Argentina con corona al revés

La dimensión desconocida

por Pablo Pozzi

En mis años mozos (o sea en la prehistoria), veía arrobado un programa de tele que los yanquis denominaban Twilight Zone, y nosotros lo llamábamos La dimensión desconocida (y a veces La quinta dimensión). Era fascinante y también atemorizante. Estaban los alienígenas y los robots, los que iban de una dimensión a otra, los que viajaban al pasado o al futuro o lateralmente a mundos paralelos. Mi episodio favorito se llamaba “Cómo servir al hombre”. Trataba de unos extraterrestres que llegaban a la Tierra, y los humanos traducíamos un libro de ellos con ese título. Los extraterrestres mejoraban la agricultura y la contaminación, y ofrecían ir a su planeta que era “un paraíso”. Los humanos, ahora bien nutridos, camino al nuevo mundo descubrían que “Cómo servir al hombre” era un libro de recetas y los extraterrestres nos consideraban algo así como “cuota Hilton”. Digamos, se parece a la Argentina actual.

Me pasa siempre cuando leo los diarios o miro la tele… tengo esa sensación de déjà vu, como que atravesé a la dimensión desconocida y me encontré, de repente, en un mundo incomprensible y terrorífico. El otro día sesionó la Cámara de Diputados… o no sesionó, qué se yo. Se armó un terrible escándalo. El oficialismo llamó a hacer una sesión virtual; la oposición, que no había acordado nada por el estilo, se presentó a una sesión presencial. El presidente de la Cámara declaró a los presentes ausentes, y a los ausentes, presentes. Luego pasaron a votar leyes que no figuraban en el orden del día mientras la oposición denunciaba todo, incluyendo a la izquierda que se mandó un buen discurso sobre el problema sanitario mientras el resto hablaban de cualquier otra cosa. Claro, oposición y oficialismo solo están preocupados por sus micromundo, y no por el medio millón de contagiados y los diez mil muertos… y eso que son las cifras oficiales.

Al día siguiente, el Presidente de la Nación dijo que la Cámara no había sesionado y todos entendieron que se había equivocado. Sus funcionarios después reconocieron que sí había habido sesión y que los legisladores que sesionaron en forma virtual incluso habían aprobado las leyes de reactivación del turismo y de pesca. ¿Hubo o no hubo? Quién sabe, digamos entramos en la dimensión desconocida.

Claro que Alberto Fernández, el Presi, debe ser el extraterrestre del programa. Por un lado, explica “cómo servir al hombre”, y por otro mantiene cerradas las escuelas mientras permite la apertura de los casinos en Chubut con la sola firma de su jefe de gabinete, un pibe que se cree pícaro y realmente no le da ni para vivillo. Por supuesto, casinos si, escuelas no. Por qué no te contagias en casinos y si en escuelas es algo que me escapa. Claro que es el mismo Presi que un día, entrevistado por un periodista, insiste que en la Argentina no hay cuarentena, y por otro él y su ministro de salud repiten que la culpa de los contagios las tenemos nosotros por no acatar la cuarentena. ¿Hay o no hay? Ni hablar que el primero en no acatarla ha sido el gobierno que, encima, publica fotos de reuniones sin barbijos y sin distancia social. Digamos, para pícaros son muy boludos. O mentirosos. Llevamos 180 días de cuarentena legal, con comercios quebrados, problemas mil de transporte público, y tener que ver cómo haces mientras cuidas a tus hijos en casa y ves cómo paras la olla y pagas las cuentas con reducciones de salarios o suspensiones o despidos lisos y llanos. Pero la culpa es tuya.

