Argentina con corona al revés

La dimensión desconocida 4

por Pablo Pozzi

Esta columna se llama, desde un principio, «El Tábano», porque la intención era provocar a que el lector pensara y reflexionara. Lentamente (o no tanto) va pasando a ser «La dimensión desconocida», por la serie de ciencia ficción yanqui de hace ya más de medio siglo. Está algo así como un registro de mi absoluta y total sorpresa ante las cosas que pasan en Argentina. Y va la cuarta entrega de esa cantidad de hechos que no tienen explicación.

Voy a dejar de lado algunos chismes como la increíble capacidad de Axel Kicilloff, brillante genio kirchnerista, exministro de Economía, hoy gobernador de la principal provincia argentina, para expresarse en la lengua de Castilla. Digo, primero habló del patriarcado de Buenos Aires, ya que a los intendentes se los denominaba «varones» (sic) del conurbano en referencia a los barones medievales. Luego de varias expresiones creativas y creadoras más, ayer hizo referencia a «los jóvenes y las jóvenas», supongo que para demostrar que es progre (e ignorante). ¿Jóvenas? Supongo que se confundió (una vez más) porque la expresión progre debería haber sido «les jóvenes».

Pero vamos a las perlitas de recientes. Inauguramos con el tuit del canciller argentino, don Felipe Solá, que sigue sorprendiendo por su falta de neuronas y su absoluta incapacidad para tener asesores que le digan «che, pibe, eso no se hace». Hete aquí que este político argentino, cuyo principal mérito además de tener una hija que es una cantante bastante decente, es haber sobrevivido todos los gobiernos cual sorete que flota (o sea, siempre maloliente, pero arriba de todo), no se le ocurrió mejor idea que felicitar a Biden en su inauguración. Su tuit no tiene desperdicio:

Obvio, el Presi Beto Fernández saltó como leche hervida, y rápido de reflejos mandó un mensaje no solo desautorizando a su canciller (¿quién desautoriza a su jefe de relaciones internacionales y no lo hace renunciar?) sino probando su real condición de genuflexo ante el poder insistiendo que Biden «realmente entiende América Latina porque vino treinta veces» (en realidad fueron 16). Obvio, esto lo hace nuestro «amigo». ¿Y la Tercera Posición peronista? Si es por eso ¿y el peronismo dónde quedó?

Pero eso es poco ante la revelación (bueno, la denuncia, ya que lo otro era más o menos sabido, aunque no había detalles) de que el gobernador Gildo Insfrán había instalado «centros de aislamiento» en un estadio de fútbol de Formosa. Allí se encerraban aquellos ciudadanos que habían tenido la mala suerte de testearse por COVID mientras esperaban los resultados. Si estos eran positivos, pues jolines majo, a quedarse adentro. Como corresponde, pronto hubo hacinamiento, problemas de abastecimiento, agua y sanidad. Obvio que esos formoseños, poco solidarios, internados se molestaron en protestar con lo que los servidores locales del orden público, más conocidos como la policía de Insfrán, les demostró rápidamente que en Formosa la ley se obedece o te matamos a palos. Enteradas del tema, dos concejalas de la UCR hicieron la denuncia. Obvio que la Justicia no dijo ni mu, el presidente aún menos, y los organismos de derechos humanos continuaron impertérritos su campaña por la libertad de los presos políticos como el condenado por corrupción Amado Boudou. La respuesta fue de don Insfrán que, raudo de reflejos, mandó a su policía a detener a las concejalas, supongo que por disturbios al orden público.

A mí lo que más me impacta de todo esto es que la progresía argentina, la izquierda, los cuantiosos defensores de derechos humanos, todos, no dijeron nada de nada. Supongo que por no hacerle el caldo gordo a la derecha. Claro, eso a menos que sea la derecha peronista que, como siempre, gobierna este país con discurso progre. Y si no te gusta, leña.

