Seguir discutiendo el FIT

por Miguel Sánchez

Comparto buena parte de las inquietudes que Pablo Pozzi expresara en su artículo «Discutir el FIT». Me parece que abona un debate necesario, y lo hace con un tono fraternalmente saludable. Como todo diagnóstico obliga a poner el foco en errores y debilidades. No obstante sigo creyendo que el FIT encierra todavía un potencial enorme para constituirse en un eje dinámico de articulación y reagrupamiento de amplios sectores de la clase trabajadora y el pueblo pobre, en torno a una identidad y un programa obrero y socialista.

Tan es así, que el FIT se consolida y proyecta en el imaginario social, a pesar de ciertas conductas auto destructivas de sus partidos fundantes. Si cualquiera de nosotros ensayara un simple relevamiento callejero, y a cualquier desprevenido preguntara dónde está, quién es, la izquierda en nuestro país, invariablemente la respuesta sería el FIT. Esto es así porque las construcciones que expresan cierta necesidad histórica y de alguna manera anclan o nacen permeables a la lucha de clases adquieren una dinámica con relativa autonomía de los factores que le dieron origen. Las reflexiones que siguen intentan ser un aporte al desarrollo de esta herramienta.

Un repaso necesario

Recordemos que el FIT nació como una respuesta ultra defensiva frente al intento de formalizar una dinámica electoral tendiente al bi partidismo. Se presentó como una denuncia a los intentos «proscriptivos» del régimen, y significó una unidad más por conveniencia y necesidad que por convicción.

Sin embargo, si bien el modesto objetivo inicial era superar el piso prescriptivo y no desaparecer del escenario político, los resultados superaron las expectativas con creces, y en poco tiempo el FIT se instaló como una alternativa real, reconocida y palpable para amplios sectores. Por primera vez en muchos años la bancarrota de los partidos tradicionales y la defección de las variantes peronistas no pejotistas o del «progresismo clasemediero» ofrecía una alternativa de izquierda para canalizarlo. Ya no se trataba de coquetear con armados policlasistas para ofrecer su pata izquierda, como furgón de cola (IU, Frente Grande, Frente del Sur, Polo Social, Proyecto Sur, etc, etc.), sino de levantar una referencia obrera y socialista con capacidad de disputa. Sobre todo cuando muchos querían instalar como única opción «realista y de masas» alternativas sistémicas como las que encarnaban Syriza o Podemos.

Reconociendo algunos limites

¿Es cierto que el Frente apenas si pudo sostener su dimensión de acuerdo electoral entre partidos? ¿La clase obrera necesita que trascienda ese límite? ¿Está en condiciones de hacerlo?

Repasemos algunas críticas posibles.

Si hablamos de un Frente reconocemos que confluyen identidades particulares. En ese sentido no estaría mal exponer de manera clara y pública matices e incluso diferencias, que desde el momento en que no hacen colapsar la coalición no debieran entenderse como determinantes o insalvables. Por el contrario sería reencontrarse con la mejor tradición marxista. Claro que ello exige que las polémicas se ubiquen en un plano político, con un claro sustento teórico, y algo no menor, en un marco de camaradería. Cuando lo que trasciende hacia afuera en realidad es un encadenamiento de calumnias, chicanas, acusaciones infundadas, agresiones verbales más propias de una asamblea estudiantil, el valor del debate y la polémica se pierden en el séptimo infierno. Y quienes deberían seguir con interés un debate en aras de clarificar la tácticas de intervención y su marco estratégico, quedan expuestos a huir despavoridos o decepcionados.

Es un gran problema para los trabajadores que el FIT pretende representar, que la unidad política que cada dos años nos convoca a sostener y abonar con nuestro voto no tenga encarnadura real y concreta en nuestra vida cotidiana. Peor aún. Las batallas inmediatas, por ejemplo, para recuperar de manos de la burocracia nuestras organizaciones sindicales muestra a los partidos del FIT separados, sin estrategias de intervención en común, y muchas veces enfrentados, lo que es tanto peor.

Frente a la oleada de despidos y el avance represivo. En un contexto de confusión y dispersión de las bases, sin reflejos ni capacidad aún de dar respuestas colectivas y unificadas. ¿Por qué el FIT no sale a ofrecer espacios de contención, organización y pelea, como pueden ser Comités de Lucha? ¿Por qué siguen optando por privilegiar los pronunciamientos particulares? ¿Cómo un Frente Político de carácter estratégico no va a intervenir de manera unitaria en aquellos frentes en los que se agrupan las masas? Salvo que no planteen explícitamente que para ellos el FIT no pasa de ser una coordinación coyuntural y táctica, circunscripta al plano electoral. Si fuese así nada queda por decir, más que lamentar la oportunidad desperdiciada. Sin embargo todos los impulsores del FIT le asignan un rol central y estratégico en su construcción política.

