De falsas alternativas y peleas ajenas

por Miguel Sánchez

Por estos días el país parece encaminado a la «Batalla Final». Algo así como «El Bien y El Mal» definiendo por penal, al decir de Divididos. ¿Pero es tan así? ¿Estamos ante la disputa entre dos proyectos antagónicos? ¿Se define la disputa entre la consolidación de un futuro promisorio o la vuelta al pasado ominoso? ¿O estamos ante una pelea que no es nuestra? ¿Será que en la propia alternativa que se nos impone radica nuestro retroceso, independientemente de quién gane? En el siguiente artículo trataremos de arrimar algunas respuestas.

Los protagonistas

Arriesguemos una breve caracterización de Mauricio Macri, uno de los dos candidatos en la disputa del ballotage que el 22 de noviembre consagrará al próximo presidente en nuestro país.

Heredero de una fortuna al calor y a expensas del Estado, es un producto típico de la derecha liberal. Empresario, parte del jet ser, formado en universidad privada, que construye su identidad política a través de una ajustada estrategia de marketing e impulso mediático. Portador de todos los clichés de la derecha, forjó un espacio político con pretensiones modernas, apologista de la desideologización y la anti política, y cultores de la impronta tecnocrática y gerencial de sus cuadros. Surgido como un out sider de la política, catapultado por sus éxitos deportivos, conquistó en la Ciudad de Bs As su plataforma de lanzamiento para sus aspiraciones presidenciales. Por fuera del marketing, encabezó una gestión de mucho maquillaje y un gran déficit en las principales áreas de gobierno. Vaciamiento del sistema de salud y educación pública, endeudamiento, escuálida políticas sociales y de vivienda. Sus definiciones políticas y económicas lo enmarcan en un proyecto neoliberal, pro imperialista, garante de la expansión y concentración del poder económico. A la vez se ha mostrado como un político sumamente pragmático, hábil para adaptar su discurso a las demandas de la opinión pública, sin complejos a la hora de desdecirse o contradecir sus dichos.

Sin profundizar demasiado en sus declaraciones ni en sus acciones de gobierno, desde una posición comprometida con la causa y los intereses del pueblo trabajador encontraremos motivos suficientes para no votar jamás y bajo ninguna circunstancia a Macri y el PRO.

Entonces surge la primera pregunta. ¿Por qué el kirchnerismo viene basando su campaña en una burda estrategia maniquea, basada en operaciones, exageraciones, o directamente mentiras? ¿Por qué reeditan la disyuntiva menemista «nosotros o el caos»?

Cabe pensar que sólo construyendo un Macri mezcla de Le Pen, Bush, Fujimori y Massera es posible presentar a Daniel Scioli como una opción progresista. Por el contrario, si se limitaran a describir la trayectoria, el pensamiento y la gestión de Macri tal cual es, sin aditivos ni exageraciones, se encontrarían con que cada uno de esos ítem son perfectamente aplicables a su candidato. En definitiva, Macri, Scioli y sus respectivos proyectos son mucho más parecidos de lo que el relato oficial quisiera. Planteado así, legítimamente cabría preguntarse qué nos jugamos verdaderamente en esta elección.

¿Estamos definiendo si el ajuste lo implementan Melconian y Sturzenegger o la dupla Bein – Blejer? ¿Si el ajuste cierra con la represión del trio Granados – Berni – Casal, o con Montenegro – Burzaco – Centurión? ¿Si volvemos al mercado de capitales de la mano de Prat Gay o de Marangoni? ¿Si profundizamos el alineamiento con el imperialismo con Urtubey o con Lilita? ¿Si confiamos la impunidad a Oyarbide o a Bonadío? ¿Cuál de los dos hijos de Menem asegura mejor los negocios de la Barrick, Monsanto, Chevron y compañía? Y así podría seguir un rato.

Nótese que a diferencia de otros momentos del proceso kirchnerista, el gobierno responde frente a un escenario de crisis, no redoblando la apuesta sino estimulando una respuesta conservadora por parte de su potencial base. ¿Es esto casual? Claro que no. Es una muestra más de que el populismo vernáculo se permite cierto margen de maniobra en épocas de vacas gordas, pero emerge con su verdadero rostro, regresivo y conservador a la hora de ajustar cuentas con la economía. A los muchachos de la Cámpora que agitan un retorno a los ’90 les diría «para volver a algún lado, primero tendrían que haber salido». O que emulen a Pichuco Troilo y reciten «Cómo me van a decir que me fui, si siempre estoy volviendo!»