Digamos, como los líos con la vacunación anti COVID. La Presidencia hace escándalo de que esta trayendo millones de vacunas. Y dice que son buenas. Yo les creo. O por lo menos, lo que me dicen los amigos que están en salud me merece confianza. Ellos me explican que la Sputnik V es buena, o por lo menos tan buena como las otras, y que lo que ocurre es que se ha politizado el tema. Y también dicen que sí, que están los papeles firmados para la compra de 50 millones de vacunas. Pero también insisten que el problema no es ese, sino el cómo distribuirlas, a quiénes, el tener la red para hacerlo, hacer respetar los protocolos. Y en medio del baile surgen las noticias de una cantidad de vacunas perdidas por no respetar las cadenas de frío, o de vacunas diluidas, o de negociados con vacunas. Y luego lo de siempre: «un escándalo político y sanitario se desató en San Andrés de Giles, la localidad bonaerense ubicada a poco más de 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, a raíz de una serie de vacunaciones irregulares. Quienes recibieron la primera dosis de la Sputnik V rusa fueron dos concejalas del oficialismo, Laura Branchini y Mariana Cané (Frente de Todos), y otras 20 personas que no forman parte del personal de salud, el grupo que se estipuló como prioritario para la etapa inicial de inoculación frente al coronavirus.» («Escándalo en San Andrés de Giles: vacunaron a dos concejalas y a otras 20 personas que no integran el personal de salud» en Infobae). Evidentemente, no solo no se preocuparon de ocultarlo, sino que no van a tener consecuencias. ¿Para qué nos calentamos con la población de riesgo, con el personal de salud, si realmente a los que tenemos que proteger es a los jóvenes políticos de La Cámpora? Obvio que todavía estoy esperando que la izquierda diga algo al respecto… bueno, que lo condene, porque por ahí dice algo del tipo «es comprensible porque hay que proteger a nuestro liderazgo político». No lo digo con mala leche, sino que cada día se parece menos a una izquierda. Cada vez que leía La Izquierda Diario me sentía como Nanni Moretti cuando lo invitaron a dirigirse al congreso del Partido Comunista Italiano, en su film Aprile, y este expresó: «digan algo de izquierda, por favor».

Pero si es por eso, el silencio en torno a los conflictos en el ente de jubilados y pensiones, ANSES, es aún más notable. Y quizás me preocupa por razones puramente egoístas: soy jubilado. El ANSES, que se compone de sedes regionales para atender a los viejardos como yo, tiene como usuarios unos 5 millones de jubilados y pensionados… y 13 millones más de gente que cobra subsidios varios de estos fondos. A ver, hay 42 millones de argentinos (y eso que el COVID hace ingentes esfuerzos por bajar esa cifra). Jubilados: 12 %; subsidiados: 30 %. Claro, luego protestan todos los gobiernos de que los aportes jubilatorios no cubren las necesidades del ANSES.

Hete aquí que en varias sedes del organismo se ha armado un conflicto tamaño baño. Resulta que desde que Fernanda Raverta, cacique de La Cámpora e hija de una militante desaparecida, se convirtió en jefaza del ANSES, viene reemplazando funcionarios en puestos directivos con años de carrera. Los nuevos directivos de las sedes son notables. Por ejemplo, la concejala del Frente de Todos Tamara Vlaeminck nombrada como jefa de la UDAI local de ANSES de San Pedro (Buenos Aires) en lugar de una médica reputada. Lo que más me gusta es que esta buena persona no solo tiene 28 años sino un largo currículum en el tema: se recibió de la Carrera de Trabajo Social (UN de Rosario) a fines de 2020. Debe ser tan brillante como Kicilloff para haber hecho mérito (palabra que no les gusta) en un par de meses como para estar al frente de una Unidad de Atención Integral que se ocupe de nuestros jubilados. O quizás lo importante es que Tamara Vlaeminck es nieta del histórico dirigente justicialista y exconcejal Nelson Vlaeminck y milita desde hace años en La Cámpora.

Pero Tami no fue la única, en la UDAI de Munro y la de Pacífico pasó algo similar, lo mismo que en Castillo y San Justo. Obvio que la derecha lo presenta como una pelea entre los jóvenes turcos K y los viejos dirigentes del peronismo histórico. Excepto que los desplazados (que indudablemente deben haber llegado por el dedazo de algún político) tienen antigüedad y, supongo, algo de conocimiento del tema, aunque sea por ósmosis; mientras que los nuevos son gente sin trayectoria de ningún tipo excepto política. Más allá de eso podría ser una mera disputa por el poder político entre dos sectores de la alianza en el gobierno. Excepto que los trabajadores del ANSES en las sedes afectadas entraron en conflicto, sobre todo porque se vulneran sus derechos laborales. Pero, además, porque los nuevos jefes vienen con sus acomodados, todos que necesitan «una changuita». Y así, por ejemplo, en la UDAI Castillo despidieron a cinco trabajadores, y la de San Justo a cuatro.

