Algunos apuntes de mis recuerdos sobre Malvinas (Y otros desvaríos)

por Rubén Kotler

Cuando fue la guerra yo tenía 7 años. Iba entonces a la escuela judía de Tucumán donde, entre otras cosas, nos educaban para ser buenos sionistas y vincularnos a una lejana tierra de Israel. Caló muy hondo el sentimiento sionista en mí y era el judaísmo que impartía una escuela que se decía laica. Todos los viernes depositábamos unas monedas para el Fondo Nacional Judío que contribuía a las arcas de un Estado que había nacido del despojo de a los habitantes originarios de la tierra de Palestina.

Pero yo en ese momento no solo no lo sabía ni comprendía, sino que, atravesado por la educación sionista, creía en que un puñado de judíos héroes habían luchado contra un pueblo «bárbaro» para recuperar una tierra que por derecho divino nos pertenecía. El contexto es importante para entender las reflexiones finales que seguirán al relato de mis recuerdos sobre Malvinas.

Cada mañana, después de entonar la «Aurora», ese alta Alta en el cielo un águila guerrera, que se elevaba audaz, cantábamos el himno a Malvinas: Tras su manto de neblinas, no las hemos de olvidar. «¡Las Malvinas, Argentinas!», clama el viento y ruge el mar… Era una especie de doble marca identitaria que debíamos incorporar en nuestro «ser»: el ser argentino y el fervor patrio traducido por el Aurora y la marcha de Malvinas y el amor incondicional a la «segunda patria», Israel.

Recuerdo que en el contexto de la guerra hicimos lo que hicieron muchos escolares en todo el país: recolectar lo que podíamos para enviar a las islas: chocolates, mantas, galletas, etc etc, y escribir cartitas a los soldados que creíamos, fervorosamente, leerían para levantar la moral de los combatientes. Hoy reflexiono desde una posición completamente distinta, parado en una mirada crítica sobre la existencia de Israel como Estado represor y genocida y sobre las implicancias de Malvinas llevadas a cabo por una dictadura igualmente genocida. No por casualidad Israel dio apoyo y sustento material bélico a muchas dictaduras latinoamericanas. Pero la contradicción mayor reside en todo caso en que levantábamos ideales en favor de un Estado colonial – Israel – al tiempo que impugnábamos a otro Estado colonial – Gran Bretaña -.

No puedo escindir mis memorias de Malvinas de mis memorias en la formación sionista en la escolaridad inicial y media. Y no puedo más que impugnar una y otra casi por los mismos motivos: Estados genocidas llevando a cabo empresas guerreristas para alimentar el espíritu nacionalista en defensa de gobiernos criminales. Pero en ese tiempo, con apenas 7 años, no lo sabía ni tenía, claro está, herramientas para impugnarlo. Entonces podía entonar con el mismo entusiasmo una canción nefasta como la Aurora que se sigue entonando al día de hoy, con la marcha de Malvinas o con el «Atikva», el himno de Israel.

Pasaron 40 años y lejos de cualquier idea nacionalista lo único que puedo aceptar es pensar Malvinas desde las víctimas que fueron los soldados enviados a morir sin razón. Del mismo modo que pienso que el camino atravesado para transformar mi amor incondicional a unas patrias genocidas, se transformó en un internacionalismo que me lleva a defender, en todo caso, a pueblos y sociedades oprimidas. Ya no me emociona ninguna canción guerrerista o patria y hace años que ni siquiera canto el himno argentino. Pero esa es otra historia de una identidad que mutó, creo yo, para bien.

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1 comentario sobre «Algunos apuntes de mis recuerdos sobre Malvinas (Y otros desvaríos)»

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