La culpa no es del chancho sino del que le da de comer

El único responsable por el avance de la derecha es el propio gobierno. Primero hay que recordar que fue el propio Nestor el gestor de esta idea de los campos. La necesidad de que emerja un polobde centro derecha como antagonista del proyecto propio. Y se vio su mano como jefe del PJ en las elecciones del 2007, cuando a le plantó a Telerman la candidatura de Filmus posibilitando el triunfo macrista. Pero no sólo eso. El gobierno preparó el ascenso de la derecha en cada capitulación a su supuesto programa Nacional y Popular. Con la promulgación de la Ley Anti Terrorista, la represión a las luchas obreras de la mano del carapintada Berni, el sostenimiento de Milani, la entrega colonial a Chevron, el amparo a saqueadores y envenenadores como Barrick y Monsanto, el hostigamiento y ninguneo a los pueblos originarios, el aval a gobernadores, intendentes y sindicalistas fachos, etc, etc,etc…

A esta altura se impone, al menos, una breve caracterización del Kirchnerismo. En ese sentido, es cierto que hablamos de una identidad política resultante directa de la rebelión de 2001. No como heredero de sus rasgos progresivos, de su espíritu transgresor y rebelde, sino todo lo contrario. Se trata de un movimiento restaurador, que vino a sanear, reconstituir y relegitimar la institucionalidad burguesa. Vino a consagrar el paso del «que se vayan todos» al «que vuelvan y se queden todas y todos». Y vaya si volvieron. En el kirchnerismo confluye buena parte del menemismo, del Duhaldismo y de la pata no radical de la Alianza.

En el plano económico tampoco hubo ruptura con la matriz neoliberal. El famoso «modelo» que tanto gustan citar los K cabalgó sobre el trabajo sucio de Duhalde y Remes Lenicov, que vía una brusca devaluación pulverizaron los ingresos de los trabajadores y terminaron de sellar una brutal transferencia de recursos en favor del poder económico concentrado. El punto de partida era una economía en bancarrota, en cesación de pagos, con un aparato productivo modesto pero planchado por la crisis, y en ese sentido con una gran capacidad instalada ociosa. Y sobre todo una fuerza de trabajo disciplinada, regimentada y controlada por la burocracia sindical, y barata en términos internacionales por la devaluación. En ese contexto, y con el inicio de un período extraordinario de elevados precios de los comodities, a la economía sólo le quedaba crecer y crecer.

Sin embargo, lejos de aprovechar ese crecimiento e ingreso de divisas para modificar la estructura económica primarizada, extractivista y dependiente, se lanzaron a la febril construcción de un aparato estatal y para estatal, intentando constituir un régimen que inaugure un nuevo Bloque histórico.

En el medio, y haciendo gala del mejor pragmatismo peronista, realizaron algunas concesiones a las clases subalternas e impulsaron medidas de alto impacto mediático y de peso simbólico para la progresía. Hablamos de la AUH, la ley de medios, el FPT, el matrimonio igualitario, como las más salientes. Medidas engarzadas e hilvanadas por un relato teñido de épica, de grandes batallas antimonopólicas y antiimperialistas. Un relato que inventó pasados honorables, presentes de lucha y horizontes enmancipatorios. Si del dicho al hecho hay un largo trecho, que no se note. Ese fue y es el gran desafío del kirchnerismo. Por eso nos detendremos en algunas de sus inconsistencias.

La creciente apropiación de la renta diferencial de la tierra, que de ninguna manera modificó su estructura de propiedad, y tuviera en la pelea por la 125 su máxima expresión, ni siquiera fue utilizada como en el 1er peronismo para desarrollar una industria nacional de envergadura. La supuesta reindustrialización del país es falaz, y mucho más el presunto proceso de nacionalización y sustitución de importaciones. Salvo las industrias básicas, la dependencia de insumos importados es aplastante. Como ejemplos tenemos la industria automotriz o la electrónica, donde la presencia de partes nacionales es mínima y más bien se reduce al ensamble de partes importadas.