Dejo de lado más detalles, aunque está lleno de cosillas sin desperdicio, para remarcar que en la pelea lo que nadie toma en cuenta son los jubilados. Ni siquiera la izquierda. Digo, reviso la prensa troska, las declaraciones chinas, las desvergüenzas comunistas, y ni mu. Obvio que el problema es mío, y sigo esperando que nuestra izquierda posmoderna sea algo más que discurso sin contenido.

Pero mi última perlita. Del ANSES paso a la AFIP, más conocida como Hood Robin ya que la agencia federal impositiva se dedica a saquear laburantes en blanco, y a jubilados como un servidor. ¿Por qué digo eso? Porque mi vecino Blas, que tiene una PYME con 20 obreros, me cuenta que están viendo qué hacen porque la carga impositiva equivale al 62% de sus ingresos. ¿Todo para tener mejor educación, salud y seguridad? No, qué va, si todavía están discutiendo si las clases este año van a ser presenciales o virtuales, mientras han gastado 10 meses en no mejorar ni el sistema de salud, ni la conectividad, ni nada.

El otro día tuve una nueva gran noticia de la AFIP, esos maravillosos ladrones de gente. Me informó mi contadora que en agosto del año pasado habían ordenado que yo pagara un anticipo de impuestos a las ganancias y que como no lo había hecho (y yo no sabía que había que hacerlo) ahora me iban a cobrar intereses por mora, más costas judiciales y trámites de abogado. Un servidor se quejó que nadie había dicho nada, a lo cual me dijeron (sic) «que era mi responsabilidad enterarme». Lo más mejor es que entre los impuestos cobrados desde julio hasta noviembre más el anticipo desde agosto mis ingresos la segunda mitad del año pasado deberían haber sido negativos. Y eso que incluyo los honorarios de la contadora que me obligan a tener. Mejor aún, el anticipo se basa en los ingresos percibidos en 2019, no en la pandemia de 2020 (60% menores). ¿Cómo esperan que nadie pague nada? En mi caso, ya informé que comiencen las acciones legales porque no pienso darles un mango de anticipo. Y que lo considero confiscatorio. Pero no problema, baby. Hete aquí que la AFIP deduce automáticamente esta «deuda» de mis aportes jubilatorios. Dicho de otra manera, meten mano en mi cuenta bancaria sin siquiera pedir permiso. ¿Y si ese mes no hay para morfar? Pues ni modo. A joderse.

Aumento de jubilación en 2020: más o menos 8 % en el año; inflación oficial 36,4 %; aumento de impuesto inmobiliario provincial y municipal 50%; servicios, luz 60 %, gas 48 %, agua 38 % (supongo que los guarismos con los que calculan la inflación oficial son en base a incluir el nuevo precio de un piano de cola y de comprar un pasaje a París en aviones que no vuelan); aumento de la cuota de la escuela «mixta» de mi hija 70 %; aumento del alquiler de mi hijito en Buenos Aires 62 %; aumento del pasaje de ida y vuelta a Buenos Aires en autobús 120%. Morosos en escuelas privadas: 60 %; baja en inscripción en escuelas en general 3 0%. Baja de inscripción en los cursos online de Pozzi 50 %; ídem, pero morosidad 50 %; caída de ingresos por esos cursos 70 %. Si bien tengo energía solar en casa, mi cuenta de luz es tres veces la de mi vieja en Buenos Aires que tiene tres aires acondicionados. Y así ad nauseaum. Eso sí, mi jubilación ahora aumenta por un índice que mezcla inflación (50 %) con recaudación del ANSES (50 %). Dado que me aumentaron 8 % el año pasado supongo que ahora llegará con suerte al 4 %. Lo mejor es que mis conocidos amigos empresarios, que perciben varios cientos de miles de pesos mensuales de salarios más dividendos y otras yerbas, no pagan ganancias ni nada más porque la empresa absorbe todo. Los K insisten que yo no quiero ser solidario con los que menos tienen. Debo ser un hijo de mi madre.

Eso si mientras tanto todos mis ingresos de cursos online, más un buen cacho de la jubilación, van a la AFIP vía ganancias, vía monotributo y vía la puta que los parió.

Pero vamos camino a la nueva revolución peronista.

En síntesis, ¡qué país de mierda!

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