Argentina con corona al revés

El reino del revés

por Pablo Pozzi

Vengo resistiendo escribir sobre la Argentina porque me genera tanta desazón y enojo que, en vez de tratar de entender lo que pasa, termino haciendo catarsis. Como corresponde, mi familia, harta de escucharme despotricar en la mesa me conminó a escribir algunas líneas. Y aquí voy.

Pasa que la Argentina me recuerda a María Elena Walsh y su Reino del Revés:

Me dijeron que en el reino del revésNadie baila con los piesQue un ladrón es vigilante y otro es juezY que dos y dos son tres

Digamos, una nación que impuso una cuarentena estricta cuando no había casi contagios y ahora que son miles decide flexibilizarla, todo sin jamás decir que por ahí metió la pata para empezar. Todo gracias a gobernantes, empresarios, intelectuales que no sabemos si son chorros o solo incompetentes. Es algo así como que la pandemia es El Reino del Revés y el resto es el tango Cambalache, pero setenta años después

Que el mundo fue y será una porquería,
ya lo sé;
en el quinientos seis y en el dos mil también;
que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos, valores y dublés.
Pero que el siglo veinte es un despliegue
de maldá insolente
ya no hay quién lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en un mismo lodo todos manoseaos.
Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador.
Todo es igual; nada es mejor;

Nada es mejor. Es como que no hemos mejorado, y no porque no lo veamos sino porque nadie quiere (o parece querer) hacer nada al respecto. En el Reino del Revés, el país de las vacas es cada vez más pobre, tiene ricos más ricos, y hay un desempleo mayor que en época de la gran Depresión de 1929. Los empresarios, esos que reclaman “confianza” todo el tiempo, son saqueadores impunes. Los jueces son corruptos, y todos lo sabemos. Los políticos son ladrones, y aunque estén procesados, sabemos que quedarán impunes. Cristina la multimillonaria que vive en Recoleta habla de su preocupación por los humildes, igual que Mauricio que vive en un country cerrado. Ninguno de los dos trabajó un día en su vida, pero insisten que saben lo que es la vida del pueblo. Digamos, son pícaros. Y sus acólitos son tan pícaros como ellos.

Ya sé, ya sé, “mirá que sos un culiao”, siempre negativo, ¿por qué no te vas del país? Pasa que no solo la pandemia no me deja, sino que ya estoy un poco viejo y medio vencido como para mudarme una vez más. Pero al igual que el 80% de los argentinos, me gustaría que mis hijos se fueran a algún lugar donde las cosas funcionen, y donde no sea que “todo es igual, nada es mejor”, y que sea lo mismo “un burro que un gran profesor”.

A ver algunas cosas que revelan mi frustración. Primero lo obvio. Reapareció Mauricio Macri, como si su gestión hubiera sido buena. Obvio, seguro que le faltó tiempo para llevarnos al primer mundo. Obvio que debe pensar que ese mundo es algo así como Uganda. Su ignorancia y estupidez supina, su soberbia y su capacidad de rodearse de chupamedias con tanto acumen como él contribuyeron a dejar el país hecho puré. Obvio que hay unos 12 millones de argentinos que si no son idiotas entonces son simplemente tarados: aquellos que creen que Macri solito arruinó el país. Parece que todos se olvidaron de los últimos años de Cristina que fueron un desastre, y de todas las leyes y las “reformas” macristas que les votaron los peronistas incluyendo a los K. Pero claro, siempre el problema es de intereses espurios, que se complotaron para arruinar todo. Macri es un corrupto tonto, Cristina es una corrupta pícara. Y los kirchneristas, al igual que los hipócritas del PRO, son unos saqueadores que se esconden tras frases de agencia publicitaria para hacernos creer que se preocupan por nosotros. En esto no digamos nada de Beto Fernández (Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor), nuestro presidente, que ayer denostaba a Cristina, y hoy la alaba, sin transición y sin autocrítica. O de Hebe de Bonafini (¿alguien se preguntó cómo puede ser que esta persona autoritaria, corrupta, mercenaria sea el emblema de ética nacional?), o Maradona, o Zaffaroni, o Lanata, o Majul, o el inútil y listo para el geriátrico del ministro de Salud Ginés, o el gobernador Kicillof que todos insisten que es brillante pero nunca hizo nada para demostrarlo. Puedo seguir largo y tendido, pero para muestra basta un botón.

