobre D=a=: durante mucho tiempo tuvimos un par de grupos feministas y algunas feministas individuales colaborando con este portal de forma habitual, entre unas cosas y otras, cuando se malogró la web (y estuvimos cerrados), perdimos esas colaboraciones desinteresadas; no hemos sabido «rellenar» el hueco dejado, nuestro portal tiene un sesgo masculino, actualmente, muy importante; se nota en que los artículos están mayoritariamente firmados por hombres tratando temas que interesan a cada colaborador, pero donde nos falta, sin dudas, más perspectiva de género y se nos escapan muchos temas que están preocupando a los círculos feministas. Intentamos solventar esta falta, pero no es fácil.

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