Pero no estoy solo yo en la Dimensión Desconocida. También lo está el gobierno, y la famosa oposición. Miles de personas vienen protagonizando, en los últimos tiempos, ocupaciones de tierras. Escándalo por todos lados. Violación a la propiedad privada, y su contrario “el que tiene una necesidad tiene un derecho” (Perón dixit). El gobierno primero tomó una posición insistiendo que “no es un problema de seguridad”, y luego se dio vuelta cuando sus propios partidarios aullaron indignados, ya que más de uno es terrateniente, y pasaron todos a pelearse con los movimientos sociales dirigidos por peronistas que estaban involucrados en las ocupaciones y también en el gobierno. Y mientras se mataban unos a otros reclamando más o menos represión de los desarrapados ocupantes nadie decía nada (bueno, nadie no, el FIT lo dijo y Juan Grabois también) sobre por qué tantos se habían quedado sin techo. ¿Y cómo lo iban a decir si el libreto oficial es “cómo servir al hombre”? Todo mientras ellos nos sirven “con papas fritas”. Aunque claro, yo sigo creyendo en Proudhon por el cual “toda propiedad es robo”.

Ni hablar del tema de salud y la famosa pandemia. Luego de 180 días de cuarentena, resulta que el sistema de salud de Jujuy y Mendoza están colapsados, que el de la ciudad de Buenos Aires está cercano a estar saturado, y no digamos nada de provincias como La Rioja o del conurbano bonaerense profundo. El gobierno habla de la gente que viola la cuarentena en la opositora ciudad de Buenos Aires mientras que la oposición hace lo mismo en la oficialista La Matanza. Y nadie se pregunta por qué gente que respetó a rajatabla la cuarentena los primeros dos meses ahora no lo hace. Parecería que los políticos, todos, viven en un mundo paralelo al nuestro. El gobierno insiste que todo anda bien con la economía, y en mi barrio han quebrado casi todos los comercios mientras que el supermercado extranjero hace cada vez más plata y se llena de gente. Cristina Kirchner parece estar solo preocupada por una reforma judicial y el traslado de unos jueces de un juzgado a otro. ¿Egoísta? Nahhhh, preocupada por la calidad de la justicia. Si y yo soy Tarzán. Macri, mientras tanto, estuvo sentadito en la Cộte D’Azur hasta hace unos días porque estaba “tan cansado” (supongo que de no hacer nada), para volver a tiempo de pedirle una cita a la madre del asesinado Facundo Astudillo, que correctamente, lo mandó a la miércoles. ¿En serio Macri pensó que lo iban a tratar de otra manera? Caramba, es mucho pero mucho más tonto de lo que yo pensaba.

Es todo tan pero tan surrealista que no logro reconocer el mundo. No digo esto solo por Trump y sus barbaridades, Biden y su alzheimer, Bolsonaro y su hijo proponiendo leyes para ilegalizar al comunismo en Brasil (que obviamente debe ser un peligro terrible), Maduro con su pajarito, Ortega convencido que si le rezamos a Dios la pandemia se va, sino por los Kirchneristas y su insistencia en leyes de pesca y turismo mientras no levantan un dedo para mejorar el sistema de salud que ayudaron a destruir, Macri y sus vacaciones, el PRO y su preocupación por la “propiedad privada” mientras no se calienta un pito por los miles y miles de personas desahuciadas. Podríamos seguir largo y tendido. Pero lo que más me impacta es la gente que me rodea y que creí conocer durante décadas.

Tengo un amigo que ha sido comunista desde 1938. Tipo grande, heroico militante que se bancó la represión del 30, la del peronismo, la del antiperonismo, y así hasta hoy. Charlábamos mucho hasta un día que me dijo que Kicillof era el hombre más brillante de la Argentina, y le dije que estaría de acuerdo excepto que 1. Lo conocí cuando era alumno y era un estúpido pedante, y 2. Se leer un currículum de ciencias sociales no como él que seguía pensando que Lysenko era un gran científico. Me dijo que yo era un gorila antipopular. Me reí y le insistí que lo era igual que él. Se ofendió a muerte. Terminamos a los gritos en un café sobre Corrientes y no nos hemos hablado desde entonces. Me resultó notable. No digo que tuviéramos acuerdos políticos antes, pero es un buen tipo cuya experiencia de vida debería hacerlo reflexionar un poco. Sin embargo, les cree a los K aun en contra de las evidencias. Y si no estás de acuerdo con él, entonces eres antipopular y facho. Y no es el único. Amigos y viejos compañeros de hace ya añares, con los que hicimos la secundaria juntos, y entramos juntitos a la izquierda, hoy en día son furiosos K. No podemos hablar, ni discutir. Peor no puedo opinar y me tengo que morfar cada comentario idiota y macartista. Y yo trato de decirles: pero me conoces desde siempre. Respuesta: es que te quedaste en el pasado. Y sos gorila. Yo: Pero tengo familia entre los primeros peronistas en Córdoba. Respuesta: No se te pegó. Arghhhh