Mi problema es que mi hijo insiste que todo esto me torna en facho. Puede ser. El otro día cuatro tipos se metieron en la casa de un viejo de 71 años, lo molieron a palos para sacarle unos pesos, y el tipo manoteó una pistola y los cocinó a tiros matando a uno con aparente alevosía. El mundo se dividió. La macrista Bullrich y el kirchnerista Berni, los dos, coincidieron que el jubilado tenía razón. El mundo progre lo condenó. La “justicia”, esa impoluta que tenemos, lo metió preso por asesinato. Y yo me quedé pedaleando en el aire. Sobre todo, porque no creo en la pena de muerte, pero si cuatro tipos se meten en mi casa hago lo mismo que el jubilado, sin asco, sin dudarlo y sin miedo. Solo un pelotudo al que nunca le robaron puede pensar otra cosa, no como a mí, que me han choreado la casa cuatro veces. Sobre todo, porque cuando hice la denuncia no pasó nada de nada. Ni siquiera mandaron un patrullero a cuidar el barrio. En el fondo hay cierto tipo de gente que, en mi opinión, no merecen la protección de los seres humanos: los violadores, los narcotraficantes, los tratantes de blancas, los torturadores, y los hijos de remilputas que se dedican a saquear al pueblo. Entre todos estos, aquellos que son depredadores de nuestra vejez me merecen un rechazo en particular. No es que no sean humanos, es que han optado por dejar de serlo al comportarse como bestias. En esto, y por mucho que me pese, me alineo con el jubilado golpeado, sin protección del Estado, amenazado con que retornarían luego de tratar de robarlo por tres veces, que hizo algo que no está bien, pero se entiende: la justicia por mano propia. Yo hubiera hecho lo mismo, sobre todo porque ya no sé qué hacer, y nadie me ofrece una alternativa viable. En eso incluyo a la izquierda, que pelotudamente dice que está mal matar, pero no dice que está mal que torturen cuatro lumpenes a un viejo de 71 para sacarle unos pesos. Ni hablar de que nadie menciona que los lumpenes están confabulados con la policía, con los guardiacárceles que los soltaron, con los bancarios que les pasaron el dato de que ahí podía haber plata, y con los abogados que ahora los van a defender. Hasta la Barra Brava de Quilmes, salió a castigar al jubilado sin que nadie dijera ni mu de amenazar a un viejo. Cuando yo era pibe pegarles a los viejos era lo peor que podías hacer, el barrio te condenaba, y todos pensábamos que eras un hijo de puta. Ahora resulta que no y así los depredadores sociales. Más lo pienso, más estoy con el jubilado. Sobre todo, porque yo hubiera hecho lo mismo. O sea, también tengo miedo y estoy desesperado.

La desesperación que ha generado la lumpenización de la Argentina va a generar no solo violencia de los lúmpenes, sino también de los ciudadanos de a pié. En particular, la última vez que robaron mi casa fue un desastre económico familiar. No solo porque me costó 18 cuotas pagar la tele que me afanaron sino porque también se llevaron camperas, zapatillas, y todo lo que pudieron mientras rompieron lo otro. Qué culiao que sos, Pozzi, poniendo unos pesos por encima de la vida. Otra vez, cómo se nota que nunca tuvieron que esforzarse o laburar en conseguir nada de nada. Yo no pongo unos pesos encima de la vida, pongo mi vida y la de mi familia encima de una sarta de lumpenes que se dedican a robarle a trabajadores, jubilados, y sectores medios bajos. Por suerte no nos encontraron adentro, porque si no ¿qué pasaba? Esa última vez llamé a la policía que apareció una hora más tarde. Seguro que era para no encontrarse con los ladrones.