Nadie podría objetar la intención de cada partido, de afianzar, mejorar su inserción, incrementar el volumen y el peso político de su organización. Ahora, ¿no es el FIT el mejor vehículo para lograrlo? Si el FIT se extiende, si gana en llegada y adhesión entre la masa trabajadora, ¿no le otorga a las organizaciones que la componen un auditorio más amplio y proclive a escuchar con atención sus propuestas y eventualmente integrarse a sus filas?

De ausencias y omisiones

¿Es un problema que al interior del FIT sólo confluyan organizaciones que abreven en el trotskismo? Lo es. Pero desde mi punto de vista es un problema menor y relativo. Me explico. Relativo porque tampoco estamos hablando de tantas organizaciones por fuera reales, con entidad y peso político, que además acuerden con la necesidad de levantar un espacio de independencia de clase, ubicado en una clara identidad de izquierda y por el socialismo. Muchas de las expresiones políticas de «izquierda» que quedan por fuera del FIT, en realidad están en contra de su perspectiva estratégica y su contenido programático. De hecho prefieren seguir cortejando a la pequeña burguesía progresista para formar Frentes Amplios policlasistas. PCR, MST, Patria Grande, ni que hablar del PC y sus satélites, por citar los más salientes. Claro que hay otro espectro, expresión de diversas tradiciones del marxismo no estalinista, algunas corrientes guevaristas, parte de la izquierda «independiente» más ligada al consejismo, que podrían y deberían estar. Sin embargo, en este caso no achacaría su ausencia simplemente a una cuestión de sectarismo de los partidos fundadores. Hay un rasgo saliente de la izquierda «autónoma e independiente» y es su soberbia y egocentrismo. El creer que la historia arranca cuando ellos llegan, el sentir que encarnan «lo nuevo», aquello que falta, que los llama a ser la superación de la «izquierda tradicional», quienes según ellos «persisten en los errores del pasado». Que pretenden un trato de igual a igual, omitiendo las propias limitaciones, su escualidez, su déficit de inserción en la clase obrera.

En ese sentido la mezquindad es compartida. Es cierto que los integrantes del FIT son renuentes a abrirse a la unidad con otras corrientes, tan cierto como que las corrientes aludidas no parecen dispuestas a ganarse el lugar destacado que pretenden, a partir de una experiencia común, mediando un debate enmarcado en prácticas compartidas.

Pero también dije que era un problema menor. Porque más que pensar en ampliar el FIT incorporando a más grupos (repito, hecho que sería por demás saludable), los partidos impulsores del Frente deberían estar abocados a crecer en extensión y en profundidad sumando a nuevas camadas de activistas, actuales o potenciales, que la propia lucha de clases pone en movimiento y pie de lucha en cada fábrica, establecimiento, escuela o barriada. Rojillos sueltos diría Pozzi. Zurdos intuitivos o en estado silvestre diría yo. Compañeros y compañeras que sin manejar las grandes categorías del marxismo saben trazar por su experiencia cotidiana la raya divisoria entre los capitalistas y sus personeros, y nosotros, los trabajadores y el pueblo pobre. Compañeros que en principio no se sumarían a alguno de los partidos preexistentes, pero en un ejercicio de organización y práctica militante, transitando el FIT como una suerte de escuela política, muchos de ellos podrán decantar en una militancia partidaria. Allí estaríamos también los núcleos más o menos desarrollados, los militantes sin partido, los activistas dispersos, etcétera.

A modo de cierre (provisorio)

Me permito una última disgreción. Arranqué el artículo explicitando que los integrantes del FIT expresaban construcciones particulares y separadas. Es decir, no son lo mismo. En ese sentido, no tienen la misma envergadura ni la misma responsabilidad. A todas luces el mayor peso en la construcción del FIT recae en el Partido Obrero y el PTS, y a sus aciertos o errores esta atada la suerte de esta experiencia histórica.

En ese sentido, luego de expresar una serie de críticas comunes al espacio, creó justo señalar la mayor predisposición y apertura para avanzar en la construcción política desde la base por parte del PTS. Mucho más tímida y mezquinamente de lo que uno quisiera. Les criticaría que por momentos aparecen más ocupados en medir fuerzas con el PO que en sacar audazmente el FIT hacia afuera. Más preocupados por no quedar atado a presiones democratistas, sindicalistas o basistas que en redoblar su política de masas, correctamente orientada hacia los batallones centrales de la clase obrera. Es cierto. Pero también son destacables los intentos por impulsar iniciativas frentistas, en una visible búsqueda por dialogar con los nuevos procesos que surjen por abajo.

Lo del PO es lo de siempre. Su lógica autocentrada, su hegemonismo. La tendencia a concebir los acuerdos y las construcciones más bien superestructuralmente.

Así y todo, son los partidos de izquierda más grandes y representativos, comparten el mérito de haber gestado el FIT, y es justo el lugar de conducción que ocupan. lo único que uno espera, es que alcancen a ver la responsabilidad histórica que tienen ante sí. Que tengan la suficiente paciencia, temple y sabiduría para confiar en la accion y reflexión colectiva, con los pies bien firmes en el seno de la clase, para afrontar los desafíos por venir.

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