Tampoco es auténtico su fervor nacionalizador. Lo que el gobierno suele destacar como «recuperación de empresas públicas» no es más que un salvataje a los capitalistas de turno. Lo de YPF fue paradigmático. Después de la absoluta complicidad con su privatización, donde los Kirchner fueron abanderados, y Parrilli miembro informante por el bloque menemista en el parlamento. Después de años de saqueo, de pérdida de recursos y de soberanía energética, una vez consumado el capitalismo de rapiña al que sumaron a empresarios amigos como Eskenazi. Cuando solo quedaba el camino de nuevas exploraciones y el desembolso de cuantiosas inversiones, ahí si retoman el control estatal con la ecuación de siempre: las ganancias son ajenas, las pérdidas y los costos son de todos. Lo mismo vale para Aysa, Aerolíneas, y lo mismo valdrá con Edesur y Edenor cuando esto suceda. Y lo de YPF fue peor, porque ni siquiera cumplieron con lo de la expropiación, ya que terminaron asegurándole a Repsol un resarcimiento multimillonario.

La reestatización de los fondos previsionales, poniendo fin al escandaloso negociado de los aportas de los trabajadores por parte de la timba financiera, tuvo por motivación central hacerse de una caja inmensa para solventar una estructura estatal cada vez más desfinanciada. Allí nos encontramos con otro doblez del relato. Buena parte de las políticas sociales y las iniciativas de intervención económica por parte del Estado tienen como fuente principal de financiamiento el aporte de los trabajadores. Sea a través de los fondos del Anses, o a partir de la recaudación impositiva, con peso determinante del IVA y el impuesto al salario. La altisonante redistribución de la riqueza es un mito. Seguimos con el IVA del 21%, mientras resulta irrisoria la presión tributaria al juego, la timba financiera, la explotación de recursos naturales, etc. Jamás se tocó la ley de entidades financieras de la dictadura, y de hecho los Bancos fueron un sector privilegiado a la hora de acumular ganancias.

De los 12 años de gestión, al menos 9 fueron con una economía con viento de cola producto de los ya referidos altísimos precios de los comodities. Sin embargo, la «década ganada» mantiene una pobreza estructural por encima del 25%, con cifras de desocupación inciertas, ya que las estadísticas truchas «incluyeron» al mercado laboral a cientos de miles de compatriotas que apenas subsisten con las changas informales que encubren bajo la forma de planes sociales y/o cooperativas. Persiste un 35% de trabajo en negro, mucho más de la mitad de los trabajadores ganando por debajo de los $6000 cuando la canasta familiar supera los $10000, y millones de familias trabajadores padecen el déficit de vivienda. Y ni hablar del sostenimiento de estructuras podridas y mafiosas, como los feudos provinciales, los punteros del conurbano, y algo que los asalariados conocemos muy bien: la podrida burocracia sindical; socios de primer orden de los empresarios, que bajo el amparo del estado contienen y someten a los trabajadores para garantizar mano de obra dócil y barata.

Quizás el punto más fuerte del relato, su caballito de batalla, sean las banderas de los DDHH. Aquí varias cuestiones. Por un lado, arrogarse la titularidad de las conquistas en materia de Memoria Verdad y Justicia supone desconocer la larga lucha de los organismo y el pueblo, que durante años y años batallaron en la calle y en los estrados judiciales para mantenerlos vivos. Muchas veces en soledad, donde a excepción de la izquierda, las fuerzas burguesas y los medios daban la espalda. Nadie, ni el kirchnerista más obsecuente, pudo aportar datos verificables de alguna participación activa del matrimonio santacruceño en esta causa. Ni como abogados, firmando al menos un habeas corpus, ni como militantes, ni mucho menos como funcionarios.

Desde ya no debemos ceder ni un tranco para que no se abandone la línea de cárcel común y efectiva a los genocidas. Sin embargo no podemos perder de vista que apenas si se avanzó en un puñado de represores, con peso simbólico, es cierto, pero que no agota el entramado de responsabilidades y complicidades. Pensemos en la cantidad de centros clandestinos, de fuerzas involucradas, del aparato logístico y burocrático comprometido. Los funcionarios, muchos de ellos de partidos en actividad. La complicidad civil, fundamentalmente el poder económico detrás de la represión. Y la frutilla de la torta: la Triple A. ¿Por qué no se terminan de abrir los archivos? ¿Por qué no se avanza con las complicidades civiles? ¿Por qué no se va a fondo con el capítulo Triple A? ¿Será que tendrían que mirar demasiado hacia adentro?