¿A ver por qué no se van a afanar a los ricos? Obvio, porque es más difícil, porque si tienen seguridad, y porque ahí si la policía te va a perseguir. Entonces, son pobres que se dedican a ser depredadores de otros pobres. La verdad es que no tienen perdón. Ni defensa. Tampoco van a ser reeducados. Y pensarlo de otra forma es no conocer ese mundo, y creerse el versito progre cristianuchi que con la bondad vas a arreglar algo. Esto no es una peli yanqui, y los chorros y asesinos, si es que los condenan, salen a los pocos años, pero ahora con un posgrado carcelario gracias al Servicio Penitenciario Federal. Es más, hasta les ofrecen training… o sea, ¿cuántas veces hemos escuchado que procesan a algún guardiacárcel (pero nunca los condenan) por sacar presos a robar? Lo que hace falta es sugerir qué tengo que hacer yo para proteger a mi familia y a mi casa de lo que es una jauría que empeora y se pone más brutal todos los años.

Endemientras, si no me roban los ladrones de oficio, me roban los políticos que hacen el oficio de ladrones. ¿Qué quiero decir con eso? A ver, estoy jubilado, y pago monotributo para poder dar algún cursito o charla… que gracias a la pandemia han casi desaparecido. Primero me entero que, a partir de enero de 2020, mi jubilación paga el impuesto a las Ganancias. Esto es genial porque se supone que mi jubilación es la plata que yo (y mi patrón) pagamos durante 40 años, más intereses, que ahora el Estado graciosamente me está devolviendo. Suponiendo que el impuesto a las Ganancias cobrado a los salarios fuera justo, resulta que me están cobrando un impuesto dos veces… antes sobre el salario en bruto y antes de deducir aportes jubilatorios, y ahora sobre el salario que fue ahorrado para jubilarme. Dado que esos impuestos son sobre el salario en bruto, pues jolines tío, me han cobrado dos veces. Segundo, mi contadora me informa de otros detallines. Esto es importante, este jubilado debe tener contadora para lidiar con lo que es un maremágnum de cosas que nadie sabe muy bien cómo lidiar con ellas… digamos un costo más para hacer algo que debería ser simple: todos lucran del boludo de siempre. O sea, no tenía contador hasta que un día descubrí que alguien me había inscripto como contribuyente autónomo en 1994 y debía medio millón de pesos al fisco. Educadamente fui, como buen ciudadano e idiota que soy, a ver qué onda y explicar que había un error porque yo era trabajador en dependencia. “Demuestre lo contrario”, dijo el burócrata de turno. Le mostré mi recibo de sueldo. “No, usted tiene que demostrar que no se inscribió. Puede haberlo hecho para defraudar al fisco”. Lo quéeeeee. “Muéstreme la ficha de inscripción con mi firma”. “Hemos digitalizado todo, no la tenemos y usted debe demostrar que es un error.” “¿Cómo?” “No es problema mío.” Contadora, abogada, trámites mil, y veinte mil pesos más tarde (o sea en ese momento un mes de salario) más honorarios varios, habíamos arreglado la cosa. A ver, ¿yo debía medio millón, y arreglaron por 20 mil? Cristina, Mauri, y la AFIP todos chorros a costillas del boludo de Pozzi. Pero not a problem baby, mi contadora me informa la semana pasada que como soy un jubilado “de privilegio” con mis casi 600 euros mensuales de jubilación (que, insisto, salieron de mi bolsillo durante 40 años), tengo que pagar ahora al fondo de desempleo. ¿Lo quéeeee? “Si estoy jubilado, nunca voy a utilizar dicho fondo”. “No es para usted, es un fondo solidario para los demás.” ¿Qué demás? ¿Los asesores de diputados, los conicetianos, los políticos mil, la sarta de vagos burócratas? ¿O será para los subsidios a los empresarios del transporte que no les pagan a sus chóferes? ¿O para solidariamente pagar la deuda externa? Parece la novela de Joseph Heller, Catch 22, y yo soy Yossarian.