Digo que los peronistas se la crean son las generales de la ley, pero ¿de los que sufrimos juntos? Me revuelven las tripas.  Amigos con los que militamos juntos, con los que compartimos momentos durísimos, dolores y alegrías, que estuvieron en mis dos casorios, que se refugiaron en mi casa… hoy en día no me hablan porque “soy gorila”. ¿Y antes no lo era? También, pero ahora “estamos en un proceso de cambio y vos le haces el caldo gordo a la derecha”. En realidad, si es por apariencia persecutoria mis ex amigos parecen más nazis que la derecha, pero no solo porque creen cualquier cosa, y repiten contrasentidos todo el tiempo, sino porque festejan barbaridades como cuando hace unos años en una sesión de diputados (también por la reforma judicial) agarraron a palos y a piedrazos a los diputados de derecha en el recinto. No porque yo les tenga aprecio a los macristas o no quiera pegarles, pero no en el Congreso. Para eso no voy a la sesión y movilizo afuera. Estas son las cosas que más me ofenden de los K (y sus amigos progres y antiguos rojillos) es la capacidad que tienen de mentirte en la cara. Y lo patoteros y macartistas que son. Por ejemplo, Cristina apagándole el micrófono a la oposición mientras votaban la reforma judicial. O el sinfín de memes kirchneristas sobre Nicolás del Caño. Conste que soy crítico de Nico, pero al mismo tiempo creo que merece el mayor de los respetos por tener la valentía de presentar una perspectiva distinta en medio de la dimensión desconocida.

Dejemos esas boludeces de lado. Me preocupa más lo del golpe. El viejo peronista, ex presidente, rosquero y al cual acusan de narco, Eduardo Duhalde salió a decir que había posibilidades de golpe de estado. Todos insisten que no hay espacio para golpe. Yo no estoy tan seguro. Por ahí no ahora mismo, pero ¿en un par de años quién sabe? En la medida que les cambias las reglas, las vulneras, y haces valer la fuerza, a tipos como los radicales y conservadores, ellos deciden que no valen las instituciones y hacen lo mismo. Cualquier similitud con 1950-1954 o con fines de 1975 es un mero accidente.

Tengo suficiente edad para saber que nada puede ser descartado asi como asi. Hoy por hoy mi impresión es que hay tres tipos de golpe posibles. Primero, que los K decidan sacarse a Alberto de encima. Eso armaría un quilombo inmenso que daría pie a los dos siguientes, aunque también pueden ocurrir sin la renuncia del Beto. El segundo es un golpe institucional, onda Mussolini. O sea, el peronismo se hace con la suma de los poderes, deja de lado a la oposición, la amedrenta matando a algún Giacomo Matteoti local (me hace gracias pensar que Carrió o Mario Negri podrían ser la versión autóctona del gran socialista), y habla de leyes, pero deja lado todo viso de institucionalidad y consenso. De ahí que la oposición pase a la calle y a buscar apoyos extra institucionales. La tercera posibilidad, que es la que descartan todos menos yo, es el golpe militar. Ahí hay varias cosas a pensar, si bien hay poca información de lo que pasa en las Fuerzas Armadas. Una es que “las reformas Balza” (1995) hicieron fuerzas más chicas, más especializadas, y más “profesionales” en el sentido de no metidos en política. Eso duró poco porque Néstor reemplazó (pasó a retiro) una gran cantidad de altos mandos, de donde surgió el general Milani como comandante en jefe. Milani ha hecho mucho por politizar al Ejército y debe haber generado bastantes resistencias. A eso hay que agregar algunas cosas. La presión sobre los mandos tiene que ver siempre con dos o tres cosas… los bajos salarios de los mandos inferiores que presionan hacia arriba para mejorar su situación; las familias que viven en la burbuja de la “gran familia militar”; y la burguesía que los cultiva. Todos estos estan molestos con Alberto y los K. Agreguemos que eso de que desempeñan funciones policiales no les gusta mucho que digamos, como no les gusta a Prefectura y Gendarmería, excepto los que ya entraron en el negocio.