El kirchnerismo también se arroga la paternidad del latinoamericanismo, la integración latinoamericana en la Patria Grande. Yo diría que en realidad impulsaron, principalmente desde el Mercosur, comunidad de negocios entre los gobiernos y las burguesías locales. Integración efectiva, poco y nada. Por lo demás, se sigue estigmatizando a los hermanos inmigrantes, como lo hizo el funcionario de gobierno Sergio Berni, que no tuvo empacho en asociar a los inmigrantes a la droga y la delincuencia, proponiendo poco menos que una nueva Ley de Residencia. Un gobierno que al igual que el macrismo hace la vista gorda con la existencia de trabajo cuasi esclavo, principalmente en talleres textiles, cuyos trabajadores suelen ser de países hermanos.

El antiimperialismo K tiene patas cortas. Es falso que hayan abandonado una política exterior dependiente. En todo caso hay una política que les permite negociar con distintos polos imperialistas. Y en eso también tiene que ver el cambio de coyuntura internacional, y el debilitamiento de EEUU como gendarme mundial. Ya los vemos abrir nuestro territorio a bases Chinas, a la par que nunca se abandonaron los ejercicios conjuntos con las Fuerzas Armadas de EEUU. ¿Acaso no fue Néstor el que se alineó con la política de los yanquis y el Estado de Israel en las causas AMIA y embajada, y avalando la hipótesis de la CIA y el Mosad empoderó a Nisman?

Lo que viene, lo que viene…

Las fuerzas que nos identificamos con los objetivos históricos del movimiento obrero, que aspiramos a recuperar una alternativa que realmente supere la decadencia y la barbarie capitalista, nos debemos un análisis más profundo. Sin dudas, gane quien gane el 22, se abre una etapa dura, de resistencia, signada por los intentos de ofensiva del capital por sostener sus márgenes de ganancia y descargar, como siempre el peso de la crisis. En ese contexto defiendo el voto en blanco, como la única opción de clase consecuente.

Personalmente no le temo a un eventual triunfo de Macri. Más allá de las campañas publicitarias, no estamos ni estaremos en los ’90. El consenso de Washington caducó. La clase obrera ejercitó sus músculos estos años y no cederá posiciones alegremente y sin luchar. Y tampoco el nuevo presidente tendrá la hegemonía del aparato estatal para consumar una ofensiva arrolladora. Mucho menos el PRO.

El desafío lo tenemos nosotros, las izquierdas, para superar la atomización y forjar instancias de unidad, organización y movilización por la base. El FIT está en inmejorables condiciones para promoverlo. Pero eso depende de la voluntad política de las fuerzas que lo componen de abrir el FIT, nutrirlo y fortalecerlo desde los frentes de masas. Las fábricas, escuelas, las barriadas populares.

Creo que ha llegado el momento de dar una disputa a fondo con aquellas concepciones que detrás de la mística y el sentimiento siguen envenenando las conciencias con la ideología de conciliación de clases.

Considero que la izquierda ha sido demasiado tolerante con el peronismo. Para mi es culpa de origen. Es el efecto «PC y la Unión Democrática». A partir de allí, pareciera que toda crítica seria y profunda, con un sentido de clase al peronismo, te ubica en el bando gorila.

¿Perón vino o no vino a cerrarle cualquier posibilidad de que la izquierda canalice las demandas postergadas del movimiento obrero? ¿El peronismo, fue o no fue un muro de contención que intentó blindar a la clase obrera de las corrientes revolucionarias? ¿Perón fue o no fue el jefe de la contrarrevolución argentina, inspirador e instigador de la Triple A? ¿Hay que volver sobre estas ideas a la hora de pensar el futuro, o hay que seguir callando, embelleciendo al viejo líder y su movimiento?

¿Es gorila seguir creyendo, hasta el final, en la potencialidad de la clase trabajadora organizada, sin tutores ni mesías, hacia un horizonte socialista sin explotadores ni explotados? Creo más bien que ese es nuestro desafío frente a la barbarie capitalista actual.

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