Pero miro alrededor buscando alguna esperanza. Mi Presi se dedica a hacer macanas. En política exterior se va de boca, enemistándose con cuanto país hay por ahí. En política económica, amenaza con expropiar la empresa Vicentín (unos próceres esos empresarios que se las arreglaron para saquearla y luego traspasarle el problema al estado regido por peronistas y Ks inútiles) para después desdecirse, para luego hablar de expropiar otras empresas, para desdecirse de nuevo. Más o menos como con la deuda externa. Obvio que la Argentina esta quebrada. Cristina la dejó fundida, y terminó de liquidarla Mauricio (¿nunca se les ocurrió como que esos dos debían estar complotados?). Igual que en 2011-2015 se sentaron los sabihondos argentinos a negociar. “Esta es mi oferta, y si no te gusta declaramos el default y a la lona”. Tres meses después, y no se cuantas “últimas ofertas” mejoradas, los fondos habían aprendido su lección. En el tire y afloje con el gobierno argentino, siempre podían apretarnos más y conseguir más cosas. Y el férreo Beto, junto con su juvenil, pelado e inexperto ministro de economía, volvía a ceder. En el medio siempre con declaraciones atinadas: “no creo en los planes económicos”. Ajá, interesante, es como decir “vamos a volar este avión en medio del huracán sin tener ni idea a dónde vamos”. Justo en el medio de renegociar la deuda. ¿Incompetente? ¿Inconsciente? En el medio la heroica vicepresidente Cristina, más conocida como la abanderada de los chorros (cosa que no preocupa a sus adherentes porque “que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos”), no opina excepto para decir que le parece mal que Beto se reúna con empresarios porque son saqueadores, supongo que diferencia de ella. Todo cierto, ciertísimo. Excepto que son amigos de ella y también se reunieron con la honorable VP. Endemientras, las 13 causas que tiene por corrupción avanzan como tortugas mientras ella hace maniobra y media para que sean descartadas. Lo bueno, es que sus acólitos no dicen estar convencidos que es inocente, sino que todo es una maniobra política y que Macri es más corrupto. ¿Serán idiotas, tontos, o crédulos? Yo creo que son también corruptos. Igual que los contras, que creen que ella es corrupta, pero no los contrarios. Y todos gritan que hay que esperar que se expida la Justicia donde “un ladrón es vigilante y otro es juez”. Digamos el reino del revés.

Pero los que más me frustran son los seudo zurditos. Me hacen recordar a mis años mozos. Yo tenía un responsable viejo militante obrero, con mucha experiencia. Dándome cuenta de mi absoluto desconocimiento de la realidad, un día voy y le pregunto por Vanguardia Comunista y qué era. Me miró fijo y me dijo “el Comité Central se reúne en un Volkswagen colorado. El chófer no es del partido”. Yo me la tomé en serio, y pasé a la siguiente. ¿Y los troskos? “Son un sector particularmente vocinglero e inútil del reformismo argentino.” Siempre me acordé de sus respuestas, por pícaras, por sectarias, y me ha tomado mucho tiempo darme cuenta de que tenían cierto viso de realidad.