En síntesis, ¿puede? Obvio que si. ¿Va a ocurrir? No de inmediato, y mucho depende de qué hace el gobierno. Por algo les acaba de aumentar los sueldos a los militares. Pero también qué va a hacer la oposición. Si no tienen forma de influir en el Congreso, el golpe es una opción. Digo basta recordar el 55, y cómo decían que el peronismo hacía lo mismo con las instituciones constitucionales de la época. Pero sobre todo esta no es la Argentina de ayer. Primero, hay una cantidad muy grande de gente que podría apoyar un golpe de estado. Digamos, hay mucha desesperación en la calle. Por primera vez la derecha ganó una elección en 2015 y retiene 43% de adhesión. Ese no es un dato menor. Los discursos autoritarios tienen cada vez más cabida, basta ver la popularidad de Berni o de Bullrich. Y si bien los K hacen los deberes del ajuste, su ADN implica que generan desorden todo el tiempo. Cuando en medio de las negociaciones con el FMI el diputado K Oscar Parrilli acusa al embajador norteamericano Prado de ser parte del lawfare macrista, o cuando los K se plantean disputarle la presidencia del BID a los Estados Unidos esto genera desconfianzas en el poder. Aquí el problema no es la deuda externa, sino que se garanticen las condiciones para pagarla. Y el kirchnerismo tiene problemas para ordenar la tropa tras el ajuste que requieren los bancos. Eso, más las internas entre ellos, más la bronca popular que generan. Los empresarios los miran azorados. Los pequeños comerciantes estan camino a la quiebra. Y el presupuesto no puede pagar la deuda y mantener los subsidios sin ajustar más jubilaciones y salarios en blanco. Habría que ver qué pasa en la interna militar, y es lo que da esperanza de que no ocurra. Pero siempre puede cambiar. Digamos, es como en España antes de la Guerra Civil, entre 1934 y 1936: el eje de la derecha era causar desgobierno, el eje de los republicanos en todas sus variantes fue pelearse entre si. Nadie creía que los militares podían hacer lo que hicieron. Es más, hasta pensaron que Franco era legalista, ni hablar de Mola o Queipo de Llano. Y mientras los medios insistían que el Ejército era legalista, se peleaban en la calle los requetes carlistas contra los anarquistas de la CNT. Digamos algo similar a Italia en 1923 o Alemania en 1933. Las formas de desalojar un gobierno legal son múltiples, la pregunta no son las condiciones objetivas, sino si hay las subjetivas o sea las Fuerzas Armadas.

Por supuesto, esto es la Argentina de la Dimensión Desconocida. Por lo tanto, siempre puede pasar que el caos y el desorden, un Estado que no funciona y que saquea a su población, y una pandemia descontrolada con políticos que solo se preocupan por sus negocios, se conviertan en algo perenne. Nada de golpe, porque por ahí no hace falta ya que los ricos siguen haciendo sus pingües negocios y las masas no presentan alternativa. Pero también, siempre puede pasar que las peleas en el gobierno y en la oposición generen tal nivel de caos que la burguesía decida que es su momento de aplicar mano fuerte, reprimir a ultranza y hacer todo lo que quiere desde hace rato. Lo de políticos, militares, y empresarios no es un mundo de la gente común. Es el mundo paralelo de la Dimensión Desconocida.

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