Conste que el submundo de la izquierda es algo bastante amplio, lleno de diversos tipos de organizaciones y grupos, y luego una masa de “marxistas” de palabra, pero neoliberales en sus prácticas. Fuera de la burbuja está el Partido Comunista ya que hace rato que no parece partido y menos aún comunista, y hoy es una pata del peronismo, sin más propuestas que las del gobierno. Parece increíble que este fuera el partido de Miguel Burgas y los Manzanelli, de la huelga petrolera del 32, la de construcción del 36, y de la metalúrgica del 54. Lo que más me preocupa, siempre, es el FIT, quizás porque su masividad y porque ha logrado contactar con un importante sector de la juventud y de los trabajadores a través de la militancia de esforzados activistas. Hace ya años que el FIT tiene representación parlamentaria, donde hace denuncias sin fin y no construye nada. Hace años que existe el Frente para fines solo electorales, digamos su militancia parecería ser pronunciarse en los medios de comunicación, ser reelectos, cobrar los subsidios. ¿Y las propuestas de organización para las amplias masas? ¿Y la organización barrial? ¿Y la propuesta cultural? ¿Dónde está el grupo de médicos del FIT analizando y haciendo propuestas frente a la pandemia? En cierto sentido parecen Alberto Fernández: no creo en los planes. Nada de hablar de caracterizar la situación, de sugerir para dónde ir, de avanzar en la organización obrera y popular, de responder a solo alguna necesidad de los trabajadores. Sus propuestas como el impuesto a las grandes fortunas, o un salario mínimo de hambre, o hacer una reforma agraria, o nacionalizar el comercio exterior no tienen eco en la calle. Lo peor es que yo planteaba algunas de estas cosas hace ya como cinco años. En ese entonces teníamos cierta fuerza. Cinco años más tarde, parlamentarismo y seguidismo de los K mediante, el FIT ha dilapidado todo su capital. ¿Se nota que me desesperan? Hace una década el FIT generó esperanzas de generar un nuevo avance obrero y popular, hoy no las genera más.

Quizás pasa que la izquierda no puede quedar fuera de la realidad neoliberal que permea todo. Esa realidad es el reino del revés porque gobiernan corruptos que se dicen honestos, porque hacen pronunciamientos éticos gente que no lo es, porque hablan de justicia los que no la ejercen, porque se dicen revolucionarios los que en realidad son parlamentaristas, porque defienden a empresarios pícaros y lúmpenes ladrones y no a trabajadores y jubilados honestos. Lo peor de todo es que mi bronca no es solo mía. Hablo con uno en mi pueblo, luego con otro y las cosas se repiten. Un viejo obrero de Sancor me dice el otro día que si pudiera se iría del país. Lo entendí bien. Y el problema no es que se vaya, sino que con él se va la experiencia de años de ser obrero.

Pero no se va a ir, porque no puede. ¿Y entonces? ¿Se va a meter con el FIT donde siente que no encuentra una sola respuesta para sus necesidades? Lo más probable es que se vaya para la derecha más peorcita. Porque está solo, porque nadie lo defiende, porque no tiene organización, y porque ante el miedo busca echarle la culpa a alguien: los “negros”, los desempleados con subsidios que ganan más que él, las feministas y los estudiantes, y todos los que son un poco distintos. Por suerte la derecha no tiene organización, o mejor dicho está dentro del PRO y del peronismo. Para muestra basta ver el opinión positiva de gente impresentable como el Presi Beto (70%), Rodríguez Larreta en la ciudad de Buenos Aires (54%), o María Eugenia Vidal (50%). Esto debería ser un llamado de atención: tipos incompetentes, mentirosos, corruptos, que han fracasado una y otra vez, que han cambiado de partido y de ideas como de ropa interior, retienen altos índices de aprobación popular. Quizás no es aprobación en un sentido absoluto, sino que es una especie de decir que las otras opciones son peores. ¿Y los zurdos? No aparecen ni en el horizonte, excepto para cambiar el canal cada vez que Nico Del Caño (61% de imagen negativa) aparece diciendo obviedades en ese tonito aleccionador de urgencia que no hace una sola referencia a lo que pasa en la calle. Bien dijo Cambalache:

Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición
da lo mismo que sea cura
colchonero rey de bastos
caradura o polizón

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